domingo, 16 de agosto de 2026

Historia de las ideas políticas - 7

Les comento, estimados amigos, que hace un par de días me encontraba huroneando en una pila de papeles que adornan mi biblioteca desde hace tiempo, cuando mis ojos pecadores recalaron en unas fotocopias que ostentaban un título que reclamó mi vigorosa atención. El mismo rezaba de la siguiente guisa: Para arreglar todo esto, hay que leer a Maquiavelo. La nota era del 21 de octubre de 2017 y la firmaba Erica Benner.

-         ¿Y quién es Erica Benner, Martín?

Pues, Erica Benner es una filósofa política e historiadora de las ideas. Nacida en Tokio, creció en Japón y en el Reino Unido. Tras obtener su doctorado en Oxford, enseñó en la Universidad de Varsovia y en la Academia Polaca de Ciencias, la Universidad de Oxford y la London School of Economics. Su primer libro, Really Existing Nationalisms, se publicó en 1995. Como becaria en ética y filosofía política en Yale, publicó otros tres libros aclamados, incluyendo Be Like the Fox, una biografía de Maquiavelo que fue finalista del Premio Elizabeth Longford y libro de la semana de la BBC. En 2016-17 fue investigadora senior en el Instituto de Estudios Avanzados de la Central European University.

Como pueden ustedes apreciar, Erica es una figura de categoría. Aquí la tienen:

Erica actualmente enseña en la Hertie School of Governance en Berlín, en LSE Ideas en Londres y en programas académicos en Suecia y China. Es presidenta de la European Society for the History of Political Thought y editora fundadora de la serie de Brill History of European Political and Constitutional Thought. Sus escritos han sido traducidos a muchos idiomas, incluyendo chino sencillo y complejo, holandés, finlandés, francés, alemán, hebreo, italiano, coreano, español, sueco, tamil y turco. Su nuevo libro, Adventures in Democracy: The Turbulent World of People Power, salió en 2024 con Penguin Allen Lane y fue seleccionado por el Financial Times en su lista de Qué Leer en 2024.

Y el hecho de que sea presidente de la Sociedad Europea para la Historia del Pensamiento Político claramente la acerca a Policromía de Ideas que tiene una serie de artículos con el mismo objetivo.

Pero, no quisiera proseguir sin efectuar antes un comentario lingüístico. La Real Academia de la Lengua a aceptado el uso de la palabra presidenta, con lo cual yo no estoy de acuerdo.

-         ¿Por qué Martín?

Porque presidente no es masculino como para hacer necesario un femenino. Si existiera presidento entonces sí sería aceptable el femenino presidenta, pero lo que existe es presidente que no es ni masculino ni femenino. Por ello, yo me mantengo con presidente, y aquí paz y después gloria.

Y ahora sí, someto a su impiadosa consideración de ustedes el artículo de Benner.

 

Para arreglar todo esto, hay que leer a Maquiavelo

 

El autor de El príncipe dedicó su vida a tratar advertir a la gente sobre los peligros que amenazaban sus libertades. Sus reflexiones sobre desigualdad y abuso de poder tiene plena vigencia

 

ERICA BENNER

21 octubre 201'7-19:00 ART

Me gustaría enseñarles el camino al infierno para que se mantengan apartados de él. El famoso filósofo italiano Nicolás Maquiavelo escribió estas palabras a un amigo en 1526, poco antes de su muerte. El infierno al que se refería era muy terrenal, el que surge de malas decisiones políticas e instituciones corruptas. Las personas a las que quería rescatar eran, para empezar, sus propios compatriotas, los ciudadanos de Florencia y de otros lugares de Italia que estaban a punto de perder sus últimos restos de soberanía y libertades civiles.

Así como él había aprendido mucho de la historia antigua, Maquiavelo deseaba que sus enseñanzas fueran útiles a futuros lectores —vivieran donde vivieran— para que evitaran caer ciegamente en sus respectivas pesadillas políticas. Sobre todo, quería enseñar a la gente cómo enfermaban las democracias y cómo podían curarse.

Hoy día, pocos consideran al viejo Nicolás como un sanador de enfermedades democráticas. Incluso podría parecer perverso pedir consejo médico al autor de El príncipe, un libro que muchos consideran un auténtico manual para tiranos. Sin embargo, las reflexiones de Maquiavelo no consisten solo en luchas salvajes por alcanzar el poder o en dominar los medios sin escrúpulos para lograr un fin que lo justifique. Los primeros lectores de El príncipe —filósofos como Spinoza y Rousseau— sabían, sin lugar a dudas, que el libro era una astuta denuncia de los métodos que emplean los tiranos en su ascenso al poder.

En 1585, el jurista italiano exiliado Alberico Gentili dijo que Maquiavelo era un firme defensor y entusiasta de la democracia, que pretendía no instruir al tirano, sino poner al descubierto todos sus secretos ante los ciudadanos. Mientras parecía educar al príncipe, decía Gentili, en realidad, estaba educando al pueblo.

Los primeros lectores de sus obras sabían que eran una astuta denuncia de los métodos de los tiranos

Si nos detenemos en la dramática historia de la vida de Maquiavelo y en la época que inspiró sus ideas, esta opinión cobra verosimilitud. Los florentinos, como los ciudadanos de las democracias establecidas de hoy, estaban orgullosos de su particular forma de gobierno. Florencia era una república en la que había amplias asambleas populares, cambios frecuentes de magistrados y una aversión oficial a cualquier dirigente que sobrepasara los estrictos límites de su poder.

Pero, al mismo tiempo, aquella era una época agitada en Florencia y en Italia, y la inquietud hacía que la gente bajara la guardia. Cuando nació Maquiavelo la acaudalada familia de los Médicis se había convertido en la dinastía más poderosa de la ciudad, unos auténticos príncipes, pese a que, como los primeros emperadores romanos, mantenían la fantasía de que no eran más que los primeros ciudadanos de la República.

Con sus relaciones y sus recursos económicos sin igual, y con su habilidad para explotar las divisiones sociales, los Médicis redujeron la famosa libertá de Florencia a una cáscara vacía.

Varios familiares de Maquiavelo intentaron impedir sus maniobras anticonstitucionales: uno de ellos murió en prisión, y otro, en el exilio.

Cuando Nicolás tenía poco más de 20 años, los Médicis fueron expulsados de Florencia y se restableció un gobierno popular. Durante 15 años, Maquiavelo fue uno de los funcionarios más fieles de la República. Nadie luchó tanto como él para defenderla frente a los peligros constantes que la acechaban desde fuera y desde dentro. Aquella lucha le llevó a un largo viaje por Francia con el rey Luis XII  y a la hermética corte de César Borgia, que amenazaba con atacar la ciudad y restaurar a los Médicis en el poder.

El secretario Maquiavelo y su ciudad escaparon por los pelos, pero esto no duró mucho. En 1512, en un golpe apoyado por el Papa y por las temibles tropas españolas, los Médicis volvieron al Gobierno. Despojaron a Maquiavelo de todos sus cargos, le encarcelaron y le torturaron bajo sospecha de haber conspirado contra ellos.

Diez meses después, tras pasar un periodo deprimido y desempleado, Maquiavelo dijo a sus amigos que había escrito el libro que conocemos con el título de El príncipe.

Se dice con frecuencia que fue su manera de solicitar trabajo, de congraciarse de nuevo con sus patrones. Pero el contenido de la obra es tan escandaloso que no parece probable que su autor se la enviara nunca a los dueños de Florencia, o, si lo hizo, que creyera que la iban a recibir como una muestra de repentino respeto por su poder. El libro está lleno de irónicos "elogios" a los príncipes y Papas que habían llegado al poder a base de mentiras, sobornos y asesinatos, una extraña selección de ejemplos para una dinastía cuyo jefe, Juan de Médicis, acababa de ser elegido líder espiritual de toda la cristiandad, con el nombre de papa León X.

Más bien, como pensaron Gentili y otros, El príncipe es un manual de autoayuda retorcido y astuto al servicio de los ciudadanos: parece que elogia a los príncipes más taimados, pero, en realidad, enseña a los ciudadanos a no deslizarse por sus rampas y a protegerse contra la tiranía.

Tanto cuando era secretario de la República como a través de sus brillantes y variados escritos —que incluyen comedias picantes, poemas, canciones festivas y una historia de Florencia—, Maquiavelo dedicó su vida a tratar de advertir a la gente sobre los peligros que amenazaban sus libertades políticas, con la esperanza de que aprendieran a defenderse. ¿Qué diría sobre las dificultades que atraviesan hoy nuestras democracias? 

Las demandas de conformidad empujan a los fanáticos a dividir a la gente en bandos enemigos

Seguramente empezaría por recomendar que, para tratar al Estado, hay que practicar una medicina de calidad y no quedarse en los síntomas superficiales, sino buscar las causas fundamentales. En sus escritos sobre Florencia, la antigua Roma y otras repúblicas, Maquiavelo llega a la conclusión de que las crisis democráticas tienen dos causas especialmente profundas. Una es el sectarismo extremo, que no es lo mismo que las discrepancias, por grandes que sean, entre unos partidos políticos organizados. Las discrepancias, subraya, pueden ser síntomas de la buena salud de una democracia: en toda sociedad libre existen valores e intereses distintos, y hay que dejar que se expresen, que ocupen su parte correspondiente del espacio público. La enfermedad aparece cuando la gente confunde la sana discrepancia con unos desacuerdos irremediables y empieza a exigir la conformidad ideológica además de la obediencia a las leyes comunes.

Las demandas de conformidad empujan a los más fanáticos a dividir a la gente en bandos enemigos, no a tener en cuenta los intereses comunes y pensar que necesitan la "victoria suprema" sobre sus adversarios. Quienes creen que así se puede unir una república, dice Maquiavelo, están muy engañados", y aspiran a algo que va en detrimento de la libertad.

La otra gran amenaza es la que generan las desigualdades extremas. Maquiavelo no era un estricto partidario de la igualdad, pero sí pensaba que, para evitar la corrupción, las democracias necesitan tener una vaga "igualdad" de oportunidades, riqueza y posición social entre los ciudadanos. Un exceso de desigualdades destruye la confianza de la gente porque facilita que los ricos dominen a los demás y hace pensar a los pobres que el sistema está manipulado en su contra. Y o, alteran el equilibrio general de las libertades que preserva la estabilidad de las sociedades libres.

Maquiavelo hace hincapié en una cosa: que los ciudadanos corrientes son tan responsables de estas patologías como los dirigentes y los ricos. Después de presenciar los enfrentamientos sangrientos entre partidarios y enemigos del carismático fraile dominico Girolamo Savonarola —cuyos sermones contra la corrupción le convirtieron, durante un tiempo, en el líder real de Florencia—, Maquiavelo se dio cuenta de que el increíble poder del religioso derivaba, más que de sus manipulaciones, de la credulidad de sus seguidores.

Entre dichos seguidores había algunos muy educados y otros más "toscos", pero todos deseaban un drástico cambio, en aquellos tiempos llenos de miedo y corrupción, y vieron a Savonarola, con sus palabras contra el sistema, como su salvador. Sus seguidores y adversarios transformaron la política en una lucha por el alma de Florencia y, en el proceso, casi acabaron con la República.

Respecto a las desigualdades, Maquiavelo señala que, en sociedades de mercaderes y banqueros, con tanta competitividad —hoy habría encontrado muchas similitudes—, todo el mundo se obsesiona con ganar y perder, con las clasificaciones y los títulos, e intenta adelantar a los demás como sea. A menudo, los que proceden de las capas medias, muy preocupados por su estatus, son los que más quieren avanzar, para no quedarse atrás: Porque a los hombres no les parece que tienen asegurada la posesión de lo que corresponde a un hom-bre si no adquieren algo nuevo. Es lo que ocurrió en Florencia, recuerda Maquiavelo en sus Historias florentinas, cuando los ciudadanos de clase media arrinconaron y expulsaron a los trabajadores pobres del sistema gremial que había protegido sus derechos. El resultado fue una guerra civil que destruyó la confianza entre las clases sociales durante siglos.

Si examinamos las democracias liberales de hoy, es fácil ver grietas como las que denunciaba Maquiavelo, que fue testigo de la facilidad con la que el autoritarismo puede arraigar y florecer en unas circunstancias semejantes. Pero, un momento, ¿no nos dice el "realismo maquiavélico" que, en este mundo despiadado, uno debe pensar ante todo en su propia seguridad, y que la preocupación por las luchas civiles y las desigualdades debe pasar a un segundo plano muy distante?

Solo si nos tomamos en serio el consejo de algunas frases estremecedoras de El príncipe como que los príncipes deben saber entrar en el mal; pero eso es no tener en cuenta la opinión autorizada de que Maquiavelo no estaba elogiando esos métodos, sino enseñando a los ciudadanos los mecanismos de la tiranía. Maquiavelo era un hombre muy divertido, con un irrefrenable impulso satírico, y sus blancos preferidos eran los gobernantes que no respetaban ningún límite en su búsqueda de un poder cada vez mayor. Los argumentos más enérgicos de El príncipe plantean que el unilateralismo egocéntrico es una forma muy poco realista de adquirir seguridad. Las victorias nunca están aseguradas sin cierto grado de respeto", dice en un fragmento que la mayoría de los estudiosos suele pasar por alto; sobre todo, respeto a la justicia.

¿Qué pueden hacer los ciudadanos para salvar sus democracias acosadas? Si Maquiavelo viviera hoy, quizá empezaría por decirnos que asumamos más responsabilidad por nuestros problemas, en lugar de culpar a determinados líderes o al "sistema". No cabe duda de que los políticos engañan, inflaman, difunden "noticias falsas" y "hechos alternativos" pero algunos ciudadanos son tan quisquillosos respecto a su honor, tan propensos a caer en el pánico, que se cumple la máxima de que quien engaña siempre encuentra a alguien que se deja engañar. No cabe duda de que las democracias actuales son inmensas máquinas impersonales manejadas por personas a las que parece importar más su carrera que el bien público. Pero los ciudadanos que desean el cambio deben organizarse y trabajar para lograrlo, no dejar todo en manos de extremistas o grandes salvadores que les prometen transformar el sistema. Cuando la gente está harta e irritada, apunta con perspicacia Maquiavelo, le es muy fácil "convencerse" de que un líder de comportamiento ilegal y vida sin escrúpulos puede hacer que surja la libertad. Pero el resultado nunca es el esperado. Los ciudadanos, que se dejan llevar demasiado deprisa por grandes esperanzas y promesas deslumbrantes, a menudo se encuentran después con que bajo la superficie se esconde la ruina de la República.

Maquiavelo pensaba que señalar a los ciudadanos sus errores fuera suficiente para que se despertaran y se alejaran del abismo. Le gustaba analizar los trucos retóricos con los que las personas se engañan a sí mismas para no tener que asumir su responsabilidad democrática: la responsabilidad de juzgar con atención las políticas y a los candidatos, de escuchar a la otra parte, de entablar un diálogo civilizado y de no pretender tener más poder y recursos de los que, con justicia, le corresponden. Sin embargo, a pesar de su brutal franqueza al hablar de los defectos del gobierno popular y sus responsables, Maquiavelo deja claro por qué una democracia basada en las leyes es siempre mejor que un gobierno autoritario: Un pueblo capaz de hacer lo que quiere no es sabio, pero un príncipe capaz de hacer lo que quiere está loco. Maquiavelo nos ayuda a interpretar con agudeza las señales de peligro político, y su vida y sus palabras nos enseñan a no crear nuestros propios infiernos políticos, ni empeorar los que ya tenemos.

 

Bien, hasta aquí el interesante artículo de Benner. Pero, no quisiera cerrar esta nota sin extraer algunos conceptos de lo que nos aporta Maquiavelo, respondiendo a la pregunta de Erica acerca de ¿qué diría Nicolás sobre las dificultades que atraviesan hoy nuestras democracias? Y, al responder esta pregunta, se hace claro que Maquiavelo fue un ávido lector de Policromía de Ideas 😉 pues llega a las mismas conclusiones que se han obtenido en este foro.

Pues, hemos leído más arriba que Maquiavelo considera que una de las causas de las crisis de la democracia es el sectarismo extremo, que no es lo mismo que las discrepancias, por grandes que sean, entre unos partidos políticos organizados.

Y, por ejemplo, en Argentina hemos vivido ese tipo de sectarismo con el peronismo. Se decía, en época del gobierno de Perón que quien no era peronista, era antiperonista en una clara muestra de sectarismo extremo. Lo mismo se podría decir del nazismo y de cualquier grupo político que se arrogue la verdad absoluta.

Y el siguiente punto muy interesante de lo que nos trae Banner de Maquiavelo es el pasaje que dice: ¿Qué pueden hacer los ciudadanos para salvar sus democracias acosadas? Si Maquiavelo viviera hoy, quizá empezaría por decirnos que asumamos más responsabilidad por nuestros problemas, en lugar de culpar a determinados líderes o al "sistema".

Esto es fundamental y lo hemos tratado en notas anteriores acerca del fracaso de la democracia y la actualización de la misma. ¡¡¡En democracia hay que PARTICIPAR!!! Hay que ocuparse de ella como del hogar en que vivimos. Hemos hablado de ello en la nota Homo ¿sapiens? Allí vimos el ¿chiste? Gráfico tan ilustrativo donde una persona le dice a un hincha de fútbol (se sabe por la vestimenta) que el fútbol es una tapadera de los problemas políticos y sociales y el hincha responde: ¿Y a mi qué me importa? 

A ese cero a la izquierda, Maquiavelo lo mandaría al cadalso… ¡y a mi no me faltan ganas!

Bien amigos, espero que este repaso de las ideas del florentino, gracias a la pluma de Erica Banner haya sido de interés para todos ustedes.

Y ahora sí, para terminar, les recuerdo que mi libro de ajedrez El Ajedrez de la B a la Q, Tomo I, lo podrán encontrar en Mi Librería:
Avenida España 1927 – Mendoza – Argentina.
Celular: +54 9 261 6321054
E-mail: consultas@milibreria.net
Web: www.milibreria.net
Bueno, queridos amigos, llegados a este punto, me despido con un sonoro:

¡Hasta la próxima!

  

domingo, 9 de agosto de 2026

Betelgeuse

-         Bien, estimados amigos, hoy toca hablar de otro tema caro a mis gustos. Hoy hablaremos de una estrella.

-         Si, si, Martín, ya sé, una estrella del cine o de la TV.

-         No precisamente, una estrella del firmamento.

-         Ya, sé, ya sé, del firmamento político o deportivo.

-         Pues, no. Una estrella del cielo. De las que adornan nuestras noches brillando como gemas sobre el negro terciopelo de la oscuridad.

-         ¡Ah, ya! ¿Y de que estrella nos hablarás, Martín?

-         Bueno, quiero dedicar esta nota a Betelgeuse, la estrella alfa de la constelación de Orión. Y aquí ya hay dos cosas para notar:

-         ¿Sí Martín? ¿Cuáles?

Bien, primero hablemos de qué es una constelación: Una “constelación” es un grupo de estrellas que, desde nuestro punto de vista en la Tierra, forman una figura en el cielo.

Pero, ¿Qué es exactamente?

No es un grupo real: Las estrellas de una constelación pueden estar a distancias totalmente distintas. Solo "se ven juntas" porque las miramos desde acá.

Es como conectar puntos: Imaginemos el cielo como un techo. Unimos estrellas brillantes con líneas imaginarias y nos sale un dibujo.

Hoy son 88 las constelaciones oficiales: La Unión Astronómica Internacional en 1922 dividió todo el cielo en 88 "parcelas". Cada estrella pertenece a solo 1 constelación. Sirven como mapas celestes.

-         ¿Y cómo surgieron Martín?

Surgieron por 3 razones: necesidad, historia y contar historias.

Veamos:

1.- Hace miles de años no había GPS. Los agricultores, navegantes y pastores usaban el cielo como reloj y brújula. 

Por ejemplo: Si Orión sale, se acerca el verano. Si las Pléyades están altas, es época de siembra.

2.- Para contar mitos.

Casi todas las culturas vieron dioses, héroes y animales en el cielo. 

Griegos y romanos: Nos dejaron Orión el cazador, Escorpio, Hércules, etc. De ahí vienen la mayoría de los nombres que usamos hoy.

Egipcios: Veían a Orión como Osiris.

Pueblos originarios de Argentina: Los mapuches veían un "avestruz" en la Cruz del Sur. Los guaraníes veían un "ñandú" en la Vía Láctea.

Chinos: Tenían sus propias constelaciones, muy distintas a las nuestras.

3. Para que no sea un caos.

En 1922 los astrónomos dijeron: "basta de dibujos raros". Trazaron límites exactos en el cielo, como provincias. Así cualquier astrónomo en el mundo sabe de qué parte del cielo está hablando.

Dato de color:

Las constelaciones cambian de forma muy lentamente. En 50.000 años Orión ya no se verá igual porque las estrellas se habrán movido. Pero para nosotros dura toda la vida.

En resumen: son mapas + mitología + memoria humana proyectada al cielo.

Eso, por un lado, por otro lado, quiero aclarar eso de estrella alfa de una constelación.

En una constelación dada, las estrellas, además de su nombre propio, se distinguen por las letras del alfabeto griego, alfa, beta, gama, etc. Reservando la letra alfa a la más importante en términos de brillo. Así, como dijimos, Betelgeuse, además de este nombre propio, es alfa de la constelación de Orión.

Y, respecto de esto último, no resisto contarles la inteligente figura literaria que construyó nuestro conocido de notas anteriores William Olaf Stapledon escritor y filósofo británico reconocido por sus novelas de ciencia ficción con profundas ideas filosóficas y visiones de la evolución cósmica y el futuro humano. 

Pues bien, una de las novelas de Stapledon, titulada Sirio, trata de un perro inteligente. Muy inteligente, en verdad. Y el perro es el que se llama Sirio.

-         ¿Y qué tiene eso de raro Martín?

Pues que Sirio es la estrella alfa de la constelación del Can Mayor. O sea, al perro más importante de todos los perros, Stapledon lo llama como la estrella más importante de dicha constelación.

Vale la pena que les recuerde que leer la obra de Stapledon es tiempo muy bien empleado.

Bien, para completar esta introducción queda recordar el mito de Orión, que da nombre a la constelación de la que Betelgeuse es la estrella alfa.

Para comenzar, digamos que hay varias versiones, pero la más famosa es la griega. Es una historia de caza, orgullo y traición.

Veamos:

Orión era un gigante cazador, hijo de Poseidón. Era tan fuerte que podía caminar sobre el mar. Y también era un mujeriego terrible.

Y sucedió que Orión se hizo amigo de Artemisa, la diosa de la caza. Cazaban juntos todo el día. Pero, el hermano de Artemisa, Apolo, no soportaba que su hermana anduviera con un mortal.

De modo que, Apolo, para deshacerse de Orión, le hizo una apuesta a Artemisa: A que no eres capaz de darle un flechazo a ese punto lejano en el mar. Ese "punto" era la cabeza de Orión nadando. Artemisa, sin saberlo, lanzó su flecha y dio en el blanco. Cuando vio que había matado a su amigo, quedó destrozada.

Arrepentida, Artemisa pidió a Zeus que pusiera a Orión en el cielo como constelación. Así lo hizo, justo al lado de sus perros de caza: Can Mayor y Can Menor.

¿Y qué otra versión existe?

Otra versión es que Gea, la Tierra, se enojó porque Orión dijo que podía cazar a todos los animales. Entonces mandó un escorpión gigante para matarlo. Existe la constelación de Escorpio. 

Zeus puso al escorpión también en el cielo. Por eso Orión y Escorpión nunca se ven juntos: cuando Escorpio sale por el este, Orión se está ocultando por el oeste. Están peleando para siempre.

¿Y cómo lo vemos hoy?

En el cielo, Orión es fácil de reconocer por el "Cinturón de Orión": 3 estrellas en línea. 

Arriba a la izquierda tiene a Betelgeuse rojo, y abajo a la derecha a Rigel azul.

Los pueblos originarios de Argentina también tenían su historia. Para muchos pueblos andinos, las 3 del cinturón son "los 3 reyes" o "las 3 Marías".

Así pues, se representa a Orión como un cazador gigante sujetando un escudo con el brazo izquierdo para detener el ataque de Tauro (el Toro), mientras con el brazo derecho sostiene en el aire su clava, dispuesto a matar con ella al furioso animal. Una brillante estrella señala cada uno de esos brazos. Más abajo, una brillante estrella marca cada una de sus piernas. Entre ambos hay una línea horizontal de tres estrellas luminosas que señalan su cintura (cinturón de Orión).

Veamos un gráfico ilustrativo:

Betelgeuse es la que se encuentra cerca del hombro derecho de Orión. Es la más brillante de las estrellas de la constelación, una de un característico brillante color rojo y que, como queda dicho, su nombre astronómico es Alfa de Orión (Alpha Orionis).

Bien, para comprender totalmente el tema, nos queda hablar de dos cosas más: la magnitud y las unidades en las que se mide la distancia en Astronomía.

Magnitud es la unidad que usan los astrónomos para medir qué tan brillante vemos una estrella desde la Tierra.

Hay 2 tipos:

- Magnitud aparente: qué tan brillante se ve desde acá. Depende de distancia y brillo real.

- Magnitud absoluta: qué tan brillante sería si todas estuvieran a 10 pársecs de distancia. Así comparamos su brillo "real".

Ejemplo: Sirio se ve súper brillante porque está cerca. Pero hay estrellas mucho más luminosas que, por estar muy lejos, se ven débiles.

Cómo funciona la escala de magnitud aparente:

1. Viene de los griegos. 

   Hiparco, hace 2000 años, dividió las estrellas en 6 grupos. Las más brillantes eran "magnitud 1" y las más débiles que veía a ojo eran "magnitud 6".

2. Hoy es matemática 

   Ahora es una escala logarítmica. Cada diferencia de 5 magnitudes = 100 veces más brillo. 

   O sea: una estrella de mag 1 es 100 veces más brillante que una de mag 6.

3. Mientras más chico el número, más brilla. 

   Esto confunde al inicio.

   - Sol: mag -26.7

   - Luna llena: mag -12.7

   - Venus: mag -4.6

   - Sirio, la estrella más brillante del cielo: mag -1.46

   - Estrellas que vemos bien: mag 0 a 2

   - Límite del ojo humano: mag 6 aprox

   - Hubble/JWST: pueden ver hasta mag 30

Y, en cuanto a las unidades en que se mide la distancia en Astronomía, digamos que son dos: el año luz y el parsec.

El año luz es la distancia que recorre la luz en un año viajando a la pasmosa velocidad de 300.000 kilómetros cada segundo. Redondeando, digamos que son 9,46 BILLONES de kilómetros. O sea, 9.460.000.000.000 de km.

Y un parsec representa 3,26 años luz, o sea, redondeando, 30,86 BILLONES de kilómetros. 36.260.000.000.000 km

En la Alta Edad Media, los victoriosos árabes se apropiaron de la ciencia griega, incluyendo la descripción del firmamento que los griegos habían hecho, y vieron también la constelación de Orión en la forma de un cazador gigante. Los árabes tenían la sensata costumbre de denominar a las estrellas según su posición en una constelación, por lo que llamaron a Alfa de Orión Yad al-yawza, que significa «brazo del gigante». Por alguna razón, algún traductor europeo de un texto árabe transliteró los símbolos árabes como bayt al-yawza («casa del gigante», lo cual carece de sentido), y lo deletreó con caracteres como Betelgeuse, que sigue siendo su nombre hasta hoy.

Pues bien, en realidad, Betelgeuse es más conocida en detalle que cualquier otra estrella, excepto nuestro Sol.

¿Por qué?

Consideremos que (siendo iguales todas las demás cosas) una estrella cercana es más probable que sea conocida con detalle que una que esté lejos, del mismo modo que la Luna fue conocida en sus detalles superficiales mucho antes de que lo fuese Marte.

Una vez más (siendo iguales las demás cosas), una estrella grande es más probable que sea conocida con cierto detalle que una pequeña; igual que la superficie de Júpiter se conocía con más detalle, hasta hace poco, que la del mucho más pequeño, pero más cercano, Fobos (uno de los dos satélites de Marte).

Si queremos, pues, saber detalles de alguna estrella que no sea nuestro Sol, debemos elegir una que sea grande y esté cerca.

Betelgeuse no es una estrella realmente cercana; es probable que existan 2.500.000 estrellas más próximas a nosotros. De todos modos, considerando que puede haber 300.000.000.000 de estrellas en nuestra galaxia, la Vía Láctea, existen 120.000 veces más estrellas en nuestra galaxia que están más lejos que Betelgeuse que estrellas que están más cerca. Por lo tanto, podemos decir que Betelgeuse se encuentra en nuestra vecindad estelar.

Por otra parte, también podemos llegar a la conclusión de que Betelgeuse es inusualmente grande, sólo mirándola sin ayuda de instrumentos. Esto puede parecer extraño, dado que todas las estrellas parecen simples puntos de luz, no sólo al ojo sin ayuda de instrumentos, sino también con el mayor de los telescopios. ¿Cómo, pues, podemos decir con tanta facilidad que un punto de luz es mayor que otro punto, sólo mirándolo sin la ayuda de instrumentos?

La respuesta es que las estrellas rojas son rojas porque sus superficies están relativamente frías. Si, no obstante, son muy brillantes, ello debe ser porque están excepcionalmente cerca de nosotros, o, si no es así, porque la superficie total es excepcionalmente grande.

Así, la estrella Próxima del Centauro (Próxima Centauri) está más cerca de nosotros que cualquier otra estrella en el firmamento, pero incluso así es insuficientemente próxima para ser visible al ojo sin ayuda de instrumentos. Es roja y fría, y además pequeña. Betelgeuse es tan roja como Próxima del Centauro, y está 150 veces más lejos que ella, pero Betelgeuse no es sólo visible sin ayuda de instrumentos, sino que se halla entre la docena de estrellas más brillantes en el cielo. Por lo tanto, debe deducirse por este solo hecho que tiene una superficie enorme.

De este modo debió de razonar el físico estadounidense, nacido en Alemania, Albert Abraham Michelson (1852-1931). En 1881, Michelson había inventado el interferómetro, un instrumento con el que se pudo medir, en 1920, el diámetro aparente de Betelgeuse. Fue la primera estrella que demostró, mediante una medición real, que era más que un punto de luz, y la noticia apareció en primera plana en el Times de Nueva York.

El diámetro aparente de Betelgeuse resultó ser de unos 0,02 segundos de arco.

¿Qué anchura representa esto?

Para que la esfera de una estrella aparezca como de un diámetro de 0,02 segundos de arco, aun cuando se encuentre a una distancia de 200 parsecs, debería tener un diámetro real de unos 600.000.000 de kilómetros, si mis cálculos son correctos. Así pues, Betelgeuse tiene un diámetro, como promedio, 430 veces mayor que el diámetro del Sol. Su volumen sería entonces 80.000.000 de veces el de nuestro Sol, lo que significa que, si imagináramos a Betelgeuse como una esfera hueca, se podrían echar en ella 80.000.000 de esferas del tamaño del Sol para que esta gran esfera se llenase (suponiendo que las pequeñas esferas formasen un conglomerado de modo que no quedase espacio entre ellas).

Si imaginásemos a Betelgeuse en el lugar de nuestro Sol, su superficie se localizaría cerca de la órbita de Marte. La posición de la Tierra se encontraría a siete décimos de la distancia desde el centro de Betelgeuse a su superficie.

Cuando se piensa en esto y se tiene en cuenta que, en la realidad, el cielo está sólo salpicado de 6.000 estrellas visibles, uno se percata de cuán vacío se halla realmente el firmamento, aun tenido en cuenta el Sol, la Luna y los seis planetas visibles.

Ahora bien, Betelgeuse es una estrella variable, es decir, que su brillo varía con el tiempo. Y más aún, no existe una periodicidad simple en la variación, por lo que se trata de una “variable irregular”. Su brillo medio es de magnitud 0,85, pero en ocasiones brilla hasta 0,4 y en otras ocasiones desciende hasta 1,3.

La razón de esta variabilidad no es misteriosa. El simple hecho de que una estrella sea una gigante roja significa que se encuentra en su fase final como estrella extendida. Dentro de poco ya no será capaz de soportar la masa de sus capas externas por la energía de las reacciones de fusión en sus profundidades y la estrella se desmoronará (con o sin explosión). El hecho de que, Betelgeuse parpadee por así decirlo, constituye otra indicación de que el final está cerca. El parpadeo se debe a la turbulencia y diversas inestabilidades que cabe esperar en una estrella que tiene problemas para autoabastecerse con suficiente calor para mantenerse en expansión. Digamos, de paso, que en una próxima nota de Policromía de Ideas charlaremos acerca de las diversas etapas que recorre una estrella a lo largo de su vida y entonces comprenderemos eso de “desmoronarse”, “estallar”, etc.

Si esto es así, debería haber cambios perceptibles en el diámetro de Betelgeuse al ser medido con el interferómetro, y los hay. El diámetro aparente varía de 0,016 a 0,023 segundos de arco.

A fin de decir lo grande que es realmente Betelgeuse, en unidades absolutas, a partir de su tamaño aparente, se debe conocer su distancia, y eso no es fácil. Las distancias estelares superiores a los 30 parsecs (100 años-luz), más a menos, resultan difíciles de determinar.

La última (y presumiblemente más de fiar) cifra para la distancia de Betelgeuse es de 200 parsecs (650 años-luz). Esos 650 años luz de distancia significan que la luz que hoy nos llega de Betelgeuse partió de ella hace 650 años. O sea, la luz que llega hoy, 2026, a la Tierra desde Betelgeuse, partió de ella en 1376.

Podemos conseguir ahora una representación más impresionante de su pulsación. Cuando Betelgeuse se expande a su máximo, su diámetro aumentaría hasta unos 725.000.000 de kilómetros, o casi unas 500 veces el del Sol. En su mínimo, sería aún de 500.000.000 de kilómetros, o 360 veces el del Sol.

En plena expansión, la superficie de Betelgeuse, si la imaginásemos en el lugar de nuestro Sol, se hallaría en el cinturón de asteroides. Es tres veces más voluminosa en su máximo que en su mínimo. Si nos la imaginamos respirando con fuerza porque está cerca del fin de su carrera como estrella expandida, su respiración es muy fuerte.

Dando por supuesto que, en realidad, Betelgeuse es una estrella gigante (pertenece, de hecho, a una clase de estrellas a las que llamamos «gigantes rojas»), ¿cómo puede compararse en tamaño aparente con otras estrellas que son más pequeñas, pero que están más cerca?

Tamaño comparativo de algunas estrellas. Nótese que el Sol es casi imperceptible.

Por ejemplo, ya he dicho que Próxima del Centauro es la estrella más cercana a nosotros. Forma parte de un grupo de tres estrellas, la mayor de las cuales es Alfa del Centauro A. Alfa del Centauro A es casi exactamente del tamaño de nuestro Sol, y a su distancia de 1,35 parsecs (1/150 la de Betelgeuse) su diámetro aparente sería sólo de 0,0035 segundos de arco, menos de un quinto del de Betelgeuse. Aunque Alfa del Centauro A esté tan cerca, su diminuto tamaño no le permite mostrarse tan grande como la distante y gigante Betelgeuse.

Sirio es más grande que Alfa del Centauro A, pero se halla aún más lejos y su tamaño aparente es de sólo unos 0,0032 segundos de arco. Arturo tiene un diámetro de 32.000.000 de kilómetros (23 veces el del Sol), pero se encuentra a 11 parsecs de distancia y su diámetro aparente es de 0,0095 segundos de arco, mientras que Aldebárán posee un diámetro de 50.000.000 de kilómetros (36 veces el del Sol), pero está a una distancia de 16 parsecs, por lo que su diámetro aparente es de 0,011, exactamente la mitad que el de Betelgeuse.

Por lo tanto, no existe ninguna estrella lo suficientemente grande o lo suficientemente cercana (o ambas cosas) para rivalizar con Betelgeuse. La que se acerca más es otra gigante roja, Antares, en la constelación del Escorpión. Se encuentra a una distancia de 130 parsecs, es decir, más cercana que Betelgeuse, pero aun así es levemente más apagada que Betelgeuse, a pesar de la ventaja de estar más cerca, y por lo tanto debe ser apreciablemente más pequeña.

En realidad, Antares, a la distancia que está, tendría un diámetro aparente de 0,002 segundos de arco, lo que es igual al valor medio de Betelgeuse, pero Antares no late de manera apreciable. Por tanto, es más pequeña en tamaño aparente que Betelgeuse en su máximo.

En resumen, de todas las estrellas, Betelgeuse es la segunda, después del Sol, en tamaño aparente.

Betelgeuse tiene una temperatura superficial de 3.200° K, en comparación con la temperatura superficial de nuestro Sol de 5.700° K. Betelgeuse se encuentra al rojo vivo, mientras que nuestro Sol está al rojo blanco. Si la temperatura superficial del Sol descendiese de repente a 3.200° K, aparte del hecho de que su luz enrojecería, ofrecería una iluminación total de una intensidad de sólo 1/43 de la actual. (Recordemos que el símbolo °K significa grados Kelvin de temperatura y su relación con los grados centígrados es °C = °K – 273.

Sin embargo, Betelgeuse tiene una superficie 185.000 veces mayor que la del Sol, y aunque cada porción del tamaño del Sol da sólo 1/43 de la iluminación de nuestro Sol, la estrella entera resplandece con una luz 4.300 veces mayor que la del Sol.

Como hemos dicho, los astrónomos emplean el término «magnitud absoluta» para representar el brillo que una estrella mostraría si se encontrase a 10 parsecs de la Tierra. Si pudiésemos ver nuestro Sol desde una distancia de 10 parsecs, tendría una magnitud absoluta de 4,7, con lo que sería más bien apagada y una estrella nada espectacular.

Por otra parte, si Betelgeuse avanzase hacia nosotros hasta una distancia de 10 parsecs, resplandecería con una magnitud absoluta de -5,9. Brillaría, rojiza, con un brillo 4 1/3 veces el de Venus en su máxima brillantez.

Tendría entonces un diámetro aparente de 0,4 segundos de arco, lo que sería enorme para una estrella (aparte de nuestro Sol), pero seguiría pareciendo meramente un punto de luz. A fin de cuentas, el planeta Júpiter tiene un diámetro aparente de 50 segundos de arco, y aun así parece un simple punto luminoso si se mira sin ayuda de instrumentos.

A pesar del enorme tamaño y brillo de Betelgeuse, en cierto modo no es por completo el gigante que parece. ¿Qué pasa, por ejemplo, con su masa, la cantidad de materia que contiene?

Sin duda tiene más masa que el Sol, pero no enormemente más. En realidad, se estima que tiene 16 veces más masa que el Sol. Sólo 16 veces. Esta masa de 16 Soles se extiende en un volumen que es, como promedio, 80.000.000 de veces el del Sol. La densidad media de Betelgeuse, por tanto, debe ser 16/80.000.000 o 1/5.000.000 la del Sol.

Esto es mucho menos de lo que cabía esperar, puesto que representa más o menos 1/4.500 de la densidad del aire que estamos respirando. Cuando Betelgeuse se encuentra en su máxima expansión, la cantidad de materia que contiene se extiende en un volumen aún más grande, y su densidad media es entonces de 1/7.000 la del aire.

Si pudiésemos absorber en un contenedor todo el aire menos el 1/4.500, estaría justificado que hablásemos del resultado como un vacío. No sería un vacío absoluto, ni siquiera uno muy fuerte, pero sería suficiente vacío en el sentido práctico cotidiano de esa palabra. Sería bastante natural, pues considerar a Betelgeuse (o a cualquier gigante rojo) como una especie de vacío al rojo vivo.

De todos modos, Betelgeuse (o cualquier estrella) no es densa de modo regular en toda su masa. Una estrella es menos densa en su superficie, y esa densidad aumenta, con mayor o menor regularidad, a medida que se penetra debajo de esa superficie, y posee, naturalmente, la mayor densidad en el centro. La temperatura también llega al máximo en el centro.

Ésta es pues la situación con Betelgeuse. En su centro se halla un núcleo de carbono-oxígeno que está a una temperatura de 100.000.000° K (en comparación con los 15.000.000° K en el centro del Sol). Esto no representa calor suficiente para hacer que el carbono y oxígeno se fusionen en núcleos más complicados.

¿Y cuál será el destino de Betelgeuse?

Una estrella considerablemente más grande que el Sol -como Betelgeuse- explotará con la suficiente violencia para ser una supernova. Los restos comprimidos se derrumbarán sobrepasando el estadio de enana. blanca y se convertirán en una estrella neutrónica o incluso, tal vez, en un agujero negro. Veremos que son estas etapas de una estrella en la futura nota que les he prometido.

Sin duda, éste es el destino que hay que esperar de Betelgeuse en un futuro comparativamente próximo, pero para los astrónomos, el «futuro próximo» podría significar 100.000 años, así que no pasen las noches en vela para verlo.

 

Bien, hasta aquí llegamos hoy. Espero que Betelgeuse haya sido del interés de todos ustedes, de modo que me despido: ¡Hasta la próxima (¿del Centauro?)! 

domingo, 2 de agosto de 2026

Homo ¿sapiens?

 Comencemos diciendo, estimados amigos, que el considerado "padre de la taxonomía", Carlos Linneo, famoso naturalista sueco, fue quien, en 1758, bautizó el género humano como homo sapiens, en su libro Systema Naturae. 

Ya hemos comentado en este foro que Homo sapiens significa "hombre sabio", “hombre pensante”, en latín. 

Linneo lo hizo desde la Biología/Zoología, no desde la Antropología. Pero, es esta última la que toma ese nombre, ya existente, y lo somete a estudio. 

- Antropología biológica/física: estudia al Homo sapiens como especie: evolución, fósiles, genética, variación física.

- Antropología social/cultural: estudia al Homo sapiens como ser cultural: lenguaje, rituales, sociedad.

O sea: La Biología le puso el DNI científico. La Antropología estudia al que lleva ese DNI.

Digamos además que sapiens se usa para diferenciarnos de otras especies del género Homo ya extintas, como el Homo neanderthalensis o el Homo erectus.

Así pues, el Homo sapiens es un primate catarrino (Simio que tiene las fosas nasales separadas por un tabique cartilaginoso, tan estrecho que las ventanas de la nariz quedan dirigidas hacia abajo) perteneciente a la familia de los homínidos y al género Homo. Se considera la especie que incluye a todos los seres humanos modernos, caracterizados por capacidades cognitivas avanzadas, lenguaje complejo, pensamiento abstracto y habilidades culturales y tecnológicas. Y son estos atributos que supuestamente adornan al ser humano, los que quiero someter a verificación en la presente nota.

Comenzaré por referirles, estimados amigos, una anécdota personal. Hace ya muchas lunas dialogaba Nivi (yo) con un amigo, en un café de la vecindad. Y, en esas aromáticas instancias, mi amigo me contó la siguiente historia: Encontrándose él en Miami, caminaba por una vereda cuando decidió cruzar la calle. Pero, lo iba a hacer por la mitad de la cuadra. Curiosamente, acertó a encontrarse con un policía que se encontraba en dicha mitad de cuadra y que, al ver su intento, lo miró y le dijo: Hundred dollars! Ante esta clara advertencia, mi amigo juzgó oportuno dirigirse hasta la esquina y cruzar por la senda peatonal.

Ahora bien: ¿Desconocía mi amigo la regla de que hay que cruzar por las sendas peatonales de las esquinas? ¡Desde luego que no! ¿Fue, entonces, el querer cruzar por la mitad de la cuadra, una actitud sabia? ¡Desde luego que no! ¡Pero, cómo! ¿No se trata de un homo sapiens? ¿No es que posee capacidades cognitivas avanzadas como para discernir por dónde cruzar?

Este ejemplo, de los miles y miles similares que podríamos mencionar, nos lleva a la primera conclusión: El lenguaje que mejor entiende el humano es el del palo, el castigo, la penalización. Mucho más que el diálogo, los códigos, las normas morales, etc., lo que el humano entiende a la perfección es el palo. Ahora, ¿No es esto raro para alguien con capacidades cognitivas avanzadas?

Veamos otros ejemplos:

El juez miró al hombre que había disparado contra el presidente egipcio Anwar Sadat y le preguntó con calma:

— ¿Por qué lo mataste?

— Porque era seglar —respondió el asesino.

El juez frunció el ceño.

— ¿Qué significa “seglar”?

El hombre dudó un segundo.

— No lo sé.

¡No lo sé! ¡O sea que el acusado comete un asesinato y no sabe por qué lo hace! ¿Es esta una muestra de capacidades cognitivas avanzadas? ¿Estamos hablando de un homo sapiens? ¡Huelgan las respuestas!

En otro juicio, el acusado había intentado asesinar al escritor egipcio, ganador del Nobel, Naguib Mahfouz.

— ¿Por qué lo apuñalaste? —preguntó el juez.

— Porque escribió una novela contra la religión.

— ¿La leíste?

— No.

¿Homo sapiens?

Y ya que hablamos de juicios, veamos un tercer caso: otro hombre enfrentaba cargos por asesinar a Farag Foda, un prominente egipcio, profesor, escritor, columnista y activista por los derechos humanos.

— ¿Por qué lo mataste?

— Porque no tenía fe.

— ¿Cómo lo sabes?

— Está en sus libros.

— ¿En cuál?

Silencio.

— No lo sé. No los he leído.

— ¿Por qué no los leíste?

El hombre bajó la cabeza.

— No sé leer ni escribir.

O sea, el acusado actuó como un robot: Lo convencieron de que Foda era pernicioso para la sociedad y que él tenía que matarlo y actuó como un robot: ¡Fue y lo mató!

¿Usaron estos homo ¿sapiens? las capacidades cognitivas avanzadas?

¡Claramente, NO!

En los tres casos, el patrón fue el mismo.

Se mataba por ideas que no se entendían.

Se condenaba por palabras que no se habían leído.

Se odiaba por conceptos que no se sabían definir.

Era obediencia ciega.

La violencia no nació del pensamiento. Nació de la ausencia de él.

El odio no se propaga a través del conocimiento. Se propaga donde el conocimiento no llega.

 Y ahora veamos este ¿chiste? gráfico también muy ilustrativo.

¡Tremendo, amigos! ¡Y a mi qué me importa! O sea, perocuparme del mundo donde vivo, de la sociedad en la que estoy inserto, no me importa. Solo me interesa el fútbol. ¿Es esta una muestra de capacidades cognitivas avanzadas? Y lo peor es que abundan esta clase de especímenes. Hemos hablado de ellos en las notas sobre el fracaso de la democracia.

Y también hemos hablado, como dice Michel de Montaigne, de que es más fácil seguir que conducir. Es decir, que otro piense por mí, decida por mí y me diga lo que debo hacer. Y, si el otro es el que piensa por mí, será el otro el sapiens y no yo que he renunciado a ello.

Y esto me recuerda el caso de Jim Jones que viéramos en notas anteriores, comenzando por De conductores y conducidos.

James Warren «Jim» Jones (1931- 1978) fue un predicador, líder de secta y asesino en masa estadounidense. Fundador y líder de la secta Templo del Pueblo, famosa por el suicidio colectivo realizado el 18 de noviembre de 1978 por parte de 917 de sus miembros en Jonestown (Guyana) que fuera ordenado por él. Y el asesinato de cinco personas en una pista de aterrizaje cercana, entre ellas el congresista estadounidense Leo Ryan. Alrededor de doscientos niños fueron asesinados en Jonestown, casi todos por envenenamiento de cianuro. Jones murió por una herida de bala en la cabeza presuntamente autoinfligida.

¿De qué se nutría el Templo del Pueblo? Pues, de aquellos que renuncian a pensar, de aquellos que buscan que otro les dirija la vida pues ellos no son capaces de hacerlo. Llegaron a matar a sus propios hijos siguiendo las órdenes del “pastor”.

Y esto es exactamente lo mismo que sucede con movimientos políticos como el fascismo, el nazismo, el peronismo, el chavismo, etc., etc., etc. El líder capta la voluntad de los seguidores convenciéndolos de que los guiará por el camino del bien y la felicidad. Y la manada, alegre, le entrega sus vidas, felices porque no tendrán que pensar cómo dirigirlas. Felices por no ser sapiens.

Y, lo peor de todo, queridos amigos, es que estamos hablando de la mayoría de los humanos.

Entonces, respondiendo a la pregunta del título de esta nota, yo diría que: ¡No! El nombre de homo sapiens está mal puesto, ya que la mayoría de los humanos demuestra no serlo. En su lugar y también en notas anteriores, he propuesto cambiar el nombre por homo predator, que es algo de lo que el humano ha dado sobradas muestras.

Bien amigos, con un cierto sabor amargo en la boca, me despido: ¡Hasta la próxima!

 

domingo, 26 de julio de 2026

Oh, Lord. They're coming! 3

 

Como ustedes saben, queridos amigos, un tema recurrente, no solo en Policromía de Ideas sino en el mundo de hoy, es el de los robots asistidos por la Inteligencia Artificial. De modo que, he pensado en dedicar esta nota a realizar un paneo sobre los avances producidos en dicho campo, sin pretender agotar el tema.

Así pues, les acerco una serie de artículos para cumplir ese objetivo.

Veamos:

1.- El primer ensayo de cirugía realizada por un robot humanoide ha sido un éxito | WIRED

2.- Ucrania quiere ampliar su ejército de robots humanoides: sustituirán a los soldados en las misiones de combate

3.- BMW lleva los robots humanoides al siguiente nivel: realizan tareas complejas de logística en la planta donde se fabrica el X3

4.- Un robot logra mantenerse estable en el aire sin hélices: el método que lo hace posible - Infobae

5.- Los robots humanoides llegan a las escuelas de EE. UU. como asistentes de profesores - Infobae

6.- Ya existen negocios en China sin humanos: abre la primera tienda de conveniencia gestionada por un robot humanoide

Bueno, para muestra bastan estos seis botones que les envío, estimados amigos, en esta engañosamente corta nota.

Una última reflexión. Y es sobre los “analistas” que aseguran que estos robots con IA reemplazan al hombre en muchos trabajos, pero crean trabajos nuevos. Estas notas, que son apenas una pequeña muestra, exhiben cómo los robots están reemplazando al hombre y yo no conozco ninguna tarea nueva que no pueda ser realizada por ellos. Quizás exista, pero yo no la conozco. De ahí el título de esta nota: Oh Señor, ¡Vienen!

 Y me despido, ¡hasta la próxima!


 

 

 

Historia de las ideas políticas - 7

Les comento, estimados amigos, que hace un par de días me encontraba huroneando en una pila de papeles que adornan mi biblioteca desde hace ...