domingo, 12 de julio de 2026

EL VIOLINISTA DIABÓLICO

Les comento, queridos amigos, que mis ojos vagaban divertidos por el simpático libro Historias de la Historia, de Carlos Fisas (1919-2010), cuando, en uno de los apartados, leo el título que acompaña esta nota de Policromía de Ideas. Desde luego que, al igual que ustedes, reconocí inmediatamente que se trataba de Niccoló Paganini e inmediatamente me surgió el deseo de compartir con ustedes la biografía de ese excelente músico contada por Fisas que aporta el chismerío siempre sabroso.

Pero, antes, les comento un poco quién fue Carlos Fisas. Se trató de un español apasionado de la historia que recopiló una serie de anécdotas y curiosidades que hicieron de Historias de la Historia un libro de referencia en la divulgación histórica. Este libro, que ha sido reeditado en múltiples ocasiones, ha encabezado regularmente listas de bestsellers y se ha convertido en un arcón con historias divertidas y entretenidas. Fisas, quien también fue conferenciante por universidades y centros culturales en Europa, ha contribuido a la cultura popular a través de su trabajo en la televisión y la radio.

Es interesante notar también que Fisas recorre la misma senda de Policromía de Ideas pues su libro recoge anécdotas de Literatura, Música, Historia, Religión… El único ámbito que no explora es la Ciencia.

Por último, les comento que la portada del ejemplar que poseo menciona que se trata de la trigésima edición (les pido un minuto de silencio por los números ordinales que han muerto) con 118.000 ejemplares vendidos.

Y ya que toqué el tema de los números ordinales, les comento, apesadumbrado, que, viendo un video de la National Geographic sobre el antiguo Egipto, escuché, incrédulo, que el locutor mencionaba a Ramsés onceavo, en lugar de Ramsés decimoprimero. Es decir, Ramsés dividido once…

Sin embargo, no todo ha de ser negativo, así que, para equilibrar la balanza, les transcribo un epigrama que registra Fisas en su libro en el apartado que lleva ese nombre: EPIGRAMAS. Como ustedes sabrán, mis doctos amigos, un epigrama es una composición poética breve en que, con precisión y agudeza, se expresa un motivo por lo común festivo o satírico. Veámoslo:

Se queja de padecer

dolor de cabeza Irene,

más no acierto a comprender

cómo le puede doler

si es algo que ella no tiene.

Y, ahora sí, vamos a lo que nos cuenta Fisas de Paganini.

EL VIOLINISTA DIABÓLICO

 El 27 de octubre de 1782 nacía en Génova un genio de la música. Se llamaba Niccoló Paganini. En algunas enciclopedias figura el año 1784 como el de su nacimiento. Pero ello poco importa. El caso es que el pequeño Paganini era un niño prodigio. A los cuatro años conocía perfectamente los rudimentos de la música. Su padre le compró un violín de segunda o cuarta mano, y con él el pequeño Niccoló descubría aspectos insospechados del arte musical.

Tenía doce años cuando su padre le mandó al maestro Alessandro Rolla para que siguiese sus lecciones. A los pocos días el maestro vio que Paganini seguía a primera vista un concierto, harto difícil, y no pudo menos de decirle:

—Has venido para aprender; pero no tengo nada que enseñarte.

Era, como he dicho, un niño prodigio. Ustedes, amigos lectores, saben que, generalmente, estos niños son enormemente repugnantes y repipis. Niccoló no era de ellos. Jugaba y se divertía con sus amigos; pero su ansia y su afición era la música y especialmente el violín.

A pesar de ello, en 1801, contaba sólo diecinueve años de edad, se enamoró de una rica señora, bastante mayor que él, y quiso abandonar la música para dedicarse a la agricultura. Afortunadamente, la fiebre erótica le duró poco y la música ganó un genio.

Su habilidad en tocar el violín era extraordinaria. Tenía largos dedos y largos brazos lo que le permitió hacerse construir un arco más largo de lo normal y abarcar más espacio en las cuerdas.

En aquella época, inicios del siglo XIX, los intérpretes intercalaban en sus conciertos números que hoy nos parecerían inadmisibles. Testimonio de ello es la siguiente anécdota.

En Ferrara, una tal Pallerini, de oficio bailarina, había cantado en sustitución de la soprano Marcolini, ídolo del público, que se encontraba indispuesta; los espectadores la silbaron y Paganini, a quien le tocaba actuar inmediatamente, decidió vengarla. Ante el público y con su violín imitó el trino de diversos pájaros, el grito de diferentes animales y por fin el rebuznar del asno, y dijo:

—Ésta es la voz de aquellos que han silbado a la Pallerini.

La que se armó fue de órdago. Paganini tuvo que presentar excusas y no volvió a tocar en Ferrara.

Era tan extraordinaria la habilidad de Paganini al tocar el violín, que se creyó que no era posible haberlo alcanzado por medios naturales y se creó una leyenda a su alrededor. Se dijo que Paganini había matado a un rival y condenado por ello a presidio y que en él había pactado con el diablo entregándole su alma a cambio de la libertad y la maravillosa técnica violinista que mostraba. El vulgo creyó en la leyenda y no faltó quien asegurase que, durante un concierto, había visto con sus propios ojos al diablo al lado del violinista ayudándole en los momentos difíciles.

Tuvo fama de avaro, y no era verdad. No fue dispendioso, pero tampoco avariento, como lo prueba el caso de Berlioz, que era entonces un desconocido, y que a duras penas consiguió que en un concierto se ejecutara su misa. En la sala se encontraba Paganini, quien se dio cuenta en seguida del valor del joven compositor. Cuando terminó el concierto fue a verle, se arrodilló a sus pies —no se olvide que se estaba en la época romántica y estas efusiones hoy risibles eran corrientes entonces— y le dijo que era el rey de los músicos. No contento con esto, aquella misma noche hizo llegar a Berlioz un pagaré de veinte mil francos contra la Banca Rothschild para ayudarle económicamente.

A Paganini le molestaba mucho que le invitasen a comer para luego tener que ejecutar algunas piezas gratis ante sus anfitriones. Cuando le invitaban y le decían: «No olvide el violín», respondía invariablemente:

—Mi violín no come nunca fuera de casa.

Se unió sentimentalmente —como ahora suele decirse— a una cantante llamada Antonia Bianchi, de la que tuvo un hijo al que llamó Aquiles.

Un día, cuando estaba en Milán, pasó por una calle y un tentador olor a pescado frito le llamó la atención y se dispuso a entrar en el local cuando el dueño del mismo, señalando el estuche de su violín del que casi nunca se separaba, le mostró al mismo tiempo un letrero fijado en la puerta: «Prohibida la entrada a los músicos ambulantes.» Y aquel día Paganini no comió pescado frito.

Durante su estancia en París, en 1831, en la cual cosechó triunfos muy sonados, tuvo una noche que alquilar un coche de punto para que le llevase a la sala donde debía dar el concierto. Al llegar allí le preguntó al cochero:

—¿Cuánto le debo?

—Veinte francos.

—¿Veinte francos? ¿Tan caros son los coches en París?

—Mi querido señor —respondió el cochero, que le había reconocido. Cuando se ganan cuatro mil francos en una noche por tocar con una sola cuerda, se pueden pagar veinte francos por una carrera.

Paganini se enteró por el portero de la sala del precio justo y volvió al coche.

—He aquí dos francos, que es lo que le debo; los otros dieciocho se los daré cuando sepa conducir el coche con una sola rueda.

Era vanidoso, pero se reía de su propia vanidad. Un día, conversando con un pianista, éste le dijo que, en un concierto que había dado, el gentío era tan numeroso que ocupaba los pasillos del local.

—Esto no es nada —replicó Paganini—: cuando yo doy un recital hay tanta gente que hasta yo debo estar de pie.

Sobre su muerte corrieron muchas versiones. Una de ellas aseguraba que el sacerdote que le atendía en sus últimos momentos, influido por la leyenda demoníaca que aureolaba al gran músico, le preguntó qué contenía, en realidad, el estuche de su violín. Paganini se incorporó en el lecho gritando:

—¡El diablo! ¡Esto es lo que contiene, el demonio!

Y tomando el violín en sus manos lo empezó a tocar hasta que lo lanzó contra la pared, expirando al tiempo que el instrumento se rompía.

La historia es falsa. El violín de Paganini se conserva, según creo, en el museo de Génova.

Lo cierto es que, aquejado de laringitis tuberculosa, el músico se trasladó a Niza y de allí a Génova. Vuelto a Niza, murió allí el 27 de mayo de 1840. Tenía 56 años. Pero también es verdad que su fama de endemoniado le persiguió después de su muerte.

El obispo de Niza le negó la sepultura eclesiástica y tuvo que ser enterrado en el cementerio del lazareto de Villefranche. Su cadáver fue trasladado después por su hijo Aquiles a varias poblaciones hasta encontrar definitivo reposo en el cementerio de Parma.

 

Bien, hasta aquí Fisas. Más no contentos con ello, buscamos ahondar en Paganini y, para ello, buscamos el aporte de Raquel de la Morena que tiene algo para decirnos. Múnanse del jugo de piña y de los popcorns porque Raquel hace un análisis exhaustivo. Aquí va ella:

https://www.youtube.com/watch?v=uhnDBe8Xdy0&t=3099s

Por último, queridos amigos, los invito a repasar la obra de Paganini desde cualquiera de los reservorios de Internet donde podrán hallarlos sin problemas.

Así pues, no me queda sino desearles un afectuoso: ¡Hasta pronto!

 

  

domingo, 5 de julio de 2026

AlphaFold 3

Seguramente, queridos amigos, los nacidos en este siglo XXI estarán acostumbrados al avance arrollador de la Ciencia, la Cultura, el Arte, etc. Sin embargo, los que tenemos un poco más de 26 años sentimos un poco de vértigo al ver la velocidad con la que se suceden los avances y los cambios.

Venimos charlando en las últimas notas del rejuvenecimiento. Un avance extraordinario que, si bien, no otorga la inmortalidad, si promete la longevidad y, obtenida esta, quien sabe…

Pero, hoy quiero charlarles de otro extraordinario avance que nos deja con la boca abierta.

-         ¿De qué trata Martín?

Pues, se trata de AlphaFold 3.

-         ¿O sea…?

¡A eso vamos, a eso vamos!

AlphaFold 3 un el modelo de IA de Google DeepMind que predice la estructura 3D de las moléculas biológicas.

AlphaFold 2 ya podía predecir la forma de las proteínas.

AlphaFold 3 va mucho más allá: predice cómo se pliegan y se juntan casi todas las biomoléculas y cómo interactúan entre sí.

     - ¿Cómo interactúan quienes, Martín?

1. Proteínas: Como la versión 2, pero más preciso.

2. ADN y ARN: Nos da la estructura del material genético.

3. Ligandos: Moléculas chicas como medicamentos, iones, metales.

4. Complejos: Cómo se pegan proteína + proteína, proteína + ADN, proteína + medicamento, etc.

Funcionamiento tipo: se le da la secuencia de aminoácidos/ADN + la molécula que se desee y devuelve el modelo 3D de cómo quedarían unidas.

-         ¿Y qué importancia tiene eso?

Tiene una importancia gigante para la ciencia. Veamos:

1. Descubrimiento de medicamentos:

Antes, para diseñar un fármaco había que probar miles de moléculas en un trabajo a ciegas. Ahora, se puede ver en la computadora cómo un medicamento se "encastra" en una proteína. Acelera años de investigación. Ya se usa para cáncer, antibióticos, Alzheimer.

2. Entender enfermedades:

Muchas enfermedades pasan porque las proteínas se pliegan mal o no se unen bien. Con AlphaFold 3 puede ver exactamente dónde falla esa unión proteína-ADN o proteína-proteína.

3. Biología básica:

   El 70% de las interacciones biológicas pasaban por estructuras que no conocíamos. Ahora las tenemos. Es como pasar de tener piezas sueltas a tener el manual de armado completo del cuerpo humano.

4. Gratis y abierto:

DeepMind lanzó un servidor gratuito "AlphaFold Server" para que cualquier investigador lo use sin ser experto en IA.

El impacto: DeepMind y Demis Hassabis ganaron el Nobel de Química 2024 en parte por esto. Se lo compara con "resolver el código fuente de la vida" a nivel molecular.

Antes se tardaba meses en el laboratorio para sacar 1 estructura. Ahora se logra en minutos.

-         A ver, Martín, ¿Por qué no explicas cómo ayuda a hacer un medicamento para el cáncer, por ejemplo?

Muy bien, imaginemos que se desea hacer un medicamento para frenar un tipo de cáncer. El problema sin IA se vería así:

1. Se descubre el "malo": Los científicos detectan que un cáncer crece porque una proteína X está siempre "encendida".

2. A ciegas: Para apagarla, se necesita una molécula que se le pegue justo en el botón de apagado. El problema es que no se sabe cómo es ese botón en 3D.

3. Búsqueda de años: Se prueba 10.000 moléculas distintas en el laboratorio a ver cuál encastra. Es carísimo y lento.

Veamos cómo cambia el proceso con AlphaFold 3:

1. Se puede ver el objetivo en 3D: Se le da a AlphaFold 3 la secuencia de la proteína X. En minutos este dibuja su forma exacta, con todos sus huecos y salientes. O sea, muestra dónde está el "botón de apagado".

2. El siguiente paso es diseñar la llave para esa cerradura: Luego, se toma la molécula del posible medicamento y le se dice: "AlphaFold, muéstrame cómo se pega esta molécula a la proteína X".

El modelo muestra si encastra bien, si queda floja, o si choca con otra parte. Así, se puede ir ajustando la molécula en la computadora hasta que quede perfecta.

3. El ahorro es de años y millones: En vez de probar 10.000 moléculas al azar, se prueba solo las 20 que AlphaFold dijo que sí encastan bien.

Ejemplo real: Esto ya se usa para proteínas que causan cáncer de pulmón, mama y leucemia. También para crear anticuerpos que bloqueen solo a las células tumorales sin tocar las sanas.

En resumen: AlphaFold 3 es como pasar de fabricar llaves a ciegas, a tener un escáner 3D de la cerradura que muestre su combinación, antes de hacer la llave.

Por eso los laboratorios están totalmente abocados a él. Puede recortar de 5 años a 1 año el inicio del desarrollo de un fármaco.

Y, como si esto fuera poco, también AlphaFold 3 también tiene implicancias en nuestro conocido “rejuvenecimiento”. Pero, para redondear su conocimiento, les dejo con un video que completa el conocimiento sobre este destacado avance que representa el fin de la Biología a ciegas.

AlphaFold 3 | El invento más importante del siglo - YouTube

Y, antes de despedirme, quiero comentarles la risueña anécdota de un deseo de Arnold Schwarzenegger que, con este tipo de avances, está cada vez más cerca:

En cierta oportunidad, consultado Arnold acerca de qué opinaba de la muerte, respondió:

-         ¡Ah, no me hable de la muerte! ¡No quiero saber nada de ella! ¡¡¡Yo quiero seguir en el show!!!

Ja, ja, ja. Habría que decirle a Arnold:

-         Tranquilo Arnold, ¡ha llegado AlphaFold 3!

 

Y, ahora sí, queridos amigos: ¡Hasta la próxima! 

domingo, 28 de junio de 2026

¡Rejuveneceremos! 3

¡Buenos días, estimados amigos!

¿Cómo están ustedes?

Como pueden ver por el título de esta nota, volvemos al tema del rejuvenecimiento; tema que estuvimos analizando en la nota anterior ¡Rejuveneceremos! 2, del 1 de junio de 2026. Allí aprendimos que las células no son estáticas, que comienzan siendo pluripotentes, es decir capaces de transformarse en cualquiera de los diversos tipos celulares, y devienen en cualquiera de los diversos tipos celulares en el proceso llamado diferenciación celular.

Podríamos encontrar un paralelo de este proceso en un humano recién nacido,

-         ¿Cómo es eso Martín?

-         Pues, el bebé recién nacido potencialmente puede llegar a ser ingeniero, abogado, comerciante, sacerdote, tenista, etc., etc., etc. Del mismo modo, la célula pluripotente del embrión puede transformarse en hepática, cardíaca, ósea, cutánea, etc., etc., etc.

Pues bien, una vez diferenciada, la célula cumple su función por algún tiempo, al cabo del cual muere y es reemplazada. Pero, con el paso del tiempo, todas las células del organismo entran en la etapa de senescencia y ya no cumplen su función con la eficiencia de cuando eran jóvenes y, entonces, el organismo entero entra en la etapa de senescencia.

Desde siempre hemos querido revertir este proceso de envejecimiento y algunos éxitos hemos obtenido… pero, han sido solo cosméticos. Ahora, por primera vez en la historia nos encontramos en el alba de un tratamiento que busca no una mejora de ese tipo sino, un rejuvenecimiento celular del organismo que lo devuelva a sus primeros años. Es decir, teniendo 86 años, por ejemplo, podríamos volver a tener un organismo de 25 años.

Este extraordinario objetivo ya ha sido logrado en ratones, como creo haber comentado en el pasado en este foro. Sucintamente, digamos que se ha partido de ratones con una edad equivalente a humanos de 20 años, se los ha llevado a tener una edad equivalente a humanos de 60 años y luego se los ha devuelto a los 20 años, manejando, a voluntad, el proceso de envejecimiento-rejuvenecimiento.

Y, respecto de este tratamiento, permítanme que les comente una experiencia personal. Suelo comentar este tema en diversos foros y, curiosamente, cuando le pregunto a algún interlocutor si le gustaría rejuvenecer, me encuentro muchas veces con la respuesta: Nooo, ya está bien. Suficiente con lo que he vivido. ¡Curioso! ¿Verdad?

Bien, veamos ahora de qué viene la nota de hoy. Resulta ser que el año pasado (2025) la FDA americana (Federal Drugs Administration) autorizó, para este 2026 las pruebas en humanos del tratamiento que les comenté que había tenido éxito en ratones. Y es en ello que quiero traerles las novedades. Lo haré con unos videos que nos comenten en qué punto estamos. Veamos el primero:

Inicia primer ensayo clínico para reprogramar células y revertir el envejecimiento

Y, a mayor abundamiento:

¿Adiós a la vejez? Científico desarrolla terapias para revertir envejecimiento

Bien, queridos amigos, yo no soy uno de los que dicen Nooo. Yo estaré encantado de rejuvenecer y encontrarme con todos ustedes con maravillosos 25 años para disfrutar de una rica birra e ir a bailar a una disco… 😉

Pero, por el momento, me despido: ¡Hasta la próxima!

  

domingo, 21 de junio de 2026

Pensamientos sobre el pensamiento

 Ustedes saben, queridos amigos, que un tema caro a mis intereses es la consciencia. Y, reflexionando acerca de ello, recordé una charla que diera aquel gran divulgador científico que fuera Isaac Asímov (1920-1992) y que figura en su libro El monstruo subatómico de 1986.

Es cierto que ya ha pasado agua bajo el puente y hay cosas que conocemos con más detalle que en esa época, pero la dicha charla es muy interesante desde el punto de vista del razonar científico , además, aporta datos sobre la morfología del cerebro muy interesantes.

Así pues, no resistí la tentación de acercársela a ustedes para que la disfruten.

¡Que así sea!

 

Supongamos que comenzamos con la fácil suposición de que el sapiens es la especie más inteligente de la Tierra, que viva hoy o lo haya hecho en el pasado. Por lo tanto, no debería sorprender que el cerebro humano sea tan grande. Tenemos la tendencia con bastante razón, de asociar el cerebro con la inteligencia, y viceversa.

El cerebro del humano adulto del sexo masculino tiene una masa de, aproximadamente, 1,4 kilogramos, como promedio, y es, con mucho, más grande que cualquier cerebro que no sea de mamífero, pasado o actual. Esto no resulta sorprendente, considerando que los mamíferos son una clase que tiene el cerebro más grande y son más inteligentes cualquier otro tipo de organismos vivos.

Entre los mismos mamíferos, tampoco resulta sorprendente que, cuanto mayor es el organismo en conjunto, mayor es el cerebro, pero el cerebro humano se aparta de esta norma. Es más grande que el de aquellos mamíferos que son mucho más voluminosos que los humanos. El cerebro del hombre es más grande que el del caballo, el rinoceronte, o el gorila, por ejemplo.

Y, sin embargo, el cerebro humano no es el más grande que existe. El cerebro de los elefantes es mayor. Se ha encontrado que los cerebros de elefante más grandes poseen masas de unos 6 kilogramos, más o menos, 4 ¼ veces la del cerebro humano. Y lo que es más, se ha comprobado que los cerebros de las grandes ballenas son aún más voluminosos. El cerebro de mayor masa jamás medido fue el de un cachalote, que poseía una masa de 9,2 kilogramos, es decir, 6,5 veces la del cerebro humano.

Sin embargo, nunca se ha pensado que los elefantes y las ballenas grandes, aunque sean más inteligentes que la mayoría de los animales, pudiesen ni remotamente compararse con los seres humanos en cuanto a inteligencia. En resumen: la masa cerebral no es lo único que hay que tener en cuenta en lo que a la inteligencia se refiere.

El cerebro humano constituye, más o menos, el 2 % de la masa total del cuerpo humano. No obstante, un elefante con un cerebro de 6 kilogramos tendría una masa de 5.000 kilogramos, de modo que su cerebro constituiría sólo el 0,12 % de la masa de su cuerpo. En cuanto al cachalote que puede alcanzar una masa de 65.000 kilogramos su cerebro de 9,2 kilogramos representaría sólo el 0,014% de la masa de su cuerpo.

En otras palabras, por unidad de masa corporal, el cerebro humano es 17 veces mayor que el del elefante, y 140 veces más grande que el del cachalote.

¿Es razonable poner la relación cerebro/cuerpo por delante de la simple masa cerebral?

Bueno, al parecer nos da una respuesta verdadera, puesto que señala el hecho aparentemente obvio de que los seres humanos son más inteligentes que los elefantes y las ballenas, que tienen cerebros más grandes. Además, podríamos argumentar (probablemente de una manera simplista) de esta manera:

El cerebro controla las funciones del cuerpo, y lo que queda después de esas actividades de bajo control de pensamiento puede reservarse para actividades tales como la imaginación, el razonamiento abstracto y las fantasías creativas. Aunque los cerebros de los elefantes y ballenas más grandes, los cuerpos de esos mamíferos son enormes, por lo que, sus cerebros, por muy grandes que sean, están totalmente ocupados con toda la rutina de hacer funcionar esas vastas masas, y les queda muy poco para funciones «más elevadas». Elefantes y ballenas son, pues, menos inteligentes que los seres humanos, a pesar del tamaño de sus cerebros.

(Y ésa es la razón de que la mujer posea un cerebro con un 10 % menos de masa que el del hombre, como promedio, y no sea un 10 % menos inteligente. Su cuerpo es también más pequeño, y su relación de masa cerebro/cuerpo es, en todo caso, un poco más elevada que la del hombre).

De todos modos, la relación de masa cerebro/cuerpo tampoco puede serlo todo. Los primates (simios y monos) tienen relaciones elevadas cerebro/cuerpo y, en conjunto, cuanto más pequeño es el primate, más elevada es la relación. En algunos monos pequeños, el cerebro constituye el 5,7 % de la masa corporal, y eso es casi tres veces la proporción que se da en los seres humanos.

¿Por qué, pues, esos pequeños monos no son más inteligentes que los seres humanos? Aquí la respuesta puede ser que sus cerebros son demasiado pequeños para servir a ese propósito.

Para tener una inteligencia realmente elevada, se necesita un cerebro lo suficientemente grande como para proporcionar el poder de pensamiento necesario, y un cuerpo lo suficientemente pequeño para no emplear todo el cerebro no dejando nada para el pensamiento. Esta combinación cerebro grande y cuerpo pequeño parece encontrar su mejor equilibrio el ser humano.

¡Pero esperen! Igual que los primates tienden a poseer una proporción cerebro/cuerpo más elevada a medida que se hacen más pequeños, lo mismo hacen los cetáceos (la familia de las ballenas). El delfín común no es más voluminoso que un hombre, en conjunto, pero tiene un cerebro que posee unos 1,7 kilogramos de masa, o 1/5 más masa que el cerebro humano. La proporción cerebro/cuerpo es del 2,4 %.

En ese caso, ¿por qué no es el delfín más inteligente que el ser humano ¿Puede existir alguna diferencia cualitativa entre las dos clases de cerebros que condene a los delfines a una relativa estupidez?

Por ejemplo, las células cerebrales propiamente dichas están situadas en la superficie del cerebro y constituyen la «materia gris». El interior del cerebro está compuesto, en gran parte por las protuberancias recubiertas de grasa que se extienden desde las células y (gracias al color de grasas) constituye la «materia blanca».

Es la materia gris la que se asocia con la inteligencia y, por tanto, el área superficial del cerebro es más importante que su masa. Cuando consideramos las especies en orden de inteligencia creciente, hallamos que el área superficial del cerebro aumenta con mayor rapidez que la masa. Una manera en que esto se hace aparente es que el área superficial aumenta hasta el punto en que no puede esparcirse de forma llana por el interior del cerebro, sino que se retuerce formando circunvoluciones. Un cerebro con circunvoluciones tendría una mayor área superficial que un cerebro liso de la misma masa.

Por lo tanto, asociamos las circunvoluciones con la inteligencia y, con seguridad, los cerebros de los mamíferos poseen circunvoluciones mientras que los cerebros de los no mamíferos no las tienen. El cerebro de un mono posee más circunvoluciones que el cerebro de un gato. No resulta sorprendente que un cerebro humano tenga más circunvoluciones que el de cualquier otro mamífero terrestre, incluyendo incluso a los relativamente inteligentes como los chimpancés y los elefantes.

Y, sin embargo, el cerebro del delfín tiene más masa que el cerebro humano, posee una mayor proporción masa de cerebro/cuerpo y, además, tiene más circunvoluciones que el cerebro humano.

Entonces, ¿por qué los delfines no son más inteligentes que los seres humanos? Para explicarlo, debemos volver a la suposición de que existe algún defecto en la estructura de las células del cerebro del delfín, o en su organización cerebral, puntos respecto de los cuales no existe ninguna evidencia.

No obstante, permítanme sugerir un punto de vista alternativo. ¿Cómo sabemos que los delfines no son más inteligentes que los seres humanos?

Sin duda, no poseen tecnología, pero esto no es sorprendente. Viven en el agua, donde el fuego resulta imposible, y el hábil empleo del fuego constituye la base fundamental de la tecnología humana. Y lo que es más, la vida en el mar hace esencial el ser aerodinámico, por lo que los delfines carecen del equivalente de las manos delicadamente manipuladoras que poseen los seres humanos.

¿Pero es la tecnología sola una medida suficiente de la inteligencia? Cuando nos interesa, dejamos de lado la tecnología. Consideremos las estructuras construidas por algunos insectos sociales, tales como abejas, hormigas y termitas, o la delicada tracería de la tela de las arañas. ¿Todas esas realizaciones hacen la abeja, la hormiga, la termita o la araña más inteligentes que el gorila, que construye un tosco nido en un árbol?

Decimos «no» sin titubear un momento. Consideramos que los animales inferiores, por maravillosos que sean sus logros, actúan sólo por instinto, y que esto es inferior al pensamiento consciente. Sin embargo, puede que esto sólo sea nuestra opinión personal.

¿No podría ser concebible que los delfines considerasen nuestra tecnología el resultado de una forma inferior del pensamiento, y no aceptarlo como una prueba de inteligencia, según un juicio propio sólo de ellos?

Naturalmente, los seres humanos tienen la facultad del habla. Empleamos complejas modulaciones del sonido para expresar ideas infinitamente sutiles, y ninguna otra especie de seres vivos lo hace o llega siquiera a algo parecido. (Tampoco pueden comunicarse con la equivalente complejidad, versatilidad y sutileza por ningún otro medio, por lo que sabemos hasta ahora).

Sin embargo, la ballena de joroba canta complejas «canciones», mientras que el delfín es capaz de producir una mayor variedad de sonidos diferentes que nosotros. ¿Qué nos hace estar tan seguros de que los delfines no pueden hablar?

Pero la inteligencia es algo que se percibe. Si los delfines son tan listos ¿por qué no resulta obvio que lo son?

En «Pensamientos acerca del pensamiento» mantenía que existen di rentes clases de inteligencia entre los seres humanos, y que las pruebas de CI son equivocadas por esta razón. No obstante, aunque fuese así, todas las variedades inteligenciales humanas (tengo que inventar esta palabra) pertenecen claramente al mismo género. Nos es posible reconocer estas variedades, aunque sean del todo diferentes. Podemos ver que Beethoven tenía una clase de inteligencia y Shakespeare otra, Newton otra aún, y Peter Piper (el experto en elegir adobos) tiene otra, y podemos comprender el valor de cada una de ellas.

Y, sin embargo, ¿qué podemos decir de una variedad inteligencial diferente de las que poseen los seres humanos? ¿También la reconoceríamos como inteligencia, sin importar cómo la estudiásemos?

Imaginemos que un delfín, con su enorme y circunvolucionado cerebro y su amplio repertorio de sonidos, tuviera una mente que pudiera considerar ideas complejas y un lenguaje que pudiera expresarlas con finita sutileza. Pero supongamos que esas ideas y ese lenguaje fueran diferentes de todo a lo que estuviéramos acostumbrados, que no pudiéramos siquiera captar el hecho de que eran ideas y lenguaje, y mucho nos entender su contenido. Supongamos que una colonia de termitas, todas juntas, poseyeran un cerebro comunitario que pudiera reaccionar de una forma tan diferente a las de nuestras individualidades, que no viéramos la inteligencia comunitaria, por muy notoriamente «obvia» que pudiera ser.

El problema puede ser parcialmente semántico. Insistimos en definir el «pensamiento» de tal manera que llegamos a la conclusión automática de que sólo los seres humanos piensan. (En realidad, los fanáticos, a través de toda la historia, han estado seguros de que sólo los seres masculinos similares en apariencia a ellos podían pensar, y que las mujeres y «razas inferiores» no podían hacerlo. Las definiciones que benefician a uno pueden servir de mucho).

Supongamos que definimos el «pensamiento» como ese tipo de acción que lleva a una especie a tomar las medidas que aseguren mejor su supervivencia. Según esta definición, todas las especies piensan, de algún modo. El pensamiento humano no es sino una variedad más, y no necesariamente mejor que las otras.

En realidad, si consideramos que la especie humana, con plena capacidad para la premeditación, y conociendo exactamente lo que hace y lo que puede suceder, de todos modos tiene grandes probabilidades de destruirse a sí misma en un holocausto nuclear, la única conclusión lógica a la que podemos llegar, según mi definición, es que el homo sapiens piensa más pobremente, y es menos inteligente, que cualquier otra especie que viva, o haya vivido, en la Tierra.

Por lo tanto, es posible que, así como los que analizan el CI logran sus resultados definiendo cuidosamente la inteligencia de un modo que hace que ellos mismos y la gente como ellos, sean «superiores», del mismo modo la Humanidad, en conjunto, realiza algo parecido con su cuidadosa definición de lo que constituye el pensamiento.

Para hacerlo más sencillo, consideremos una analogía.

Los seres humanos «andan». Lo hacen sobre dos piernas con su cuerpo de mamífero erguido, produciendo una inclinación hacia atrás en su columna vertebral, en la región lumbar.

Podríamos definir el «andar» como el movimiento sobre dos piernas con el cuerpo en equilibrio sobre una columna curvada. Según esta definición, andar sería algo único de los seres humanos y podríamos estar muy orgullosos de este hecho, y con razón. Esta manera de andar liberó a nuestros miembros superiores de toda necesidad de ayudarnos a movernos (excepción hecha de ciertas situaciones de emergencia), y nos permitió tener las manos permanentemente disponibles. Este desarrollo de la posición erguida precedió al desarrollo de nuestro gran cerebro y puede que, en realidad, nos llevara a ello.

Otros animales no andan. Se mueven sobre cuatro patas o sobre seis, ocho, docenas, o ninguna. O vuelan, o nadan. Incluso esos cuadrúpedos que pueden erguirse sobre sus patas traseras (como los osos y los simios) lo hacen sólo temporalmente, y están más cómodos sobre sus cuatro patas.

Existen animales que son estrictamente bípedos, como los canguros y las aves, pero a menudo saltan más que andan. Incluso las aves que andan (como las palomas y los pingüinos) son principalmente voladoras o nadadoras. Y las aves que no hacen nunca otra cosa excepto andar (o, su primo más rápido, correr) como el avestruz, carecen de una columna vertebral curvada.

Así pues, supongamos que insistiéramos en hacer del «andar» algo por completo único, hasta el punto de que careciéramos de palabras para las maneras en que otras especies avanzan. Supongamos que nos contentásemos con decir que los seres humanos fuesen «andantes» y que las demás especies no, y nos negásemos a ampliar nuestro vocabulario.

Si insistiésemos en hacerlo con suficiente fervor, no necesitaríamos prestar atención a la bella eficiencia con que algunas especies botan saltan, o corren, o vuelan, o planean, o se zambullen, o se deslizan. No desarrollaríamos ninguna frase del tipo «locomoción animal» para cubrir todas esas variedades de modos de avanzar.

Y si dejásemos de lado todas las formas de locomoción animal, menos las nuestras, como simplemente «no andantes», nunca tendríamos que enfrentarnos con el hecho de que la locomoción humana es, en muchas formas, no tan grácil como la de un caballo o un halcón y que es incluso una de las menos gráciles y admirables formas de locomoción animal.

Supongamos, pues, que inventamos una palabra para designar todas las formas en que las cosas vivas podrían comportarse para hacer frente a un desafío o para promover la supervivencia. Llamémosla «zorquear». El pensar, en el sentido humano, podría ser una manera de zorquear, mientras que otras especies de cosas vivas podrían mostrar otras formas de zorquear.

Si abordamos el zorqueo sin ninguna clase de juicio preconcebido, podríamos descubrir que el pensar no es siempre la manera mejor de zorquear, y podríamos tener una posibilidad ligeramente mayor de comprender el zorqueo de los delfines o de las comunidades de termitas.

O supongamos que consideramos el problema de si las máquinas pueden pensar, si un ordenador puede llegar a tener conciencia; si es posible que los robots sientan emociones; dónde, en resumen, conseguiremos, - en el futuro, una cosa tan auténtica como la «inteligencia artificial».

¿Cómo podemos discutir una cosa así, sin detenernos primero a considerar qué podría ser la inteligencia? Si es algo que sólo un ser humano puede tener por definición, en ese caso, naturalmente, una máquina no puede tenerla.

Pero cualquier especie puede zorquear, y es posible que los ordenadores también sean capaces de hacerlo. Tal vez los ordenadores no zorqueen de la forma en que lo haga cualquier especie biológica, por lo que también necesitamos una nueva palabra para lo que hacen. En mi improvisada charla acerca de la fuerza del ordenador, empleé la palabra «groquear», y me parece que servirá igual que cualquier otra.

Entre los seres humano existe un número indefinido de maneras diferentes de zorquear; distintas que son suficientemente parecidas para que se incluyan bajo el título general de «pensar». Y, asimismo, entre los ordenadores es seguro que existe un número indefinido de diferentes formas zorquear, pero unas formas tan diferentes de las encontradas en los seres humanos, como para incluirlas bajo el título general del «groquear».

(Y los animales no humanos pueden zorquear también de diferentes maneras, de modo que tendríamos que inventarnos docenas de diferentes palabras para las variedades de zorquear y clasificarlas de un modo complicado. Y lo que es más, a medida que se desarrollaran los ordenadores, podríamos encontrar que groquear no era suficiente, por lo que deberíamos elaborar más subtítulos... Pero todo esto corresponde al futuro. Mi bola de cristal no es infinitamente clara).

En realidad, diseñamos nuestros ordenadores de tal modo que pueden resolver problemas que nos son de interés y, por lo tanto, tenemos la impresión de que piensan. Sin embargo, debemos reconocer que, aunque un ordenador resuelva un problema que nosotros mismos tendríamos que resolver sin él, él y nosotros lo solucionamos a través de unos procesos por completo diferentes. Ellos groquean y nosotros pensamos, y es inútil darle vueltas y discutir de si los ordenadores piensan. Los ordenadores también podrían darle vueltas y discutir si los seres humanos groquean.

Pero, ¿es razonable suponer que los seres humanos crearían una inteligencia artificial tan diferente de la inteligencia humana que requiriese un reconocimiento del groqueo del ordenador como algo independiente del pensamiento humano?

¿Por qué no? Ya ha sucedido antes. Durante incontables millares de unos, los seres humanos han transportado objetos poniéndoselos debajo del brazo o manteniéndolos en equilibrio sobre la cabeza. Al hacerlo, sólo podían transportar como mucho su masa.

Si los seres humanos apilaban objetos a lomos de asnos, caballos, bueyes, camellos o elefantes, podían transportar masas mayores. Esto, sin embargo, es sólo la sustitución del empleo directo de unos músculos más grandes en vez de otros más pequeños.

Sin embargo, finalmente, los seres humanos inventaron un mecanismo artificial que hacía más fácil el transporte. ¿Y cómo realizaba esto la máquina? ¿Lo realizaba produciendo un andar artificial, una carrera o un vuelo, o cualquiera de la miríada de otras formas de locomoción animal?

No. Algunos seres humanos, en los oscuros días de la prehistoria, inventaron la rueda y el eje. Como resultado de ello, pudo colocarse una masa mucho más grande en un carro, y ser arrastrado por músculos humanos o animales, que la que podía transportarse directamente con esos músculos.

La rueda y el eje trasero constituyen el más asombroso invento jamás realizado por los seres humanos, en mi opinión. El empleo humano del fuego fue, por lo menos, precedido de la observación de los incendios naturales producidos por el rayo. Pero la rueda y el eje no tenían ningún antepasado natural. No existen en la Naturaleza; ninguna forma de vida los ha desarrollado hasta hoy. Así la «locomoción con ayuda de máquinas» fue, desde su concepción, algo completamente diferente de todas las formas de locomoción humana; y, del mismo modo, no resultaría sorprendente que el zorqueo mecánico fuese distinto de todas las formas de zorqueo biológico.

Naturalmente, los carros primitivos no podían moverse por sí mismos, pero, con el tiempo se inventó la máquina de vapor, y más tarde el motor, de combustión interna y el cohete; ninguna de estas cosas se comporta forma parecida a los músculos.

Los ordenadores se encuentran, sin embargo, en la actualidad, en el período anterior a la máquina de vapor. Los ordenadores pueden realizar sus funciones, pero no lo hacen «por sí mismos». Con el tiempo se desarrollará el equivalente de una máquina de vapor y los ordenadores serán capaces de resolver los problemas por sí mismos, pero, de todos modos, a través de un proceso totalmente diferente al del cerebro humano. Lo harán groqueando más que pensando.

Todo esto parece descartar el miedo a que los ordenadores «nos reemplazarán», o que los seres humanos se harán superfluos y desaparecerán.

A fin de cuentas, las ruedas no han hecho superfluas las piernas. Hay ocasiones en que andar resulta más conveniente y más útil que ir sobre ruedas. Abrirse camino por un terreno accidentado es fácil andando, muy difícil en automóvil. Y no imagino ningún modo de ir de mi dormitorio al cuarto de baño que no sea andando.

Pero ¿no podrían los ordenadores llegar a hacer todo lo que los ser humanos pueden realizar, aunque groqueen en vez de pensar? ¿No podrían los ordenadores groquear sinfonías, dramas, teorías científicas, asuntos amorosos, cualquier cosa que se quiera imaginar?

Tal vez. De vez en cuando veo una máquina diseñada para levantar las piernas por encima de obstáculos, para que camine. Sin embargo, la máquina es tan complicada y el movimiento tan poco grácil, que no me sorprende que nadie llegue a tomarse la enorme molestia de tratar de producir y emplear semejantes cosas como algo más que un tour de force (como el aeroplano que voló sobre el canal de la Mancha impulsado por la fuerza de una bicicleta, y que ya no volvió a usarse más).

Resulta obvio que groquear, sea lo que fuere, está mejor adaptado a la manipulación increíblemente rápida e infalible de cantidades aritméticas. Incluso el ordenador más simple puede groquear la multiplicación y división de cifras enormes mucho más de prisa de lo que los seres humanos pueden pensar la solución.

Esto no significa que groquear sea superior a pensar; simplemente, significa que groquear está mejor adaptado a ese proceso particular. En cuanto a pensar, está bien adaptado al proceso que implica intuición, previsión y la combinación creativa de datos para la producción de resultados inesperados.

Los ordenadores pueden tal vez estar diseñados para hacer cosas así hasta cierto punto, al igual que los prodigios matemáticos pueden groquear en cierto modo, pero tanto una cosa como la otra constituye una pérdida de tiempo.

Dejemos que los pensadores y los groqueadores desarrollen sus especialidades y guarden sus resultados. Me imagino que los seres humanos y los ordenadores, trabajando juntos, pueden hacer mucho más que cualquiera de ellos por separado. Es la simbiosis de ambos lo que representa los perfiles del futuro.

Una cosa más. Si el groquear y el pensar son cosas muy diferentes, ¿se puede esperar que el estudio de los ordenadores llegue a esclarecer el problema del pensamiento humano?

Volvamos al problema de la locomoción.

Una máquina de vapor puede propulsar las máquinas para que realicen el trabajo que ordinariamente llevan a cabo los músculos, y lo hacen con mayor intensidad y sin esfuerzo, pero esa máquina de vapor tiene una estructura que no se parece en nada al músculo. En la máquina de vapor, el agua se calienta hasta el punto de ebullición y la fuerza del vapor mueve los pistones. En el músculo, una delicada proteína llamada actomiosina experimenta cambios moleculares que hacen que el músculo se contraiga.

Parece pues que uno puede estudiar agua hirviendo y el vapor que sale durante un millón de años y, sin embargo, no ser capaz de deducir de ello la menor cosa acerca de la actomiosina. O, a la inversa, uno podría estudiar todos los cambios moleculares que sufre la actomiosina y, sin embargo, no aprender lo más mínimo acerca de qué es lo que hace hervir el agua.

No obstante, en 1824, un joven físico francés, Nicolás L. S. Carnot (1796-1832), estudió la máquina de vapor a fin de determinar qué factores regulaban la eficacia con que funciona. Al hacerlo, fue el primero en iniciar una serie de pruebas que, a fines de siglo, le habían hecho desarrollar por completo las leyes de la termodinámica.

Esas leyes se encuentran entre las más importantes generalizaciones en física, y se descubrió que eran aplicables con pleno rigor tanto a los sistemas vivos como a cosas más simples como las máquinas de vapor.

La acción muscular, pese a lo complicado de sus más íntimas funciones, debe actuar impulsada por las leyes de la termodinámica, igual que deben hacerlo las máquinas de vapor, y esto nos dice algo acerca de los músculos que resulta de la mayor importancia. Y lo que es más, lo hemos aprendido a partir de las máquinas de vapor, y nunca lo habríamos sabido a través, únicamente, del estudio de los músculos.

De manera similar, el estudio de los ordenadores tal vez nunca llegue a decirnos, directamente, nada acerca de la estructura íntima del cerebro humano, o de las células del cerebro humano. Sin embargo, el estudio del groqueo nos puede llevar a la determinación de las leyes básicas del zorqueo, y puede que averigüemos que esas leyes del zorqueo son aplicables tanto al pensar como al groquear.

Así pues, es posible que, aunque los ordenadores no se parezcan en nada al cerebro, nos enseñen cosas acerca de los cerebros que nunca cubriríamos estudiando sólo éstos.

Bien, llegados a este punto, me despido: ¡Hasta la próxima!

EL VIOLINISTA DIABÓLICO

Les comento, queridos amigos, que mis ojos vagaban divertidos por el simpático libro Historias de la Historia, de Carlos Fisas (1919-2010), ...