Continuamos, queridos amigos, con nuestro recorrido por la Historia, recopilando lo que el hombre ha aportado a la Teoría Política. Hoy nos acompaña alguien que ya conociéramos en la nota De conductores y conducidos, del 31 de enero de 2022. Se trata, claro, del francés Michel de Montaigne, que fuera incluido en aquella nota por su frase (que la nota de hoy también recoge) estoy convencido de que es más fácil y más satisfactorio seguir que conducir.
Se
percibe en Montaigne un hombre claro, calmo, poco dado a las efusiones del
espíritu (la imagen que acompaña este texto permite inferir tal cosa. No es la
de un guerrero dispuesto a matar o morir, es la de un pensador). Esto le
permite analizar la Política con serenidad, tornándolo muy interesante de leer.
Seguimos,
pues, nuestro recorrido por la Historia de la Ideas Políticas con el objetivo
final de realizar un análisis que incluya todo lo visto.
Los
dejo entonces con: Michel de Montaigne (1533.1592), Moralista y pensador
francés. Después de haber estudiado derecho en Toulouse, Montaigne fue
nombrado, en 1554, Consejero del Tribunal de Cuentas de Perigueux, después, en
1557 del Parlamento de Burdeos. habiendo renunciado a su cargo, se retiró a sus
tierras para consagrarse a sus estudios, pero Carlos IX lo nombró gentilhombre
ordinario de la Cámara del Rey, y tras la noche de San Bartolomé, fue
intermediario entre el ejército católico del Duque de Montpensier y el
Parlamento de Burdeos y más tarde gentilhombre de Cámara de Enrique de Navarra.
Viajando
por Italia se enteró de su elección como Alcalde de Burdeos. Habiendo aceptado
el cargo, lo ocupó durante dos mandatos sucesivos, y se distinguió tanto como
buen administrador y como político avezado, al tratar de conciliar las
opiniones de Enrique de Navarra con las del Gobernador de la Cayena,
representante del Rey de Francia.
Fue
defensor de Burdeos contra las Ligas. Habiéndose declarado una peste en la
ciudad durante su ausencia, no regresó a su puesto, prefiriendo conservar en
Burdeos un alcalde vivo. Durante sus estancias en París, estuvo en contacto con
Enrique III, a quien acompañó a Chartrés, siendo blanco fácil de la Liga, que
lo secuestró. Liberado por el Duque de Guisa, estuvo presente en los Estados
Generales de Blois. Entretanto, llamado por Enrique de Navarra para que se le
uniera corno consejero, declinó la oferta, aunque conservó, con el futuro
Enrique IV, buenas relaciones de amistad.
Montaigne
falleció durante una misa en Burdeos, después de haber pasado sus últimos días
leyendo a los antiguos. El escepticismo de Montaigne le impidió tener, en
política, ideas dogmáticas y partidarias, sin que, por otra parte, le impidiera
alcanzar juicios lúcidos y prudentes, sobre los acontecimientos y sobre los
hombres de su época. Veamos los tales juicios:
Cuando
el rey Pirro trataba de pasar a Italia, Cineas, su sabio consejero, queriendo
hacerle sentir la vanidad de su ambición:
"Eh,
Sire, le preguntó, ¿con qué finalidad lleváis a cabo esta gran empresa?
—Para
hacerme dueño de Italia, le respondió enseguida.
—
Y después, continuó Cincas, ¿una vez lo hayáis conseguido?
—El
otro dijo: Seguiré a la Galia y a España.
—
¿Y después?
—Marcharé
a subyugar el Africa: y finalmente, cuando todo el mundo esté bajo mi dominio,
descansaré y viviré contento y feliz.
—
Por Dios, Sire, continuó Cincas volviendo a la carga, ¿cómo es que todavía no
habéis conseguido ese Estado si lo deseáis realmente? ¿Por qué no os quedáis
desde ahora allí donde queréis o decís querer, ahorrándoos tantos trabajos y
tantas dificultades como se presentan ante ellos?"
I, XLII.
El
oficio más difícil
Para
mí, el oficio más áspero y difícil del mundo, es hacer dignamente de rey.
Comprendo sus faltas más que muchos otros, teniendo en cuenta el horrible peso
de su cargo, que me espanta. No es fácil poder medir una potencia tan
desmesurada. Porque en relación con quienes tienen naturaleza menos excelente,
es una singular incitación a la virtud, estar situado en un lugar en el que no
haces nada que no se tenga en cuenta y no se registre, en donde cualquier cosa
tiene tanto que ver con tanta gente y en donde la suficiencia, como la de los
predicadores, se presenta sobre todo ante el pueblo, juez tan poco exacto,
fácil de engañar, fácil de contentar.
Vale
más seguir que conducir
En
cuanto a mandar, lo que parece tan apacible, considerando la imbecilidad del
juicio humano y la dificultad de elección entre las cosas nuevas y dudosas,
estoy convencido de que es más fácil y más satisfactorio seguir que conducir, y
que es un gran descanso para el espíritu, tener tan sólo un camino trazado y la
obligación de no responder más que de sí mismo.
III, VII.
Necesidad
de la mentira
Puesto
que los hombres, al ser insuficientes, no pueden conseguir que se les pague a
todos con buena moneda, que se emplee también la falsa para ello. Este medio ha
sido practicado por todos los legisladores y no existe política en la que no
haya mezcla de vanidad ceremoniosa o de opinión engañosa. que sirva de brida
para mantener al pueblo en la faena.
La
crítica fácil
Es
muy fácil tachar de imperfecta una política, cuando todas las cosas mortales
están llenas de ello; es muy fácil lograr que un pueblo aborrezca sus antiguas
observancias: Nunca hubo un hombre que lo intentara sin llegar a conseguirlo;
pero establecer un Estado mejor en lugar del que se destruyó, la mayoría de
todos cuantos lo intentaron se consumieron en la tarea. No tengo mucha
confianza en la prudencia de mi conducta; me dejo llevar con gusto al orden
público del mundo.
Querer
lo que se puede
...creo
mejor, para honor de la estima en que tenemos a nuestros reyes que, al no poder
conseguir lo que querían, han hecho como si querían lo que podían.
II, XVII. y II, XX.
De
la guerra civil
Guerra
monstruosa: Las demás se provocan desde fuera; ésta se consume en sí misma y se
deshace por su propio veneno. Es de naturaleza tan maliciosa y destructora que
se deshace y lo que resta se destruye y se desmenuza de rabia. Con frecuencia
vemos cómo se disuelve por si misma, más que por escasez de algo necesario o
por la fuerza del enemigo. Repele cualquier disciplina. Aparenta querer
remediar la sedición, pero la provoca, quiere castigar la desobediencia y es su
máximo ejemplo y tratando de defender las leyes, significa una rebelión contra
las leyes propias (…).
Así
que, continuando de esta guisa, será muy difícil encontrar alguien a quien
poder encomendar la salud del Estado, en caso de que la suerte nos lo entregue
(…).
¿Pero
es un mal año, una política que valga la pena de ser combatida con droga tan
mortal? No, decía Faonio, la usurpación del poder tiránico de un estado (…).
No
puede imaginarse aspecto de las cosas peor, que allí donde la maldad se instala
legítimamente y toma, en ausencia del magistrado, el manto de la virtud.
*
Cuando
la voluntad me inclina a un partido, mi entendimiento no llega a infectarse con
una obligación tan violenta. Los actuales enredos de esta condición, no ocultan
mi interés por conocer las cualidades positivas de nuestros adversarios, ni las
que se pueden reprochar a aquellos a quienes sigo. Aceptan todo lo que está de
su lado, pero yo no sólo tengo excusas para la mayoría de las cosas que veo en
el mío (…). Quienes extienden su cólera y su odio más allá de los asuntos, como
hace la mayoría, demuestran que éstos les vienen de fuera y por razón muy
particular (…). Resulta así, porque sólo hacen causa común, siempre y en lo que
toque en algo al interés de todos y del estado; pero les interesa únicamente en
lo que pueda reportarles a cada uno. Esta es la razón por la que se excitan en
forma particular, sin tener en cuenta la justicia ni la razón pública.
III, XII y III, X.
De
las paradojas en política
Esas
almitas cándidas y mezquinas se van engatusando y piensan dar a conocer su
nombre, por haber estimado con certeza un asunto o por haber seguido el orden
de los guardianes de una puerta de ciudad; lo que hacen es enseñar el trasero,
mientras tratan de levantar la cabeza.
III, X.
Dar
la espalda a la ambición
Las
leyes me han librado de un gran dolor; con ellas he elegido partido y me he
dado un dueño. Por eso las ocupaciones públicas no me preocupan nada; el
contacto con ellas a que obliga mi profesión, lo llevo a cabo y en la forma más
privada que me es posible... Con frecuencia, he tratado de no mezclarme en
ellas, las he aceptado rara vez, no las he solicitado jamás; le he vuelto la
espalda a la ambición; pero no como los remadores que avanzan de espaldas,
teniendo en cuenta que nunca me he embarcado, le estoy más agradecido a mi
buena fortuna que a mi determinación; porque hay otros caminos, más aceptables
para mi gusto y más de acuerdo con mi manera de ser, por los que, si me hubiera
llamado en otro momento al servicio público y a mi encumbramiento hacia el
crédito del mundo, a fin de seguirlos, estoy seguro de que hubiera pasado por
encima de la razón de mis ideas.
III, I.
Cuando
el viento suena
Las
guerras civiles producen con frecuencia estos necios ejemplos, que castigamos a
aquellos que nos creyeron cuando éramos otros; el mismo magistrado echa la
culpa de su cambio a quien no puede protestar; el maestro azota al discípulo
por ser obediente y el ciego a quien le guía.
II, I. Ensayos.
¡Hasta la próxima!
Pero, no sin antes mencionar la fuente de donde obtuve las ideas de Montaigne , se trata de la conocida Antología de las ideas políticas, de Gastón Bouthoul y Manuel Ortuño.