Bien, estimados amigos, en cumplimiento de pactos preexistentes, dedicaré esta nota al tratamiento de dos temas, presentados en la nota anterior que, como adelanté en ella son:
1.- La formación del humano, en cuanto a
educación para la vida, y
2.-
El instinto gregario del humano.
Referido al primer item, comenzaré
diciendo que, para mí, el período de una vida en el que se forma lo que el
humano será en el futuro es la niñez y la pubertad.
Es decir, en ese lapso se recibe el
cuño que marcará lo que el que lo recibe será el resto de su vida. Se podrá
limar algunas aristas cortantes, se podrá morigerar algunas características o
resaltar otras, pero lo fundamental ya está.
Hemos visto, en la nota Tres
propuestas, ejemplos cómo la influencia de los mayores en esta etapa de
formación es decisiva para el futuro del formando. Y abundan los casos. Por
ejemplo, tenemos a ma Barker quien tuvo cuatro hijos varones, los cuatro
delincuentes, respondiendo a lo que mamaron en su etapa de formación. No cabe duda de que ma conocía
las actividades de sus hijos, a los que ayudó antes y después de que cometieran
los crímenes, lo que la convertiría en cómplice. Su papel consistía en ofrecer
refugio a los miembros de la banda y a menudo los apoyaba mientras estos
cometían sus crímenes.
-
¿Y qué sugerís vos que hay
que hacer, Martín?
Sucede que la formación de un humano
que recién empieza su camino por la vida es una tarea muy delicada para lo cual
la mayoría de los formadores no está capacitada.
Esto implica llevarlo, paso a paso, a
desarrollar sus potencialidades para poder enfrentar los desafíos que le
planteará la vida. Por ejemplo, supongamos que nace un hijo en una familia en
la que han muerto hermanos mayores desgraciadamente (en la peste negra del
siglo XIV, digamos). Es normal que los padres (sobre todo la madre)
sobreprotejan al recién nacido.
¿Qué se logra con ello?
Pues, se logra que el formando, al no
estar educado en resolver desafíos, desconozca sus propias potencialidades y,
al no saber qué puede hacer, cuándo y cómo, desarrolle una personalidad tímida
y apocada que difícilmente pueda con los desafíos de la vida. ¡Él no sabe de lo
que es capaz!
De ahí la importancia de ir llevando
al formando de a poco en el desarrollo de una personalidad fuerte y decidida.
Hacerle ver que cuenta con el apoyo de sus tutores, pero que será él quien resuelva
los desafíos de su vida.
Soy un convencido de que, Alejandro el
magno fue lo que fue por la magnífica educación que recibió de su maestro
Aristóteles que, sin duda, se ocupó de que Alejandro, desde pequeño, tomara las
riendas de su propia vida. Por el contrario, si hubiera sido un mimado y
sobreprotegido, difícilmente hubiera sido el magno.
Alejandro
magno
Y, a guisa de ejemplo de una correcta
formación de un niño-púber, me interesa tomar una anécdota extraída del
excelente tríptico sobre Escipión el africano del autor valenciano
Santiago Posteguillo Gómez, que les recomiendo enfáticamente. Me apresuro a
decirles que no interesa si la anécdota es histórica o novelada, lo que importa
es el ejemplo de formación que provee.
Sucede que, habiendo cumplido 11 años
Escipión, su tío Cneo Cornelio Escipión se presenta en su casa y le dice:
-
Vístase sobrino que vamos
a salir.
Así lo hace Escipión y su tío lo lleva
a la Suburra, barrio bajo de Roma en el que se hallaban las prostitutas. Una
vez allí, le cuenta que va a debutar en el sexo y le encarga a la prostituta
especial atención.
Vean ustedes, queridos amigos, cómo el
tío se ocupa de que, en el despertar sexual de su sobrino este enfrente el
desafío del sexo. Algo de suma importancia para su vida futura. Piensen en la
diferencia entre quien llega al matrimonio sabiendo cómo satisfacer a una mujer
y el que llega lleno de temores, inhabilidades y carencias.
Y es en este punto del discurso en el
que les digo que mi nota anterior titulada Tres propuestas debería
cambiarse a Cuatro propuestas.
-
¿Por qué Martín?
Porque voy a agregar una más. Se trata
de que el Estado institucionalice el IFT (Instituto de Formación de Tutores) en
el que se den clases a futuros padres acerca de cómo educar a sus hijos. No en
qué, sino cómo.
Y esto porque, como hemos visto en Tres
propuestas, dichos hijos luego impactan en la sociedad, de modo que esta
tiene algo que decir al respecto. Y ese algo es la formación de tutores que
produzcan seres sanos, positivos, útiles para la sociedad y no delincuentes o
asesinos. Y, tal como sugerí en aquella nota, si un individuo sale un
malviviente, se investigará a sus formadores y, de hallarse negligencias, estos
serán castigados.
Esto es así porque luego es la
sociedad la que tiene que soportar a los Charles Manson, por lo tanto, debe ser
la misma sociedad la que prevenga el caso.
Bien, la nota de Pastor Vico abunda
también en consideraciones acerca de la importancia que tiene para el humano la
función social y el hecho de evitar la soledad.
El origen de este concepto hay que
buscarlo en el alba de la humanidad, hace unos 300.000 años, en el Paleolítico
medio. Se trataba de una especie muy poco armada (en comparación con las otras
que habitaban la Tierra) para sobrevivir en el duro ambiente que le tocó.
Así pues, lo primero que hizo fue
agruparse en clanes conducidos por un macho alfa. Esto permitía una mayor supervivencia
al estar protegido por el grupo. El humano que vivía solo tenía pocas
posibilidades de seguir con vida en ese mundo hostil. Y, a partir de allí, la
selección natural se encargó del resto.
-
¿Cómo, Martín?
Pues, los humanos que vivían en grupo
vivían más que los solitarios, de modo que dejaban más decendencia. Decendencia
esta genéticamente predispuesta a la vida grupal. Podemos decir, entonces, que
llevamos en nuestros genes la predisposición a la vida social.
-
¿Y cómo se manifiesta esa
predisposición genética, Martín?
Se manifiesta por medio de una
hormona, la oxitocina, la llamada hormona de la felicidad, que produce
una sensación de bienestar y que se libera en la interacción social.
Ejerce
funciones como neuromodulador en el sistema nervioso central
modulando comportamientos sociales, sentimentales, patrones sexuales y la
conducta parental. Se presenta mayormente cuando el individuo experimenta
sensaciones muy agradables.
En las mujeres, la oxitocina es igualmente liberada en grandes cantidades durante
el parto, así como en la lactancia, facilitando por tanto el parto y
la lactancia, y luego del orgasmo, por lo que se asocia con el placer
sexual y la formación de vínculos emocionales.
Obviamente, no solo se libera en el organismo femenino, sino también en el
masculino.
En el cerebro, la oxitocina se encuentra involucrada en el reconocimiento y
establecimiento de relaciones sociales y también en la formación de relaciones
de confianza y generosidad entre personas.
De
esta manera, la naturaleza nos diseñó gregarios. Donde ser gregario significa
ser sociable, amistoso y tener tendencia a estar en compañía de otros. Es una
característica de las personas que disfrutan de la interacción social y se
sienten cómodas en grupos. También se aplica a animales que viven en grupos, como
los rebaños.
Resumiendo:
Activa vida social, liberación de oxitocina, bienestar.
¡Pero,
nada es gratis en este Universo!
No
tener vida social, vivir en soledad, conlleva, no solo la no liberación de
oxitocina sino, por el contrario, la liberación de otras hormonas que pueden
llegar a ser dañinas. Clásicamente, el cortisol.
Se
trata de una hormona producida por la corteza de las glándulas
suprarrenales. Se libera como respuesta
al estrés y a un nivel bajo de glucosa en la sangre. Sus funciones
principales son incrementar el nivel de azúcar en la sangre (glucemia), suprimir
el sistema inmunológico y ayudar al metabolismo de las grasas, proteínas
y carbohidratos. Además, disminuye la
formación ósea. Varias formas sintéticas de cortisol se usan para tratar una
gran variedad de enfermedades diferentes.
¿Y
cuál creen ustedes, mis doctos amigos, que puede ser el efecto de suprimir el
sistema inmunológico?
Pues,
sí. La mayor vulnerabilidad a enfermedades y padecimientos. En otras palabras,
la selección natural sigue actuando en el sentido de favorecer a los que tienen
una vida social y penalizar a los que no la tienen.
-
Si,
Martín, pero ¿qué hay de aquellos que alegan que les gusta vivir en soledad,
que son felices haciéndolo?
Bueno, suponiendo que sean honestos al
decir eso y no lo hagan solo para disimular su malestar, podría tratarse de
humanos con una genética que no los impulsa a una vida social. Resabios de
muchos, muchos años atrás y de los cuales, no deben quedar muchos porque, como
hemos dicho, la selección natural se ocupa de suprimirlos.
De modo que, para finalizar, la
moraleja es: Vivamos socialmente, sumerjámonos en el rebaño y disfrutemos de
liberar oxitocina.
¡Hasta
la próxima, queridos amigos!