domingo, 2 de abril de 2023

La Física Cuántica y los Upanishads



¿Qué si yo creo en los Upanishads?

No, no particularmente. Pero, ese no es el caso de Viraj Kulkarni, estimados amigos, quien, a la hora de escribir este artículo era un muchacho indio que se encontraba en sus veintes, sin embargo, contaba ya con una maestría en ciencias de la computación de UC Berkeley y se hallaba cursando un doctorado en inteligencia artificial.

Pues bien, Viraj suele escribir notas para distintos periódicos como The Wire, por ejemplo, y sus temas preferidos incluyen, además de la IA, la Mecánica Cuántica y la Filosofía de su añejo país natal, la India. De eso trata la nota que les comparto que se titula La Mecánica Cuántica y los Upanishads.

Le he realizado pequeños agregados para aclarar ciertos puntos de la mencionada rama de la Física para que sea más sencilla su interpretación y es así que me he tomado el atrevimiento de traducirla para todos ustedes. 

Lo interesante de observar es cómo corrientes de pensamiento que, en apariencia, no tienen nada que ver, se imbrican íntimamente en la mente de algunos individuos.

¡Espero que lo encuentren interesante!



La Física Cuántica es uno de los desarrollos más notables del siglo XX. Hasta principios del mismo, las leyes del movimiento de Isaac Newton dominaron el estudio del universo físico. Más tarde, fueron "ampliadas", en su mayor parte, por la teoría de la relatividad y juntas, pudieron explicar satisfactoriamente casi todos los fenómenos físicos. Estas teorías clásicas formaron la base sobre la que descansaba toda la superestructura de la Física.

Pero a principios del siglo XX, los físicos descubrieron que partículas subatómicas, como los electrones, podían comportarse de formas que desafiaban las predicciones de esta Física llamada, entonces, Clásica. Para explicar este comportamiento, formularon las teorías y los principios de la Mecánica Cuántica, un conjunto de leyes naturales que podrían predecir muy bien el comportamiento de los electrones y otras partículas subatómicas.

Algunos de los más conocidos entre estos físicos fueron Niels Bohr, Erwin Schrödinger y Werner Heisenberg. Sin embargo, estos físicos y otros pronto descubrirían que la recién llegada, al mismo tiempo que abría nuevas perspectivas teóricas y tecnológicas, también hacía algunas predicciones extrañas. Por ejemplo, permitió que los electrones atravesaran paredes, que las partículas existieran simultáneamente en dos lugares a la vez, que los agujeros negros se evaporaran y que la información se intercambiara entre observadores más rápido que la luz.

Este fue un momento crucial en la historia, en el que la Física se encontraba en un estado de gran agitación. La conocida imagen clásica de la realidad estaba siendo interrumpida por una que parecía demasiado loca para ser verdad, incluso cuando explicaba numerosas observaciones experimentales que la primera no podía. Einstein, Bohr, Schrödinger, Heisenberg y otros estaban profundamente preocupados por sus implicaciones. De hecho, se enfrentaron a un dilema personal: Creer en una teoría absurda que funcionaba o descartarla por una teoría intuitiva que no funcionaba.

En esta coyuntura crítica, descubrieron que su noción, de que el mundo que vemos no es la realidad en sí misma sino una proyección en nuestra conciencia, no era completamente nueva. En los antiguos textos indios conocidos como Upanishads, encontraron ecos de sus teorías y una base filosófica para asegurarse de que las implicaciones de la Mecánica Cuántica ya no los dejarían a la deriva.

Un mundo extraño

La Física Cuántica tomó forma a través de varios descubrimientos contradictorios con respecto al comportamiento inconsistente de la luz. James Maxwell demostró en 1865 que la luz se podía modelar como ondas electromagnéticas. Esto era algo que ya había postulado el físico neerlandés Christiaan Huygens (1629- 1695). En 1905, Albert Einstein publicó su artículo sobre el efecto fotoeléctrico, donde propuso que la luz se compone de diminutas partículas sin masa llamadas fotones. Algo que, por cierto, ya había sido propuesto por el enorme Isaac Newton, a quien sus experimentos sobre la naturaleza de la luz le llevaron a formular su teoría general sobre la misma, que, según él, está formada por corpúsculos y se propaga en línea recta y no por medio de ondas. Es decir que contábamos con dos posturas contrapuestas: Por un lado, había experimentos que sugerían que la luz era un fenómeno ondulatorio y, por otro lado, otros experimentos, sugerían que tenía una naturaleza corpuscular.

Hubo que esperar a que, en el siglo XX, Louis de Broglie, un aristócrata francés, unificara estos puntos de vista en 1924 con una audaz sugerencia de que toda la materia exhibe un comportamiento ondulatorio. Es decir, la luz, como parte de ella, se comporta tanto como una onda como una partícula. Esta proposición, conocida como dualidad onda-partícula, abrió una caja de Pandora que desafiaba la naturaleza de la realidad, incluso su misma existencia.

Según la Física Clásica, las partículas microscópicas como los electrones son bolas esféricas sólidas de materia que ocupan un lugar concreto en el espacio, definido por sus coordenadas. La Física Cuántica, en cambio, reemplaza esta imagen con algo ajeno a nuestra sensibilidad. Dice que, en lugar de ser una bola bien definida y ocupar un sitio preciso en el espacio, un electrón es algo como una nube difusa. Esta nube tiene zonas más densas y otras menos densas, en las primeras es más factible encontrar el electrón que en las menos densas. Pero, concretamente, ya no es una bola bien definida ni ocupa un lugar preciso en el espacio. Se dice que la densidad de la nube representa la probabilidad de encontrar allí el electrón; a más densa, más probabilidad y viceversa.

Esta nube está representada matemáticamente por una ecuación llamada función de onda. El físico austriaco-irlandés Erwin Schrödinger llegó a ella en 1926, por lo que se llama la ecuación de Schrödinger.

Los escritores científicos se solazan retratando la tensión entre la realidad descrita por la Física Cuántica y la realidad que percibimos a través de nuestros sentidos. Dado que los objetos macroscópicos como árboles y automóviles están compuestos de partículas microscópicas como átomos y moléculas, que a su vez también se comportan como ondas, los objetos macroscópicos también deberían comportarse como ondas. Pero esto no es lo que experimentamos. ¡La computadora en la que se escribió este artículo y el dispositivo en el que se lo lee, seguramente no se sienten como ondas!

Entonces, ¿Cuándo algo deja de comportarse como una onda y comienza a comportarse como un trozo de materia, un objeto compuesto estrictamente por partículas? Sorprendentemente, esto sucede cuando lo observamos.

Según la Interpretación de Copenhague de la Mecánica Cuántica, la observación de un objeto hace que pierda su naturaleza cuántica y se colapsa en la forma clásica a la que estamos acostumbrados. Este colapso de la función de onda implica que la realidad que vemos existe solo cuando estamos allí para observarla. De modo que, un observador no se limita a observar la realidad; la crea.

Si se dejaran a sí mismas, las cosas permanecerían como ondas hasta que alguien las observara. Einstein, que no pudo reconciliarse con esto, resumió la extrañeza de la Física cuántica cuando le preguntó a un amigo: "¿Crees que la Luna existe solo cuando la miro?"

Realidad subjetiva de los Upanishads

Los Upanishads son una colección de textos sánscritos transmitidos oralmente de maestro a alumno durante miles de años. Mientras que los Vedas prescriben rituales para apaciguar a las deidades, los Upanishads se preocupan por la naturaleza de la realidad, la mente y el yo.

Schrödinger fue expuesto por primera vez a la filosofía india alrededor de 1918, a través de los escritos del filósofo alemán Arthur Schopenhauer. Scho-penhauer, un ardiente estudioso de los Upanishads, había declarado: “En todo el mundo no hay estudio tan beneficioso y tan elevado como el de los Upanishads. Ha sido el consuelo de mi vida. Será el consuelo de mi muerte ".

Los Upanishads describen la relación entre el Brahman y el Atman. Brahman es el yo universal o la realidad singular definitiva. El Atman es el yo interior del individuo, el alma. Un principio central de los Upanishads es tat tvam asi, que significa que el Brahman y el Atman son idénticos. Solo hay un yo universal y todos somos uno con él.

El Isha Upanishad establece que, "el Brahman forma todo lo que es vivo o no vivo ... el hombre sabio sabe que todos los seres son idénticos a su yo y que su yo es el yo de todos los seres".

Schrödinger estaba fascinado con este pensamiento. Según el libro de Subhash Kak, The Wishing Tree (2008), Schrödinger llamó a su perro Atman, y sus charlas en la conferencia, según una versión, a menudo terminaban con la declaración 'Atman = Brahman', que él llamaría, de manera algo autoengrandecedora, el segunda ecuación de Schrödinger. Cuando su romance con la artista irlandesa Sheila May terminó, ella le escribió una carta en la que aludía a esta fascinación: “Te miré a los ojos y encontré toda la vida allí, ese espíritu que dijiste no era más tú ni yo, sino nosotros, una mente, un ser ... puedes amarme toda tu vida, pero ahora somos dos, no uno".

La Física cuántica elimina la brecha entre el observador y lo observado. Los Upanishads dicen que el observador y lo observado son la misma cosa. En su libro de 1944 ¿Qué es la vida?, Schrödinger adoptó una línea de pensamiento peculiar. Si el mundo es realmente creado por nuestro acto de observación, debería haber miles de millones de esos mundos, uno para cada uno de nosotros. ¿Cómo es que tu mundo y el mío son iguales? Si algo sucede en mi mundo, ¿Sucede también en el tuyo? ¿Qué causa que todos estos mundos se sincronicen entre sí?

Encontró su respuesta, nuevamente, en los Upanishads. “Obviamente, solo hay una alternativa”, escribió, “a saber, la unificación de mentes o conciencias. Su multiplicidad es solo aparente, en verdad solo hay una mente. Esta es la doctrina de los Upanishads”.

Según los Upanishads, solo existe el Brahman. Todo lo que vemos a nuestro alrededor es Maya, una distorsión del Brahman causada por nuestra ignorancia y sentidos imperfectos. El Chandogya Upanishad dice: “Todo esto es Brahman. Todo viene de Brahman, todo vuelve a Brahman y todo es sostenido por Brahman”.

Sobre esto, Schrödinger escribió, “… hay una sola cosa y lo que parece ser una pluralidad es simplemente una serie de diferentes aspectos de esta única cosa, producida por un engaño (la Maya india); la misma ilusión se produce en una galería de espejos y de la misma manera Gaurisankar y el Monte Everest resultaron ser el mismo pico visto desde diferentes valles”.

Es fácil ver por qué tal concepto habría atraído a Schrödinger. La Física cuántica insiste en que la realidad existe como ondas, y la dualidad onda-partícula surge debido a nuestra observación. Debido a que no podemos percibir la verdadera naturaleza ondulatoria de la realidad, nuestra observación la reduce a la realidad incompleta que vemos. Esta reducción es lo que conocemos como colapso de la función de onda. El surgimiento de Maya se relaciona así claramente con el colapso.

Schrödinger no estaba haciendo referencias pasajeras a los Upanishads; en cambio, había internalizado por completo su mensaje central. "Miríadas de soles, rodeados de planetas posiblemente habitados, multiplicidad de galaxias, cada una con sus miríadas de soles ... Según yo, todas estas cosas son mayas".

Los Upanishads describen cómo la realidad surge de la conciencia. Pero la conciencia no se puede encontrar dentro de nuestro cuerpo como una sustancia u órgano. En ese caso, ¿Cómo puede una conciencia no material interactuar y controlar nuestros cuerpos materiales? ¿Exactamente dónde interactúa la mente con la materia? Esta pregunta se conoce como el problema de la mente y el cuerpo y ha molestado a los filósofos durante mucho tiempo.

El no haber sido capaces de localizar o explicar esta interacción, nos deja con una elección engañosamente simple: O no existe la conciencia o no existe la realidad.

La mayoría de los exponentes de la ciencia moderna se inclinan hoy hacia la visión materialista: Que la conciencia es un subproducto de los procesos neuroquímicos que ocurren en nuestro cerebro. Depende de estos procesos y no puede existir sin ellos.

Por otro lado, los Upanishads defienden una visión idealista: Que la conciencia existe por sí misma y que el mundo físico depende de ella. No existe una realidad objetiva que exista independientemente del observador. Schrödinger apoyó este punto de vista y lamentó la aversión por él: “hay que decir que para el pensamiento occidental esta doctrina tiene poco atractivo, es desagradable, se la tilda de fantástica, acientífica. Bueno, es así porque nuestra ciencia, la ciencia griega, se basa en la objetivación, por lo que se ha separado de una comprensión adecuada del sujeto del conocimiento, de la mente ".

Así que el problema mente-cuerpo, escribió, “es nuestra búsqueda infructuosa del lugar donde la mente actúa sobre la materia o viceversa ... El mundo material solo se ha construido al precio de sacar el yo, es decir, la mente, de él, eliminándolo; la mente no es parte de dicho mundo; obviamente, por lo tanto, no puede actuar sobre él ni ser actuado por ninguna de sus partes”.

Físicos y Upanishads


Schrödinger fue conmovido por los Upanishads. Lo discutió con todos los que conoció y se esforzó decididamente por incorporarlo a su vida. El epitafio de su lápida dice: “… Entonces todo Ser es un único Ser. Y eso sigue siendo cuando alguien muere; [esto] les dice, que no dejó de ser ".

Y no estaba solo. Otro gran físico del siglo XX, Niels Bohr dijo: "Voy al Upanishad para hacer preguntas". En The Tao of Physics (1975), Fritjof Capra escribió sobre la época en que el físico Werner Heisenberg conoció a Rabindranath Tagore, y que la "introducción al pensamiento indio le dio a Heisenberg un gran consuelo".

J. Robert Oppenheimer, quien dirigió el Proyecto Manhattan para desarrollar las primeras armas nucleares del mundo, aprendió sánscrito para poder leer el Bhagavad Gita en su forma original. Cuando presenció la explosión de la primera bomba atómica, recordó un versículo del Gita, donde Krishna le muestra a Arjuna su verdadera forma. Tradujo el versículo al inglés de esta manera: "Ahora me he convertido en muerte, destructor de mundos".

Los Upanishads proporcionaron consuelo: Una concepción de la realidad y el universo basada en la observación y el razonamiento. En los preceptos de estos textos, los físicos encontraron consuelo moral, coraje intelectual y guía espiritual.

Nada atestigua la importancia de estos edificios filosóficos menos que las afirmaciones absurdas de que Schrödinger y otros científicos simplemente plasmaron las lecciones de los Upanishads en la teoría cuántica. Tales declaraciones son completamente engañosas. Schrödinger fue, ante todo, un físico profundamente arraigado en los métodos de la ciencia. La filosofía india le tranquilizó el alma, pero es poco probable que le ayudara a formular ecuaciones matemáticas.

De hecho, Schrödinger a menudo criticaba muchas ideas indias y señalaba que eran propensas a la superstición. La ciencia moderna, según él, representaba el cenit del pensamiento humano. Buscó la filosofía india no para reemplazar los métodos de la ciencia, sino para inspirarse. Sabía que mezclar dos sistemas de pensamiento separados por miles de años no era fácil. Creía que el pensamiento occidental necesitaba tomar prestadas ideas de la filosofía india, con mucho cuidado. Como escribió:

“Creo que este es precisamente el punto en el que nuestra forma de pensar actual necesita ser modificada, tal vez mediante un poco de transfusión de sangre del pensamiento oriental. Eso no será fácil, debemos tener cuidado con los errores: La transfusión de sangre siempre necesita una gran precaución para evitar la coagulación. No deseamos perder la precisión lógica que ha alcanzado nuestro pensamiento científico, y que no tiene parangón en ningún lugar y época”.

Además de la filosofía, los pensadores indios han hecho contribuciones científicas vitales a la astronomía, las matemáticas, la literatura, el derecho, la biología, la psicología y la mayoría de los otros ámbitos del quehacer humano, si no todos. A menudo no reciben el reconocimiento que les corresponde. Sin embargo, estos casos de desatención, no importa cuán severos sean, nunca pueden corregirse atribuyendo logros dudosos a estos u otros indios.

Los propios Upanishads predican un mensaje de unidad y se oponen a cualquier forma de discriminación. Para adaptar las palabras del Isha Upanishad, "Quien ve a todos los seres en su propio yo y a su propio yo en todos los seres, pierde todo odio y todo miedo".

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El número 159 del Boletín trae artículos muy interesantes, como:

ARQUITECTURA - Impresionante pabellón en espiral para exhibir la experiencia checa en vidrio

BEBIDAS - Monjes alemanes crean la primera cerveza en polvo del mundo

BIOLOGÍA - Células madre humanas utilizadas para crear un nuevo tipo de implante neural biohíbrido

BIOLOGÍA - La técnica del bebé con tres padres podría crear bebés con riesgo de enfermedad grave

BIOLOGÍA - Predicen que los humanos conseguirán la inmortalidad en 8 años

INTELIGENCIA ARTIFICIAL - GPT-5 asusta: La IA podría superar este mismo año a los humanos

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domingo, 26 de marzo de 2023

Del fracaso de la democracia - 4

Bien, queridos amigos, tal como dejamos dicho la nota anterior, discutiremos en esta las diferencias de la democracia griega con la moderna democracia. Como nos dice Sabine, si bien los problemas de aquella no dejaban de tener analogías en el presente, no fueron nunca idénticos a los problemas modernos, y el aparato ético que se valoraba y criticaba la vida política difería mucho del que hoy prevalece.

Existe la obvia diferencia entre la democracia directa de la ciudad-estado y la democracia representativa actual. Hay que reconocer, sin embargo, que la democracia directa en países con enormes extensiones y millones de habitantes, no es una opción sencilla ni fácil de implementar. En cambio, en la ciudad-estado, con poca extensión y escasa cantidad de habitantes, si lo era.

Acrópolis de Atenas

Pero, lo que más impacta, a mi modo de ver, es el grado de participación que tenía el ciudadano de la ciudad-estado en el manejo de la cosa pública. Desde los demos, el Consejo y los tribunales, el ciudadano podía ser elegido miembro activo de la conducción de su ciudad-estado.

Esto contrasta, tremendamente con la indiferencia indolente del ciudadano de nuestra democracia que cree que su participación en el manejo de la cosa pública consiste en votar cada cuatro años… ¡Y ya!

Y aquí está el quid de la cuestión, la democracia pretende ser el gobierno del pueblo y esto, difícilmente, se logrará con una participación esporádica, cada cuatro años.

Por supuesto que, habrá muchos que me dirán: “Martín, a mi no me gusta involucrarme en política”. El punto está en que verlo así es encarar mal el tema: ¡No se trata de un gusto, se trata de una obligación!

Vivir en una sociedad implica tener que atender los problemas comunes, es decir, los que afectan a todos. No hacerlo sería similar a casarse y no preocuparse por el sostén y el buen funcionamiento de la familia.

Es más, esta desidia lleva a que aparezca una muy peligrosa grieta entre los que participan y los que no. Los primeros, sintiéndose los únicos responsables de la cosa pública, terminan por considerarla como propia. De allí vienen los conocidos problemas de corrupción. En cuanto a los segundos, a los que no se preocupan, terminan por desentenderse del tema y dejan las manos libres a los primeros para que hagan lo que deseen con lo que es de todos.

¡Participación, queridos amigos!

Participación es la clave para que un sistema democrático funcione. No es la única, pero es la clave.

¿Y cómo puede lograrse el tal objetivo?

Con todos los defectos que pueda tener, creo que la educación es fundamental para ello. La Educación Democrática, me refiero.

¿Y por qué?

Porque, en la compleja sociedad moderna es difícil estar al tanto de los derechos y las obligaciones de un ciudadano que contribuyan a que el sistema funcione. Se necesita una preparación, una educación en la vida de una sociedad democrática.

Así las cosas, voy a recordar lo que ya escribí en la nota De conductores y conducidos, del 31 de enero de 2022.

Mi propuesta, se basa, ¡Dónde sí no!, en la antigüedad clásica. Platón dedicó atención a escribir sobre los juegos infantiles, ya que pensaba que tenían una gran importancia para moldear la personalidad y el desarrollo del talento individual. Recomendó, por ejemplo, que un niño que en el futuro tuviese que ser campesino o albañil practicase con juguetes relacionados con su actividad como adulto. Por su parte, Aristóteles recomendaba que los niños, en sus juegos, "imitasen las actividades serias de la vida futura".

 Con esto en mente, propongo que, tanto en la escuela primaria como en la secundaria, se haga vivir al formando en un ambiente que emule la realidad que vivirá como adulto en la sociedad.

Yendo a lo concreto, al ingresar a la escuela primaria, el formando ingresa a una comunidad que, en todo, se parece a la sociedad en la que se desenvolverá de adulto. Por ejemplo, hay asuntos de justicia que tratar: Un niño golpeó a otro, le respondió mal a una maestra, se comportó mal en clase, etc. Todo esto podría pasar por tribunales “internos”, compuestos por los alumnos más “veteranos” de la escuela secundaria, donde algunos ejercerían de jueces, otros de fiscales y otros de defensores. Para lo cual es necesario estudiar el reglamento de conducta del establecimiento que se usará en la toma de decisiones. En el caso de los “abogados” litigantes, deberán conocer de Oratoria, Reglamentos, Jurisprudencia, etc. Es decir, no se trata de dar opiniones personales, sino argumentos fundamentados. Obviamente, algunos formandos se sentirán más atraídos que otros por el área Judicial y de ellos se nutrirá el sistema. Serán, probablemente, los que el día de mañana estudiarán Abogacía. El Rector del establecimiento podría representar la figura de Suprema Corte de Justicia, encargado de fallar en última instancia sobre los temas en litigio.

Desde luego que no se llega a ser juez apenas entrando al primer año de la primaria. Se debe recorrer un camino de perfeccionamiento y formación para ello. Una buena forma es que los menores trabajen, por ejemplo, en los “bufetes” de los mayores, ordenando, preparando información y todo tipo de tarea interna que favorezca el desempeño de los “abogados” mayores, familiarizándose así de las tareas que cumplirán más adelante.

Habrá, seguramente, otros, que quizás más adelante serán ingenieros, que dispondrán de un predio de la escuela donde poder aprender las tareas del oficio: Preparar adobe, hormigón, instalaciones eléctricas, etc. Siguiendo desde luego el mismo esquema de ascenso escalonado: Serán “obreros” primero, luego “capataces”, luego “maestro mayor de obra”, etc., a medida que van creciendo en edad y conocimientos. Es de hacer notar que un formando con inclinación hacia la ingeniería formará parte de un jurado alguna vez (menos que quien sienta inclinación por ello), como forma de cumplir con su obligación de hacerse cargo de la “cosa pública”. Así también, un formando con inclinaciones jurídicas, alguna vez trabajará con madera o construirá un gallinero, por ejemplo.

Es de resaltar, también, que los adultos cumplen en este esquema una función de disparadores del aprendizaje y de supervisión, pero el contacto directo con los formandos lo tienen los alumnos que, por edad y conocimientos están en condiciones de guiarlos. Esto estimula, sin duda, la responsabilidad, dado que se tiene “personas a cargo”.

Habrá quienes se interesen por el porqué y el cómo de las cosas y ellos serán llevados desde temprano a los laboratorios de Física y Química donde se les mostrarán experiencias que les hagan alcanzar en ese objetivo. Son los que aportarán, en un juicio, por ejemplo, las razones, los por qué, las causas.

Y así, por supuesto, con todas las asignaturas que el formando necesita recorrer en su formación. Sin embargo, es interesante detenerse en algunos aspectos que hacen a la gestión de la comunidad escolar del establecimiento. ¿Qué Organismo tomará las decisiones que hacen al alumnado? Por ejemplo, si se va a organizar una salida de verano, un baile para recaudar fondos, si se le va a pedir a algún conferencista que diserte sobre algún tema particular, si se va a legislar sobre los modos y conductas dentro del establecimiento permitiendo algunos y censurando otros, etc.

Tomando el modelo de los atenienses, que contaban con el Consejo de los 500, encargado de marcar el rumbo de Atenas y que se componía de 500 atenienses adultos y libres, elegidos por sorteo, se podría replicar en la escuela dicho sistema y elegir el Consejo de los 30, por ejemplo, entre los alumnos de tercero a quinto año, con una duración de un semestre en el cargo y reemplazo de un tercio de los miembros al cabo de dicho plazo.

En otras palabras, se trata de cambiar el paradigma de una escuela empacadora de conocimientos por otra donde estos son adquiridos por el formando viviendo las situaciones de donde se desprenden. Se pretende, no solo mejorar la enseñanza de todas las materias, pero también (y especialmente) la de la Instrucción Cívica o, mejor aún, Instrucción Republicana. Se pretende que el formando crezca haciéndose cargo de los problemas de la comunidad en que vive (la escuela, inicialmente), para que luego no encuentre ajeno el manejo de la Rēs pūblica. El ejercicio de la vida republicana en la escuela, dará al formando una familiaridad y un conocimiento de sus derechos y obligaciones que le permitirá, de adulto, moverse como pez en el agua en el manejo de la Rēs pūblica. 

Esto, desde luego, es un cambio profundo que debe comenzar, seguramente por preparar a directivos, docentes y padres para impulsarlo y llevarlo a cabo. Sin embargo, lo importante no es si es profundo o no, sino si es útil o no.

Ahora bien, en alguna de las notas anteriores, de cuyo nombre no puedo acordarme, he planteado que, cómo puede ser que para adquirir una licencia de conducir haya que hacer un curso, rendir un examen de manejo y completar análisis clínicos y, en cambio, para ser diputado o senador (o presidente, ministro, etc.) de la nación no haya ningún tipo de requerimientos. Es más, para ser ciudadano solo hace falta cumplir una cierta cantidad de años.

¡No, queridos amigos! Eso no funciona.

¿Cómo? Que, ¿qué propongo yo?

Pues, que para acceder a la condición de ciudadano de un país se deba obtener una “licencia de ciudadano” y, no solo eso, sino que con una periodicidad de, digamos, cinco años. Y, para ello, habría que obtener análisis sicológicos y rendir un examen en el que, el aspirante, es colocado en una situación real de una sociedad y debe resolverla con el objetivo de obtener el mayor bien público. Desde luego que, al igual que los cursos de manejo, deberán estar disponibles para el aspirante cursos de ciudadanía para cursar antes de rendir el examen.

No me cabe duda, estimados amigos, que se trata de un cambio profundo. Sin embargo, creo que sus beneficios superan largamente las dificultades de su implementación.


¡¡BOLETÍN DE NOVEDADES EN LA CIENCIA Y EN LA TECNOLOGÍA!!

La dirección electrónica desde donde podrán bajar el nuevo número del Boletín de Novedades en la Ciencia y en la Tecnología, el 158.

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El número 158 del Boletín trae artículos muy interesantes, como:

AGRICULTURA - Siempre nos quedarán las arañas

ASTRONOMÍA - Seis galaxias con una masa imposible para su época

BIOLOGÍA - Desvelando secretos del gusano al que le puede volver a crecer cualquier parte de su cuerpo

BIOLOGÍA - La técnica del bebé con tres padres podría crear bebés con riesgo de enfermedad grave

MEDICINA - Desarrollan un test de sangre que detecta el cáncer de próstata con una precisión del 94%

NEUROLOGÍA - Expertos de Harvard alertan sobre las devastadoras consecuencias de no dormir lo suficiente

...y muchos más. ¡Disfrútenlo y hasta la próxima!

 

 

 

  

domingo, 19 de marzo de 2023

Del fracaso de la democracia - 3

 

En el crepúsculo del siglo XIX, en 1880, nacía George Holland Sabine (1880–1961), un profesor de filosofía estadounidense. Suele citarse como George H. Sabine o simplemente Sabine.

Estudió en la Universidad Cornell. Llegó a decano de la Graduate School y vicepresidente de Cornell.

Su fama se debe principalmente a su libro A History of Political Theory (Historia de la teoría política), considerada una obra de referencia en ciencias políticas, donde trata el desarrollo de las ideas en dicha ciencia, desde Platón a los fascismos.

Pues bien, me interesa compartir con todos ustedes un extracto de dicho libro, en el que Sabine nos muestra cómo funcionaba la democracia griega de las ciudades-estado. En la nota de la semana que viene aportaré los conceptos que me merecen la comparación de dicha democracia con la actual.

Por lo pronto, entonces, los dejo en la compañía de G.H. Sabine.

 

George H. Sabine

 CIUDAD-ESTADO

La mayor parte de los ideales políticos modernos – como, por ejemplo, la justicia, la libertad, el régimen constitucional y el respeto al derecho- o, al menos, sus definiciones, comenzaron con la reflexión de los pensadores griegos sobre las instituciones de la ciudad-estado. Pero en la larga historia del pensamiento político el significado de tales términos se ha modificado de modos muy diversos y hay que entenderlo siempre a la luz de las instituciones que habían de realizar esos ideales y de la sociedad en la que operaban esas instituciones. La ciudad-estado griega era tan diferente de las comunidades políticas que viven los hombres modernos, que pintar su vida social y política requiere un no pequeño esfuerzo de imaginación. Los filósofos griegos reflexionaban sobre las prácticas políticas muy diferentes de cualesquiera que hayan prevalecido de modo general en el mundo moderno y de todo el clima de opinión en el que realizaron su trabajo era diferente del nuestro. Aunque sus problemas no dejaban de tener analogías en el presente, no fueron nunca idénticos a los problemas modernos, y el aparato ético que se valoraba y criticaba la vida política difería mucho del que hoy prevalece. Para comprender de modo adecuado y exacto lo que significaban sus teorías, es necesario darse cuenta en primer lugar, aunque sea en líneas muy generales, del tipo institucionales que tenían a la vista y de lo que para el público al que se dirigían comportaba la ciudadanía –de hecho y como idea-. A este propósito, es especialmente importante el gobierno de Atenas, en parte porque es el mejor conocido, pero sobre todo porque fue objeto de especial preocupación para el más grande de los filósofos griegos.

CLASES SOCIALES

Comparada con los estados modernos, la antigua ciudad-estado era extremadamente pequeña, tanto en área como en población. Así, por ejemplo, todo el territorio de Ática no era sino un poco mayor de los dos tercios del área de Rhode Island y, por lo que respectaba a la población, Atenas era comparable a una ciudad como Denver o Rochester. Los datos numéricos son inseguros en grado sumo, pero podemos tomar como aproximadamente correcta una cifra algo superior a trescientos mil habitantes. Tal organización de un pequeño territorio dominado por una sola ciudad era típica de la ciudad-estado.

Esta población estaba dividida en tres clases principales, que era política y jurídicamente distintas. En el grado más bajo de la escala social se encontraban los esclavos, pues la esclavitud era una institución universal en el mundo antiguo. Acaso una tercera parte de los habitantes de Atenas eran esclavos. En consecuencia, la institución de la esclavitud era tan característica de la economía de la ciudad-estado como la del asalariado lo es del estado moderno. Es cierto que los esclavos no contaban políticamente en la ciudad-estado. En la política griega se da por supuesta su existencia, del mismo modo que en la Edad Media se da por descontado que hay una jerarquía feudal y que se da hoy la relación de patrono y obrero. A veces se lamentaba se suerte y a veces se defendía la institución (aunque no sus abusos). Pero el número relativamente grande de esclavos –y, sobre todo, la exageración de ese número- ha dado lugar a un mito que conduce a graves equivocaciones. Se trata de la idea que los ciudadanos de la ciudad-estado formaban una clase ociosa y de que su filosofía política era, en consecuencia, la filosofía de una clase exenta de todo tipo de trabajo lucrativo.

Esto es casi por completo una ilusión. La clase ociosa de Atenas difícilmente pudo ser mayor de lo que es la de una ciudad norteamericana de igual tamaño, ya que los griegos no eran ricos y vivían con un margen económico muy estrecho. Si tenían más ocio que los modernos, ello se debía a que se lo tomaban –su maquinaria económica no estaba ajustada de modo tan preciso como la nuestra-, cosa que les condenaba a un nivel de consumo inferior. La simplicidad y sencillez de la vida griega sería una carga pesada para el norteamericano moderno. Indudablemente, la gran mayoría de los ciudadanos atenienses tuvo que estar compuesta por comerciantes, artesanos o agricultores que vivían del producto de sus ocupaciones. No tenían otro modo de vida. En consecuencia, como ocurre en la mayor parte de los hombres de las comunidades modernas, sus actividades políticas tenían que desarrollarse en el tiempo que pudieran distraer de sus ocupaciones habituales. Es cierto que Aristóteles lamentaba este hecho y consideraba deseable que todo el trabajo manual lo realizasen los esclavos para que los ciudadanos pudieran tener el ocio que les permitiera dedicarse a la política. Pero piénsese lo que se quería acerca de la conveniencia de este ideal, no hay duda de que Aristóteles no estaba describiendo la realidad existente, sino proponiendo un cambio para la mejora política. La teoría política griega idealizó a veces una clase ociosa, y es posible que en los estados aristocráticos la clase gobernante estuviera compuesta por terratenientes y nobles, pero es totalmente falso imaginar que en una ciudad como Atenas el ciudadano-tipo fuera un hombre cuyas manos no se manchaban con el trabajo.

Dejando aparte a los esclavos, el segundo grupo importante en una ciudad griega se componía de los extranjeros residentes o metecos. En una ciudad comercial como Atenas, el número de tales personas pudo llegar a ser grande y muchas de ellas no serán transeúntes. Pero no había forma de naturalización legal y la residencia durante varias generaciones no convertía a los metecos en ciudadanos, a menos que ingresaran en esta categoría por inadvertencia o connivencia de quienes la integraban. El meteco, como el esclavo, no tomaba parte en la vida política de la ciudad, aunque era hombre libre y su exclusión no implicaba una discriminación social con él.

Finalmente, encontramos el cuerpo de ciudadanos, o sea quienes eran miembros de la polis y tenían derecho a tomar parte en su vida política. Este era un privilegio que se obtenía por nacimiento, pues el griego seguía siendo ciudadano de la polis a la que pertenecían su padres. Además, a lo que daba derecho la ciudadanía era a ser miembro de la ciudad-estado, es decir, un mínimo de participación en la actividad política o en los asuntos políticos. Este mínimo podía no ser más que el privilegio de asistir a la asamblea de la ciudad, cosa que podía tener mayor o menor importancia, según el grado de democracia que prevaleciese en aquella, o podía comprender también la capacidad de ser designado para una serie de mayor o menor cargos públicos. Así, por ejemplo, Aristóteles, teniendo presente sin duda la práctica de Atenas, considera que el mejor criterio para determinar la ciudadanía es la capacidad de actuar como jurado. El que un hombre pudiera ser designado para muchos cargos, o sólo para unos pocos, era cosa que dependía también del grado de democracia existente en la ciudad. Pero, lo que hay que resaltar es que, para un griego la ciudadanía significaba siempre esa participación, cualquiera fuese su grado. En consecuencia, la idea era mucho más íntima y menos jurídica que la idea moderna de ciudadanía. La noción moderna del ciudadano, como persona a quien se le garantiza jurídicamente ciertos derechos, la habría entendido mejor los romanos que los griegos, ya que el termino latino ius implica esta posición de derechos privados. Sin embargo, los griegos no consideraban su ciudadanía como algo poseído, sino como algo compartido, en forma análoga a lo que representa el ser miembro de una familia. Significaba que el problema, tal como lo concebían los griegos, no era conseguir para el hombre unos derechos, sino asegurarle el lugar que le correspondía. Dicho en forma ligeramente distinta, significaba que, a los ojos de los pensadores griegos, el problema político consistía en descubrir el lugar que debía ocupar cada especie o clase de hombres en una sociedad sana constituida de tal modo que pudiesen desarrollarse en ellas todas las formas significativas de trabajo social.

INSTITUCIONES POLÍTICAS

Las instituciones mediante las cuales intentaba resolver sus asuntos políticos este cuerpo de ciudadanos-miembros, pueden verse tomando el ejemplo de Atenas, que representan el tipo mejor conocido de la constitución democrática (La constitución de Clístenes, cuyas reformas se adoptaron en el año 507 a. C. Se hicieron de tiempo en tiempo algunos cambios menores, encaminados, sobre todo, aumentar el número de magistrados escogidos mediante elección y sorteo y también el número de servicios pagados, instrumentos ambos del gobierno popular, pero las reformas de Clístenes dejaron establecida la constitución de Atenas en la forma que existió durante el periodo de máximo poder de la ciudad y tal como perduró. Hubo una breve reacción oligárquica a fines de la guerra del Peloponeso, pero en el año 403 fueron restauradas las antiguas formas). Todo el cuerpo de ciudadanos varones formaban la asamblea o ecclesia, reunión a la que todo ciudadano tenía derecho a asistir desde que llegaba a la edad de vente años. La asamblea se reunía regularmente diez veces al año y había, demás, periodos extraordinarios de sesiones si la convocaba el consejo. Los actos de esta asamblea correspondían –en el mayor grado en que correspondía a las nuestras cualquiera de las instituciones del sistema- a las modernas leyes en las que encarna toda la autoridad pública del cuerpo político. Sin embargo, esto no quiere decir que en la asamblea se formulase la política ni se discutiesen efectivamente las medias adoptadas ni que se sucediera así. La democracia directa regida por todo el pueblo reunido es más bien un mito político que una forma de gobierno. Además, todas las formas griegas de gobierno (con excepción de la dictadura extrajurídica) tanto aristocráticas como democráticas comprendían algún tipo de asamblea del pueblo, aunque su participación en el gobierno fuese en realidad pequeña.

Por consiguiente, lo que es interesante en el gobierno ateniense no es la asamblea de todo el pueblo sino los medios políticos ideales para hacer que los magistrados y funcionarios fuesen responsables ante el cuerpo ciudadano y estuviesen sometidos a su control. El instrumento mediante el cual se conseguía esto era una especie de representación, aunque difería en aspectos muy importantes de las ideas modernas acerca de la representación. A lo que se aspiraba era a seleccionar un cuerpo suficientemente amplio para formar una especie de corte transversal o muestra de todo el cuerpo de ciudadanos, al cual se permitía que, en un caso dado o durante un breve periodo, actuase en nombre del pueblo. Los plazos de ejercicio de los cargos eran breves; por lo general, había una disposición contraria a la reelección; de este modo se encontraba abierto el camino para que otros ciudadanos interviniesen por un turno en la dirección de los asuntos políticos. Con arreglo a esta política los cargos de magistrados no eran desempeñados, por regla general, por ciudadanos individualmente considerados, sino por grupos de diez ciudadanos, escogidos de modo que cada uno de ellos fuese miembro de una de las tribus en que estaban divididos los ciudadanos. Sin embargo, la mayor parte de los magistrados tenían poco poder. Los dos cuerpos que formaban la clave de control popular en Atenas era el Consejo de los Quinientos y los tribunales con sus grandes jurados populares.

El modo de elección de estos cuerpos gobernantes explica el sentido en que podía decirse que representaban a todo el pueblo. Para fines de gobierno local, los atenienses se dividían en unos cien demos, o podríamos decir barrios, parroquias o distritos. Estos demos eran las unidades de gobierno local pero, en un aspecto, no eran estrictamente comparables a las unidades del gobierno local; la pertenencia a ellos era hereditaria, y aunque un ateniense se trasládese de una localidad a otra seguía siendo miembro del mismo demos. En consecuencia, aunque el demos era una localidad, el sistema no era puramente de representación local. Sin embargo, los demos tenían un cierto grado de autonomía local y ciertas obligaciones de policía de importancia bastante escasa. Además, eran la puerta por la que los atenienses entraban a la ciudadanía, ya que tenía el registro de sus miembros y todo mozo ateniense era inscripto en el a la edad de dieciocho años. Pero su función de verdadera importancia era la de presentar candidatos para los diversos cuerpos en los que se desarrollaba el gobierno central. El sistema era una combinación de elección y sorteo. Los demos elegían candidatos en número aproximadamente proporcionado a su tamaño, y la suerte designaba quienes de los incluidos en esta lista habían de desempeñar los cargos. Para la mentalidad griega, este modo de nombrar para los cargos públicos por sorteo era la forma de gobierno característicamente democrática, ya que igualaba las posibilidades de que todos tenían de desempeñarlos.

Había, sin embrago, un importante cuerpo de funcionarios atenienses que quedaba fuera de este sistema de designación por sorteo y que tenía una independencia mucho mayor que los otros. Se trataba de los diez generales escogidos por elección directa y que eran, además, reelegibles en sucesivas elecciones. En teoría, los generales eran, desde luego, meros oficiales militares, pero tenían, sobre todo en la época imperial, no solo poderes importantes en las partes extranjeras del imperio ateniense, sino también una gran influencia en las decisiones del consejo y la asamblea. En consecuencia, el cargo no era en realidad militar sino en ciertos casos un puesto político de la más alta importancia. Pericles actuó año tras año como líder de la política ateniense gracias a su cargo de general y su posición con respecto al consejo y a la asamblea se parecía mucho más a la del primer ministro de un gobierno moderno que a la de un simple comandante de tropas. Pero su poder se basaba en el hecho de llevar tras sí a la asamblea; de no haber conseguido su adhesión, ello le habría eliminado tan completamente como una votación adversa elimina hoy a un ministro responsable.

Como se ha dicho arriba, los cuerpos gobernantes verdaderamente esenciales de Atenas era el Consejo de los Quinientos y los tribunales, que tenían jurados muy numerosos. Era característico de todas las formas de ciudad-estado griega la existencia de un consejo, pero en los estados aristocráticos, como Esparta, el consejo era un senado de ancianos, elegidos de por vida y sin responsabilidades ante la asamblea. La pertenecía a tal consejo de ordinario prerrogativa de una clase gobernante aristocrática y, en consecuencia, la institución algo totalmente distinto del consejo de elección popular ateniense. El consejo Areópago era lo que quedaba de un senado aristocrático al que la democracia cada vez más vigorosa había ido recortando sus poderes. En sustancia, el Consejo de los Quinientos era un comité ejecutivo y directivo de la asamblea.

La terea efectiva del gobierno se centraba en realidad en este comité. Pero quinientos era el número todavía demasiado grande para la tramitación de los asuntos y se le reducía a un tamaño más apropiado a su función mediante el artificio favorito de la rotación de los cargos. Cada una de las diez tribus en las que estaban divididos los atenienses, daba cincuenta de los miembros del consejo y los cincuenta miembros de cada tribu actuaban durante la décima parte del plazo anual de ejercicio de cargo. Ese comité de cincuenta, junto con un consejero por cada una de las nueve tribus a las que no tocaban en aquel momento de pertenecer a él, tenía el control real y tramitaba los asuntos en nombre de todo el consejo. Se escogía por sorteo, entre los cincuenta, un presidente por cada día y a ningún ateniense podía corresponderle este honor más de un día en toda su vida. El consejo estaba encargado del importantísimo deber proponer a la consideración de la asamblea general de ciudadanos –que solo actuaba en asuntos que le presentaba al consejo- las medidas que consideraban oportunas. En la mejor época de la constitución ateniense el grupo que formulaba afectivamente las medidas era más bien el consejo que la asamblea. En época posterior, el consejo parece haberse limitado más bien a cumplir la obligación de redactar proyectos para ser debatidos en la asamblea. Además de estos deberes legislativos, el consejo era órgano ejecutivo central del gobierno. Las embajadas extranjeras solo tenían acceso al pueblo por medio del consejo. Los magistrados estaban en gran parte sometidos a su control. El consejo podía encarcelar a los ciudadanos e incluso, actuando como tribunal, condenarlos a muerte o consignar a los delincuentes a uno de los tribunales ordinarios. Tenían un control absoluto de la hacienda, la administración de la propiedad pública y los impuestos. La flota y sus arsenales estaban también sometidos s su control directo y había una multitud de comisiones y cuerpos o funcionarios administrativos adscriptos, de modo o más o menos inmediato, a sus órdenes.

Sin embargo, los grandes poderes del consejo dependían siempre de la buena voluntad de la asamblea. Decidía esta sobre los asuntos que le presentaba el consejo, promulgando las medidas legislativas, modificándolas o rechazándolas, según le parecía oportuno. Podía referirse al consejo una propuesta que tuviera su origen en la asamblea y podía aquel presentar a la asamblea una propuesta, sin recomendación. Normalmente, todas las cuestiones importantes, tales como las declaraciones de guerras, la conclusión de la paz, la formación de alianzas, la votación de los impuestos o de las medidas legislativas generales, iban a la asamblea para recibir su aprobación, pero, al menos en los mejores días de la política ateniense, no se consideraba, al parecer, que el consejo fuese un mero órgano de redacción. En cualquier caso, los decretos se aprobaban en el nombre del consejo y el pueblo.

Los miembros de los tribunales, o jurados, eran nombrados por los demos designándose una lista de seis mil ciudadanos cada año, a los que se destinaba por sorteo a los distintos tribunales y casos. Todo ciudadano ateniense de treinta años de edad podía ser designado para el desempeño de esta obligación. El tribunal era muy numeroso, pues pocas veces contaba menos de 201 miembros, por lo general tenían 501, y a veces era mucho mayor. Estos ciudadanos eran jueces y jurados, porque el tribunal ateniense carecía del aparato que acompañaba a un sistema jurídico técnicamente desarrollado. Las partes litigantes estaban obligadas a defender personalmente sus posiciones. El tribunal se limitaba a votar: primero, sobre la cuestión de la culpabilidad, y luego, si el veredicto había sido de culpabilidad, sobre la pena que había de imponerse, después de que cada una de las partes hubiera propuesto el castigo que considerase justo. La decisión de un tribunal tenía valor de cosa juzgada, porque no había sistema de apelación. Esto era perfectamente lógico, ya que la teoría de los tribunales atenienses era que el tribunal actuaba y decidía en nombre de todo el pueblo. El tribunal no era solo un órgano judicial; se concebía que, para la cuestión de que se tratase, era liberalmente el pueblo ateniense. En consecuencia, una decisión dictada por un tribunal no era de ningún modo obligatoria para cualquier otro. En realidad, los tribunales estaban coordinados en algunos aspectos con la asamblea. Tanto la asamblea como el tribunal del pueblo. De ahí que se utilizase los tribunales para asegurar el control sobre los funcionarios y sobre la misma ley

El control de los tribunales sobre los magistrados se conseguía de tres modos principales. En primer lugar, tenían un poder de examen entes de que un candidato pudiese ocupar un cargo. Podía entablarse una acción basándose en que un candidato no era persona apta para desempeñar el cargo y el tribunal podía descalificarlo. Este proceso hacía que la elección de magistrado por sorteo fuese cuestión de azar en menor grado de lo que parece a primera vista. En segundo lugar, se podía hacer que un funcionario se sometiera, al concluir el término de su mandato, a una revisión de todos los actos por él realizados y esta revisión se ventilaba también ante un tribunal. Por último, había también una auditoria especial de cuentas y una revisión del manejo de los dineros públicos hecho por todo magistrado, al final del mando de este. El magistrado ateniense, que no era reelegible y que estaba sujeto antes y después de su gestión a un examen por un tribunal compuesto de 500 o más conciudadanos elegidos por sorteo, tenía poca independencia de acción. Por lo que hace a los generales, el hecho de que se reelección les permitiese eludir la revisión explica, sin duda, en gran parte, porque fueron los más independientes de los funcionarios atenienses.

El control de los tribunales no se detenía en modo alguno en los magistrados. Se extendía a la propia ley, lo que podía darles un verdadero poder legislativo y, en casos particulares, elevarlos a una posición coordinada con la propia asamblea. En efecto, los tribunales podían juzgar no solo a un hombre, sino a una ley. De este modo una decisión del consejo o de la asamblea podía ser impugnada mediante una forma especial de acción en la que se alegaba que aquella era contraria a la norma fundamental. Cualquier ciudadano podía presentar esa queja y entonces se suspendía la entrada en vigor de la ley en cuestión hasta que decidía un tribunal. Se juzgaba la ley exactamente igual que a una persona, y una decisión adversa del tribunal la anulaba. En la práctica no había, al parecer, límites al fundamento de tal acción; bastaba con la mera alegación de que la ley de que se tratase era inconveniente. También es obvio que los atenienses consideraban el jurado como idéntico, para la finalidad del caso y en toda ocasión, a todo el pueblo.

 

Bien, Hasta aquí lo que quería compartir con ustedes. Los dejo que vayan macerando este material y la semana próxima, lo discutimos.

¡Hasta entonces!


¡¡BOLETÍN DE NOVEDADES EN LA CIENCIA Y EN LA TECNOLOGÍA!!

La dirección electrónica desde donde podrán bajar el nuevo número del Boletín de Novedades en la Ciencia y en la Tecnología, el 158.

https://www.dropbox.com/scl/fi/q1e5pfsf4po57s5pm59e6/CyT-158.docx?dl=0&rlkey=njzuws7zu7eiwn7vul3bhxbqm

 Recuerden que, la manera de operar es copiando el enlace y pegándolo en la ranura de direcciones, luego Enter.

El número 158 del Boletín trae artículos muy interesantes, como:

AGRICULTURA - Siempre nos quedarán las arañas

ASTRONOMÍA - Seis galaxias con una masa imposible para su época

BIOLOGÍA - Desvelando secretos del gusano al que le puede volver a crecer cualquier parte de su cuerpo

BIOLOGÍA - La técnica del bebé con tres padres podría crear bebés con riesgo de enfermedad grave

MEDICINA - Desarrollan un test de sangre que detecta el cáncer de próstata con una precisión del 94%

NEUROLOGÍA - Expertos de Harvard alertan sobre las devastadoras consecuencias de no dormir lo suficiente

...y muchos más. ¡Disfrútenlo y hasta la próxima!

domingo, 12 de marzo de 2023

Gábor

Bien, queridos amigos, ya en dos ocasiones anteriores los he deleitado, ¡espero!, con dos cuentos de mi autoría. Son ellos Novissima verba, el 29 de noviembre de 2021 y Mizuki, el 3 de enero de 2022. Sin embargo, los publiqué, no tanto para exhibir mi producción literaria sino porque eran pertinentes a los temas que estaba tratando en las notas vecinas a ellos.

No es ese el caso del presente cuento que sí tiene la intención de exhibir mi producción literaria. Tiene, para mí, la llamativa característica de ser el primero que escribí y espero que no defraude sus expectativas de ustedes.

¡Que lo disfruten y hasta la próxima!

GÁBOR

La anciana ni siquiera supo que moría.

Las poderosas manos de Gábor torcieron bruscamente su frágil cuello hasta que oyó un débil chasquido, como el de un leño al crepitar sobre el fuego. Rápidamente, el jorobado sacó una bolsa que traía consigo y, sin mucho miramiento, metió el cuerpo de la anciana en su interior. Ató el extremo con una cuerda, se echó la bolsa al hombro y se alejó caminando para perderse en las sombras de la noche.

Con oscura determinación evitó las pocas granjas que encontró en el camino y lentamente enfiló sus pasos hacia la “montaña maldita”. Nadie se atrevía a acercarse a esos parajes, pero él siguió avanzando con cautela y precaución. Ya entrada la noche y al doblar un amplio recodo del camino se enfrentó con la gélida e imponente presencia de un enorme castillo.

Sin titubear, se dirigió, no a la entrada principal, sino a una solitaria pérgola hacia un costado del castillo. Las mudas gárgolas de piedra observaban quedamente su quehacer. Dejó la bolsa en el piso y se acercó al muro; buscó entre la enredadera que lo cubría hasta que dio con lo que buscaba. Presionó sobre una piedra determinada y, obedeciendo a su mandato, un pasadizo secreto se abrió frente a él. Recogió su macabra carga y prestamente desapareció por la abertura.

Ya en el interior, se dirigió directamente hacia el subsuelo, donde estaban la capilla y las mazmorras del castillo. La mortecina luz de las antorchas multiplicaba las sombras generando siniestros efectos sobre los pétreos muros. Parecía como que aún se oyeran ecos de desgarradores alaridos de dolor, de inútiles súplicas, de antiguos ayes.

Impasible, Gábor siguió su camino y enfiló hacia la capilla. Una vez adentro fue hasta el ábside, detrás del altar, y, tirando de una enorme argolla de bronce, levantó una pesada losa de granito. Con la bolsa al hombro bajó por unas estrechas escaleras de piedra y llegó hasta una espaciosa sala dominada por un impresionante sarcófago de mármol blanco con guardas de oro y una inscripción que rezaba:


Vlad Tepes
   1431 – 1476   

  Dejó la bolsa en el suelo y, con esfuerzo, corrió la pesada tapa que lo cubría. En el interior se hallaba una urna de oro que abrió rápidamente. Las cenizas de Vlad Tepes quedaron a la vista de Gábor.

Delicadamente las esparció por el fondo del sarcófago y una vez hecho esto, se volvió hacia la bolsa que contenía el cadáver de la vieja. Con presteza lo sacó del interior, desgarró sus vestiduras hasta dejarlo completamente desnudo y, con una agilidad impensada en su condición, ató sus piernas con una soga y allí metió un gancho de hierro que pendía de una roldana sobre el sarcófago. Luego tiro de la soga hasta que el cadáver quedó colgando, cabeza abajo, sobre las cenizas de Vlad Tepes. Amarró la soga a un gancho en la pared y descolgó de ella la espada curva de su amo. Con un movimiento experto abrió un profundo tajo en el cadáver de la anciana como si se tratara de un pan de manteca. Luego, con respeto, casi religiosamente, Gábor se apartó y dejó que las gotas pardo rojizas de sangre que comenzaban a manar del cadáver cayeran al interior del sarcófago.

La sucia argamasa se había consumado y la seca y huesuda mano del Conde Drácula asomó por borde del sarcófago...


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IA or not IA

  Bueno, mis queridos amigos, somos testigos, en estos días, de una avalancha de advertencias sobre los peligros que involucran las IAs. Que...