domingo, 2 de octubre de 2022

Intermedio musical

   Así es, estimados amigos, como reza el título de esta nota, me decidí por un intermedio musical en el que pudiéramos disfrutar de alguno de los grandes de la música popular. De entre los muchos que podía elegir, me incliné por uno que de ninguna manera está olvidado, pero si, no tan frecuentemente visitado. Me refiero al brillante y singular baterista de jazz Gene Krupa.

A continuación, tienen una breve biografía de Krupa que he tomado de EcuRed para conocerlo más a fondo y, posteriormente, un link para verlo en acción en una obra que a mí me gusta mucho y que lo muestra en todo su esplendor. Se trata de Sing, sing, sing, que interpretara con su grupo en el famoso show de Ed Sullivan.

Vamos a por él.

Gene Krupa

Trayectoria

Inicios

El joven Gene se inició muy pronto en la música, pues tocaba el saxo ya con once años. Después, en la escuela que estudiaba, la St. Joseph’s College, en Indiana, se unió a otros muchachos (ya como baterista) para formar una pequeña orquesta de swing. En 1921, en Madison, en el estado de Wisconsin, se unió a la orquesta The Frivolians, cuando contaba con tan sólo 12 años. Sin embargo, no fue hasta cuatro años después cuando tuvo la oportunidad de estudiar percusión profesionalmente con maestros de la talla de E. B. Straight o Roy Knapp, en la Austin High Gang. Así pues, en 1925, Krupa empezó sus estudios de percusión, con Roy Knapp, Al Silverman y Ed Straigth, al tiempo que compartía experiencias musicales con bandas comerciales de su ciudad, como las de Joe Kayser o Thelma Terry y The Benson Orchestra.

Primeros discos

Dos años más tarde, en 1927, Krupa ya era fijo en las sesiones en los clubes de la ciudad, donde conoce a músicos como Tommy Dorsey, Bix Beiderbecke, Mezz Mezzrow o Benny Goodman. Comenzó a trabajar entonces como músico de sesión y grabó sus primeros discos, ya con una técnica sorprendente, junto a Red McKenzie y Eddie Condon, que fueron conocidos como grupo con el nombre de McKenzie-Condon’s Chicagoans, punto culminante del estilo del jazz de Chicago. Para la historia queda el dato, según fuentes de la época, de ser el primer baterista de la historia en grabar el bombo de una batería, esto es, el primero que se atrevió a grabar con esta técnica percusiva, pues existía el riesgo de que un sonido tan grave perturbara la calidad de la grabación que, como se sabe, se realizaba a micrófono único. También fue el primer baterista en ser "solista", uno más de la banda con sus improvisaciones. Con Krupa la batería, pues, dejaba de ser un instrumento puramente de acompañamiento.

Con los Chicagoans sus experiencias se multiplicaron y dieron lugar a grabaciones históricas en las que se podían escuchar a los grandes músicos de ese tiempo: la contrabajista y directora de orquesta Thelma Terry, Joe Kayser, Frank Teschemacher o Joe Sullivan, Frank Teschemacher, Jan Lannigan o Mezz Mezzrow. De estas fantásticas pueden rescatarse algunos temas que hoy quedan como hitos de la historia del jazz, como "Liza", "China Boy" o "Sugar". Qué duda cabe que Chicago, por aquel entonces, resultó ser el centro neurálgico del jazz más moderno adonde llegaban, incluso, los nuevos y viejos valores de la antigua Nueva Orleáns, conocida cuna del jazz.

The Chicago Rhythm Kings

En 1928 Krupa formó parte de otro de los grupos capitales de aquel tiempo, The Chicago Rhythm Kings, además de tocar con otra gran banda, la de IMF Mole, en la que se hallaban también el conocido Bud Freeman, Wingy Manone o el cornetista Muggsy Spanier. Del repertorio que Krupa grabó con esta banda cabría rescatar los siguientes temas: "Baby Won’t You Please Come Home", "I’ve Found A New Baby" o "There’ll Be Some Changes Made".

En 1929, ya con veinte años, se trasladó desde Chicago a Nueva York, justo el año de la gran crisis norteamericana. Allí inició sus actividades musicales con Red Nichols (quien le había requerido su presencia en la ciudad) y en la orquesta de Bix Beiderbecke, el gran trompetista de los años veinte y representante de la conocida escuela de Chicago, donde también se encontraba Adrian Rollini y Joe Venuti. Fueron años, sin duda, de fructíferas grabaciones. Participó, siempre como freelance, en vinilos de Buddy Rogers y en otros muchísimos discos con bandas menos conocidas, hoy difíciles de hallar. Algunos de los temas de esta época que catapultaron al baterista a lo más alto de las listas son "Sing, Sing, Sing" (que presentaba un excepcional solo de batería) o la famosísima "I Gotta Rigth To Sing the Blues".

Big band

En 1935, dada su enorme fama de músico de sesión, dotado de una técnica original, Benny Goodman lo fichaba para su orquesta, una de las más famosas de los años treinta e inductora de la llamada "Swing Era" junto a la orquesta de Glen Miller. En esta big band llevará a cabo los primeros grandes solos de batería de la historia de la música. Con Benny Goodman estuvo cuatro años, en los que también participó en los conocidos tríos y cuartetos del excelente clarinetista "blanco". Precisamente conocida fue la formación de cuarteto del clarinetista en la que estaban Goodman, Krupa, Teddy Wilson y Lionel Hampton, cuya música trataba de alejarse de lo que ese tiempo se tildó de "’música de baile’, cuando en realidad era una proyección natural del llamado swing, tan en boga en los treinta, precisamente por el impulso de las bandas de Goodman y Miller. Con los cuartetos y tríos, el primero de ellos trataba de satisfacer a un público que no buscaba solamente el placer de bailar al son de su música, sino también de escuchar sus propuestas musicales. De esta experiencia cabe referir algunos temas muy conocidos, como "Tigre Rag" "Whispering" o "Stompin the Savoy", buenas muestras del talento de los cuatro músicos. Además, eran las primeras formaciones que mezclaban músicos blancos y negros, algo insólito hasta la fecha.

Orquesta propia

En 1938, tras su paso por la conocida big band de Goodman, Krupa iniciaba su propia orquesta en la que, en un principio, se hallaban Roy Eldridge y la cantante Anita O’Day (cantante con quien realizara numerosos trabajos en los años próximos). Fueron famosísimos sus conciertos en el Marine Ballroom (en Atlantic City) en abril del 38; allí concurría Krupa con su banda (que podía llegar a tener 30 o 40 músicos), llenando cada día que tocaban. Del mismo año es su gran método de batería The Gene Krupa Method, que puede estudiarse en la actualidad todavía, el cual tuvo un referente inmediato en su libro anual Drum Contest, iniciado hacia 1941.

Tristemente, después de aparecer en varias películas de la época (Con faldas y a lo loco y Beat the Band) que lo hicieron inmensamente popular, en el verano de 1943 Krupa era arrestado en San Francisco. Los cargos: posesión de marihuana y abuso de menores. De los 90 días a que Krupa fue condenado cumplió 84. Qué duda cabe que este acontecimiento enfrió la enorme popularidad que tenía el baterista. No obstante, en su ausencia, Roy Eldridge se ocupó de dirigir la banda de Krupa, quien al salir en libertad se asoció de nuevo con Benny Goodman (pues necesitaba resarcirse con rapidez de aquella nefasta eventualidad) y tocó con Tommy Dorsey, quien no dudó en contratarle en su banda. Era 1944 y, pese a su gran éxito de público, los críticos lo acusaron de baterista excesivamente comercial. En el mismo año Krupa formaba de nuevo su propia orquesta, con la que actuaría por los clubes en plena fiebre de las big bands, período que se concretará entre los años 1944 y 1951.

En 1954, Krupa pasó a dirigir una escuela de música junto al otrora baterista de los años treinta, Cozy Cole, conocida por Krupa-Cole Drum School. Los métodos del baterista se hicieron archifamosos, y su vigencia hoy día es indiscutida para los primerizos bateristas de jazz. Al margen de su experiencia con esta escuela, Krupa prosiguió su labor musical, y salió de gira con Benny Goodman, quien hacia 1955 presentaba su espectáculo The Benny Goodman Story, al que siguió The Gene Krupa Story (1959), un filme protagonizado por Sal Mineo en el que se contaba la historia de este excepcional baterista y cuya banda sonora fue realizada por él mismo. Hacia finales de los cincuenta, (1958), Krupa grababa con el saxofonista Gerry Mulligan el conocido álbum Gebe Krupa Plays Mulligan Arragements, al margen de otros álbumes muy conocidos en su discografía, como Krupa Rocks o Hey! Here’s Gene Krupa.

Retiro y muerte

En 1960 sufría un ataque de corazón (algo parecido le pasó a Budy Rich), lo que hizo que se retirara unos meses del circuito de jazz. Su reaparición fue brillante, no obstante, junto al cuarteto de Benny Goodman, con quien ofreció un memorable concierto en 1964 en el Festival de Newport (Nueva York), éxito que le llevó de gira incluso por Japón, en 1964, esta vez al lado de su amigo Charlie Ventura. Sin embargo, su salud empeoraba por días, y sus problemas con su segunda mujer se recrudecieron. En 1967, Krupa se retiró de los escenarios dada su precaria salud. Iniciaba entonces unas charlas sobre la drogadicción, al tiempo que promocionaba las Slingerland Drums. Su retiro oficial llegó en noviembre de 1970. Fue al frente de su propio cuarteto, en el Hotel Plaza in Nueva York. Allí grabó un comercial disco titulado Jazz At the New School, en el que participaron Eddie Condon o Wild Bill Davison. A pesar de todo, y ya retirado, en agosto de 1973 grabó en estudio su último disco, esta vez con el viejo cuarteto de Goodman.

Krupa fallecía el 16 de octubre de un ataque al corazón, aunque ya sufría un enfisema pulmonar. Sus restos se encuentran en el Holly Cross Cementary, en Illinois.

 

Bien, hasta aquí su biografía. Y ahora el link prometido para verlo en acción:

https://www.youtube.com/watch?v=fyAUKU_ImNg

 ¡Que lo disfruten!

 Antes de finalizar quiero comentarles que, como muchos de ustedes ya saben, yo edito un boletín digital con novedades en la ciencia y en la tecnología. El tal boletín lo podrán encontrar y descargar desde la siguiente dirección electrónica:

https://www.dropbox.com/scl/fi/j45ame6t63zqjcprl9awn/CyT-153.docx?dl=0&rlkey=4nwgs4n39az79r8mhg81jw00e

 Quien lo desee, lo tendrá disponible todos los fines de mes en la dirección que proveeré, oportunamente, desde estas páginas.

Ahora si:

¡Hasta la próxima!

 

domingo, 25 de septiembre de 2022

Acerca de la guía en la formación

 Si hay algo que siempre admiré de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas fue los así llamados Palacios de los Pioneros. Se trataba de instituciones, cada ciudad importante tenía la suya, en las que se recibía a niños en edad escolar, se analizaban sus talentos e inclinaciones y se los educaba, en las áreas donde se destacaban, por los mejores exponentes de la actividad en la URSS. Las susodichas áreas podían ir desde el Ajedrez a la Danza, desde la Física a la Filosofía. ¡Imaginen ustedes, queridos amigos, ser formado en lo que a uno le gusta por los mejores exponentes del tema!

Y admiré siempre los Palacios de los Pioneros porque soy un convencido de que en la niñez y en la adolescencia el ser humano necesita de una guía que lo lleve de la mano por el camino correcto enseñándole a sortear las amenazas que le podrían hacer perder el rumbo.

¡Una buena guía es vital para obtener éxito en la vida!

Solo por poner un ejemplo, de la infinidad que tenemos disponibles, consideremos el caso de boxeadores que llegaron a ser campeones mundiales gracias a la paciente y dedicada guía que le brindaron sus entrenadores. Éxito que, sin los tales entrenadores no hubieran alcanzado nunca.

¡Guía, mis queridos amigos, guía en todos los ámbitos de la vida en los que se desempeñará el aspirante!

Ahora bien, veamos cómo se trataba este tema en los lejanos tiempos de la Grecia antigua. 

 Los griegos de la Antigüedad se preocupaban por los niños desde el mismo momento en que la futura madre sabía o sospechaba que estaba embarazada. Para que el parto no tuviese problemas, el filósofo Platón recomendaba a las gestantes hacer ejercicio, mientras que su discípulo Aristóteles las animaba a alimentarse de manera adecuada. Llegado el momento del nacimiento, la costumbre griega prescribía que únicamente otras mujeres acompañasen a la parturienta.

En una comedia de Aristófanes titulada Asambleístas, la protagonista, Praxágora, justifica a su marido su ausencia en una determinada ocasión debido a que estaba ayudando a una amiga durante su parto. Era excepcional que un hombre –ni siquiera el esposo– estuviese presente en ese momento. En cuanto al lugar donde se daba a luz, el más adecuado era el gineceo o zona de la casa reservada a las mujeres, ya que solía ser la más resguardada y servía para mantener la privacidad del momento.

A los cinco días del parto se celebraban las Anfidromias, una fiesta familiar en la que el padre corría alrededor del fuego doméstico con su hijo en brazos, mostrándolo a sus parientes. Era entonces cuando le daba el nombre, que generalmente era el mismo que el del abuelo. Las familias más acomodadas organizaban unos días después una celebración más solemne, que incluía un banquete y un sacrificio.

  Más tarde aún, en Atenas y en otras comunidades jónicas, tenía lugar la presentación en sociedad del recién nacido con motivo del festival de las Apaturias, que se celebraba anualmente hacia octubre o noviembre. Todos los ciudadanos varones se reunían en unas asociaciones hereditarias llamadas fratrías y, durante el tercer día de las Apaturias, los varones que habían nacido durante el último año eran registrados de forma oficial en presencia de los miembros de la fratría. No se sabe con certeza si las niñas eran igualmente registradas.

En la tradicional sociedad griega se valoraba más tener un hijo que una hija; el varón estaba mejor considerado porque se pensaba que podría ayudar a la economía familiar de forma más decisiva que una chica. Asimismo, en el mundo griego eran especialmente apreciados –se les consideraba un regalo divino– los hijos únicos, los primogénitos o los que nacían de padres mayores, puesto que estos últimos podrían estar atendidos por un familiar directo durante sus años de vejez.

En Atenas, hasta los seis años de edad niños y niñas pasaban la mayor parte del tiempo dentro del gineceo, en compañía de las mujeres de la casa. Platón dedicó cierta atención a escribir sobre los juegos infantiles, ya que pensaba que tenían una gran importancia para moldear la personalidad y el desarrollo del talento individual. Recomendó, por ejemplo, que un niño que en el futuro tuviese que ser campesino o albañil practicase con juguetes relacionados con su actividad como adulto. Por su parte, Aristóteles recomendaba que los niños que todavía estaban con las mujeres en el gineceo no recibiesen ninguna enseñanza ni realizasen esfuerzos físicos; en lugar de eso, había que animarlos a que sus juegos "imitasen las actividades serias de la vida futura". Sin embargo, esta estricta educación moral no era la regla.

  Los niños griegos se entretenían con los típicos juegos infantiles, como el de "la gallinita ciega", que los griegos llamaban "la mosca de bronce". En él, el niño que tenía los ojos tapados había de atrapar a sus compañeros al tiempo que decía: "Voy a cazar una mosca de bronce". Los amiguitos lo rodeaban dándole manotazos y gritando: "Vas a cazar, pero no pillarás nada".

Las madres desarrollaban una relación muy estrecha con sus hijos, pues eran ellos los que justificaban su papel en la comunidad familiar. Eso no significa que pecaran de "sobreprotectoras". En el caso de Esparta, las madres presionaban a sus hijos a que cumplieran sus deberes militares hasta la muerte; "[vuelve] con él o encima de él", les decían al entregarles el escudo antes de partir hacia el combate; quizá por eso las nodrizas espartanas eran muy apreciadas en toda Grecia. 

En cambio, la relación con el padre era más distante. No es casual que éste llamara al hijo pais, el mismo término que se utilizaba para los esclavos, reflejo de la autoridad absoluta que el padre de familia ejercía sobre su heredero; las mujeres, en cambio, llamaban a sus hijos teknon, "criatura". Con el tiempo, sin embargo, la disciplina paterna se hizo bastante laxa. Por ejemplo, hacia 420 a.n.e., en la comedia Las nubes, de Aristófanes, se presentaba a un anciano llamado Estrepsíades que se quejaba de que su mujer lo estaba arruinando por permitir que el hijo de ambos comprase caballos extremadamente caros.


Por otra parte, 
a partir de los seis o siete años los niños empezaban a ir a la escuela y quedaban entonces bajo la autoridad de un tutor o "pedagogo", aunque hubo escritores, como Jenofonte y Plutarco, que recomendaron que se contratase a estos pedagogos tan pronto como finalizase la lactancia y el pequeño comprendiese el habla. El pedagogo acompañaba al niño a la escuela, pero a menudo también ayudaba en la formación del pequeño. Plutarco señaló que el pedagogo ideal tenía que ser serio, digno de confianza, griego y sin defectos físicos, pues decía que "si vives con un lisiado, aprendes a cojear" (!!).

  Es destacable el papel que los niños tuvieron en la religión griega, sin duda porque simbolizaban la pureza y este valor era fundamental para entrar al servicio de un templo. Los coros infantiles fueron un elemento fundamental dentro de las celebraciones religiosas; diez coros de cincuenta niños cada uno competían en las representaciones de coros ditirámbicos en el festival ateniense de las Dionisias urbanas. 

  En ciertos cultos los niños llegaron a servir como celebrantes; sabemos que tanto en Patras como en Egira, la sacerdotisa de Artemisa debía ser una doncella por debajo de la edad de contraer matrimonio, y en Egio, en el Peloponeso, el sacerdote de Zeus era elegido, en origen, entre los niños que habían ganado un concurso de belleza. Junto a la pureza y a la belleza, el hecho de ser niño solía conllevar otro beneficio ritual dentro de la religión griega: no estar contaminado con la cercanía de la muerte. Por ese motivo, los niños que cortaban las ramas de los olivos sagrados con que se confeccionaban las coronas de los vencedores olímpicos eran amphithaleis, es decir, aquellos cuyos padres no habían fallecido y mantenían, por tanto, el favor divino.

Algunos, niños fallecidos en tierna edad fueron venerados en calidad de héroes, seres intermedios entre los dioses y los mortales. Como tales, se les atribuían grandes poderes, quizá porque habían fallecido mucho antes de la edad natural y habían adquirido así un carácter vengativo, como demuestran las tablillas de execración en las que eran invocados. Pausanias narró la historia de Sosípolis, un héroe-bebé que ayudó a los eleos cuando fueron atacados por los arcadios, pues su madre, movida por las visiones que había tenido en sueños, lo entregó a los generales eleos para que lo pusieran a la cabeza de su ejército. Cuando se acercaron los arcadios, Sosípolis se convirtió en serpiente y los puso en fuga.



Como vemos, lejanas (en el tiempo) civilizaciones se han ocupado seriamente del tema de educar y guiar al infante. Cosa que, lamentablemente se olvida en ocasiones.

Bien, me despido hasta la próxima, queridos amigos.


domingo, 18 de septiembre de 2022

ANATOMÍA DEL POPULISMO. Nota 2 de 2.

 

Bien amigos, como quedamos en la nota anterior, vamos a despiezar el populismo, tomando como base la biografía de Publio Clodio que allí viéramos.

 

Punto número uno: 

  A mediados del siglo I a.n.e., este Publio Clodio se ganó el favor de la empobrecida plebe y se rodeó de un poderoso ejército urbano que desató el terror en Roma.

  En este párrafo, distinguimos dos aspectos importantes del populismo:

  1.1.- Todo populista que se precie de tal, debe aspirar a ganarse el favor de los pobres. Y esto por dos motivos:

    1.1.1.- En la pirámide social, los pobres son los más abundantes, no así la élite gobernante que representa una minoría de la sociedad. De modo que el populista aspira a que quienes lo apoyan sean los más.

    1.1.2.- Normalmente, los pobres son los menos instruidos, ergo, son los más fáciles de engatusar con promesas y dádivas.

1.2.- Todo populista que se precie de tal debe rodearse de un ejército, constituido por las bases que lo apoyan, con el cual atemorizar a sus rivales de la élite gobernante e imponer sus criterios. Esto es así porque, si bien la clase alta es minoritaria, es la que ostenta el poder, de modo que es necesario equiparar fuerzas.

 

Punto número dos: Ya desde su juventud Clodio destacó por sus infames hazañas, que le granjearon una cierta reputación entre las clases más bajas de la ciudad. Su irreverencia y atrevimiento lo convirtieron en una especie de noble renegado para el pueblo, y por tanto afín a sus aspiraciones de conseguir una sociedad más justa.

He aquí el clásico discurso del populista: La culpa de los males de la sociedad la tiene la aristocracia gobernante que se aprovecha de los desvalidos pobres. Pero, él, el populista, ha venido a establecer una sociedad más justa en la cual todo el mundo pueda ser feliz. Ha venido a conseguir la justicia social.

 

Punto número tres: Sin embargo, aún le quedaba un camino alternativo: renunciar a su apellido patricio para convertirse en plebeyo y poder así acceder al Tribunado de la Plebe, magistratura en la que podría proponer leyes para ganarse al pueblo y apoderarse de la ciudad.

Todo buen populista busca un puesto, en la estructura social, desde el cual pueda agrandar su imagen para cuando decida saltar al poder. Por ejemplo, la Secretaría de Trabajo y Previsión, que le permitirá acercarse a la masa trabajadora y ganarla para sí.

Creados como defensores del pueblo ante el Senado los tribunos se habían convertido en una herramienta para manipular a la plebe en la lucha por el poder. Grabado de Vecellio Cesare 1860.

 Punto número cuatro: Clodio pronto dio muestras de su populismo radical. Primero compró al pueblo con la entrega de grano gratuito a los ciudadanos pobres, medida inaudita y ruinosa para el estado en un momento de subida de precios. Seguidamente, impulsó en el Foro un paquete de medidas destinadas a coartar el poder del Senado.

Nuevamente, hay dos puntos a considerar aquí:

4.1.- La dádiva, item fundamental del populismo que permite comprar votos y voluntades. Clodio utilizó la entrega de granos gratuita. Lo mismo sirve entregar planes sociales en dinero. Con esto se logra la dependencia de las bases hacia el populista.

Sin duda ustedes recuerdan la diatriba de Juvenal a sus conciudadanos, que viéramos en notas anteriores, en la que les recrimina haber dejado de participar en política (cosa dable de esperar en una república, que significa “cosa pública”) y preocuparse solo de obtener panem et circenses, “pan y juegos de circo”.

Por poner un ejemplo, recuerden ustedes que un gobierno argentino otorgó subsidios (panem) y obligó a que el programa de TV Fútbol para todos, hasta entonces pago, fuera gratis (circenses).

4.2.- Impulsar medidas que coarten la acción de los enemigos políticos es una obvia consecuencia de la lucha por el poder.

 

Punto número cinco: Finalmente, y a fin de consolidar el capital político que había adquirido restauró los collegia, asociaciones populares que en muchos casos eran la fachada legal de organizaciones criminales. Así tras granjearse el favor de la plebe se rodeó de un poderoso ejército urbano con el que controlar las votaciones futuras.

Los collegia se convierten, hoy en día, en las organizaciones gremiales, coto de caza de todo populista, que proveen soldados para la causa. Como prueba de ello, la nota sobre Clodio dice: Para asegurarse de que la ley saliera adelante Clodio desplegó a sus matones, que zarandearon e intimidaron a los ciudadanos durante toda la votación.

 

Como podemos ver, estimados amigos, Clodio podría haber nacido en estos tiempos sin ningún problema. Con el agravante de que, en estos tiempos, dos problemas agravan la situación:

1.- Hay mucha más población, lo que agudiza la violencia y

2.- Hay armas mucho más poderosas lo que la agudiza aún más.

 

Bien, para finalizar, les dejo la opinión de Gustavo Segré sobre el tema que estamos tratando.


 ¡Hasta la próxima!

domingo, 11 de septiembre de 2022

ANATOMÍA DEL POPULISMO

 

En esta nota y en la próxima, estimados amigos, deseo hacer honor al título de esta nota y realizar un estudio del populismo que nos muestre su estructura básica para que podamos reconocerlo donde quiera que se presente. Haré uso, para ello, de la vida y obra de uno de los tantos populistas que han poblado la faz de la Tierra. Me refiero al romano Publio Clodio, del siglo I antes de nuestra era.

La fuente de la que he tomado la biografía de Publio Clodio es la National Geographic Society.

 

PUBLIO CLODIO

  El romano corrupto que se creyó más poderoso que Julio César

  A mediados del siglo I a.n.e.., este político populista se ganó el favor de la empobrecida plebe y se rodeó de un poderoso ejército urbano que desató el terror en Roma. En una loca carrera por convertirse en amo y señor de la ciudad se enfrentó con los dos hombres más poderosos del momento, Julio César y Pompeyo Magno, llegando a enviar a su pandilla de matones a asesinar a Pompeyo.

Ya desde su juventud Clodio destacó por sus infames hazañas, que le granjearon una cierta reputación entre las clases más bajas de la ciudad. Su irreverencia y atrevimiento lo convirtieron en una especie de noble renegado para el pueblo, y por tanto afín a sus aspiraciones de conseguir una sociedad más justa.

El escándalo que le permitió dar el salto a la fama fue la profanación de los ritos de la Bona Dea. Estos estaban reservados a las mujeres de clase alta, pero con ayuda de su hermana Clodio se infiltró en la ceremonia disfrazado de flautista, sin embargo, el joven fue descubierto y echado a la calle. Esta blasfemia causó una tremenda indignación entre los senadores, que lo llevaron a los tribunales.

Durante el proceso el famoso orador Marco Tulio Cicerón intervino en contra de Clodio, tirando por los suelos su falsa coartada de que la noche de los hechos no se encontraba en Roma. Si a eso añadimos que Cicerón justo había rechazado la oferta de matrimonio de la hermana de Publio, resulta comprensible que el amargado Publio jurara vengarse de él. Finalmente, el disoluto patricio fue absuelto de toda culpa, gracias a los sobornos repartidos entre el jurado por su protector Marco Licinio Craso.


  La defensa de leyes y costumbres que hacía Cicerón lo convertían en el enemigo natural del populista Clodio.

Tras este suceso Clodio intentó labrarse una carrera política pero sus escándalos y aventuras le habían granjeado la enemistad del Senado, que cerró filas para impedirle ascender en el escalafón. Sin embargo, aún le quedaba un camino alternativo: renunciar a su apellido patricio para convertirse en plebeyo y poder así acceder al Tribunado de la Plebe, magistratura en la que podría proponer leyes para ganarse al pueblo y apoderarse de la ciudad. Siempre polémico, Publio eligió a un hombre más joven que él para hacerle de “padre” adoptivo, y se saltó la mayoría de requisitos legales ante la indignación de los senadores más tradicionalistas.

TRIBUNO DE LA PLEBE

Sabedor de que su reputación no bastaría para atraerse a los votantes Clodio se alineó con Cayo Julio César, quien necesitaba un tribuno que protegiera el paquete de reformas que acababa de introducir mientras él se iba de campaña al norte. Gracias al apoyo de César y los sobornos de Craso consiguió ser elegido tribuno para el año 58 a.C.

Creados como defensores del pueblo ante el Senado los tribunos se habían convertido en una herramienta para manipular a la plebe en la lucha por el poder. Grabado de Vecellio Cesare 1860.

Clodio pronto dio muestras de su populismo radical. Primero compró al pueblo con la entrega de grano gratuito a los ciudadanos pobres, medida inaudita y ruinosa para el estado en un momento de subida de precios. Seguidamente, impulsó en el Foro un paquete de medidas destinadas a coartar el poder del Senado. Por un lado, impidió a los censores quitar el derecho de ciudadanía a nadie, y por el otro negó a estos magistrados el derecho de expulsar a ningún senador de la cámara, con lo que aseguraba su escaño ante futuras represalias de la élite.

Tras su exitoso consulado del año 59 a.n.e. César marchó a la Galia para rehacer su fortuna con la conquista de las actuales Suiza, Francia y Bélgica. Museos Vaticanos.

Al mismo tiempo ofreció al pueblo algo más de carnaza al anexionar a Roma por decreto la estratégica isla de Chipre, con lo que engrandecía a su vez el Imperio y su propia reputación. Finalmente, y a fin de consolidar el capital político que había adquirido restauró los collegia, asociaciones populares que en muchos casos eran la fachada legal de organizaciones criminales. Así tras granjearse el favor de la plebe se rodeó de un poderoso ejército urbano con el que controlar las votaciones futuras.

Mientras el demagogo conquistaba al pueblo en el foro, otro movimiento similar ocurría en las altas esferas de la política. Tres hombres (César, Pompeyo Magno y Craso) se habían conjurado para hacerse con el control de la política, uniendo sus recursos y popularidad para controlar votaciones y nombramientos. Para no perder su recién adquirido poder el demagogo se alió con los nuevos hombres fuertes de Roma, defendiéndolos de ataques políticos y proponiendo sus leyes en la Asamblea. Así bloqueó los intentos senatoriales de derogar las progresistas leyes de César, para luego enviar a Catón el Joven a Chipre como su primer gobernador, privando a la oposición de su principal líder.

VENGANZA CONSUMADA

Tras convertirse en uno de los principales agentes políticos de Roma Clodio pudo dedicarse a acabar con Cicerón. Para ello llevó una nueva medida ante la asamblea popular que condenaba al exilio a todo aquél que hubiera ejecutado a un ciudadano romano sin juicio previo. Dado que el único caso reciente era la sangrienta represión de la revuelta del patricio Lucio Sergio Catilina, protagonizada por Cicerón, la medida era un ataque directo al orador.

Para asegurarse de que la ley saliera delante Clodio desplegó a sus matones, que zarandearon e intimidaron a los ciudadanos durante toda la votación. Los otros tribunos poco pudieron hacer al respecto, ya que su derecho al veto no servía de nada frente a las dagas y garrotes de estos facinerosos a sueldo. De este modo Cicerón fue condenado al exilio, y sus propiedades confiscadas y saqueadas por la turba. Para echar sal en la herida Clodio convirtió la casa de su enemigo en un tiempo a la diosa Libertad, convirtiéndola así en terreno sagrado y público.

  Dueño de las calles de Roma Clodio decidió cortar sus lazos con los triunviros a fin de disputarles el control de la política. Dando una vuelta de timón, se alineó ahora con los senadores más conservadores e inició una campaña contra el más débil de sus antiguos aliados: Pompeyo. Tras secuestrar uno de sus clientes más importantes, el hijo del rey de Armenia, el tribuno incitó al pueblo para que se volviera en contra de los triunviros.

Ensombrecido por los logros de César el prestigio de Pompeyo sufrió un nuevo revés cuando fue sitiado en su propia casa por los matones de Clodio. Museo Arqueológico Nacional Venecia.

Acosado por los secuaces de Clodio Pompeyo se refugió en su casa, donde permaneció bajo asedio durante meses. Allí creó su propia fuerza de choque callejera liderada por uno de sus amigos, Tito Annio Milón. Las bandas de ambas facciones se formaron con elementos muy heterogéneos: entre sus filas uno podía encontrar esclavos, libertos, ciudadanos pobres o violentos y gladiadores, que por su experiencia en combate solían ser los líderes de la cuadrilla.

Clodio se enfrentó a continuación con César e intentó ilegalizar sus reformas con la excusa de que iban contra la religión romana. Sin embargo y aunque se había enemistado con dos de los triunviros, no mostró animadversión alguna hacia Craso que seguía siendo su protector y financiero. De hecho, con Pompeyo asediado y César luchando en la Galia, Craso se convirtió ahora en el gobernante de facto de la ciudad, que controlaba gracias a las bandas de Clodio.

EL RETORNO DE CICERÓN

Decidido a recuperar su prestigio Pompeyo acordó con César la rehabilitación de Cicerón. La medida fue propuesta al pueblo, pero con las calles anegadas de sangre estaba claro de que no se trataría de un proceso legislativo normal. Efectivamente, en los días previos a la votación los esbirros de Clodio y Milón se enfrentaron por el control del Foro. Las fuerzas de los triunviros lograron al fin la victoria, y bajo su amenazadora mirada el pueblo votó a favor del retorno del exiliado orador y de la restitución de su patrimonio, incluida su casa que sería reconstruida con fondos públicos.

Agradecido, Cicerón dedicó todos sus esfuerzos a la caída de Clodio. Por un lado, consiguió que el Senado otorgara a Pompeyo el control de la distribución de grano durante cinco años, y por el otro garantizó a César la inviolabilidad de sus reformas. Al mismo tiempo arrinconó políticamente a Craso, castigándolo por su traición y su apoyo al turbulento demagogo.

Naturalmente todas estas medidas no hicieron sino acrecentar el odio que Publio sentía hacia Cicerón, quien volvía a ser su peor enemigo en la lucha despiadada por el poder. Así el orador tuvo que sufrir repetidos intentos de asesinato, la interrupción de las obras de su casa por los facinerosos, y la quema de la mansión de su hermano Quinto donde vivía temporalmente. Pese a ello el poder de Clodio menguaba día a día, expulsado del Foro ya no podía influir en las votaciones y además como su tribunado había llegado a su fin no podía proponer nuevas leyes para conseguir capital político.

El golpe definitivo llegó cuando Craso le retiró su apoyo, abandonando una causa perdida para reconciliarse con César y Pompeyo, quienes lo recompensaron con un mando extraordinario en la lejana provincia de Asia a fin de que probara suerte contra los partos.

MUERTE DE UN DEMAGOGO

Aunque había caído en desgracia Clodio mantuvo su lucha durante algunos años más, en los que actuó como agente de la minoritaria oposición a los triunviros. Al ver que la victoria por las armas no era factible, Publio intentó enjuiciar a Milón con el ridículo pretexto de que era el responsable de iniciar la espiral de violencia. A pesar de todo, el caso nunca llegó a los tribunales, dominados por la influencia de Pompeyo y las amenazas de sus sicarios.

Muerte de Clodio a las afueras de Roma, Silvestre David Mirys 1809.

El episodio final de la ajetreada vida de Clodio llegó el 18 de enero del 52 a.n.e. Ese día, el populista político regresaba a Roma por la Vía Apia cuando se encontró por casualidad con Milón. Los séquitos de ambos se enzarzaron inmediatamente en una cruenta escaramuza, en el trans-curso de la cual un lanzazo acertó a Publio. Al ver caer a su líder los esbirros del demagogo huyeron y el antiguo tribuno fue rematado en el suelo, quizás por el mismo Milón.

El cadáver de Clodio fue llevado más tarde hasta su casa, donde su histérica mujer Fulvia azuzó a lo que quedaba de sus seguidores para que lo quemaran dentro de la Curia en la que se reunía el Senado. La muerte de Publio se unía a la de Craso el año anterior, lo que dejaba la política romana en manos dos hombres: César y Pompeyo, que se enfrentarían al cabo de pocos años en una sangrienta guerra civil por el poder supremo.

 Fotos: Wikimedia Commons

 

Bien, como queda dicho, en la próxima nota buscaremos los puntos en común que muestran todos los populismos.

¡Hasta entonces!

 

 

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