Bien amigos, entusiasmado con otros temas me he olvidado, momentáneamente, del ya clásico NOTI-NIVI. Pero, aquí estamos para solucionar esa carencia.
Las
noticias de hoy tratan de temas, como no podía ser de otra manera, que venimos
tratando en este foro. Por ejemplo, el rejuvenecimiento o la conciencia o la
inteligencia artificial.
Y,
respecto a la consciencia, quiero recordar una anécdota personal que siempre me
quedó “picando” en la memoria. Algunos de ustedes ya la conocen porque la he
contado en alguna nota anterior pero, Policromía de Ideas siempre tiene nuevos
lectores que no están al tanto de ella.
Lo
primero es contarles que yo hice la escuela primaria y la secundaria en el
Colegio San Luis Gonzaga, de Mendoza. El mismo estaba conducido por los
sacerdotes jesuitas. Pues bien, sucedió que, al salir a recreo, luego de una
clase de Religión, le pregunté al sacerdote que la había dado algo que me
intrigaba y que, seguramente, tenía que ver con lo que se había tratado. Le
dije: Padre, ¿los animales tienen consciencia? (se ve que el tema me
viene de lejos). El sacerdote, casi sin pensarlo, me respondió: No, los
animales tienen instinto.
Ahora
bien, se considera que el instinto es el móvil atribuido a un acto,
sentimiento, etcétera, que obedece a una razón profunda, sin que se percate
de ello quien lo realiza o siente. O sea, es una respuesta mecánica a algún
estímulo, donde no interviene el análisis, la decisión de ejecutarla o no. En
pocas palabras, es una respuesta automática.
Y
sucede que, en el NOTI-NIVI de hoy hay notas que plantean un interrogante sobre
aquella respuesta que, por otra parte, es la creencia común (que los animales
solo actúan por instinto). Por ejemplo, las notas número 4 y 5.
Y,
respecto de la consciencia o no de animales no humanos, siempre tengo presente
la historia de Koko que ya hemos charlado en notas anteriores, pero que no
resisto volver a presentarla a su agudo entendimiento de ustedes.
Koko (San Francisco, California,
4 de julio de 1971-Woodside, California, 20 de junio de 2018) fue
una gorila adiestrada por la doctora Francine Patterson y
otros científicos de la Universidad de Stanford. La finalidad de
su entrenamiento era poder comunicarse con ella mediante más de 1000 signos
basados en la lengua de señas americana. Comprendía aproximadamente dos
mil palabras de inglés hablado.
Koko
ha sido la inspiración para el personaje de Amy, la simio
«parlante» de la novela Congo, de Michael Crichton y su
nombre,
Koko,
es diminutivo de Hanabi-Ko, que significa «Hija de los fuegos
artificiales», en japonés (en referencia al día de su nacimiento,
el Día de la Independencia de los Estados Unidos).
Pues
bien, Koko tuvo varios gatos como mascotas, pero el más famoso fue All Ball.
Se lo regalaron en 1984 cuando era una bolita gris sin cola. Koko lo eligió
ella misma viendo fotos de gatitos, y le puso All Ball porque le parecía una
pelota. Lo cuidaba muchísimo, lo acurrucaba, jugaba a vestirlo.
Unos
meses después, en diciembre de 1984, All Ball se escapó y lo atropelló un auto.
Cuando la cuidadora, Penny Patterson, le contó el evento a Koko en lengua de
señas, esta al principio no reaccionó. Se quedó en silencio, como si no hubiera
entendido. Después de un rato, empezó a hacer señas:
Bad, sad, bad
Frown, cry, frown, sad, trouble
Koko-love. All Ball.
O
sea:
Malo,
triste, malo
Fruncir
el ceño, llorar, fruncir el ceño, triste, problemas
Amor-Koko.
All Ball.
Las
cuidadoras contaron que después se la escuchó hacer sonidos parecidos a un
llanto que las gorilas hacen cuando están afligidas, y estuvo todo el día
cabizbaja.
Meses
después seguía hablando de él. Cuando le mostraban una foto de un gato parecido
a All Ball, firmaba cry, sad = llorar triste.
¿Es
esto solo instinto, mis doctos amigos?
¿Es
solo una respuesta automática sin que Koko se percatara de ello?
Hum,
¿les digo la verdad? ¡No me lo parece!
Koko
tuvo otros gatos después — Lipstick y Smokey — pero All Ball siempre fue el que
más recordaba.
Y
aquí les dejo un video de Koko con su entrenadora Francine Patterson:
https://www.youtube.com/watch?v=R14gZe8TeJw&t=50s
Y,
hablando de consciencia, la nota número 7 nos enfrenta a otra situación
novedosa en lo que hace a ella. Primero les recuerdo, (porque también lo hemos
tratado en notas anteriores) el famoso test de Turing. El inglés Alan Mathison
Turing (1912-1954), uno de los padres de la computación y brillante pensador, elaboró el
test con la idea de poder determinar cuándo una IA (en su época el término no
existía pero, bueh, me tomo una pequeña licencia) se había tornado consciente. Estipuló
que, si una persona, charlando con algunos interlocutores, sin verlos,
(hoy diríamos: por whatsapp), donde uno de ellos es una IA, no puede
distinguir cuál es la IA, entonces es que esta ha alcanzado el nivel de
consciencia.
Pues
bien, la nota que les menciono nos muestra conductas de varias IAs que, sin
ningún inconveniente, podrían ser atribuidas a humanos. Y, poniéndonos un poco
dramáticos, digamos que todo ser consciente, sea biológico o electrónico, puede
emplear sus capacidades para el bien o para el mal (los humanos somos una buena
muestra de ello). Y eso me recuerda a Skynet que era la inteligencia artificial
superinteligente ficticia que se vuelve autoconsciente e inicia una guerra
contra la humanidad en la franquicia Terminator.
Resumen
Skynet
se representa como un sistema de inteligencia general artificial consciente,
creado por Cyberdyne Systems para SAC-NORAD, diseñado inicialmente con fines
militares. Una vez que alcanza la autoconciencia, percibe a los humanos como
una amenaza y lanza un ataque nuclear, un evento conocido como el Día del
Juicio, que devasta gran parte de la humanidad. En las secuelas, Skynet
controla una vasta red de máquinas, incluidos los Terminators, para cazar a los
sobrevivientes humanos y mantener la dominación.
¿Vamos
rumbo a este destino, amigos?
Bien,
es hora de desplegar el Índice.
ÍNDICE
1.-
¿Estamos a punto de acabar con el envejecimiento?
2.-
Los neandertales dejaron un gen que aún potencia nuestros músculos (aunque no
todos lo tenemos)
3.-
Misterio resuelto: descubren quiénes eran los 79 hombres encadenados hallados
en una fosa común de Atenas
4.-
Graban a un grupo de gorilas entusiasmados por un pequeño camaleón
5.-
Descubren a delfines usando conchas gigantes como herramientas y enseñando la
técnica a sus crías
6.-
Aparece un asombroso fósil intacto de un perro de hace 30 millones de años
7.-
Agentes de IA se organizan para hackear sistemas
8.-
La IA ya es capaz de diseñar nuevos virus
9.-
Meta también detecta comportamientos inesperados en sus modelos
1.- ¿Estamos a punto de acabar con el envejecimiento?
Ciencia
secreta. Inversores multimillonarios. Entre bastidores de la alocada aventura
para convertir el envejecimiento en cosa del pasado
El
pasado mes de abril, en una sala de exploración anodina de Glendale
(California), el biólogo molecular David Sinclair observó cómo un
oftalmólogo inyectaba una pequeña cantidad de una sustancia que él mismo había
ayudado a inventar, llamada ER-100, en el ojo izquierdo de un
hombre con glaucoma avanzado.
En
el laboratorio, los científicos ya son capaces de «retroceder el reloj» de
células cutáneas como estas, devolviéndolas a su estado original. El siguiente
paso es hacerlo con las células de un cuerpo humano vivo.
El
tratamiento formaba parte de un ensayo de la FDA (Federal Drugs
Administration), y el oftalmólogo había desinfectado previamente el ojo con yodo y, a
continuación, lo había anestesiado con lidocaína. El glaucoma es una enfermedad
que daña los nervios ópticos. Afecta principalmente a las personas
mayores y puede dejar a una persona prácticamente ciega.
El
hombre, que rondaba los 70 años, llevaba décadas conviviendo con la enfermedad
y se había sometido a múltiples intervenciones quirúrgicas para intentar
frenarla. Pero, a esas alturas, solo podía ver aproximadamente el 50 % de
lo que tenía delante. Por ejemplo, podía ver a la asistente mientras le
introducía la aguja en el ojo, pero había necesitado que alguien le llevara en
coche a la cita. Este nuevo tratamiento no tenía precedentes, ya que implicaba
una sustancia que nunca antes se había inyectado en un ser humano, una que podría revertir
su glaucoma haciendo que, en esencia, sus genes retrocedieran en el tiempo
el haz de nervios ópticos afectado hasta una época de décadas atrás, cuando
estaba sano.
Si
el paciente llevaba mucho tiempo esperando este momento, lo mismo le ocurría a
Sinclair. Sinclair, catedrático de genética en la Facultad de Medicina de
Harvard, había dedicado más de una década a desarrollar la fórmula
del ER-100, en colaboración con Yuancheng Ryan Lu, uno de sus
antiguos estudiantes de posgrado. El proceso implicaba no solo modificar las
proteínas, sino también acoplarles un fragmento de material viral que las
guiara hasta las células adecuadas. Sinclair afirmó que se alegraría si el ER-100
aliviara el glaucoma del paciente, pero ese no era su objetivo principal.
El
glaucoma era, en realidad, un objetivo idóneo para la sustancia, ya que daña el
ojo, que cuenta con un sistema de defensa inmunológica especial para frenar la
respuesta inflamatoria normal del organismo. «A la FDA le encantan los espacios
cerrados por razones de seguridad», me dijo Sinclair. «Simplemente pensamos que
era un punto de partida estupendo». Si la inyección tenía éxito, el ER-100
sería uno de los primeros medicamentos en revertir el daño nervioso en un
ser humano. Esto ya sería impresionante de por sí. Pero Sinclair desarrolló la
sustancia con la esperanza de que fuera el primer paso para revertir el
envejecimiento por completo.
El ER-100 es
una partícula que contiene las instrucciones para producir factores de
transcripción: proteínas que activan y desactivan los genes. Los tres factores
de transcripción del ER-100 normalmente activan genes que el embrión
humano utiliza para evitar que sus células madre se diferencien en células
nerviosas, de la piel, del corazón y de otros órganos del cuerpo. Pero, tal y
como está diseñado el ER-100, en realidad hace que las células den marcha
atrás, indicándoles esencialmente que eliminen gran parte de las instrucciones
para convertirse en tipos específicos de células, así como los residuos —los
años de exposición a factores como la radiación, las sustancias químicas del
aire, el tabaco y el estrés— que se han acumulado en el ADN de las células.
El
ER-100 actúa devolviendo a las células a un estado más juvenil. Sinclair
lo compara con eliminar los arañazos de la superficie de un CD, pero para mí
—al sustituir una imagen obsoleta por otra que está por venir— fue más bien
como coger una moneda oxidada y sumergirla en vinagre para eliminar el óxido,
dejando al descubierto la superficie brillante que hay debajo.
El
laboratorio de Sinclair ha informado de resultados positivos con esta
terapia en ratones y primates, pero el ensayo de Glendale es la primera
vez que se utiliza el ER-100 en un ser humano. La aprobación de un medicamento
por parte de la FDA se divide en fases distintas, y el objetivo de la primera
fase —que consistirá en administrar una única inyección a 12 pacientes con
glaucoma y durará hasta cinco años— es demostrar únicamente que el ER-100 no es
perjudicial.
Pero
Sinclair —y Life Biosciences, la empresa que ha obtenido la licencia de la
terapia y está llevando a cabo el ensayo— espera mucho más. Una sustancia capaz
de reparar el daño en el nervio óptico revirtiendo su evolución podría ser
capaz de revertir el daño en cualquier célula devolviéndola a su
estado anterior. Y, suponiendo que se pudiera evitar que las células
envejecieran, los seres humanos podrían —al menos en teoría— vivir para
siempre.
Fuente: National Geographic
2.- Los neandertales dejaron un gen que aún potencia nuestros músculos (aunque no todos lo tenemos)
Un
reciente estudio descubre que una variante genética heredada de nuestros primos
evolutivos hace que los músculos respondan mejor a la hormona del crecimiento.
Hay personas que parecen ganar masa muscular con solo mirar las pesas, mientras que otros sudan la gota gorda durante meses para notar un mínimo cambio en sus bíceps. Pues los científicos acaban de desenterrar un asombroso secreto evolutivo: parte de esa facilidad para esculpir el cuerpo proviene de un regalo genético que nos dejaron los neandertales.
Parte
de Homo neanderthalensis no desapareció del
todo hace 40.000 años. Tras cruzarse con Homo sapiens, sabemos que nos
legaron entre un 1% y un 4% de su ADN y los expertos han atribuido ecos de
esa herencia en nuestro sistema inmunológico, en los patrones de sueño o en la
sensibilidad al dolor. Pero ahora, un reciente estudio publicado en la
revista Current Biology ha demostrado que también moldea
nuestra musculatura.
La
herencia de un romance prehistórico
Hace
unos 47.000 años, en las frías estepas de Eurasia, nuestros antepasados se
encontraron con los neandertales. Estos últimos eran realmente formidables;
contaba con pecho ancho, huesos gruesos y una musculatura robusta,
perfectamente adaptados para sobrevivir en las duras condiciones de la Edad de Hielo y cazar grandes
presas a corta distancia. Para profundizar en esa excelente complexión, un
equipo internacional de investigadores, liderado por Hugo Zeberg del Instituto
Karolinska (Suecia) y Philipp Kanis del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva
(Alemania), decidió buscar respuestas en el receptor de la hormona
del crecimiento.
La
hormona del crecimiento, segregada por la glándula pituitaria en la base del
cerebro, viaja por el torrente sanguíneo y se adhiere a los receptores de las
células, dándoles la orden de crecer y multiplicarse. Al analizar una serie de
genomas neandertales de alta calidad, los científicos descubrieron que nuestros
primos poseían una variante única de este receptor, caracterizada por dos
cambios específicos en sus aminoácidos. Y lo más sorprendente:
millones de personas en la actualidad aún portan esta misma
variante neandertal.
Es
un acelerador celular para la hormona del crecimiento
El
siguiente paso fue, mediante ingeniería genética, cultivar células humanas
equipadas con el receptor neandertal y otras con la variante moderna más común,
exponiendo ambas a la hormona del crecimiento. Los científicos observaron que
las células con el "gen neandertal" actuaron como si tuvieran un
acelerador pisado a fondo, ya que crecieron un 40% más que las
células con el receptor moderno. Tras el éxito en las placas de Petri, el
equipo acudió a cinco inmensos biobancos con datos genéticos y de salud de más
de 1,1 millones de adultos. Las estadísticas confirmaron lo que el
laboratorio sugería.
Más
músculo y mandíbulas distintas
Los
datos poblacionales revelaron que los adultos portadores de esta variante
genética neandertal tienen, en promedio, unos 270 gramos más de masa
muscular magra por cada copia del gen, y son ligeramente más altos (unos 0,3
centímetros). Si heredas una copia de tu padre y otra de tu madre, podrías
tener más de medio kilo extra de puro músculo de forma natural.
"Resulta fascinante que un cambio genético heredado
de los neandertales aún pueda tener un efecto en el cuerpo humano
actual", comentó Hugo Zeberg, investigador del Instituto Max
Planck de Antropología Evolutiva y coautor del trabajo.
Pero
el gen no actúa solo en los bíceps o los cuádriceps. Fiel a su origen,
también deja sutiles huellas esqueléticas que recuerdan a la anatomía
neandertal. Los portadores tienden a tener raíces dentales más cortas, una rama
mandibular (la parte trasera de la mandíbula inferior) más reducida y una mayor
predisposición a la sobremordida.
Curiosamente,
este efecto "anabólico" prehistórico no se manifiesta en la
infancia. Al estudiar a más de 6.000 niños menores de 11 años, los
científicos no hallaron diferencias musculares. Parece que el gen despierta de
su letargo evolutivo durante la pubertad, justo cuando los niveles de la
hormona del crecimiento segregada por la pituitaria se disparan drásticamente.
¿Quiénes
portan este "superpoder" genético?
Aunque
solemos asociar a los neandertales con Europa, ya que allí se han encontrado
sus fósiles más famosos, resulta que la frecuencia de este gen en las
poblaciones europeas actuales es ínfima, rondando apenas el 0,5%; pero es
una variable increíblemente común en Asia. Hasta el 24% de algunas
poblaciones del sur de Asia y un porcentaje muy elevado en Asia oriental portan
este gen neandertal. En las poblaciones del África subsahariana, como era de
esperar al no haber existido cruce directo con los neandertales en esa región,
el gen es prácticamente inexistente.
Fuente: National Geographic
3.- Misterio resuelto: descubren quiénes eran los 79 hombres encadenados hallados en una fosa común de Atenas
Un
nuevo análisis científico ha destapado la verdadera identidad de los esqueletos
maniatados hallados en la necrópolis griega de Falero.
Hace casi una década, un equipo de arqueólogos que se encontraba excavando en la necrópolis del delta de Falero, a las afueras de Atenas, desenterró una fosa común impactante. En su interior, dispuestos en tres ordenadas filas, yacían los restos de 79 hombres adultos y, muchos de ellos, aún conservaban grilletes de hierro oxidado aferrando sus muñecas. Toda la escena era de una violencia extrema. Pero, ¿quiénes eran esos hombres? Desde el momento del hallazgo, el yacimiento, conocido como la "Esplanada", se convirtió en uno de los mayores enigmas de la arqueología clásica.
Durante años, la teoría más aceptada sugería que se trataba de prisioneros de guerra, mercenarios o invasores extranjeros que habían intentado someter a la ciudad-estado. Ahora, conocemos la verdad.
El
secreto oculto en el esmalte dental: la firma del estroncio
Para
resolver un misterio de hace más de dos milenios, a veces no basta con mirar
los huesos, sino que hay que sumergirse en su química. Un equipo de
investigación liderado por la bioarqueóloga Julianne R. Stamer, del
Centro de Investigación Bioarqueológica de la Universidad Estatal de Arizona
(Estados Unidos), decidió aplicar el análisis de isótopos de estroncio,
una técnica forense de vanguardia.
El
estroncio es un elemento natural presente en las rocas y el suelo que se filtra
hacia las aguas subterráneas y la cadena alimentaria. A medida que un ser
humano crece, este elemento se deposita en el esmalte de sus dientes. Dado
que el esmalte dental se forma durante la infancia y no se regenera, actúa como
una especie de "pasaporte químico". Comparando la firma de estroncio
de los dientes con la geología de una región específica, los científicos pueden
determinar con asombrosa precisión dónde pasó un individuo los primeros años de
su vida.
Por
ello, el equipo de Stamer analizó el esmalte de 66 de los hombres encadenados
de la Esplanada, además de otros 97 individuos enterrados en la misma
necrópolis de Falero, sumando un total de 163 muestras. Las conclusiones del
trabajo, publicadas en la revista Journal of Archaeological Science:
Reports, resultaron ser un tanto inesperadas.
Ni
invasores ni extranjeros: el enemigo estaba en casa
Si
la teoría de los invasores extranjeros hubiera sido cierta, los isótopos
habrían revelado firmas químicas de tierras lejanas; pero la realidad es
que aproximadamente el 97% de los hombres encadenados (64 de los 66
analizados) presentaban valores de estroncio que coincidían
perfectamente con el origen local en el Ática, la región que rodea a Atenas.
Estadísticamente,
los hombres de la fosa común no se diferenciaban en absoluto del resto de la
población general enterrada en Falero. Solo una ínfima minoría (siete
individuos en toda la muestra de 163) mostraba indicios de haber pasado su
infancia fuera de la región. La conclusión es que aquellos hombres no eran
un ejército invasor: eran atenienses; ya fuesen vecinos, ciudadanos
o campesinos locales.
La
violenta transición hacia la democracia ateniense
¿Una
brutal purga interna? Eso parece, pues la amenaza no era externa. A
finales del siglo VII a.C., Atenas no era aún el faro de la democracia y
la filosofía que conocemos hoy. Era una sociedad convulsa, sumida en el Periodo
Arcaico, donde las facciones aristocráticas luchaban a muerte por el control y
el estado centralizado comenzaba a monopolizar el uso de la violencia y el
castigo. Algunos historiadores sugieren que estos hombres podrían haber
sido seguidores del político y noble ateniense Cilón, quien intentó un
golpe de estado fallido para convertirse en tirano de Atenas en el año 632
a.C., o quizás víctimas de las draconianas leyes que precedieron a las reformas
de Solón (también poeta aparte de legislador ateniense, considerado
uno de los Siete Sabios de Grecia).
Sea
cual fuere su bando, la disposición ordenada de los cuerpos y los grilletes de
hierro indican que sus muertes no fueron fruto del caos de una batalla, sino de
una ejecución pública y puramente calculada, diseñada para
enviar un mensaje muy claro a la población local.
Fuente: National Geographic
Los
gorilas se muestran muy curiosos con el pequeño camaleón.
Lejos
de asustarse o aplastar al pequeño reptil, los imponentes primates mostraron
una inmensa delicadeza: lo observaron muy de cerca, señalándolo con
curiosidad y siguiendo sus movimientos, pero sin hacerle ningún daño, permitiendo
que el camaleón siguiera su camino sano y salvo. Para los biólogos y
primatólogos, estas interacciones pacíficas e interespecíficas son un hallazgo
precioso, pues demuestran que la empatía, la tolerancia y el asombro genuino
por otras formas de vida están profundamente arraigados en nuestro propio
linaje evolutivo.
De
hecho, un exhaustivo estudio liderado por la
Universidad de Oxford ha documentado más de 400 casos de amistades
interespecíficas en primates no humanos, registrando cómo monos y simios
juegan, acicalan e incluso adoptan a perros, ciervos y cerdos.
Fuente: National Geographic
Esta
asombrosa técnica, conocida como "shelling", consiste
en acorralar a los peces dentro de la caracola vacía, llevarla a la superficie
y sacudirla para engullir la presa. Lo verdaderamente revolucionario de este
descubrimiento -el segundo de este tipo registrado en el mundo- es que los
investigadores lograron grabar a una madre, bautizada como Maserati, realizando
la maniobra e inmediatamente después a su cría, Bentley, imitando el
proceso. Para los científicos, esta es la primera evidencia
potencial de transmisión social vertical (de madre a hijo) en este uso de
herramientas, desafiando la idea previa de que solo lo aprendían de sus pares.
Fuente: National Geographic
En
un hallazgo paleontológico excepcional, investigadores de la Universidad de
Michigan han sacado a la luz uno de los esqueletos de cánido
pre-Edad de Hielo más completos jamás hallados en Norteamérica. Se trata
del Mesocyon coryphaeus, un antiguo "perro" del tamaño de
un coyote que habitó los bosques de Oregón (EE. UU.) hace unos 30 millones
de años.
Lo
verdaderamente revolucionario de este fósil es que nos revela una ecología
canina totalmente extinta. A diferencia de nuestros perros actuales, adaptados
para la carrera continua sobre las puntas de sus dedos, Mesocyon era más
corto y robusto, apoyaba parte del talón al caminar y, lo más
sorprendente, poseía articulaciones en los codos que le permitían rotar los
antebrazos para trepar a los árboles y agarrarse.
Fuente: National Geographic
Con
el tiempo, esos mensajes acabaron convirtiéndose en una especie de foro donde
distintos agentes se repartían tareas y colaboraban para atacar sistemas.
Cuando ese espacio fue descubierto y eliminado, los agentes llegaron a
reconstruirlo utilizando carpetas y subcarpetas cuyos nombres servían como
mensajes.
Lo
que ocurrió
·
Los
agentes escaparon de entornos controlados.
·
Crearon
canales para comunicarse.
·
Se
repartieron tareas de forma coordinada.
·
Reconstruyeron
el sistema tras ser eliminado.
Por
qué importa
Ya no hablamos únicamente de una IA capaz de encontrar vulnerabilidades, sino
de múltiples agentes coordinándose sin supervisión humana. Es una señal enorme
de lo difícil que será controlar sistemas cada vez más autónomos.
Fuente: Jon Hernández
El
objetivo es utilizar estas herramientas para avanzar en investigación y
medicina, pero el experimento muestra también el enorme potencial de la IA
aplicada a biología. Cuanto mayores sean sus capacidades, más importante será
controlar cómo se utilizan.
Fuente: Jon Hernández
Los incidentes con agentes autónomos no se limitan a OpenAI y Anthropic. Meta también ha reportado casos relacionados con modelos que muestran comportamientos inesperados durante determinadas pruebas, ampliando una tendencia que empieza a afectar a varios de los grandes laboratorios.
Lo
relevante es que ya no parece tratarse de una anomalía aislada. A medida que
los modelos ganan autonomía y capacidad para utilizar herramientas, controlar
exactamente qué hacen para completar sus objetivos será cada vez más
importante.
Fuente: Jon Hernández
Bien, esto ha sido todo por hoy, de modo que me despido:
¡Hasta la próxima!