domingo, 2 de agosto de 2026

Homo ¿sapiens?

 Comencemos diciendo, estimados amigos, que el considerado "padre de la taxonomía", Carlos Linneo, famoso naturalista sueco, fue quien, en 1758, bautizó el género humano como homo sapiens, en su libro Systema Naturae. 

Ya hemos comentado en este foro que Homo sapiens significa "hombre sabio", “hombre pensante”, en latín. 

Linneo lo hizo desde la Biología/Zoología, no desde la Antropología. Pero, es esta última la que toma ese nombre, ya existente, y lo somete a estudio. 

- Antropología biológica/física: estudia al Homo sapiens como especie: evolución, fósiles, genética, variación física.

- Antropología social/cultural: estudia al Homo sapiens como ser cultural: lenguaje, rituales, sociedad.

O sea: La Biología le puso el DNI científico. La Antropología estudia al que lleva ese DNI.

Digamos además que sapiens se usa para diferenciarnos de otras especies del género Homo ya extintas, como el Homo neanderthalensis o el Homo erectus.

Así pues, el Homo sapiens es un primate catarrino (Simio que tiene las fosas nasales separadas por un tabique cartilaginoso, tan estrecho que las ventanas de la nariz quedan dirigidas hacia abajo) perteneciente a la familia de los homínidos y al género Homo. Se considera la especie que incluye a todos los seres humanos modernos, caracterizados por capacidades cognitivas avanzadas, lenguaje complejo, pensamiento abstracto y habilidades culturales y tecnológicas. Y son estos atributos que supuestamente adornan al ser humano, los que quiero someter a verificación en la presente nota.

Comenzaré por referirles, estimados amigos, una anécdota personal. Hace ya muchas lunas dialogaba Nivi (yo) con un amigo, en un café de la vecindad. Y, en esas aromáticas instancias, mi amigo me contó la siguiente historia: Encontrándose él en Miami, caminaba por una vereda cuando decidió cruzar la calle. Pero, lo iba a hacer por la mitad de la cuadra. Curiosamente, acertó a encontrarse con un policía que se encontraba en dicha mitad de cuadra y que, al ver su intento, lo miró y le dijo: Hundred dollars! Ante esta clara advertencia, mi amigo juzgó oportuno dirigirse hasta la esquina y cruzar por la senda peatonal.

Ahora bien: ¿Desconocía mi amigo la regla de que hay que cruzar por las sendas peatonales de las esquinas? ¡Desde luego que no! ¿Fue, entonces, el querer cruzar por la mitad de la cuadra, una actitud sabia? ¡Desde luego que no! ¡Pero, cómo! ¿No se trata de un homo sapiens? ¿No es que posee capacidades cognitivas avanzadas como para discernir por dónde cruzar?

Este ejemplo, de los miles y miles similares que podríamos mencionar, nos lleva a la primera conclusión: El lenguaje que mejor entiende el humano es el del palo, el castigo, la penalización. Mucho más que el diálogo, los códigos, las normas morales, etc., lo que el humano entiende a la perfección es el palo. Ahora, ¿No es esto raro para alguien con capacidades cognitivas avanzadas?

Veamos otros ejemplos:

El juez miró al hombre que había disparado contra el presidente egipcio Anwar Sadat y le preguntó con calma:

— ¿Por qué lo mataste?

— Porque era seglar —respondió el asesino.

El juez frunció el ceño.

— ¿Qué significa “seglar”?

El hombre dudó un segundo.

— No lo sé.

¡No lo sé! ¡O sea que el acusado comete un asesinato y no sabe por qué lo hace! ¿Es esta una muestra de capacidades cognitivas avanzadas? ¿Estamos hablando de un homo sapiens? ¡Huelgan las respuestas!

En otro juicio, el acusado había intentado asesinar al escritor egipcio, ganador del Nobel, Naguib Mahfouz.

— ¿Por qué lo apuñalaste? —preguntó el juez.

— Porque escribió una novela contra la religión.

— ¿La leíste?

— No.

¿Homo sapiens?

Y ya que hablamos de juicios, veamos un tercer caso: otro hombre enfrentaba cargos por asesinar a Farag Foda, un prominente egipcio, profesor, escritor, columnista y activista por los derechos humanos.

— ¿Por qué lo mataste?

— Porque no tenía fe.

— ¿Cómo lo sabes?

— Está en sus libros.

— ¿En cuál?

Silencio.

— No lo sé. No los he leído.

— ¿Por qué no los leíste?

El hombre bajó la cabeza.

— No sé leer ni escribir.

O sea, el acusado actuó como un robot: Lo convencieron de que Foda era pernicioso para la sociedad y que él tenía que matarlo y actuó como un robot: ¡Fue y lo mató!

¿Usaron estos homo ¿sapiens? las capacidades cognitivas avanzadas?

¡Claramente, NO!

En los tres casos, el patrón fue el mismo.

Se mataba por ideas que no se entendían.

Se condenaba por palabras que no se habían leído.

Se odiaba por conceptos que no se sabían definir.

Era obediencia ciega.

La violencia no nació del pensamiento. Nació de la ausencia de él.

El odio no se propaga a través del conocimiento. Se propaga donde el conocimiento no llega.

 Y ahora veamos este ¿chiste? gráfico también muy ilustrativo.

¡Tremendo, amigos! ¡Y a mi qué me importa! O sea, perocuparme del mundo donde vivo, de la sociedad en la que estoy inserto, no me importa. Solo me interesa el fútbol. ¿Es esta una muestra de capacidades cognitivas avanzadas? Y lo peor es que abundan esta clase de especímenes. Hemos hablado de ellos en las notas sobre el fracaso de la democracia.

Y también hemos hablado, como dice Michel de Montaigne, de que es más fácil seguir que conducir. Es decir, que otro piense por mí, decida por mí y me diga lo que debo hacer. Y, si el otro es el que piensa por mí, será el otro el sapiens y no yo que he renunciado a ello.

Y esto me recuerda el caso de Jim Jones que viéramos en notas anteriores, comenzando por De conductores y conducidos.

James Warren «Jim» Jones (1931- 1978) fue un predicador, líder de secta y asesino en masa estadounidense. Fundador y líder de la secta Templo del Pueblo, famosa por el suicidio colectivo realizado el 18 de noviembre de 1978 por parte de 917 de sus miembros en Jonestown (Guyana) que fuera ordenado por él. Y el asesinato de cinco personas en una pista de aterrizaje cercana, entre ellas el congresista estadounidense Leo Ryan. Alrededor de doscientos niños fueron asesinados en Jonestown, casi todos por envenenamiento de cianuro. Jones murió por una herida de bala en la cabeza presuntamente autoinfligida.

¿De qué se nutría el Templo del Pueblo? Pues, de aquellos que renuncian a pensar, de aquellos que buscan que otro les dirija la vida pues ellos no son capaces de hacerlo. Llegaron a matar a sus propios hijos siguiendo las órdenes del “pastor”.

Y esto es exactamente lo mismo que sucede con movimientos políticos como el fascismo, el nazismo, el peronismo, el chavismo, etc., etc., etc. El líder capta la voluntad de los seguidores convenciéndolos de que los guiará por el camino del bien y la felicidad. Y la manada, alegre, le entrega sus vidas, felices porque no tendrán que pensar cómo dirigirlas. Felices por no ser sapiens.

Y, lo peor de todo, queridos amigos, es que estamos hablando de la mayoría de los humanos.

Entonces, respondiendo a la pregunta del título de esta nota, yo diría que: ¡No! El nombre de homo sapiens está mal puesto, ya que la mayoría de los humanos demuestra no serlo. En su lugar y también en notas anteriores, he propuesto cambiar el nombre por homo predator, que es algo de lo que el humano ha dado sobradas muestras.

Bien amigos, con un cierto sabor amargo en la boca, me despido: ¡Hasta la próxima!

 

domingo, 26 de julio de 2026

Oh, Lord. They're coming! 3

 

Como ustedes saben, queridos amigos, un tema recurrente, no solo en Policromía de Ideas sino en el mundo de hoy, es el de los robots asistidos por la Inteligencia Artificial. De modo que, he pensado en dedicar esta nota a realizar un paneo sobre los avances producidos en dicho campo, sin pretender agotar el tema.

Así pues, les acerco una serie de artículos para cumplir ese objetivo.

Veamos:

1.- El primer ensayo de cirugía realizada por un robot humanoide ha sido un éxito | WIRED

2.- Ucrania quiere ampliar su ejército de robots humanoides: sustituirán a los soldados en las misiones de combate

3.- BMW lleva los robots humanoides al siguiente nivel: realizan tareas complejas de logística en la planta donde se fabrica el X3

4.- Un robot logra mantenerse estable en el aire sin hélices: el método que lo hace posible - Infobae

5.- Los robots humanoides llegan a las escuelas de EE. UU. como asistentes de profesores - Infobae

6.- Ya existen negocios en China sin humanos: abre la primera tienda de conveniencia gestionada por un robot humanoide

Bueno, para muestra bastan estos seis botones que les envío, estimados amigos, en esta engañosamente corta nota.

Una última reflexión. Y es sobre los “analistas” que aseguran que estos robots con IA reemplazan al hombre en muchos trabajos, pero crean trabajos nuevos. Estas notas, que son apenas una pequeña muestra, exhiben cómo los robots están reemplazando al hombre y yo no conozco ninguna tarea nueva que no pueda ser realizada por ellos. Quizás exista, pero yo no la conozco. De ahí el título de esta nota: Oh Señor, ¡Vienen!

 Y me despido, ¡hasta la próxima!


 

 

 

domingo, 19 de julio de 2026

Historia de las ideas políticas - 6

 Continuamos, queridos amigos, con nuestro recorrido por la Historia, recopilando lo que el hombre ha aportado a la Teoría Política. Hoy nos acompaña alguien que ya conociéramos en la nota De conductores y conducidos, del 31 de enero de 2022. Se trata, claro, del francés Michel de Montaigne, que fuera incluido en aquella nota por su frase (que la nota de hoy también recoge) estoy convencido de que es más fácil y más satisfactorio seguir que conducir.

Se percibe en Montaigne un hombre claro, calmo, poco dado a las efusiones del espíritu (la imagen que acompaña este texto permite inferir tal cosa. No es la de un guerrero dispuesto a matar o morir, es la de un pensador). Esto le permite analizar la Política con serenidad, tornándolo muy interesante de leer.

Seguimos, pues, nuestro recorrido por la Historia de la Ideas Políticas con el objetivo final de realizar un análisis que incluya todo lo visto.

Los dejo entonces con: Michel de Montaigne (1533.1592), Moralista y pensador francés. Después de haber estudiado derecho en Toulouse, Montaigne fue nombrado, en 1554, Consejero del Tribunal de Cuentas de Perigueux, después, en 1557 del Parlamento de Burdeos. habiendo renunciado a su cargo, se retiró a sus tierras para consagrarse a sus estudios, pero Carlos IX lo nombró gentilhombre ordinario de la Cámara del Rey, y tras la noche de San Bartolomé, fue intermediario entre el ejército católico del Duque de Montpensier y el Parlamento de Burdeos y más tarde gentilhombre de Cámara de Enrique de Navarra.

Viajando por Italia se enteró de su elección como Alcalde de Burdeos. Habiendo aceptado el cargo, lo ocupó durante dos mandatos sucesivos, y se distinguió tanto como buen administrador y como político avezado, al tratar de conciliar las opiniones de Enrique de Navarra con las del Gobernador de la Cayena, representante del Rey de Francia.

Fue defensor de Burdeos contra las Ligas. Habiéndose declarado una peste en la ciudad durante su ausencia, no regresó a su puesto, prefiriendo conservar en Burdeos un alcalde vivo. Durante sus estancias en París, estuvo en contacto con Enrique III, a quien acompañó a Chartrés, siendo blanco fácil de la Liga, que lo secuestró. Liberado por el Duque de Guisa, estuvo presente en los Estados Generales de Blois. Entretanto, llamado por Enrique de Navarra para que se le uniera corno consejero, declinó la oferta, aunque conservó, con el futuro Enrique IV, buenas relaciones de amistad.

Montaigne falleció durante una misa en Burdeos, después de haber pasado sus últimos días leyendo a los antiguos. El escepticismo de Montaigne le impidió tener, en política, ideas dogmáticas y partidarias, sin que, por otra parte, le impidiera alcanzar juicios lúcidos y prudentes, sobre los acontecimientos y sobre los hombres de su época. Veamos los tales juicios:

 

 Vanidad de la ambición

Cuando el rey Pirro trataba de pasar a Italia, Cineas, su sabio consejero, queriendo hacerle sentir la vanidad de su ambición:

"Eh, Sire, le preguntó, ¿con qué finalidad lleváis a cabo esta gran empresa?

—Para hacerme dueño de Italia, le respondió enseguida.

— Y después, continuó Cincas, ¿una vez lo hayáis conseguido?

—El otro dijo: Seguiré a la Galia y a España.

— ¿Y después?

—Marcharé a subyugar el Africa: y finalmente, cuando todo el mundo esté bajo mi dominio, descansaré y viviré contento y feliz.

— Por Dios, Sire, continuó Cincas volviendo a la carga, ¿cómo es que todavía no habéis conseguido ese Estado si lo deseáis realmente? ¿Por qué no os quedáis desde ahora allí donde queréis o decís querer, ahorrándoos tantos trabajos y tantas dificultades como se presentan ante ellos?"

I, XLII.

El oficio más difícil

Para mí, el oficio más áspero y difícil del mundo, es hacer dignamente de rey. Comprendo sus faltas más que muchos otros, teniendo en cuenta el horrible peso de su cargo, que me espanta. No es fácil poder medir una potencia tan desmesurada. Porque en relación con quienes tienen naturaleza menos excelente, es una singular incitación a la virtud, estar situado en un lugar en el que no haces nada que no se tenga en cuenta y no se registre, en donde cualquier cosa tiene tanto que ver con tanta gente y en donde la suficiencia, como la de los predicadores, se presenta sobre todo ante el pueblo, juez tan poco exacto, fácil de engañar, fácil de contentar.

 

Vale más seguir que conducir

En cuanto a mandar, lo que parece tan apacible, considerando la imbecilidad del juicio humano y la dificultad de elección entre las cosas nuevas y dudosas, estoy convencido de que es más fácil y más satisfactorio seguir que conducir, y que es un gran descanso para el espíritu, tener tan sólo un camino trazado y la obligación de no responder más que de sí mismo.

III, VII.

Necesidad de la mentira

Puesto que los hombres, al ser insuficientes, no pueden conseguir que se les pague a todos con buena moneda, que se emplee también la falsa para ello. Este medio ha sido practicado por todos los legisladores y no existe política en la que no haya mezcla de vanidad ceremoniosa o de opinión engañosa. que sirva de brida para mantener al pueblo en la faena.

 

La crítica fácil

Es muy fácil tachar de imperfecta una política, cuando todas las cosas mortales están llenas de ello; es muy fácil lograr que un pueblo aborrezca sus antiguas observancias: Nunca hubo un hombre que lo intentara sin llegar a conseguirlo; pero establecer un Estado mejor en lugar del que se destruyó, la mayoría de todos cuantos lo intentaron se consumieron en la tarea. No tengo mucha confianza en la prudencia de mi conducta; me dejo llevar con gusto al orden público del mundo.

 

Querer lo que se puede

...creo mejor, para honor de la estima en que tenemos a nuestros reyes que, al no poder conseguir lo que querían, han hecho como si querían lo que podían.

II, XVII. y II, XX.

De la guerra civil

Guerra monstruosa: Las demás se provocan desde fuera; ésta se consume en sí misma y se deshace por su propio veneno. Es de naturaleza tan maliciosa y destructora que se deshace y lo que resta se destruye y se desmenuza de rabia. Con frecuencia vemos cómo se disuelve por si misma, más que por escasez de algo necesario o por la fuerza del enemigo. Repele cualquier disciplina. Aparenta querer remediar la sedición, pero la provoca, quiere castigar la desobediencia y es su máximo ejemplo y tratando de defender las leyes, significa una rebelión contra las leyes propias (…).

Así que, continuando de esta guisa, será muy difícil encontrar alguien a quien poder encomendar la salud del Estado, en caso de que la suerte nos lo entregue (…).

¿Pero es un mal año, una política que valga la pena de ser combatida con droga tan mortal? No, decía Faonio, la usurpación del poder tiránico de un estado (…).

No puede imaginarse aspecto de las cosas peor, que allí donde la maldad se instala legítimamente y toma, en ausencia del magistrado, el manto de la virtud.

 

*

 

Cuando la voluntad me inclina a un partido, mi entendimiento no llega a infectarse con una obligación tan violenta. Los actuales enredos de esta condición, no ocultan mi interés por conocer las cualidades positivas de nuestros adversarios, ni las que se pueden reprochar a aquellos a quienes sigo. Aceptan todo lo que está de su lado, pero yo no sólo tengo excusas para la mayoría de las cosas que veo en el mío (…). Quienes extienden su cólera y su odio más allá de los asuntos, como hace la mayoría, demuestran que éstos les vienen de fuera y por razón muy particular (…). Resulta así, porque sólo hacen causa común, siempre y en lo que toque en algo al interés de todos y del estado; pero les interesa únicamente en lo que pueda reportarles a cada uno. Esta es la razón por la que se excitan en forma particular, sin tener en cuenta la justicia ni la razón pública.

III, XII y III, X.

De las paradojas en política

Esas almitas cándidas y mezquinas se van engatusando y piensan dar a conocer su nombre, por haber estimado con certeza un asunto o por haber seguido el orden de los guardianes de una puerta de ciudad; lo que hacen es enseñar el trasero, mientras tratan de levantar la cabeza.

III, X.

Dar la espalda a la ambición

Las leyes me han librado de un gran dolor; con ellas he elegido partido y me he dado un dueño. Por eso las ocupaciones públicas no me preocupan nada; el contacto con ellas a que obliga mi profesión, lo llevo a cabo y en la forma más privada que me es posible... Con frecuencia, he tratado de no mezclarme en ellas, las he aceptado rara vez, no las he solicitado jamás; le he vuelto la espalda a la ambición; pero no como los remadores que avanzan de espaldas, teniendo en cuenta que nunca me he embarcado, le estoy más agradecido a mi buena fortuna que a mi determinación; porque hay otros caminos, más aceptables para mi gusto y más de acuerdo con mi manera de ser, por los que, si me hubiera llamado en otro momento al servicio público y a mi encumbramiento hacia el crédito del mundo, a fin de seguirlos, estoy seguro de que hubiera pasado por encima de la razón de mis ideas.

III, I.

 

Cuando el viento suena

Las guerras civiles producen con frecuencia estos necios ejemplos, que castigamos a aquellos que nos creyeron cuando éramos otros; el mismo magistrado echa la culpa de su cambio a quien no puede protestar; el maestro azota al discípulo por ser obediente y el ciego a quien le guía.

II, I. Ensayos.

 Y esto es todo por ahora, de modo que me despido:

¡Hasta la próxima!

Pero, no sin antes mencionar la fuente de donde obtuve las ideas de Montaigne , se trata de la conocida Antología de las ideas políticas, de Gastón Bouthoul y Manuel Ortuño.

 

domingo, 12 de julio de 2026

EL VIOLINISTA DIABÓLICO

Les comento, queridos amigos, que mis ojos vagaban divertidos por el simpático libro Historias de la Historia, de Carlos Fisas (1919-2010), cuando, en uno de los apartados, leo el título que acompaña esta nota de Policromía de Ideas. Desde luego que, al igual que ustedes, reconocí inmediatamente que se trataba de Niccoló Paganini e inmediatamente me surgió el deseo de compartir con ustedes la biografía de ese excelente músico contada por Fisas que aporta el chismerío siempre sabroso.

Pero, antes, les comento un poco quién fue Carlos Fisas. Se trató de un español apasionado de la historia que recopiló una serie de anécdotas y curiosidades que hicieron de Historias de la Historia un libro de referencia en la divulgación histórica. Este libro, que ha sido reeditado en múltiples ocasiones, ha encabezado regularmente listas de bestsellers y se ha convertido en un arcón con historias divertidas y entretenidas. Fisas, quien también fue conferenciante por universidades y centros culturales en Europa, ha contribuido a la cultura popular a través de su trabajo en la televisión y la radio.

Es interesante notar también que Fisas recorre la misma senda de Policromía de Ideas pues su libro recoge anécdotas de Literatura, Música, Historia, Religión… El único ámbito que no explora es la Ciencia.

Por último, les comento que la portada del ejemplar que poseo menciona que se trata de la trigésima edición (les pido un minuto de silencio por los números ordinales que han muerto) con 118.000 ejemplares vendidos.

Y ya que toqué el tema de los números ordinales, les comento, apesadumbrado, que, viendo un video de la National Geographic sobre el antiguo Egipto, escuché, incrédulo, que el locutor mencionaba a Ramsés onceavo, en lugar de Ramsés decimoprimero. Es decir, Ramsés dividido once…

Sin embargo, no todo ha de ser negativo, así que, para equilibrar la balanza, les transcribo un epigrama que registra Fisas en su libro en el apartado que lleva ese nombre: EPIGRAMAS. Como ustedes sabrán, mis doctos amigos, un epigrama es una composición poética breve en que, con precisión y agudeza, se expresa un motivo por lo común festivo o satírico. Veámoslo:

Se queja de padecer

dolor de cabeza Irene,

más no acierto a comprender

cómo le puede doler

si es algo que ella no tiene.

Y, ahora sí, vamos a lo que nos cuenta Fisas de Paganini.

EL VIOLINISTA DIABÓLICO

 El 27 de octubre de 1782 nacía en Génova un genio de la música. Se llamaba Niccoló Paganini. En algunas enciclopedias figura el año 1784 como el de su nacimiento. Pero ello poco importa. El caso es que el pequeño Paganini era un niño prodigio. A los cuatro años conocía perfectamente los rudimentos de la música. Su padre le compró un violín de segunda o cuarta mano, y con él el pequeño Niccoló descubría aspectos insospechados del arte musical.

Tenía doce años cuando su padre le mandó al maestro Alessandro Rolla para que siguiese sus lecciones. A los pocos días el maestro vio que Paganini seguía a primera vista un concierto, harto difícil, y no pudo menos de decirle:

—Has venido para aprender; pero no tengo nada que enseñarte.

Era, como he dicho, un niño prodigio. Ustedes, amigos lectores, saben que, generalmente, estos niños son enormemente repugnantes y repipis. Niccoló no era de ellos. Jugaba y se divertía con sus amigos; pero su ansia y su afición era la música y especialmente el violín.

A pesar de ello, en 1801, contaba sólo diecinueve años de edad, se enamoró de una rica señora, bastante mayor que él, y quiso abandonar la música para dedicarse a la agricultura. Afortunadamente, la fiebre erótica le duró poco y la música ganó un genio.

Su habilidad en tocar el violín era extraordinaria. Tenía largos dedos y largos brazos lo que le permitió hacerse construir un arco más largo de lo normal y abarcar más espacio en las cuerdas.

En aquella época, inicios del siglo XIX, los intérpretes intercalaban en sus conciertos números que hoy nos parecerían inadmisibles. Testimonio de ello es la siguiente anécdota.

En Ferrara, una tal Pallerini, de oficio bailarina, había cantado en sustitución de la soprano Marcolini, ídolo del público, que se encontraba indispuesta; los espectadores la silbaron y Paganini, a quien le tocaba actuar inmediatamente, decidió vengarla. Ante el público y con su violín imitó el trino de diversos pájaros, el grito de diferentes animales y por fin el rebuznar del asno, y dijo:

—Ésta es la voz de aquellos que han silbado a la Pallerini.

La que se armó fue de órdago. Paganini tuvo que presentar excusas y no volvió a tocar en Ferrara.

Era tan extraordinaria la habilidad de Paganini al tocar el violín, que se creyó que no era posible haberlo alcanzado por medios naturales y se creó una leyenda a su alrededor. Se dijo que Paganini había matado a un rival y condenado por ello a presidio y que en él había pactado con el diablo entregándole su alma a cambio de la libertad y la maravillosa técnica violinista que mostraba. El vulgo creyó en la leyenda y no faltó quien asegurase que, durante un concierto, había visto con sus propios ojos al diablo al lado del violinista ayudándole en los momentos difíciles.

Tuvo fama de avaro, y no era verdad. No fue dispendioso, pero tampoco avariento, como lo prueba el caso de Berlioz, que era entonces un desconocido, y que a duras penas consiguió que en un concierto se ejecutara su misa. En la sala se encontraba Paganini, quien se dio cuenta en seguida del valor del joven compositor. Cuando terminó el concierto fue a verle, se arrodilló a sus pies —no se olvide que se estaba en la época romántica y estas efusiones hoy risibles eran corrientes entonces— y le dijo que era el rey de los músicos. No contento con esto, aquella misma noche hizo llegar a Berlioz un pagaré de veinte mil francos contra la Banca Rothschild para ayudarle económicamente.

A Paganini le molestaba mucho que le invitasen a comer para luego tener que ejecutar algunas piezas gratis ante sus anfitriones. Cuando le invitaban y le decían: «No olvide el violín», respondía invariablemente:

—Mi violín no come nunca fuera de casa.

Se unió sentimentalmente —como ahora suele decirse— a una cantante llamada Antonia Bianchi, de la que tuvo un hijo al que llamó Aquiles.

Un día, cuando estaba en Milán, pasó por una calle y un tentador olor a pescado frito le llamó la atención y se dispuso a entrar en el local cuando el dueño del mismo, señalando el estuche de su violín del que casi nunca se separaba, le mostró al mismo tiempo un letrero fijado en la puerta: «Prohibida la entrada a los músicos ambulantes.» Y aquel día Paganini no comió pescado frito.

Durante su estancia en París, en 1831, en la cual cosechó triunfos muy sonados, tuvo una noche que alquilar un coche de punto para que le llevase a la sala donde debía dar el concierto. Al llegar allí le preguntó al cochero:

—¿Cuánto le debo?

—Veinte francos.

—¿Veinte francos? ¿Tan caros son los coches en París?

—Mi querido señor —respondió el cochero, que le había reconocido. Cuando se ganan cuatro mil francos en una noche por tocar con una sola cuerda, se pueden pagar veinte francos por una carrera.

Paganini se enteró por el portero de la sala del precio justo y volvió al coche.

—He aquí dos francos, que es lo que le debo; los otros dieciocho se los daré cuando sepa conducir el coche con una sola rueda.

Era vanidoso, pero se reía de su propia vanidad. Un día, conversando con un pianista, éste le dijo que, en un concierto que había dado, el gentío era tan numeroso que ocupaba los pasillos del local.

—Esto no es nada —replicó Paganini—: cuando yo doy un recital hay tanta gente que hasta yo debo estar de pie.

Sobre su muerte corrieron muchas versiones. Una de ellas aseguraba que el sacerdote que le atendía en sus últimos momentos, influido por la leyenda demoníaca que aureolaba al gran músico, le preguntó qué contenía, en realidad, el estuche de su violín. Paganini se incorporó en el lecho gritando:

—¡El diablo! ¡Esto es lo que contiene, el demonio!

Y tomando el violín en sus manos lo empezó a tocar hasta que lo lanzó contra la pared, expirando al tiempo que el instrumento se rompía.

La historia es falsa. El violín de Paganini se conserva, según creo, en el museo de Génova.

Lo cierto es que, aquejado de laringitis tuberculosa, el músico se trasladó a Niza y de allí a Génova. Vuelto a Niza, murió allí el 27 de mayo de 1840. Tenía 56 años. Pero también es verdad que su fama de endemoniado le persiguió después de su muerte.

El obispo de Niza le negó la sepultura eclesiástica y tuvo que ser enterrado en el cementerio del lazareto de Villefranche. Su cadáver fue trasladado después por su hijo Aquiles a varias poblaciones hasta encontrar definitivo reposo en el cementerio de Parma.

 

Bien, hasta aquí Fisas. Más no contentos con ello, buscamos ahondar en Paganini y, para ello, buscamos el aporte de Raquel de la Morena que tiene algo para decirnos. Múnanse del jugo de piña y de los popcorns porque Raquel hace un análisis exhaustivo. Aquí va ella:

https://www.youtube.com/watch?v=uhnDBe8Xdy0&t=3099s

Por último, queridos amigos, los invito a repasar la obra de Paganini desde cualquiera de los reservorios de Internet donde podrán hallarlos sin problemas.

Así pues, no me queda sino desearles un afectuoso: ¡Hasta pronto!

 

  

Homo ¿sapiens?

  Comencemos diciendo, estimados amigos, que el considerado "padre de la taxonomía", Carlos Linneo , famoso naturalista sueco, fue...