domingo, 13 de septiembre de 2026

NOTI-NIVI 20

 Bien, estimados amigos, ante el pedido de muchos de ustedes, aquí les mando un nuevo NOTI-NIVI que espero les proporciones agradables momentos de lectura.

ÍNDICE

1.- Unas termas privadas con tres piscinas, sala de vapor y calefacción bajo el suelo han aparecido en el interior de una torre del palacio del emperador Maximinus Daza.

2.- Durante décadas hemos imaginado el nacimiento de la Luna como una catástrofe seguida de una lenta reconstrucción. Un nuevo estudio introduce en aquella colisión una propiedad aparentemente sencilla que puede cambiar toda la historia.

3.- Una perforación en busca de cobre recuperó a 473,2 metros de profundidad los restos de un dinosaurio del Cretácico que amplía el mapa paleontológico de Mongolia Interior.

4.- Un gigantesco estudio genético aborda una cuestión que nos acompaña desde hace siglos: cuánto de nuestra forma de ser procede de lo que heredamos y cuánto de nuestra propia historia.

5.- Un implante cerebral remoto recibió órdenes desde EE. UU. hasta Corea. Descubre qué puede activar, cómo funciona y cuáles son sus límites reales.

 1.- Arqueólogos hallan en Serbia unas termas romanas imperiales construidas en el lugar menos esperado hace 1.700 años

Descubren dentro de una torre romana el lujoso baño de un emperador con tres piscinas y calefacción bajo el suelo. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: 11.09.2026 | 11:31Actualizado: 11.09.2026 | 11:32

A comienzos del siglo IV, cuando el Imperio romano atravesaba una de sus etapas políticas más convulsas, el lujo seguía siendo una forma de poder. En el actual este de Serbia, un emperador mandó levantar una residencia fortificada en la que no faltaban las comodidades propias de su rango. Más de 1.700 años después, los arqueólogos han descubierto allí uno de sus espacios más insólitos: un baño privado construido dentro de una de las torres del palacio.

El hallazgo se ha producido en Vrelo-Šarkamen, cerca de Negotin, un yacimiento vinculado a Maximinus Daza, emperador romano entre 310 y 313. La sorpresa no está únicamente en la existencia de unas termas privadas. Lo verdaderamente excepcional es su ubicación. El complejo apareció en el nivel inferior de la gran torre situada en la esquina suroccidental del recinto, una solución arquitectónica para la que, según los investigadores, no se conocen paralelos claros en otras residencias imperiales romanas.

El espacio tenía planta circular, condicionado por la propia forma de la torre, y estuvo cubierto por una cúpula provista de seis aberturas destinadas a iluminar el interior. La combinación resulta especialmente llamativa porque los baños romanos tendían a distribuir sus estancias siguiendo recorridos más lineales. Aquí, en cambio, arquitectos y constructores tuvieron que adaptar piscinas, zonas calientes y espacios técnicos a una estructura completamente diferente.

La excavación ha sacado a la luz tres piscinas o bañeras y un sudatorium, una estancia destinada al calor intenso que podría compararse, con las debidas distancias, con una sauna. Todo indica que no se trataba de un pequeño cuarto para lavarse, sino de un balneum privado diseñado para el descanso de los habitantes de mayor rango del palacio. En otras palabras, un espacio donde la higiene, el ocio y la representación social formaban parte de una misma experiencia.

Un sistema de calefacción que todavía puede reconstruirse

Uno de los elementos mejor conservados es el hipocausto, el conocido sistema romano de calefacción bajo el suelo. Una serie de pequeños pilares circulares sostenía el pavimento y dejaba una cámara inferior por la que circulaba aire caliente. Gracias a su estado de conservación, los arqueólogos pueden reconstruir con bastante precisión cómo se distribuía el calor por las distintas dependencias.

El corazón del sistema era el praefurnium, el horno desde el que se generaba el aire caliente. También se ha localizado la base sobre la que estuvo instalado un gran recipiente de cobre utilizado para calentar el agua. El metal desapareció hace siglos, probablemente porque fue recuperado y reutilizado cuando el edificio dejó de funcionar. El cobre era demasiado valioso como para permanecer abandonado entre las ruinas.

La organización del conjunto revela además una separación muy cuidada entre quienes disfrutaban del baño y quienes hacían posible su funcionamiento. Los trabajadores encargados de alimentar el horno y mantener las instalaciones podían acceder al área técnica desde el oeste mediante una gran entrada independiente. De ese modo, el servicio podía trabajar sin interferir en los espacios reservados al emperador, su familia o los residentes de alto estatus.

Todavía quedan interrogantes importantes. En el lado oriental existe una entrada conectada con un corredor pavimentado del palacio, pero los investigadores aún no han logrado determinar cómo se salvaba el desnivel entre ambos espacios. Tampoco está completamente clara la función de todas las habitaciones documentadas alrededor de la torre. Es probable que futuras campañas permitan reconstruir el recorrido que seguían quienes entraban en estas termas privadas.

El palacio de un emperador atrapado en las guerras de Roma

Vrelo-Šarkamen pertenece al mundo de la Tetrarquía, el sistema político impulsado por Diocleciano a finales del siglo III para repartir el gobierno del Imperio entre varios emperadores. Maximinus Daza, nacido en los Balcanes y emparentado con el emperador Galerio, fue uno de aquellos gobernantes. Primero ejerció como césar y posteriormente reclamó una posición imperial superior en medio de las guerras civiles que terminaron descomponiendo el sistema tetrárquico.

Detalle del hipocausto romano, cuyo excelente estado de conservación permite observar el antiguo sistema de calefacción. Foto: Krajina Museum

Su trayectoria política fue breve. En el año 313 fue derrotado por Licinio y murió poco después. Sin embargo, la residencia de Šarkamen muestra hasta qué punto estos emperadores regionales construían complejos monumentales capaces de combinar defensa, representación y vida privada. La torre con el balneum resume perfectamente esa mezcla: desde el exterior formaba parte de una arquitectura fortificada; en su interior escondía un espacio dedicado al confort.

El yacimiento ya había proporcionado una sorpresa extraordinaria tres décadas atrás. En su mausoleo apareció un conjunto de joyas de oro asociado al entorno imperial. Aquel descubrimiento confirmó la importancia excepcional del lugar. Las nuevas excavaciones añaden ahora una dimensión más íntima: permiten imaginar cómo se calentaba el agua, cómo circulaba el aire bajo el suelo o cómo el servicio mantenía en funcionamiento un baño reservado a una pequeña élite.

Eso es precisamente lo que convierte este hallazgo en algo más que otra terma romana. Los grandes baños públicos son relativamente habituales en ciudades del Imperio, pero Šarkamen muestra una solución construida a medida para una residencia imperial y encajada en un espacio poco convencional. Tras siglos oculta bajo una torre, esta instalación ofrece una escena poco conocida del poder romano: un emperador que, en medio de luchas por el control del Imperio, disponía de piscinas calientes, una sala de vapor y un sofisticado sistema de calefacción dentro de su propia fortaleza.

 

 2.- La Luna pudo formarse entera apenas cinco horas después de que otro planeta chocara contra la Tierra

Recreación artística de la proto-Luna separándose de la Tierra tras el impacto de Theia. ChatGPT, César Noragueda

Publicado por César Noragueda

Periodista especializado en cine, ciencia y pensamiento crítico.

Creado: 12.09.2026 | 19:05Actualizado: 12.09.2026 | 19:05

Basta mirar el cielo nocturno para formular una pregunta que acompaña a la astronomía desde hace siglos: ¿cómo llegó la Luna hasta ahí? Nuestro satélite conserva pistas de una época en la que el Sistema Solar era un escenario caótico, con mundos jóvenes chocando, creciendo y reorganizándose. Reconstruir lo ocurrido hace unos 4.500 millones de años obliga a combinar rocas, composición química, dinámica orbital y modelos informáticos.

La explicación más aceptada parte de un encontronazo descomunal. Un protoplaneta llamado Theia, aproximadamente del tamaño de Marte, habría golpeado la Tierra primitiva. Según la versión clásica, aquella colisión expulsó al espacio una enorme cantidad de material. Los restos quedaron alrededor de nuestro planeta formando un disco y, con el tiempo, fueron agrupándose hasta construir la Luna que conocemos.

Sin embargo, esa película contiene una simplificación importante. Muchas simulaciones han tratado los cuerpos implicados casi como fluidos, despreciando la resistencia que ofrecen los materiales sólidos cuando intentan deformarse. Pero ¿qué sucede si Theia, aunque abrasador, todavía conservaba cierta consistencia? Ese detalle aparentemente pequeño es el punto de partida de un trabajo publicado en The Astrophysical Journal Letters.

Antes de entender el hallazgo hay que dejar de imaginar planetas como bolas rígidas

Un planeta rocoso no se comporta como una pelota de billar. Bajo presiones enormes, temperaturas extremas y la violencia de una colisión gigantesca, su interior puede doblarse, fluir, fundirse o desgarrarse. Pero eso no significa que toda su materia responda exactamente igual que un líquido.

La diferencia puede entenderse comparando agua con plastilina muy caliente. Ambas pueden cambiar de forma con facilidad, pero la segunda todavía opone cierta resistencia cuando intentamos cortarla o desplazar unas capas respecto a otras. Esa oposición, llamada resistencia al cizallamiento, afecta a cómo se distribuyen las tensiones y, por tanto, a la manera en que un objeto termina deformándose o rompiéndose.

El equipo de C. Adeene Denton incorporó esa propiedad a sus simulaciones mediante un modelo geofísico que vincula la dureza con la temperatura. Cuanto más caliente está la roca y más cerca se encuentra de fundirse, menor es su capacidad para mantener la forma. Los investigadores probaron distintos estados térmicos, con temperaturas superficiales aproximadas de 400, 800 y 2.000 kelvin.

La idea decisiva es sencilla: no basta con conocer la masa, la velocidad o el ángulo de choque. También importa si el mundo que recibe el golpe —o el que lo protagoniza— está frío, caliente, casi fundido o completamente líquido.

El choque que pudo crear nuestro satélite

Para reconstruir el episodio, los autores emplearon hidrodinámica de partículas suavizadas, conocida por las siglas SPH. El nombre parece intimidante, pero el principio puede visualizarse sin matemáticas: el programa representa ambos mundos mediante cientos de miles de elementos numéricos y calcula cómo se mueven, comprimen, calientan y atraen gravitatoriamente durante el encontronazo.

Cada partícula interactúa con sus vecinas, de modo que el conjunto permite seguir la evolución de la materia sin imponer una cuadrícula fija. Es, en esencia, una manera de convertir una catástrofe planetaria imposible de repetir en un laboratorio virtual.

En el escenario de referencia, la proto-Tierra posee 0,877 masas terrestres y Theia, 0,133. Los dos astros incluyen un manto rocoso y un núcleo de hierro. El impacto ocurre con una inclinación cercana a 45 grados y a una velocidad aproximada de nueve kilómetros por segundo, unos 32.400 kilómetros por hora.

El grupo también modificó ligeramente el ángulo, la rapidez y la estructura térmica para comprobar hasta qué punto cambiaba el desenlace. No buscaba fabricar una única narración definitiva del pasado, sino averiguar qué papel desempeña esa solidez que muchas recreaciones anteriores habían ignorado.

Dos casos con condiciones prácticamente idénticas proporcionan la comparación fundamental: uno trata los cuerpos como si carecieran de consistencia efectiva, el otro permite que la roca conserve capacidad para soportar deformaciones. Y ahí llega la sorpresa.

Y entonces apareció una Luna prácticamente entera

Cuando la resistencia no se incluye, la recreación reproduce aproximadamente el relato tradicional. Cerca del 91 por ciento de Theia termina incorporándose a la Tierra y una pequeña parte de sus silicatos queda en órbita formando un disco caliente, dominado por materia fundida. A partir de ese anillo de restos, podría agregarse posteriormente un satélite.

Recreación artística de los distintos desenlaces del impacto según la temperatura de Theia. ChatGPT, César Noragueda.

Al introducir la solidez de un Theia muy caliente pero todavía mayoritariamente sólido, la escena cambia: el protoplaneta no se estira ni se mezcla de la misma manera, sino que, tras golpear nuestro mundo, parte de su masa rebota, se deforma y acaba dividiéndose en dos grandes componentes. El fragmento interior vuelve a caer sobre la proto-Tierra y el exterior recibe suficiente momento angular para quedar atrapado alrededor de ella.

Ese remanente es enorme. En la simulación principal, alcanza alrededor de 1,78 masas lunares, está probablemente fundido y conserva, sobre todo, componentes procedentes del manto de Theia. En vez de nacer mediante la reunión progresiva de incontables escombros, emerge ya con dimensiones colosales.

La separación inicial ocurre durante las primeras cinco horas. Entre aproximadamente cinco y diez, la división de Theia modifica la órbita del futuro satélite. Después llegan encuentros cercanos, pérdida de materia y fuertes mareas, pero al final de una recreación prolongada hasta 36 horas el objeto sigue intacto.

Por eso, “formarse entera en cinco horas” necesita una precisión: no significa que cinco horas después existiera la Luna actual, fría, redonda y situada a su distancia moderna, sino que el gran precursor lunar pudo quedar constituido directamente, sin reconstruirse primero desde un disco.

La temperatura de Theia puede decidir qué Luna nace

La diferencia más reveladora se descubre al cambiar únicamente el estado térmico previo. Con una superficie cercana a 400 kelvin, Theia es más frío y resistente. Soporta mejor la deformación, permanece cohesionado durante más tiempo y vuelve a chocar con la proto-Tierra. El proceso desemboca, de nuevo, en un gran disco de restos.

A unos 800 kelvin ocurre algo intermedio. Se genera un satélite semintacto de unas 0,63 masas lunares, acompañado por una especie de cola de escombros que cae hacia nuestro planeta. Durante unas horas parece sobrevivir, pero su trayectoria lo lleva demasiado cerca y las fuerzas de marea terminan despedazándolo.

El caso cercano a 2.000 kelvin resulta paradójico. Theia está muy caliente y próximo a la fusión, pero todavía conserva suficiente consistencia para no comportarse exactamente como un fluido. Esa combinación permite que se deforme de la manera adecuada, se divida y lance al componente exterior hacia una órbita estable.

Más dureza, por tanto, no conlleva necesariamente mayor supervivencia. Igual que una rama seca puede partirse de forma distinta a una flexible, lo importante no es solo cuánto aguanta esa sustancia rocosa, sino cómo responde mientras la energía se redistribuye.

Cinco horas no resuelven todavía el misterio

El estudio no demuestra que nuestra Luna naciera exactamente así. Sus autores establecen que ese desenlace es físicamente posible bajo determinadas condiciones y que se obtiene en una parte de los parámetros explorados.

Además, el fenómeno es sensible al ángulo y a la velocidad. En las condiciones térmicas más favorables, el satélite intacto queda capturado alrededor de una inclinación de 45 grados para la rapidez canónica estudiada, aunque pequeñas variaciones permiten obtener cuerpos semejantes con otras geometrías.

También permanece abierto uno de los grandes problemas de cualquier modelo sobre el origen lunar: la extraordinaria similitud isotópica entre la Tierra y la Luna, es decir, el parecido casi idéntico en las proporciones de distintas variantes atómicas de varios elementos. En estas simulaciones, el nuevo astro está compuesto principalmente por materia de Theia, de modo que incorporar resistencia mecánica no elimina por sí solo ese rompecabezas químico.

Los investigadores comprobaron asimismo la resolución numérica. Al pasar de 500.000 a un millón de partículas, el gran satélite volvió a generarse y su masa apenas cambió alrededor de un 0,23 %. Eso refuerza la consistencia del resultado dentro del modelo, aunque no convierte una recreación informática en una fotografía del pasado.

Lo que la Luna puede contarnos sobre la juventud de la Tierra

La consecuencia más interesante va más allá de las cinco horas. Si la temperatura de Theia determina si queda un cuerpo casi completo o un disco de escombros, el desenlace podría indicar cuándo sucedió aquella colisión.

Un Theia todavía muy caliente encaja mejor con un choque temprano, cuando los mundos interiores no habían tenido tanto tiempo para enfriarse. El trabajo cita escenarios donde la formación lunar habría ocurrido antes de unos 60 millones de años desde el inicio del Sistema Solar.

Si el encuentro fuese posterior, entre aproximadamente 100 y 150 millones, el protoplaneta podría haber estado más frío y favorecer otra evolución.

Esa conexión transforma la pregunta. Ya no se trata solo de averiguar qué golpe creó la Luna, sino de utilizar su origen para reconstruir el estado térmico de aquellos mundos y ordenar la juventud terrestre.

Cuando miramos al cielo, vemos un mundo que ha acompañado a la Tierra durante casi toda su historia. Tal vez no sea simplemente el producto de una nube de restos ensamblada poco a poco. Una parte enorme de aquella proto-Luna pudo cobrar existencia casi de una pieza durante las primeras horas de uno de los episodios más violentos de nuestro planeta.


 3.- Encuentran un dinosaurio que vivió hace 115 millones de años a 473 metros bajo tierra durante una búsqueda de cobre en China

Recreación artística de Psittacosaurus sp. La reconstrucción toma como referencia los patrones de piel y pigmentación descritos a partir del ejemplar del Museo Senckenberg de Alemania (Jakob Vinther et al.). Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: 12.09.2026 | 11:07Actualizado: 12.09.2026 | 11:07

La paleontología suele asociarse a excavaciones minuciosas, laderas erosionadas y científicos retirando sedimento con pequeñas herramientas. Pero algunos fósiles aparecen de una forma mucho menos previsible. En Mongolia Interior, al norte de China, un sondeo realizado para buscar recursos minerales atravesó una capa de roca que ocultaba algo completamente distinto: los restos de un dinosaurio del Cretácico Inferior.

El fósil apareció en un testigo de perforación extraído a 473,2 metros de profundidad durante un proyecto de exploración de cobre desarrollado por el Geological Party No. 208. Los huesos proceden de las proximidades de Guaizihu, en la cuenca de Yin'gen-Ejinaqi, y han sido catalogados con el código 208GPV01. Su antigüedad se sitúa en el Aptiense, una etapa del Cretácico Inferior.

El descubrimiento acaba de ser estudiado por un equipo encabezado por Tianyu Li y Ranwei Wang, con participación de investigadores como Lida Xing y Xing Xu. El trabajo, publicado en Earth History and Biodiversity, no presenta una nueva especie de dinosaurio. Su importancia reside en otro lugar: es el primer registro publicado de un dinosaurio de la Formación Bayan Gobi en el sector occidental de esta cuenca.

Y lo más interesante es que una pequeña parte de su cola ha permitido reconstruir bastante más de lo que podría parecer a primera vista.

Una cola enterrada bajo casi medio kilómetro de roca

El material recuperado es muy fragmentario. Se conservan cuatro centros de vértebras caudales, seis arcos neurales, varios procesos transversos, una costilla sacra y tendones osificados. Los investigadores consideran que las vértebras pertenecían a la zona próxima al comienzo de la cola, entre otras razones por sus centros relativamente cortos y sus procesos transversos bien desarrollados.

No parece, además, que el animal hubiera alcanzado la madurez. Los centros vertebrales, arcos neurales y procesos transversos permanecen sin fusionar, una característica que el equipo interpreta como indicio de un ejemplar inmaduro. El estado del fósil impide saber con seguridad a qué especie perteneció, pero su anatomía permite acotar considerablemente su identidad.

Las pistas están en pequeños detalles de las vértebras. Los procesos transversos son estrechos, se afinan hacia sus extremos y se sitúan cerca de la unión entre el centro vertebral y el arco neural, claramente por debajo de las apófisis articulares. A ello se suma la presencia de delgados tendones osificados sobre la parte dorsal de los arcos neurales.

La combinación llevó a los paleontólogos hasta Ornithischia, uno de los grandes linajes de dinosaurios y el grupo al que pertenecieron animales tan diferentes como los estegosaurios, anquilosaurios, hadrosaurios y ceratopsios. Pero identificar un grupo amplio era solo el comienzo.


Reconstrucción de Psittacosaurus sp. realizada a partir de las evidencias sobre la piel y la coloración conservadas en un ejemplar del Museo Senckenberg de Alemania. Foto: Tianyu Li et al. Earth History and Biodiversity (2026)

Las vértebras apuntan hacia Psittacosaurus

Para comprobar a qué dinosaurios se parecía 208GPV01, los investigadores recurrieron a la morfometría geométrica. En términos sencillos, compararon cuantitativamente la forma de las vértebras mediante nueve puntos anatómicos seleccionados en imágenes de vértebras caudales de diferentes ornitisquios.

El análisis de componentes principales reveló una proximidad particularmente interesante. En una de las comparaciones, el ejemplar chino se situó cerca de Scutellosaurus y Psittacosaurus; en otra, la mayor semejanza apareció precisamente con Psittacosaurus. Las proporciones anatómicas cuentan una historia parecida: la relación entre la longitud y altura de los centros vertebrales y las dimensiones de las espinas neurales recuerda especialmente a este dinosaurio.

Psittacosaurus fue un pequeño ceratopsio muy extendido por Asia durante el Cretácico Inferior. Sin embargo, parecido no significa identidad. Con apenas una porción de la cola disponible, los autores consideran que asignar el ejemplar a Psittacosaurus, y mucho menos a una especie concreta, iría más allá de lo que permiten las pruebas.

Por eso el fósil permanece clasificado prudentemente como "Ornithischia indeterminado". Es una cautela importante: muchas características de las vértebras caudales proximales se repiten entre pequeños ornitisquios y no poseen necesariamente valor suficiente para distinguir especies.

Un detalle extraño aparece en sus vértebras

Hay, sin embargo, una peculiaridad que llamó especialmente la atención de los investigadores. Varias vértebras presentan pequeños orificios dispuestos regularmente en sus superficies laterales. Se trata de forámenes nutricios o neurovasculares, aberturas relacionadas con el paso de vasos sanguíneos y nervios.

Su posición puede recordar superficialmente a las aberturas asociadas a la neumatización vertebral observada en determinados terópodos y saurópodos. El interior de estas vértebras, sin embargo, carece de las características necesarias para interpretarlas de esa manera. Para los autores, son probablemente forámenes neurovasculares ordinarios.

Lo extraordinario es su distribución. El patrón regular observado entre el segundo y el cuarto centro caudal conservado no había sido descrito de esa forma en otros ornitisquios. Se conocen pequeñas aberturas en vértebras de dinosaurios como Haya o Jeholosaurus, pero su disposición es diferente o irregular.

Eso tampoco convierte automáticamente a 208GPV01 en una especie desconocida. El dinosaurio era probablemente joven y todavía no sabemos si esos orificios cambiaban durante el crecimiento, si constituían una peculiaridad individual o si realmente caracterizaban a un grupo concreto. Para resolverlo harán falta fósiles más completos.

Un nuevo punto en el mapa de los dinosaurios de China

La Formación Bayan Gobi ya había proporcionado dinosaurios importantes, entre ellos Penelopognathus weishampeliBayannurosaurus perfectus y alvarezsauroideos como Bannykus wulatensis, además de registros atribuidos a Psittacosaurus. Sin embargo, los hallazgos conocidos estaban concentrados principalmente en la mitad oriental de la cuenca.

208GPV01 cambia ese mapa. El yacimiento de Guaizihu constituye el registro de dinosaurio más occidental conocido hasta ahora dentro de la Formación Bayan Gobi y amplía, por tanto, la distribución geográfica documentada de su fauna.

Hay además una ironía difícil de pasar por alto: nadie estaba buscando dinosaurios. Una perforación destinada a investigar cobre terminó atravesando una página del Cretácico enterrada bajo casi medio kilómetro de roca.

El fósil no permite poner un nuevo nombre en el árbol de los dinosaurios. Pero demuestra algo quizá más sugerente: bajo una región donde apenas existían registros paleontológicos conocidos todavía quedan capítulos enteros de la historia de estos animales esperando a que alguien, incluso por accidente, llegue hasta ellos.


  4.- La ciencia rastrea el ADN de 1,14 millones de personas y descubre cómo se forja el carácter

Recreación artística de la influencia del ADN en la personalidad humana. ChatGPT, César Noragueda

Publicado por César Noragueda

Periodista especializado en cine, ciencia y pensamiento crítico.

Creado: 3.09.2026 | 20:15Actualizado: 5.09.2026 | 17:20

Dos personas llegan a una fiesta llena de desconocidos. Una tarda segundos en presentarse a medio salón; la otra busca primero una cara familiar. Reconocemos esas diferencias enseguida porque convivimos con ellas todos los días.

De ahí nace una pregunta mucho más profunda: ¿por qué somos como somos? Experiencias, educación, cultura y relaciones van moldeándonos, pero también heredamos una combinación irrepetible de ADNAveriguar cuánto aporta cada ingrediente lleva décadas ocupando a la ciencia.

Un nuevo paper publicado en Nature del Revived Genomics of Personality Consortium (ReGPC), un consorcio internacional dedicado a la genómica de la personalidad, ha llevado esa búsqueda a una escala extraordinaria. El equipo combinó 46 grupos de participantes procedentes de distintos estudio y examinó a entre 611.037 y 1,14 millones de ellos, dependiendo del rasgo analizado. Ese volumen permitió rastrear el genoma con una resolución inédita.

Lo obtenido no convierte nuestro carácter en un destino biológico; al contrario, obliga a imaginar su origen como un entramado bastante más complejo.

Antes de buscar genes hay que explicar qué significa “personalidad”

En psicología, la personalidad no equivale simplemente a ser simpático, tímido o tener “mucho carácter”. El término describe patrones relativamente estables en nuestra manera de pensar, sentir y comportarnos. Para estudiarlos, uno de los modelos más utilizados los resume en cinco grandes dimensiones conocidas como Big Five.

Son extraversión, relacionada con sociabilidad, energía y asertividad; amabilidad, que abarca compasión, respeto y confianza; responsabilidad, vinculada con organización y constancia; neuroticismo, asociado con tendencia a emociones negativas e inestabilidad; y apertura a la experiencia, donde entran curiosidad, imaginación y sensibilidad estética.

Conviene imaginarlas como cinco reguladores de una mesa de mezclas, no como cinco cajones, cada uno admite innumerables posiciones y nadie necesita pertenecer por completo a una categoría. El perfil surge de la combinación.

Esa imagen evita además un error crucial: si una característica humana varía gradualmente, buscar su base biológica no equivale a localizar un interruptor que la encienda o apague.

Buscar la personalidad en el ADN no significa encontrar “el gen de ser extrovertido”

Para rastrear esa base, los autores realizaron estudios de asociación del genoma completo, conocidos por las siglas GWAS. El nombre intimida más que la idea.

Imaginemos cientos de miles de ejemplares de un libro casi idéntico. Entre sus miles de millones de letras, existen pequeñas diferencias. Si además conocemos la puntuación de cada propietario en extraversión o responsabilidad, podemos comprobar si determinadas letras aparecen con algo más de frecuencia conforme cambia esa puntuación.

El procedimiento hizo algo conceptualmente parecido con alrededor de diez millones de SNP por cada dimensión. Un SNP —pronunciado “snip”— es una posición del genoma donde una sola letra del ADN puede variar entre individuos. Después, rastrearon asociaciones estadísticas suficientemente sólidas para descartar razonablemente que hubieran surgido por azar.

Encontrar una asociación no implica que esa variante dicte una conducta ni que sea necesariamente su causa. Señala una relación estadística con la característica examinada. Entre millones de comparaciones, separar un vínculo auténtico del ruido exige muestras enormes y criterios rigurosos.

Entonces, aparecieron 1.260 variantes genéticas

El análisis identificó 1.260 posiciones principales del genoma, aproximadamente independientes entre sí, asociadas de forma significativa con alguna de las cinco grandes dimensiones de la personalidad. De ellos, 824 —un 65 por ciento— estaban en regiones que no se habían vinculado anteriormente con variaciones del rasgo correspondiente.

El procedimiento hizo algo conceptualmente parecido con alrededor de diez millones de SNP por cada dimensión. Un SNP —pronunciado “snip”— es una posición del genoma donde una sola letra del ADN puede variar entre individuos. Después, rastrearon asociaciones estadísticas suficientemente sólidas para descartar razonablemente que hubieran surgido por azar.

Encontrar una asociación no implica que esa variante dicte una conducta ni que sea necesariamente su causa. Señala una relación estadística con la característica examinada. Entre millones de comparaciones, separar un vínculo auténtico del ruido exige muestras enormes y criterios rigurosos.

Entonces, aparecieron 1.260 variantes genéticas

El análisis identificó 1.260 posiciones principales del genoma, aproximadamente independientes entre sí, asociadas de forma significativa con alguna de las cinco grandes dimensiones de la personalidad. De ellos, 824 —un 65 por ciento— estaban en regiones que no se habían vinculado anteriormente con variaciones del rasgo correspondiente.

Tus genes influyen, pero no llevan escrita tu biografía

¿Cuánto explican entonces esas diferencias heredadas? En las estimaciones poblacionales principales, las variantes comunes capturadas por los estudios de asociación del genoma daban cuenta de entre el 4,8 y el 9,3 por ciento de la variación observada según la dimensión. Otros modelos producen cifras superiores; considerando rasgos y procedimientos, el artículo recoge valores que alcanzan el 16,2 por ciento.

De ahí no se desprende que “el resto sea ambiente”. La heredabilidad describe diferencias dentro de una población bajo determinadas condiciones, no reparte a un individuo en porciones genéticas y ambientales.

Podemos imaginar una receta elaborada con una cantidad enorme de pizcas. Cada una altera poquísimo el resultado y ninguna determina por sí sola el sabor final. Además, la cocina importa: desarrollo, familia, amistades, educación, cultura, acontecimientos y circunstancias se entrelazan con las predisposiciones biológicas.

Estudios con gemelos y familias han obtenido estimaciones globales de heredabilidad del 40 al 60 por ciento, pues captan componentes que estos estudios de asociación del genoma no abarcan por completo. Los investigadores recalcan que todos los métodos encuentran una influencia sustancial del entorno.

La oposición “genes contra ambiente” empieza así a plantear una falsa disyuntiva.

Una de las pruebas más interesantes estaba dentro de las familias

Quedaba un problema. Si cierta variante parece ligada a la responsabilidad, ¿refleja un efecto transmitido biológicamente o características del hogar, ascendencia poblacional u otros factores compartidos?

Para reducir esa confusión, se compararon miembros de una misma familia. Entre otros datos, se utilizaron 2.956 familias del Registro Neerlandés de Gemelos (Netherlands Twin Register) y 4.751 del Estudio sobre el Desarrollo Temprano de los Gemelos (Twins Early Development Study).

Los investigadores cotejaron agemelos dicigóticos, que comparten de media alrededor de la mitad de sus variantes genéticas. Las diferencias entre sus índices poligénicos —puntuaciones que resumen el efecto combinado de numerosas variantes— predijeron los respectivos rasgos con una magnitud muy semejante a la obtenida en las estimaciones poblacionales.

Otra comprobación utilizó datos de 34.506 conjuntos de padres e hijos recopilados por la compañía islandesa deCODE Genetics. La comparación permitió separar el efecto del ADN que los hijos habían heredado directamente de sus padres de otras influencias compartidas por las familias. Al hacerlo, los investigadores comprobaron que esos efectos genéticos directos conservaban el 96,2 por ciento de la capacidad que tenían los índices poligénicos para predecir diferencias de personalidad al comparar individuos de toda la población.

Eso no quiere decir que los genes expliquen ese porcentaje de nuestra personalidad. Significa algo mucho más concreto: que la relación detectada entre esos índices genéticos y los rasgos de personalidad apenas se reducía al controlar las posibles distorsiones derivadas del entorno y de otras características compartidas dentro de las familias.

El cerebro aparece, pero tampoco como esperábamos

Al indagar qué mecanismos podían esconderse detrás de los hallazgos, los científicos encontraron otra pista esclarecedora. Para cuatro dimensiones —todas salvo amabilidad—, las asociaciones estaban enriquecidas en genes expresados en la corteza prefrontal, una región cerebral implicada en numerosas funciones complejas.

Sin embargo, el mapa no conduce a una explicación sencilla. Algunas teorías han otorgado especial protagonismo a sistemas relacionados con dopamina para apertura y extraversión, o serotonina para responsabilidad, neuroticismo y amabilidad. Las nuevas comprobaciones ofrecieron poco respaldo a esa división.

Ni el tamaño de los efectos ni su significación situaron a esos neurotransmisores entre los tipos neuronales más enriquecidos. Eso no vuelve irrelevantes a serotonina o dopamina; muestra que reducir dimensiones psicológicas a una sustancia resulta demasiado simple.

El panorama que emerge recuerda menos a cinco circuitos independientes que a sistemas moleculares y celulares solapados cuya participación todavía habrá que desentrañar.

Tu ADN tampoco puede decir cómo vas a comportarte mañana

Con tantas asociaciones, surge una tentación inevitable: ¿podríamos secuenciar a alguien y anticipar cómo será? La investigación aporta una advertencia particularmente útil para frenar fantasías deterministas.

Se construyeron índices poligénicos, puntuaciones que reúnen el efecto estadístico de numerosas variantes. Estos consiguieron predecir modestamente los cinco rasgos en cinco cohortes independientes con genomas similares a los europeos. También obtuvieron algunas predicciones significativas para extraversión, neuroticismo y apertura en participantes con ascendencia genética semejante a poblaciones africanas, aunque la precisión disminuye cuando cambia la ascendencia respecto a las muestras empleadas para construir el índice.

El artículo lo advierte explícitamente: esas puntuaciones no permiten anticipar el comportamiento futuro de un individuo.

Una tendencia estadística entre cientos de miles de personas no funciona como una bola de cristal personal. Tampoco conviene universalizar conclusiones obtenidas predominantemente en poblaciones occidentales. Harán falta antecedentes ancestrales y culturales más diversos para comprobar qué vínculos se mantienen.

Entonces, ¿nacemos con nuestra personalidad?

La contestación más fiel es menos rotunda y más interesante. No llegamos al mundo con nuestro carácter escrito por completo, pero tampoco como una página biológicamente en blanco. Heredamos un abanico de pequeñas propensiones que se despliegan dentro de una vida concreta.

La escala impresiona: más allá de las 1.260 variantes genéticas que superaron el estricto umbral estadístico, el estudio estima unas 16.180 variantes comunes independientemente asociadas, en promedio, con cada dimensión. La arquitectura resulta extraordinariamente repartida.

Volvamos a la fiesta. No existe una letra del ADN que condene a alguien a recorrer el salón presentándose a desconocidos ni otra que empuje a su acompañante hacia un rincón. Intervienen incontables influencias diminutas, además de todo lo vivido.

Ahí reside el cambio de perspectiva. Podemos detectar la huella biológica de algo tan íntimo como nuestro modo habitual de pensar, sentir y actuar sin convertirla en destino. Cuanto más detallado se vuelve ese mapa, menos recuerda paradójicamente a un guion: aparece como una inmensa colección de posibilidades sobre la que cada biografía escribe una historia distinta.


 5.- Un implante cerebral en Corea recibió órdenes desde EE. UU. a 10.596 km: qué puede hacer realmente

Publicado por Muy Interesante

Creado: 2.09.2026 | 21:00Actualizado: 2.09.2026 | 22:36

Un investigador situado en Chicago pulsó una orden y, casi al instante, un implante cerebral remoto instalado en el cerebro de una rata en Daejeon, Corea del Sur, respondió. Entre ambos puntos había 10.596 kilómetros y la infraestructura completa de internet. La escena parece salida de la ciencia ficción, pero conviene desactivar la lectura sensacionalista antes de continuar: no hubo control mental, ni lectura de pensamientos, ni gobierno remoto de las emociones del animal.

Lo que ocurrió fue algo más sobrio y, en cierto modo, más interesante. Un neuroimplante remoto llamado RAPIDO, desarrollado en el KAIST, ejecutó dos acciones físicas concretas: administrar un fármaco mediante una microbomba implantable y encender un micro-LED para estimular tejido cerebral. Ni más, ni menos.

Qué puede hacer: activar de forma remota funciones físicas concretas y programables, como liberar una dosis de fármaco en una región cerebral específica o encender un micro-LED para estimulación óptica de un circuito ya modificado genéticamente.

Qué no puede hacer: leer pensamientos, interpretar intenciones, controlar emociones ni tomar decisiones por su cuenta. El implante ejecuta órdenes puntuales; no gobierna la mente del animal.

Qué es RAPIDO y por qué ha llamado la atención

El sistema fue desarrollado por investigadores del KAIST y la Universidad Yonsei y presentado en el artículo "IoT-enabled wireless neural implant for chronic, programmable neuropharmacology and optogenetics", publicado en la revista Science Advances el 29 de julio de 2026 en su versión en línea, dentro del número del 31 de julio. RAPIDO es el acrónimo de una plataforma implantable, programable y accionada de forma remota.

Su relevancia no está tanto en el gesto llamativo del control transcontinental como en la infraestructura que lo hace posible. El dispositivo integra una microbomba electroquímica para dosificar sustancias, un micro-LED azul de 470 nanómetros para optogenética, electrónica de control, batería y comunicación inalámbrica. Todo ello en un conjunto que mide aproximadamente 11,8 × 9,4 × 24,4 milímetros y pesa 2,5 gramos, de los cuales la sonda optofluídica implantada de forma crónica supone alrededor de 1,1 gramos. El módulo de la microbomba, por su parte, apenas alcanza los 0,3 gramos. Esas magnitudes importan: cuanto menos pesa y ocupa el conjunto, menos altera el comportamiento natural del animal que lo lleva encima durante semanas.

Cómo viaja una orden de Chicago a un cerebro en Daejeon

Aquí conviene deshacer un malentendido habitual: el implante no se conecta directamente a internet. La arquitectura descrita por el equipo funciona por eslabones. El investigador envía una orden a través de una interfaz web autorizada; esa orden viaja por internet hasta un ordenador situado junto al animal, un Raspberry Pi que actúa como puerta de enlace; y ese ordenador traduce la instrucción y la transmite al implante mediante Bluetooth Low Energy (BLE).

Dicho con una metáfora sencilla: internet transporta el mensaje hasta la puerta del laboratorio, un ordenador cercano lo recoge y el implante ejecuta finalmente la acción física. La distancia separa al investigador del dispositivo, pero no convierte al implante en un sistema autónomo capaz de decidir por su cuenta. Es una arquitectura de eslabones no muy distinta, salvando las diferencias de propósito, de la que enfrenta un niño de once años y su teléfono cuando accede por primera vez a una red de notificaciones y mensajes constantes.

Las cifras dimensionan el hito. La latencia media del control en tiempo real entre Chicago y Daejeon fue de unos 109 milisegundos. Cuando las órdenes se programaban por adelantado y se ejecutaban localmente en el ordenador de enlace, el retraso efectivo bajó a aproximadamente 55,8 milisegundos. Y en el rango corto, con control directo por Bluetooth dentro de 10 metros, la latencia se mantuvo por debajo de los 50 milisegundos. Esa reducción no es un detalle menor: la programación local resuelve una limitación práctica de trabajar a través de una red global, porque una orden que se ejecuta al lado del animal no depende de los vaivenes del tráfico transoceánico.

Dos técnicas reunidas en un mismo dispositivo

RAPIDO combina dos herramientas que suelen requerir equipos separados. Por un lado, la neurofarmacología, es decir, la administración controlada de sustancias en una región cerebral concreta. Por otro, la estimulación cerebral optogenética, que activa circuitos mediante luz después de haber modificado previamente ciertas células con herramientas genéticas. En este caso, la estimulación óptica requirió la expresión viral de Opto-RhoA antes del experimento.

La parte implantable actuó sobre ambos núcleos accumbens, una región asociada a los circuitos de recompensa y motivación. El sistema permitió programar de forma remota el lado de la infusión (izquierdo, derecho o bilateral), el nivel de la bomba, la duración de la administración y los parámetros de estimulación óptica. Esa versatilidad, aplicada a un animal que se mueve libremente, es precisamente lo que aporta valor científico, porque permite comparar intervenciones sobre el mismo circuito sin cables que restrinjan la conducta. Esa capacidad de combinar variables sin perder precisión recuerda al debate sobre tu cerebro y la multitarea, y hasta qué punto puede gestionar varios procesos a la vez.

El experimento con cocaína: qué se midió realmente

El equipo utilizó un paradigma clásico en investigación de la adicción: la preferencia de lugar condicionada por cocaína. Las ratas recibieron cocaína (20 mg/kg por vía intraperitoneal) durante bloques de acondicionamiento, y en el grupo tratado se aplicó estimulación bilateral con luz azul de 470 nanómetros en ciclos de 3 minutos de encendido y apagado durante el emparejamiento con el contexto.

El resultado: mientras la cocaína sola producía una preferencia significativa por el compartimento asociado a la droga, la estimulación óptica evitó ese aumento comparable de tiempo y distancia recorrida en la zona vinculada a la cocaína. El estudio comparó tres grupos (solución salina, cocaína sin luz y cocaína con estimulación), con solo n = 4 ratas por grupo.

Conviene subrayar la diferencia entre controlar un dispositivo y controlar una conducta. Que la estimulación modifique una preferencia medida en el laboratorio no significa que el sistema gobierne al animal, interprete sus intenciones o suprima su deseo. El implante ejecuta acciones; no toma decisiones. Tal y como resume la profesora Wha Young Kim, de la Universidad Yonsei, la plataforma permite "controlar de forma remota y precisa circuitos cerebrales específicos durante periodos prolongados mientras los animales se mueven libremente", según el comunicado difundido por KAIST y EurekAlert.

Los límites que no conviene olvidar

El trabajo es enteramente preclínico. Se realizó en ratas macho Sprague-Dawley, con muestras pequeñas y periodos de observación limitados. La plataforma se empleó también para administrar fármacos de manera crónica y estudiar actividad locomotora y biocompatibilidad durante un periodo de hasta cuatro semanas, aunque conviene precisar un matiz cronológico: la prueba de preferencia por el contexto asociado a cocaína se realizó dos semanas después de la cirugía, no al final de ese mes. Esa cautela ante muestras reducidas no es exclusiva de la neurociencia animal: la misma prudencia aparece al hablar de terapia hormonal y niebla mental en otros campos de la salud.

De ahí que los resultados no puedan extrapolarse alegremente. El estudio no demuestra que RAPIDO sirva en seres humanos, no aporta pruebas clínicas de eficacia o seguridad y no permite establecer si el efecto sobre la preferencia asociada a la cocaína sería reproducible en muestras mayores o en otras especies. Tampoco determina cuánto tiempo podría permanecer implantado el dispositivo sin complicaciones más allá de los periodos estudiados. Al fin y al cabo, cualquier intervención crónica en un organismo vivo actúa, igual que el calor extremo como multiplicador de riesgos, sobre múltiples sistemas a la vez. Y reducir una preferencia en un laberinto no equivale a eliminar una adicción.

Las preguntas de gobernanza que abre un experimento conectado a internet

¿Qué ocurre si la conexión se interrumpe en mitad de una administración? ¿Cómo se autentican las órdenes que cruzan medio planeta? ¿Quién tiene autoridad para modificar un protocolo remoto, detener una sesión o revisar después cada instrucción enviada al implante? Son preguntas legítimas, y conviene formularlas con precisión: se trata de cuestiones de gobernanza y diseño futuro, no de riesgos ya demostrados por este estudio. Es la misma lógica que exige distinguir, ante una fiebre infantil que preocupa a los pediatras, cuándo un síntoma común merece vigilancia adicional.

La demostración transcontinental convierte una instalación local en un nodo científico remoto. Y en ese escenario, la fiabilidad de la red, la gestión de permisos y la trazabilidad de las órdenes pasan a formar parte del propio protocolo experimental. Las fuentes consultadas no detallan qué sistema concreto de autenticación, cifrado o registro de cambios se aplicaría en un despliegue más amplio, ni qué sucede exactamente con una estimulación en curso si se pierde la comunicación. Son, por tanto, cuestiones abiertas que deberán resolverse antes de que este tipo de experimentos se generalicen entre laboratorios de distintos países.

En conjunto, RAPIDO es un hito de conectividad e instrumentación neurocientífica: una cápsula implantable, un enlace Bluetooth, un ordenador local y una red global pueden coordinar una intervención cerebral experimental a 10.596 kilómetros. El hallazgo no acerca el control mental; acerca la investigación a una nueva forma de operación distribuida, en la que la seguridad técnica, el bienestar animal y la gobernanza internacional pasan a ser tan decisivos como el micro-LED de 470 nanómetros o la latencia de 109 milisegundos. Conviene insistir en que se trata de una demostración experimental realizada exclusivamente en animales: antes de plantear cualquier uso médico en humanos quedarían por validar aspectos como la seguridad a largo plazo del implante, su comportamiento en muestras mucho más amplias, la reproducibilidad de los efectos observados en otras especies y los protocolos de gobernanza y ciberseguridad necesarios para operar un implante cerebral remoto a distancia.

 Bien, deseando que la lectura haya sido de su agrado de ustedes, me despido:

¡Hasta la próxima!

domingo, 6 de septiembre de 2026

Le petit Henri

Les cuento, mis queridos amigos, que desde niño fui un ávido lector. Y, en ese empeño, fui favorecido por mis padres que también lo eran. Muy escasas veces fui advertido de no leer un libro por no ser para mi edad. De hecho, recuerdo una sola vez. Yo pretendía leer (con 8 o 9 años) La piel de Curzio Malaparte y mi madre, atenta al tema, simplemente me dijo No es para ti todavía y, tomando el libro en sus manos, se lo llevó a su habitación. 

Publicada en 1949, la obra se basa en la experiencia de Malaparte como oficial de enlace del Alto Mando estadounidense en Italia entre 1943 y 1946. Ambientada principalmente en Nápoles, la novela refleja la ocupación aliada tras el desembarco estadounidense y la compleja interacción entre vencedores y vencidos, mostrando un mundo marcado por la degradación moral y la lucha por la supervivencia. La obra fue censurada por el Vaticano en 1950 y colocada en el Index Librorum Prohibitorum.

En el siguiente enlace pueden leerla:

https://archive.org/details/bwb_KV-029-369/page/6/mode/2up

Pero, hoy quiero hablarles del protagonista de una novela que leí tiempo después, en mi adolescencia. Sí, de le petit Henri.

Como ustedes habrán podido colegir, mis doctos amigos, le petit Henri no es otro que Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Montfa (Albi, 24 de noviembre de 1864-Saint-André-du-Bois, 9 de septiembre de 1901), conocido simplemente como Toulouse-Lautrec, el que fuera pintor, grabador y cartelista postimpresionista francés, que destacó por la representación de la vida nocturna parisina de finales del siglo XIX.

-         ¿Y por qué petit Martín?

-         Porque, como ustedes podrán apreciar en la foto de abajo, padecía una condición genética por la cual sus piernas eran más cortas que lo habitual, dejándolo con una baja estatura, medía 1,52 m por una enfermedad genética rara, la picnodisostosis, que le fracturó ambas piernas de adolescente y le detuvo el crecimiento de las piernas, pero no del torso.

-    En Montmartre, donde vivía, le decían de todo:

-   "Le petit" (el pequeño)

-   Como me comenta una querida amiga mía, también le decían "Demi-mètre" (medio metro). Sí, se usaba como burla cariñosa entre sus amigos del Moulin Rouge. Es exagerado, porque no medía 50cm, pero era la hipérbole de cabaret.

-   Él mismo hacía chistes sobre eso. Hay una anécdota famosa donde dijo: "Si yo fuera un poco más alto, sería el hombre más feliz del mundo, pero como soy bajito, soy el pintor más feliz".

-   El apodo que más quedó en la historia no es demi-mètre, sino directamente su nombre: Toulouse-Lautrec, el cronista enano de la noche parisina.

-         ¿Y cual fue la novela en la que leíste de él Martín?

-         Fue la creación del escritor francés Pierre La Mure (Niza, 1909 - 1976, California) autor de la novela Moulin Rouge (1950), sobre la vida de Toulouse-Lautrec; del libro Beyond Desire (1955), sobre la vida de Cécile y Félix Mendelssohn; y de la novela biográfica Claire de Lune sobre el compositor francés Claude Debussy (1962), entre otras.

-         Basada en la novela Moulin Rouge se hizo una película del mismo nombre, dirigida por John Huston, ganadora de 2 premios Oscar, que contaba con excelentes actores como:  José Ferrer, Zsa Zsa Gabor, Colette Marchand, Christopher Lee y Peter Cushing, entre otros.

Una breve síntesis de la novela que nos ocupa podría ser la siguiente: Toulouse-Lautrec, el pintor físicamente limitado, encuentra diversión y amistad entre los artistas del vistoso salón de baile Moulin Rouge. Al salir de él, camina por las calles del barrio de Montmartre y recuerda el accidente de infancia que lo convirtió en un ser con graves limitaciones de miembros inferiores. Recuerda además su primer amor y sus crueles palabras de rechazo: «Ninguna chica se casará contigo nunca». Cuando encuentra a Marie, una joven chica desesperada, él procura su amistad. Marie le convence para que la lleve a su casa y Toulouse encuentra mujer por primera vez. Sin embargo, la relación se vuelve turbulenta y, finalmente, descubrirá que ella sólo vivía con él por el interés del dinero. Pretende acabar con su vida, hasta que se da cuenta de que todavía tiene su arte para seguir viviendo.

Les cuento, mes chers amis, que, para mi en el momento en que la leí, fue una novela atrapante que me gustó mucho. Sin embargo, hay, por supuesto, quienes no están de acuerdo conmigo y la critican ásperamente. Me gustará, entonces, enterarme de la opinión de ustedes en los comentarios. La encontrarán en Internet y podrán leerla, si es que no lo han hecho ya. Aquí les dejo un enlace:

https://epdf.pub/moulin-rouge.html

Y ahora sí, para recorrer la vida de le petit Henri los voy a dejar en la compañía de nuestra conocida Raquel de la Morena que se hará cargo de ello.

https://www.youtube.com/watch?v=PzLS2KhLmoM&t=201s

Y yo, me despido:

¡Hasta la próxima!


NOTI-NIVI 20

  Bien, estimados amigos, ante el pedido de muchos de ustedes, aquí les mando un nuevo NOTI-NIVI que espero les proporciones agradables mome...