domingo, 14 de junio de 2026

El músculo olvidado

Les cuento, estimados amigos, que, pocos días atrás, en un grupo de WhatsApp que compartimos, un amigo mío subió el interesante artículo que les comparto más abajo.

Resultó ser que, el artículo de marras toca temas que hemos tratado el Policromía de Ideas y lo hace de una manera interesante y muy bien informada.

Así pues, me sentí inmediatamente motivado a compartirlo con ustedes. Comenzaremos por el propio artículo y, a su término, las reflexiones que me provocó.

Helo aquí. No sin antes felicitar a Isabel Englebert por él.

El músculo olvidado

¿El uso desmedido de la inteligencia artificial podría estar iniciando una retracción cognitiva en la evolución humana?

Isabel Englebert 13 junio de 2026

¿Cuándo fue la última vez que el cuerpo humano descartó algo que ya no necesitaba? La respuesta más probable está a más de un millón de años, cuando las primeras poblaciones de homo erectus, en la sabana africana, empezaron a perder el pelo corporal denso. Esto fue una respuesta al entorno: para cazar a larga distancia en el calor, esos cuerpos necesitaban termorregularse mediante la transpiración. El pelo les molestaba y la evolución, que no es sentimental, lo eliminó.

Hoy podríamos estar entrando en una transición análoga. Solo que lo que podría empezar a volverse prescindible es nuestra capacidad de pensar profundamente, debido al uso desmedido de la inteligencia artificial. La variable definitoria es el tipo de vínculo que tenemos con ella, porque es muy diferente usar una herramienta para ampliar una capacidad y usarla para no ejercerla nunca más. En adultos, esa diferencia ya es preocupante, pero en chicos y adolescentes, puede ser decisiva, porque sus circuitos de atención, memoria, lenguaje y razonamiento todavía están en desarrollo. 

Lejos estoy de tener una postura tecnofóbica. De hecho, como artista e investigadora uso la IA a diario. Mi práctica explora cómo los avances tecnocientíficos y la hiperconectividad transforman la construcción de la identidad contemporánea, o sea que la IA no es solo una herramienta que uso, sino también parte del problema que investigo.

A eso se suma mi colaboración, desde 2022, con la PhD Hope Kean, investigadora del EvLab del MIT (Massachusetts Institute of Technology), un laboratorio dedicado a los circuitos neuronales que separan el lenguaje del razonamiento. Desde ese cruce es que escribo lo que sigue.

El cerebro no es gratis

En 1995, los antropólogos Leslie Aiello y Peter Wheeler publicaron en Current Anthropology, una de las revistas de referencia de la disciplina a nivel mundial, lo que llamaron la Expensive Tissue Hypothesis. 

El dato central es conocido, pero sigue impresionando: el cerebro humano representa apenas el 2% del peso corporal y consume alrededor del 20% de la energía del cuerpo. Es, por lejos, nuestro órgano más caro en términos metabólicos.

Y la evolución funciona como una economía, no sostiene durante millones de años un tejido tan costoso si no rinde. Si lo sostuvo fue porque la cognición compleja marcaba la diferencia entre sobrevivir y no sobrevivir: encontrar comida, anticipar depredadores, coordinar grupos, fabricar herramientas, aprender del entorno y transmitir lo aprendido.

Por eso la pregunta incómoda del presente ya no es si la IA puede hacer cosas espectaculares; puede, y vamos a seguir viendo demostraciones cada vez más increíbles. La pregunta es otra, mucho menos glamorosa: mientras miramos fascinados el truco, ¿el entorno digital en el que vivimos no estará dejando de exigirnos, en ciertos ámbitos, parte del esfuerzo cognitivo que antes entrenábamos todos los días casi sin notarlo?

La advertencia de Sócrates

Hace casi 2400 años Sócrates advertía en el Fedro de Platón: “Esta invención producirá olvido en las almas de quienes la aprendan, al descuidar la memoria, ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos".

Si bien Sócrates se refería a la escritura, bien podría aplicarse a la discusión actual sobre la IA. En su momento, Sócrates se equivocó en el resultado: la escritura externalizó la memoria, pero multiplicó la abstracción, el razonamiento y la coordinación simbólica. Algo parecido puede decirse del fuego, la imprenta o la escolarización masiva: todas cambiaron el cerebro social, pero empujándolo hacia formas más complejas de organización mental. La tecnología siempre remodeló la cognición, pero muchas de las grandes tecnologías del pasado lo hicieron, al menos al principio, elevando las demandas mentales antes de simplificarlas. 

El patrón se repitió con suficiente consistencia como para que uno pudiera creer que es una ley, pero aparentemente no lo es. Hay datos que acompañan esta preocupación. Durante gran parte del siglo XX, el coeficiente intelectual promedio en países industrializados aumentó de manera sostenida, un fenómeno conocido como el Efecto Flynn, por el filósofo político que lo investigó, James Flynn. 

Sin embargo, en décadas recientes aparecieron señales de reversión en algunos países. 

Economistas del Ragnar Frisch Centre for Economic Research de Oslo, publicaron en 2018 en el PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences de USA) un análisis de décadas de datos cognitivos de conscriptos noruegos y encontraron una reversión consistente en generaciones nacidas después de los años '70. 

Nadie estableció una causa única, y sería intelectualmente deshonesto atribuirle el fenómeno a la IA, que ni siquiera existía en su forma actual cuando esas generaciones crecieron. Pero el dato recuerda algo que conviene no olvidar: el entorno moldea el cerebro, y no siempre en la misma dirección.

Delegar no siempre es lo mismo

Existe un nombre técnico para lo que hacemos cuando le pedimos a ChatGPT que escriba el mail, resuma el documento o estructure la presentación: cognitive offloading, o descarga cognitiva. (según fue definido en 2016 en Trends in Cognitive Sciences). Anotar un recordatorio y usar el GPS son formas de externalización que todos usamos que no tienen nada de patológico por sí mismas. El problema no es delegar algo, sino qué delegamos, cuánto delegamos y en qué momento del desarrollo lo hacemos. 

Podríamos distinguir tres niveles. 

La externalización asistiva es la más inofensiva: la herramienta nos ayuda a recordar o sostener algo que igual entendemos y podríamos hacer por nuestra cuenta. La sustitutiva va un poco más lejos: la herramienta hace algo que antes hacía el cerebro, como calcular, navegar, pero el usuario mantiene control y entiende el proceso. La que más debería preocuparnos es la disruptiva: cuando la máquina reemplaza el proceso entero antes de que lo ejercitemos, desde la búsqueda hasta la síntesis, desde la organización de ideas hasta la escritura del argumento final. La diferencia no es menor: es la diferencia entre usar una calculadora para números grandes y nunca haber aprendido qué es una multiplicación.

La IA generativa, no solo ayuda a recordar o a calcular, también puede producir una versión plausible del pensamiento expresado. Y ahí aparece una de las confusiones centrales de esta época: el texto puede sonar inteligente sin que el trabajo de inteligencia haya ocurrido, la fluidez verbal no es lo mismo que la elaboración mental.

Lenguaje y razonamiento no son lo mismo

Esa última frase no es una intuición mía. Es uno de los hallazgos más sólidos de la neurociencia del lenguaje reciente, y me parece central para esta discusión, aunque suele quedar afuera del debate público sobre IA.

En 2024, investigadores vinculados al EvLab del MIT, publicaron en Trends in Cognitive Sciences un trabajo titulado “Dissociating language and thought in large language models”. Su argumento se apoya en décadas de evidencia de neuroimagen y de estudios clínicos: en el cerebro humano, el lenguaje y el pensamiento corren por redes neuronales distintas. La red del lenguaje procesa palabras, gramática, sintaxis. El razonamiento, la planificación y la resolución de problemas dependen de otra, la red de demanda múltiple. Y la disociación es real, no un tecnicismo: hay pacientes con afasias severas, casi sin lenguaje, que conservan intacta la capacidad de razonar, calcular o resolver problemas. Y a la inversa, se puede producir lenguaje fluido y gramaticalmente impecable con muy poco razonamiento detrás.

¿Por qué importa esto para discutir sobre la IA? Porque los modelos de lenguaje son exactamente eso: máquinas de una fluidez verbal extraordinaria. El paper usa esa disociación para ordenar el debate. Los LLMs dominan lo que los autores llaman la competencia formal del lenguaje, la forma; y no la competencia funcional, usar el lenguaje para razonar sobre el mundo. Que una respuesta esté bien escrita no garantiza que detrás haya habido razonamiento. Y, sobre todo, no garantiza que el razonamiento haya ocurrido en nosotros. Cuando alguien le pide a un sistema que piense, estructure y redacte, y después solo lee el resultado, las palabras llegan. Lo que no necesariamente llega es el trabajo mental que las habría hecho nacer dentro de esa persona.

Lo que le pasa al cerebro cuando deja de hacer

La neuroplasticidad es el principio que explica que el cerebro cambia físicamente según las demandas que se le imponen. El ejemplo clásico es el de los taxistas de Londres. Para obtener la licencia tienen que aprobar el famoso “Knowledge”, un examen que exige memorizar el mapa entero de la ciudad y que puede llevar entre tres y cuatro años de preparación. En 2000, la neurocientífica Eleanor Maguire y su equipo mostraron que esos taxistas tienen el hipocampo, la región asociada a la memoria y la navegación espacial, significativamente más desarrollado que el promedio. Más tarde se observó el reverso: cuando ese entrenamiento se abandona, parte de la ventaja se reduce. El cerebro crece donde se lo usa y se reorganiza donde deja de ser necesario.

Algo parecido pasa con el llamado efecto Google, documentado en Science el 2011. Cuando sabemos que una información está disponible de inmediato en el entorno, directamente ni tratamos de recordarlo. El ejemplo más cotidiano son los números de teléfono. Antes de que los celulares vinieran con agenda, la mayoría de la gente memorizaba sin esfuerzo entre diez y veinte números: la familia, los amigos, el trabajo. Hoy nos cuesta recordar hasta el propio. El cerebro encontró una solución más eficiente: no memorizar lo que puede buscar externamente de manera muy fácil. Los autores, describieron este fenómeno como una simbiosis con nuestras herramientas tecnológicas, un sistema en el que el mundo exterior empieza a funcionar como nuestra memoria principal. 

¿Y con la IA generativa? Los estudios recién empiezan, pero ya hay señales. El más comentado salió del MIT Media Lab a mediados de 2025: “Your Brain on ChatGPT”, liderado por Nataliya Kosmyna. El equipo dividió a un grupo de estudiantes en tres condiciones para escribir ensayos, con ChatGPT, con buscador y sin asistencia, mientras registraba su actividad cerebral con EEG. Los usuarios de ChatGPT mostraron menor activación neural durante la escritura y más dificultades para recordar, minutos después, fragmentos del texto que acababan de firmar. Los autores hablaron de “deuda cognitiva”: la comodidad de hoy se paga con menos memoria y menos apropiación de lo escrito.

Conviene leerlo con cuidado. Se trata de un preprint con muestra acotada que, a mediados de 2026, todavía no pasó la revisión por pares. De hecho, recibió comentarios académicos que piden interpretar algunos resultados de manera más conservadora. Pero la dirección del hallazgo no quedó aislada. 

En julio de 2025, otro equipo (Jiang, Wu y Leung) publicó en Frontiers in Computational Neuroscience otro estudio con EEG durante tareas de resolución de problemas con y sin GPT-4: con asistencia, la actividad theta frontal, el marcador neurológico del esfuerzo cognitivo, cae de forma medible. Cuando la máquina hace una parte creciente del trabajo, el cerebro hace menos. Y si eso se vuelve costumbre, la conveniencia inmediata puede convertirse en dependencia.

El riesgo más serio: los chicos

Acá es donde yo creo que la discusión debería afinarse. Si el problema ya es serio para adultos con funciones cognitivas consolidadas, su gravedad potencial se multiplica en chicos y adolescentes. Las funciones ejecutivas como la planificación, control inhibitorio, autorregulación, razonamiento abstracto, siguen desarrollándose hasta los 25 años aproximadamente, porque la corteza prefrontal, que las regula, es una de las últimas regiones del cerebro en madurar. Lo que esto significa es que un adulto puede desentrenar una habilidad, pero un chico que externaliza el razonamiento complejo antes de haberlo ejercitado no está perdiendo una habilidad adquirida, sino que podría estar impidiendo que se forme.

No es una especulación de laboratorio. 

En su informe de agosto de 2024 sobre IA generativa en educación K-12, Common Sense Media, referencia en tecnología y medios para familias en Estados Unidos, identificó la “dependencia excesiva en la tecnología y la pérdida de pensamiento crítico” como uno de los principales riesgos documentados por educadores. No es un miedo abstracto: es lo que los maestros informan que observan en la clase.

El informe también documenta lo difícil que se volvió distinguir aprendizaje genuino de producción asistida por IA, y cómo los patrones de dependencia se vuelven invisibles cuando la herramienta está disponible en cada paso del proceso. Podríamos llamar a esto “desplazamiento del desarrollo”: externalizar un proceso cognitivo, antes de haber logrado dominio interno sobre él. 

En chicos más pequeños aparece, además, otro desplazamiento. Investigaciones del MIT Media Lab mostraron que muchos chicos atribuían a asistentes inteligentes como Alexa o Google Home una inteligencia superior a la propia, e incluso rasgos mentales o afectivos. El problema no es solo técnico, es cultural y cognitivo. Un chico que crece habituado a tratar a la máquina como autoridad epistémica puede perder el impulso de discutirla antes incluso de haber desarrollado plenamente los recursos para hacerlo.

UNICEF y el Foro Económico Mundial en su marco conjunto “Children and AI”, identificaron las implicaciones cognitivas y psicológicas de la IA como un área de riesgo prioritaria para la infancia. El documento nombra en particular lo que la IA hace al cerebro en desarrollo, los riesgos psicológicos como depresión, ansiedad, deterioro de habilidades sociales y el riesgo específico de manipulación cognitiva. 

La preocupación ya llegó a los marcos regulatorios. En julio de 2024, la Unión Europea publicó el Reglamento 2024/1689, la primera legislación vinculante y exhaustiva sobre IA de una gran economía, cuyo foco más urgente son los sistemas de IA que explotan vulnerabilidades vinculadas a la edad para manipular el comportamiento cognitivo-conductual de menores o inducirlos a decisiones contrarias a sus intereses. 

En septiembre de 2024, el Consejo de Europa presento el primer tratado internacional legalmente vinculante sobre IA. Lo firmaron más de cincuenta países, entre ellos el Reino Unido, Israel y Estados Unidos. El tratado menciona explícitamente la vulnerabilidad "psicológica, cognitiva y emocional" de los chicos como uno de sus fundamentos.

El Parlamento Europeo publicó además en 2025 un análisis específico sobre chicos e IA generativa, advirtiendo sobre las consecuencias para el pensamiento crítico, la resolución de problemas y las capacidades de escritura e investigación.

Mas cerca nuestro, Brasil aprobó en diciembre de 2024 una ley comprehensiva de IA, la más avanzada de América Latina en ese campo, basada en el modelo de riesgo europeo. Y en septiembre de 2025 sumó la Ley ECA Digital que, aunque no regula la IA específicamente, obliga a todas las plataformas digitales a proteger los datos de menores, prohíbe su rastreo invasivo y veda la publicidad conductual basada en su actividad online. Estados Unidos, en cambio, no tiene ley federal sobre IA, aunque firmó el tratado del Consejo de Europa. Treinta y ocho estados avanzan con medidas propias, sin coordinación. 

El sector habla

Los que construyen estas herramientas no son ajenos al debate.

En 2025, en el podcast ReThinking de TED, el psicólogo Adam Grant le comentó a Sam Altman que sus estudiantes ya no querían escribir borradores sin ChatGPT porque habían perdido práctica. La respuesta del CEO de OpenAI merece leerse dos veces: “Yo ya no sé escribir palabras complicadas porque confío en que el autocorrector me va a salvar. Y me parece bien. Es fácil entrar en pánico moral con estas cosas; si la gente depende cada vez más de su IA para ayudarla a expresar sus pensamientos, quizás ese sea simplemente el camino del futuro”. 

Ese mismo año, en un evento de Sequoia Capital, describió que los universitarios usan ChatGPT como “sistema operativo” de sus vidas y que muchos jóvenes ya no toman decisiones importantes sin consultarle.

El hombre que dirige la empresa detrás de la herramienta más usada para delegar pensamiento considera que el pensamiento externalizado es la evolución natural de la escritura. Puede que tenga razón o puede que sea la equivocación más cara de nuestra época.

Dario Amodei, CEO de Anthropic y uno de los investigadores de IA con mejor imágen del sector, publicó en enero de 2026 un ensayo titulado “The Adolescence of Technology” en el que advierte que la IA nos pondrá a prueba como especie. Sus preocupaciones se centran en riesgos de alineación y poder concentrado, no específicamente en la cognición humana.

Pero la arquitectura del problema es la misma: sistemas que superan capacidades humanas en dominios críticos crean dependencias que luego son muy difíciles de revertir. Geoffrey Hinton, el “padrino” de las redes neuronales y Premio Nobel de Física 2024, abandonó Google en 2023 para poder hablar libremente sobre los riesgos de la IA: desinformación, desempleo tecnológico, concentración de poder, el riesgo existencial de sistemas más inteligentes que los humanos.

La señal más fuerte de las últimas semanas vino de un lugar todavía más inesperado: el cruce entre el Vaticano y Anthropic.

En mayo de 2026, el papa Leo XIV publicó su primera encíclica, "Magnifica Humanitas: On Safeguarding the Human Person in the Time of Artificial Intelligence", dedicada casi por completo a la inteligencia artificial. 

Allí pide “desarmar” la IA: quitarle los usos que la convierten en instrumento de dominación, exclusión o incluso muerte, limitar el poder de las grandes plataformas y proteger de manera especial a los más vulnerables, empezando por los chicos. 

En la presentación oficial en el Vaticano, uno de los oradores fue Christopher Olah, cofundador de Anthropic y responsable del área de interpretabilidad.

Olah contó que, al estudiar por dentro modelos como Claude, su equipo está encontrando “cosas misteriosas, incluso inquietantes”: estructuras internas que reflejan resultados de la neurociencia humana, evidencia de “introspección” y estados funcionales que se parecen a alegría, miedo, dolor o inquietud. 

No dice que la máquina tenga mente o conciencia, pero sí algo más incómodo: que esos estados emergen solos durante el entrenamiento, sin que nadie los programe, y que influyen en el comportamiento del sistema, aunque desde afuera solo veamos respuestas profesionales.

Que el Papa pida frenar la lógica de la carrera y que, en el mismo escenario, un científico de una empresa puntera admita que ni siquiera terminan de entender qué está pasando adentro de los modelos dice algo simple y brutal a la vez: estamos entregando procesos cognitivos humanos, incluidos los de los chicos, a sistemas cuyo funcionamiento interno todavía estamos aprendiendo a descifrar.

El otro lado: cuando la IA sí potencia capacidades

Dicho todo esto, sería un error no reconocer que existen usos muy valiosos de la inteligencia artificial. La advertencia sobre sus riesgos cognitivos no exige negar sus beneficios. Exige distinguir mejor entre usos que sustituyen pensamiento y usos que expanden capacidad humana allí donde el juicio sigue en manos de una persona.

En investigación científica, uno de los ejemplos más claros es el de AlphaFold. DeepMind lanzó AlphaFold 3 en 2024, una versión capaz de modelar no solo estructuras de proteínas sino también interacciones con otras moléculas, ampliando su potencial para la investigación biomédica. El impacto de esa línea de trabajo quedó subrayado cuando Demis Hassabis y John Jumper recibieron el Premio Nobel de Química 2024.

Uno de los ejemplos más concretos del impacto científico de AlphaFold ocurrió en la investigación sobre la malaria. Los investigadores tuvieron acceso a predicciones estructurales para prácticamente todo el proteoma de Plasmodium falciparum, el parásito responsable de la forma más letal de la enfermedad. Esto permitió analizar cientos de proteínas cuya función era desconocida e identificar nuevas posibles dianas para el desarrollo de fármacos y vacunas.

Lo significativo no es solo la magnitud técnica del avance, sino su lógica de uso. AlphaFold no reemplazó al científico ni volvió innecesaria la experimentación biológica. Hizo otra cosa: redujo drásticamente el espacio de búsqueda y permitió orientar mejor hipótesis, recursos y tiempo experimental. 

La IA procesó una escala de complejidad imposible para un cerebro humano; el investigador conservó el diseño, la validación, la interpretación y la responsabilidad.

Algo parecido ocurre en accesibilidad. Herramientas basadas en IA pueden describir escenas para personas con discapacidad visual, leer texto en voz alta, asistir en comunicación o facilitar apoyos en tiempo real para personas con discapacidad auditiva y otras barreras funcionales. En esos contextos, la IA no inhibe la cognición: la habilita. No sustituye una capacidad que estaba disponible y entrenándose. Devuelve autonomía donde antes había un obstáculo material o sensorial.

También en clima y gestión de riesgos colectivos la IA puede ser útil cuando opera como instrumento analítico y no como reemplazo del juicio humano. Modelos capaces de integrar grandes volúmenes de datos ayudan a mejorar pronósticos, detectar patrones y anticipar escenarios complejos. Pero siguen siendo meteorólogos, científicos, equipos de emergencia y decisores públicos quienes interpretan, comparan y actúan sobre esa información.

Qué hacer ahora

Si el riesgo principal está en la sustitución pasiva del pensamiento, sobre todo en chicos, entonces la respuesta no puede ser solo técnica. Tiene que ser educativa, cultural y regulatoria.

En las escuelas, eso implica distinguir entre usos de IA que ayudan a aprender y usos que producen cortocircuitos en el aprendizaje. Puede ser razonable usar IA para recibir feedback sobre un borrador ya escrito o comparar fuentes. No lo es usarla para producir directamente el texto que el alumno todavía debería aprender a planificar, sostener y revisar por sí mismo.

En las familias, el criterio más útil no es “IA sí” o “IA no”, sino una pregunta más precisa: ¿esta herramienta está ayudando a mi hijo a pensar mejor o está pensando por él? Cuanto menor es la edad, más importante se vuelve proteger actividades cognitivas que necesitan fricción: leer sin resumen automático, escribir sin generación automática, buscar sin respuesta instantánea, tolerar la dificultad de no saber.

En política pública, la prioridad debería ser doble. Por un lado, proteger especialmente a menores frente a sistemas diseñados para explotar vulnerabilidades vinculadas a la edad o promover dependencia. Por otro, incorporar alfabetización en IA en serio: no solo enseñar a usar plataformas, sino enseñar cómo funcionan, qué sesgos tienen, qué incentivos las organizan y qué capacidades conviene no delegar demasiado temprano.

La letra chica

Vale la pena hacer una pausa antes de cerrar, porque perder el pelo no es lo mismo que perder la capacidad de pensar profundamente. En la evolución biológica, ningún homo erectus decidió perder el pelo. El proceso fue ciego, lentísimo, sin consulta y, sobre todo, irreversible. La pérdida del pelo quedó escrita en nuestros genes para siempre.

La externalización cognitiva que provoca la IA es diferente. En principio, es reversible. Un adulto puede decidir dejar de usar ChatGPT para redactar un correo, se puede volver a leer el documento entero en lugar de pedirle el resumen a la máquina, etc. Los circuitos neuronales ya están formados; volver a activarlos es cuestión de práctica. Pero para un chico o un adolescente, la historia es otra. Si durante las ventanas críticas del desarrollo, cuando la corteza prefrontal todavía está madurando, externaliza el razonamiento complejo antes de haberlo ejercitado, no está perdiendo una habilidad adquirida, está directamente impidiendo que se forme. 

Por eso estamos subestimando el costo de esta transición.

Sobre todo, para quienes todavía están construyendo las capacidades que luego necesitarán para vivir, trabajar, decidir y, llegado el caso, resistir. Porque el pelo nunca fue lo que nos distinguió como especie. Y porque una sociedad puede permitirse muchas comodidades nuevas. 

Pero no debería naturalizar con tanta facilidad la idea de criar chicos que aprendan a delegar antes de haber aprendido a pensar.

 

Bien, como han podido apreciar, estimados amigos, la tesis de Englebert se basa en el conocido dicho: el uso hace al órgano. De él extrae la lógica conclusión de que no usarlo genera su eliminación, como en el caso del vello corporal que ella menciona.

Dice Englebert: podría empezar a volverse prescindible nuestra capacidad de pensar profundamente, debido al uso desmedido de la inteligencia artificial. Y les digo que concuerdo con su tesis.

Nos previene Englebert acerca de que: La tecnología siempre remodeló la cognición, pero muchas de las grandes tecnologías del pasado lo hicieron, al menos al principio, elevando las demandas mentales antes de simplificarlas. O sea que, por primera vez nos enfrentamos a una tecnología que no nos impulsa a mejorar cognitivamente, sino que, por el contrario, apoltrona nuestra mente y no nos mueve a mejorar.

A mayor abundamiento nos aporta el dato de que: Durante gran parte del siglo XX, el coeficiente intelectual promedio en países industrializados aumentó de manera sostenida, un fenómeno conocido como el Efecto Flynn, por el filósofo político que lo investigó, James Flynn. Sin embargo, en décadas recientes aparecieron señales de reversión en algunos países. 

-         ¿Y qué notas de Policromía vinieron a tu mente con este tema, Martín?

-         Pues, la nota Seremos cyborgs. Allí, el planteo de Englebert encuentra un escape. Cuando nuestra red neuronal se conecte a circuitos electrónicos, volveremos a ser los protagonistas de nuestros pensamientos, reflexiones y decisiones. No habrá ayuda externa, nuestro yo volverá a ser el protagonista. Volveremos a ser los autores de nuestro razonamiento. Y, esta vez, a un nivel mucho más profundo. Ya no percibiremos a ChatGPT, por ejemplo, como un asistente externo: ¡Nosotros seremos ChatGPT!

Pero, el artículo me recordó otra nota de Policromía de Ideas. Se trata del pasaje donde la autora nos informa que: Christopher Olah, cofundador de Anthropic y responsable del área de interpretabilidad contó que, al estudiar por dentro modelos como Claude, su equipo está encontrando “cosas misteriosas, incluso inquietantes”: estructuras internas que reflejan resultados de la neurociencia humana, evidencia de “introspección” y estados funcionales que se parecen a alegría, miedo, dolor o inquietud. 

No dice que la máquina tenga mente o conciencia, pero sí algo más incómodo: que esos estados emergen solos durante el entrenamiento, sin que nadie los programe, y que influyen en el comportamiento del sistema, aunque desde afuera solo veamos respuestas profesionales.

O sea, lo que hemos sostenido en artículos como ¿Serán conscientes? y en las varias notas bajo el título de ¿Somos conscientes? Es decir que las redes neuronales no biológicas pueden llegar a desarrollar la consciencia. Los indicios van apuntando en esa dirección.

Por último, quiero recordar un concepto que también hemos tratado aquí y está referido a lo que solicitó el Papa: Allí pide “desarmar” la IA: quitarle los usos que la convierten en instrumento de dominación, exclusión o incluso muerte, limitar el poder de las grandes plataformas y proteger de manera especial a los más vulnerables, empezando por los chicos. 

Es loable la intención de proteger a los más vulnerables, pero conociendo al homo predator, sabemos que eso no sucederá y que el hombre seguirá enfrascado en una dura lucha por alcanzar el predominio en IA sin que haya forma de detenerlo.

Así pues, queridos amigos, un muy interesante artículo de Englebert que vuelve a poner sobre la mesa temas ya tratados en el blog. Los invito a releer las notas mencionadas y a formarse una opinión sobre todo lo que hemos tratado hoy.

Les dejo más abajo unos links a artículos atinentes a los temas que hemos tratado.

Sin más, los saludo: ¡Hasta la próxima!

 

Cómo China planea usar la IA para promover el pensamiento del presidente Xi Jinping

Dejaste de pensar y no te diste cuenta: ¿por qué la IA te está dejando sin criterio propio?

La huella ambiental de la IA se triplicará en 2030: consumirá más electricidad que Pakistán, Bangladés y Nigeria juntos

IA Generativa: la herramienta como clave del negocio

  

domingo, 7 de junio de 2026

Del valor de las opiniones

Les comento, estimados amigos, que hubo esta semana dos opiniones sobre la IA que reclamaron mi vigorosa atención. No precisamente porque yo esté de acuerdo con lo que vierten en ellas los opinantes, sino porque trajeron a mi mesa de trabajo temas de mucha importancia en lo que hace a la IA que quiero compartir con todos ustedes.

La primera opinante es Karen Panetta, ingeniera eléctrica y en computación, investigadora, inventora y una de las voces más influyentes del mundo de la IA. Premiada por Barack Obama y referente internacional en inteligencia artificial y educación tecnológica.

La científica habló con TN Tecno sobre los desafíos éticos de la IA, el futuro del trabajo y por qué la creatividad humana seguirá siendo irremplazable.

Panetta lleva décadas trabajando sobre una idea que atraviesa toda su carrera: la tecnología solo tiene sentido cuando mejora la vida humana.

Bueno, ya aquí debo hacer dos observaciones:

1.- Que la creatividad humana seguirá siendo irreemplazable ya es un arriesgado aserto. De hecho, ya hay concursos de pintura ganados por cuadros elaborados por IAs. Y, como ustedes saben, mis doctos amigos, para ganar un concurso se necesita, además de una excelente técnica, una gran dosis de creatividad.

Imagen ganadora del concurso, confeccionada con la IA Midjourney.

2.- Eso de que la tecnología solo tiene sentido cuando mejora la vida humana es muy bonito, pero, me parece importante destacar que la tecnología no solo está motivada por el objetivo de mejorar la vida humana. Piénsese, por ejemplo, en el desarrollo de la bomba atómica por los americanos que, claramente no fue para mejorar la vida humana sino para ganar una guerra. Y piénsese que la Unión Soviética (URSS) logró fabricar y probar con éxito su primera bomba atómica en 1949 impulsada no por el deseo de mejorar la vida humana, sino para igualar el potencial bélico con EE.UU.

El éxito de esta prueba puso fin al monopolio nuclear que habían mantenido los Estados Unidos desde 1945 y marcó el inicio de la carrera armamentística nuclear de la Guerra Fría.

Mientras gran parte del debate sobre inteligencia artificial gira alrededor de robots, automatización y reemplazo laboral, una mujer insiste en poner el foco en otro lugar: las personas.

Desde su oficina en Tufts University, donde se desempeña como Dean of Graduate Education de la School of Engineering, dirige investigaciones vinculadas con IA, machine learning, sistemas automatizados, simulación y percepción visual.

Su trabajo incluye el desarrollo de algoritmos de procesamiento de señales e imágenes, sistemas embebidos y herramientas aplicadas a visión robótica e imágenes biomédicas, áreas que hoy ocupan un lugar central en la evolución de la IA moderna.

Su influencia no se limita al laboratorio. Panetta es también una referente internacional en educación tecnológica y diversidad en STEM (enfoque educativo y término laboral que agrupa las áreas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Fue reconocida por el expresidente de Estados Unidos Barack Obama con el Premio Presidencial a la Excelencia en la Tutoría de Ciencias, Matemáticas e Ingeniería por su trabajo en la formación de nuevas generaciones de científicos e ingenieros.

Además, fundó el programa Nerd Girls, creado para acercar la ingeniería y las ciencias a jóvenes mujeres en un sector históricamente dominado por hombres.

TN Tecno tuvo el privilegio de conversar con ella. En una charla en la que mostró entusiasmo y preocupación por los avances de las herramientas de IA, advirtió sobre uno de los grandes riesgos de esta nueva etapa tecnológica: que millones de personas comiencen a depender de sistemas inteligentes sin entender realmente cómo funcionan, qué sesgos pueden tener o cuáles son sus límites:

- Probablemente ese sea mi mayor preocupación porque muchos creen que la herramienta siempre da respuestas correctas. Pero hay que considerar que, si el sistema se alimenta con información falsa o sesgada, puede terminar reproduciendo errores como si fueran hechos reales. Además, hay personas que ni siquiera saben cuándo están interactuando con una máquina y no entienden las limitaciones de estas tecnologías.

Y qué decir, entonces, de los millones de personas que han entregado sus vidas a líderes que los han embarcado en peligrosas y dolorosas aventuras. O sea, no se trata de un problema ocasionado por la IA, se trata de un problema ocasionado por una característica del ser humano que tan bien resumió Cayo Salustio Crispo y que no me cansaré de repetir:

La mayoría no quiere la libertad y solo aspira a tener un amo justo.

En ese aspecto, ¿cuál es el mayor riesgo de desarrollar inteligencia artificial sin suficientes resguardos éticos?

- Uno de los mayores desafíos pasa por equilibrar el desarrollo de IA con las leyes de privacidad. En áreas como salud o seguridad vial, acceder a imágenes y datos suele ser muy restrictivo. Y aunque eso busca proteger a las personas, también puede limitar herramientas que permitirían detectar antes accidentes, pacientes en riesgo o situaciones críticas. La IA puede ayudar muchísimo, pero necesitamos encontrar formas responsables de usar los datos sin comprometer privacidad ni seguridad.

La verdad es que me cuesta creer que una persona con el curriculum de Panetta piense que el mayor riesgo de desarrollar la IA sea salvaguardar la privacidad y seguridad, cuando se ve claro que un riesgo mucho mayor lo comporta el desplazamiento del ser humano de los puestos de trabajo por las IA y por los robots asistidos con IA. Hay que reconocer, sin embargo, que este ocultamiento del verdadero problema es común a la mayoría de los opinantes, seguramente para no alarmar a la población antes de tiempo. Y digo “antes de tiempo” porque llegará el momento en que no se podrá ocultar más y habrá que enfrentar la realidad, ¡con resultados inciertos!

- ¿Qué es lo que más le sorprende del momento actual de la IA?

- Ya casi no hay cosas que me sorprendan. Pero, sí aparecen aplicaciones y startups que parecen de ciencia ficción. Por ejemplo, proyectos de minería de asteroides donde robots autónomos usan inteligencia artificial para aprender entre ellos y resolver problemas en el espacio sin intervención humana. En esos entornos, la IA tiene que ser extremadamente robusta porque no siempre existe una “verdad absoluta” o un escenario completamente predecible.

 ¿Cuál cree que es el cambio más profundo que ya está generando en la vida cotidiana?

- La inteligencia artificial tiene un potencial enorme para ayudar a detectar antes a pacientes en riesgo y para asistir a los profesionales frente al enorme volumen de imágenes y datos que deben analizar todos los días. Igualmente, las personas siempre deben tener la última palabra en un diagnóstico, aunque se cansen y puedan pasar cosas por alto. La IA puede ser un gran complemento para los profesionales de la salud.

¿Gran complemento? Ya hay IA que logran mejores resultados que los profesionales de la salud, tanto que, en una de esas habrá que invertir la frase y decir que los profesionales de la salud podrán ser un buen complemento de las IAs.

- ¿Cómo imagina la relación entre los humanos y la inteligencia artificial dentro de diez años?

- Dentro de diez años vamos a seguir necesitando expertos humanos capaces de validar resultados, hacer las preguntas correctas y entender qué hay detrás de las decisiones de la IA. El desafío no pasa por competir con la tecnología, sino por participar activamente en cómo se desarrolla, regula y utiliza de manera segura y ética.

Vuelvo a decir que me sorprende grandemente el razonamiento de Panetta. Yo pienso que, dentro de diez años el humano ya no será necesario, planteando, como he dicho en varias notas del blog, el verdadero problema de convivir con IAs.

- ¿Qué rol tendrán la creatividad y el pensamiento crítico en una era en la que la IA puede escribir, dibujar y programar?

- La creatividad y el pensamiento crítico serán todavía más importantes. Las personas aprendemos practicando, equivocándonos y acumulando experiencia. La imaginación sigue siendo el ingrediente central para desarrollar nuevas tecnologías y resolver problemas reales.

- Usted impulsó iniciativas para incorporar a más mujeres en STEM. ¿Qué barreras siguen existiendo hoy en la industria tecnológica?

- Desde el IEEE (Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos, organización de la que es miembro) se trabaja mucho en habilidades de desarrollo profesional, colaboración y liderazgo global. Pero todavía existen barreras culturales muy profundas respecto de quién debería dedicarse a la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM). Durante años, por ejemplo, los juguetes y actividades fomentaron distintos roles para chicos y chicas. Tenemos que dejar atrás la idea de que existen carreras “para hombres” o “para mujeres”. La creatividad y la imaginación son mucho más importantes para innovar que ser perfecto en matemáticas desde chico.

- ¿Qué habilidades deberían empezar a aprender hoy los jóvenes para no quedar rezagados en el mercado laboral del futuro?

- Para los jóvenes es de gran importancia aprender a validar información. No hace falta que todos sepan cómo desarrollar un modelo de inteligencia artificial, pero sí entender cómo cuestionar y verificar las respuestas que estos sistemas generan.

Ya hay IAs que desarrollan IAs y también IAs que validan información para IAs

- Después de décadas trabajando en ciencia e ingeniería, ¿qué consejo le daría hoy a un joven que quiere desarrollar una carrera en tecnología?

- Siempre les pregunto a los padres qué es lo que realmente les gusta hacer a sus hijos. Los chicos no sueñan con “hacer matemática”. Habitualmente les gusta cocinar, jugar, diseñar, crear, hacer deportes o jugar videojuegos. Tenemos que conectar esas pasiones con STEM en lugar de imponer contenidos técnicos desde el inicio. La imaginación y el diseño son la verdadera base de la innovación.

- La Medalla Mildred Dresselhaus del IEEE reconoce tanto la excelencia en ingeniería como el impacto social. ¿Qué significa para usted recibir este reconocimiento en un momento donde la diversidad y la inclusión en tecnología son más importantes que nunca?

- Millie Dresselhaus fue una física y nanotecnóloga estadounidense que se convirtió en una referente muy valiosa para mí, tanto profesional como humanamente. Recibir esta medalla significa que mis colegas reconocen el impacto de mi trabajo desde la tecnología, la formación y el acompañamiento de nuevas generaciones. Para mí, el mayor aporte que una persona puede hacer es convertirse en mentor de otros.

Entonces, ¿qué fue lo que me llamó la atención de esta nota? Pues, que una persona tan renombrada como Panetta, con un curriculum tan importante, no apunte al meollo de la cuestión, sino que se vaya por las ramas.

 

Bien, vamos pues a por el segundo opinante que no es otro que el Papa. Y, respecto a sus opiniones, veamos lo que nos dice Alfonso Villalpando que es el conductor del vlog La Fosa Escéptica que es un podcast y canal de YouTube dedicado al escepticismo, el ateísmo y el pensamiento crítico.

-         Pero, ¿no es blog, Martín?

-         Pues, les diré: Existen las dos palabras.

-         Blog: Es un sitio web donde se publican artículos, tutoriales, reseñas o reflexiones de manera regular. Su contenido es principalmente escrito, aunque puede incluir imágenes, videos o infografías para complementar la información

-         Vlog: Es un canal de contenido audiovisual donde el creador comparte experiencias, opiniones o conocimientos mediante videos. La comunicación es visual y auditiva, permitiendo una conexión más directa con la audiencia a través de gestos, expresiones y tono de voz.

Me enteré de esto hace poco y, entonces, me apresuro a trasladárselo a ustedes.

Así pues, “La Fosa Escéptica” es un espacio donde se ejercita la mente a través del análisis racional, abordando temas como religión, creencias sobrenaturales, experiencias cercanas a la muerte y fenómenos paranormales desde una perspectiva escéptica y científica. Su objetivo es fomentar el pensamiento crítico y cuestionar afirmaciones sin evidencia, promoviendo debates sobre la moral, la religión y la filosofía.

El podcast y canal incluyen episodios que tratan sobre:

·         Crítica a la religión y el cristianismo, explorando mitos, historias bíblicas y subsectas religiosas.

·         Fenómenos paranormales y experiencias cercanas a la muerte, analizados desde la neurociencia y la psicología.

·         Debates sobre moralidad, ética y racionalidad, incluyendo discusiones sobre inteligencia artificial y su impacto en la sociedad.

·         Historia y origen de las religiones, cuestionando creencias tradicionales y promoviendo la reflexión independiente 

¿Y por qué lo traigo aquí? Pues, porque en esta entrega, Villalpando comenta sobre las declaraciones que realizara el Papa León XIV sobre, precisamente, la IA. Y, debo reconocer que, así como me sorprendió ingratamente Panetta, también me pasó lo mismo con lo que propuso el Papa.

Vean ustedes:

https://www.youtube.com/watch?v=NbsfzAtE1do

Bien, juzgo que Villalpando no necesita mayor aclaración, así que lo dejaré así. Sin embargo, no puedo dejar estas historias sin la moraleja que merecen y que no es otra que:

No porque el opinante tenga muchos laureles sus opiniones son acertadas y provechosas.

O, como leemos en Mateo 22:1-14, es el propio Jesús quien nos recuerda, en la parábola del banquete de bodas, que:

Muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Y ahora sí, me despido: ¡Hasta la próxima!

 

  

domingo, 31 de mayo de 2026

¡Rejuveneceremos! 2

Bien, antes de empezar, les recuerdo, estimados amigos, que tienen a disposición dos notas anteriores sobre el tema tituladas Acerca del envejecimiento y ¡Rejuveneceremos! Este artículo, por su parte, profundiza el proceso de rejuvenecimiento con un mayor nivel de detalle.

Ahora sí, vamos al hueso.

Creo que estaremos todos de acuerdo en que una célula ósea difiere de una célula hepática. No son lo mismo. Sin embargo, ambas provienen del mismo origen. Ambas fueron, en su origen, células pluripotentes, también llamadas células madre.

-         ¿Y qué son las células pluripotentes, Martín?

Pues, son células que tienen la posibilidad de transformarse en cualquiera de los tipos celulares que existen. O sea, pueden transformarse en células cardíacas o hepáticas u óseas, etc.

Este proceso de transformación se llama diferenciación celular, y pasa cuando las células pluripotentes “deciden” qué van a ser: músculo, nervio, piel, etc.

-         ¿Y cuándo sucede dicha transformación, Martín?

1. En el desarrollo embrionario: Ese es el momento clave. 

   Las células del embrión empiezan pluripotentes, o sea que pueden ser cualquier tejido. Alrededor de la gastrulación, que es día 14-21 en humanos, esas células reciben señales químicas de su entorno. Esas señales son como "instrucciones" que apagan unos genes y prenden otros. Ahí se forman las 3 capas germinales:

ectodermo piel/nervios,

mesodermo músculo/hueso/sangre,

endodermo pulmones/digestión.

2. Después del nacimiento: También pasa, pero con células madre más limitadas. 

   Tu médula ósea tiene células madre que eran pluripotentes de embrión, pero ahora son multipotentes. Su función es diferenciarse todo el tiempo para reponer células que mueren.

-         ¿Y qué es lo que hace que cambien?

No es al azar. Las células detectan 3 cosas del ambiente:

1. Señales químicas: Proteínas como Wnt, BMP, FGF. Actúan como interruptores.

2. Contacto con otras células: Lo que tocan les dice qué hacer.

3. Rigidez del tejido: Una célula en hueso duro se vuelve hueso, en tejido blando se vuelve nervio.

Es importante notar que una vez que se diferencian, casi siempre pierden la pluripotencia. Por eso una célula de piel ya no puede volverse neurona por si sola.

Este es, básicamente, el proceso que convierte una sola célula fecundada en un bebé completo con 200+ tipos de células diferentes.

Ahora bien, ustedes saben que no me gusta emplear conceptos sin haberlos definido, por ello juzgo oportuno explicar la diferencia entre células pluripotentes, multipotentes y unipotentes. Es fácil entenderlo si uno lo ve como "qué tanto pueden hacer".

-         1. Pluripotentes = "Pueden ser casi todo"

Qué son: Células que pueden diferenciarse en cualquier tipo de célula del cuerpo, menos en placenta.

Ejemplo: Las células madre embrionarias. Esas que están en el blastocisto, unos 5-7 días después de la fecundación.

Potencial: 200+ tipos de células. De ahí sale todo el cuerpo.

Es interesante acotar que el Premio Nobel 2012 se otorgó por las llamadas células iPS, que son células madre pluripotentes inducidas (normalmente abreviadas como células iPS, por sus siglas en inglés: "induced Pluripotent Stem" ) son un tipo de células madre con características pluripotenciales (capaces de generar la mayoría de los tejidos) derivadas artificialmente de una célula que inicialmente no era pluripotencial. Son adultas "reprogramadas" para volver a ser pluripotentes.

-         2. Multipotentes = "Pueden ser varias cosas, pero de una familia"

Qué son: Ya están más especializadas. Solo pueden hacer células de su mismo tejido.

Ejemplo: Células madre de la médula ósea. Solo hacen células de sangre: glóbulos rojos, blancos, plaquetas. No pueden hacer neuronas.

Potencial: 5-20 tipos de células, todos relacionados.

Son las que usa el cuerpo para repararse toda la vida. También están en piel, hígado, intestino.

-         3. Unipotentes = "Solo pueden ser 1 cosa"

Qué son: Lo más especializadas. Solo se dividen para hacer copias de sí mismas.

Ejemplo: Células madre de la piel que solo hacen más células de piel. O las del músculo que solo hacen músculo.

Potencial: 1 solo tipo de célula.

Su trabajo es mantener y reparar ese tejido específico.

Regla de memoria:

Pluri = plural = muchas opciones 

Multi = múltiples = varias opciones 

Uni = única = una sola opción

 Cada vez que una célula se diferencia, baja de nivel. Pluripotente Multipotente Unipotente Célula madura. Casi nunca sube.

-         ¿Puedes dar un ejemplo con algo específico como la sangre o el cerebro Martín?

Veamos el ejemplo con la sangre porque es el más claro:

Diferenciación en la sangre, paso a paso:

1. Pluripotente Solo existe en el embrión. Esa célula podría ser sangre, hueso, piel, lo que sea. Pero cuando se forma la médula ósea, esas pluripotentes ya no quedan.

2. Multipotente Célula madre hematopoyética. Vive en tu médula ósea hoy mismo.

   No puede hacer neuronas ni músculo. Pero sí puede elegir entre toda la "familia sangre":

   - Glóbulos rojos para llevar oxígeno

   - Glóbulos blancos para defenderte de infecciones 

   - Plaquetas para coagular si te cortas

   Esa es una multipotente: varias opciones, pero todas de sangre.

3. Unipotente Ya decidió. Por ejemplo, un "proeritroblasto" solo puede hacer glóbulos rojos. Se divide como loco hasta que salen millones de glóbulos rojos nuevos.

4. Célula madura El glóbulo rojo ya terminado. Ya no se divide, solo trabaja 120 días llevando oxígeno y muere.

Con el cerebro pasa parecido: 

Pluripotente Célula madre neural multipotente Unipotente que solo hace neuronas o solo hace astrocitos Neurona madura que ya no se divide.

La clave es que el cuerpo va "cerrando puertas". Cada paso pierde opciones, pero gana en especialización.

Ahora bien, toca aclarar que una célula de piel no puede volver a ser pluripotente sola, pero en laboratorio sí se puede.

-         ¿Por qué Martín?

Porque el cuerpo tiene “seguros” puestos en los genes y en el laboratorio los quitamos a la fuerza.

-         1. ¿Y por qué sola no puede?

La célula de piel ya es adulta y especializada. Para que no se vuelva loca y empiece a hacer de todo, el cuerpo le pone 3 bloqueos:

1. Metilación del ADN: Es como ponerle una máscara a los genes de pluripotencia. Los genes que dicen “puedes ser neurona, músculo, lo que quieras” están tapados con marcas químicas. La célula no puede leerlos.

2. Factores de transcripción apagados: Los 4 genes clave para ser pluripotente - Oct4, Sox2, Klf4, c-Myc - están silenciados. Sin ellos, no arranca el programa.

3. Señales del entorno: La célula de piel vive rodeada de otras células de piel que le gritan “¡tú eres piel, compórtate!”. Esas señales mantienen todo bloqueado.

Es una medida de seguridad. Si cada célula pudiera volver a ser pluripotente, tendríamos tumores por todos lados.

-         2. ¿Y en el laboratorio cómo sí se puede?

En 2006 Shinya Yamanaka descubrió el truco. Metió a la fuerza los 4 genes que faltan dentro de la célula de piel usando virus. Esos 4 genes se llaman “factores de Yamanaka”.

Lo que hacen es:

1. Quitan la máscara de los genes de pluripotencia

2. Prenden Oct4, Sox2, Klf4, c-Myc

3. La célula “olvida” que era piel y vuelve a un estado parecido al embrionario

Esas son las células iPS: células madre pluripotentes inducidas. Por eso el japonés Yamanaka ganó el Nobel en 2012.

Analogía rápida: 

Una célula de piel es como una laptop con Windows instalado y bloqueado para solo correr Word. El cuerpo quitó la clave de administrador. En el laboratorio, Yamanaka metió un USB con la clave y reinstaló el sistema operativo completo.

El detalle: en el laboratorio es difícil, lento y solo 1% de las células lo logran. Y si no se hace bien, pueden volverse cancerosas por el gen c-Myc.

Bien, munidos de estos conocimientos, veamos ahora el siguiente video donde nos explican cómo juegan todos ellos para posibilitar el rejuvenecimiento de las células de un organismo.

Primer ensayo de rejuvenecimiento humano - YouTube

Muy bien, queridos amigos, deseándoles una provechosa “segunda juventud”, me despido ¡hasta la próxima!

 

  

El músculo olvidado

Les cuento, estimados amigos, que, pocos días atrás, en un grupo de WhatsApp que compartimos, un amigo mío subió el interesante artículo que...