domingo, 2 de agosto de 2026

Homo ¿sapiens?

 Comencemos diciendo, estimados amigos, que el considerado "padre de la taxonomía", Carlos Linneo, famoso naturalista sueco, fue quien, en 1758, bautizó el género humano como homo sapiens, en su libro Systema Naturae. 

Ya hemos comentado en este foro que Homo sapiens significa "hombre sabio", “hombre pensante”, en latín. 

Linneo lo hizo desde la Biología/Zoología, no desde la Antropología. Pero, es esta última la que toma ese nombre, ya existente, y lo somete a estudio. 

- Antropología biológica/física: estudia al Homo sapiens como especie: evolución, fósiles, genética, variación física.

- Antropología social/cultural: estudia al Homo sapiens como ser cultural: lenguaje, rituales, sociedad.

O sea: La Biología le puso el DNI científico. La Antropología estudia al que lleva ese DNI.

Digamos además que sapiens se usa para diferenciarnos de otras especies del género Homo ya extintas, como el Homo neanderthalensis o el Homo erectus.

Así pues, el Homo sapiens es un primate catarrino (Simio que tiene las fosas nasales separadas por un tabique cartilaginoso, tan estrecho que las ventanas de la nariz quedan dirigidas hacia abajo) perteneciente a la familia de los homínidos y al género Homo. Se considera la especie que incluye a todos los seres humanos modernos, caracterizados por capacidades cognitivas avanzadas, lenguaje complejo, pensamiento abstracto y habilidades culturales y tecnológicas. Y son estos atributos que supuestamente adornan al ser humano, los que quiero someter a verificación en la presente nota.

Comenzaré por referirles, estimados amigos, una anécdota personal. Hace ya muchas lunas dialogaba Nivi (yo) con un amigo, en un café de la vecindad. Y, en esas aromáticas instancias, mi amigo me contó la siguiente historia: Encontrándose él en Miami, caminaba por una vereda cuando decidió cruzar la calle. Pero, lo iba a hacer por la mitad de la cuadra. Curiosamente, acertó a encontrarse con un policía que se encontraba en dicha mitad de cuadra y que, al ver su intento, lo miró y le dijo: Hundred dollars! Ante esta clara advertencia, mi amigo juzgó oportuno dirigirse hasta la esquina y cruzar por la senda peatonal.

Ahora bien: ¿Desconocía mi amigo la regla de que hay que cruzar por las sendas peatonales de las esquinas? ¡Desde luego que no! ¿Fue, entonces, el querer cruzar por la mitad de la cuadra, una actitud sabia? ¡Desde luego que no! ¡Pero, cómo! ¿No se trata de un homo sapiens? ¿No es que posee capacidades cognitivas avanzadas como para discernir por dónde cruzar?

Este ejemplo, de los miles y miles similares que podríamos mencionar, nos lleva a la primera conclusión: El lenguaje que mejor entiende el humano es el del palo, el castigo, la penalización. Mucho más que el diálogo, los códigos, las normas morales, etc., lo que el humano entiende a la perfección es el palo. Ahora, ¿No es esto raro para alguien con capacidades cognitivas avanzadas?

Veamos otros ejemplos:

El juez miró al hombre que había disparado contra el presidente egipcio Anwar Sadat y le preguntó con calma:

— ¿Por qué lo mataste?

— Porque era seglar —respondió el asesino.

El juez frunció el ceño.

— ¿Qué significa “seglar”?

El hombre dudó un segundo.

— No lo sé.

¡No lo sé! ¡O sea que el acusado comete un asesinato y no sabe por qué lo hace! ¿Es esta una muestra de capacidades cognitivas avanzadas? ¿Estamos hablando de un homo sapiens? ¡Huelgan las respuestas!

En otro juicio, el acusado había intentado asesinar al escritor egipcio, ganador del Nobel, Naguib Mahfouz.

— ¿Por qué lo apuñalaste? —preguntó el juez.

— Porque escribió una novela contra la religión.

— ¿La leíste?

— No.

¿Homo sapiens?

Y ya que hablamos de juicios, veamos un tercer caso: otro hombre enfrentaba cargos por asesinar a Farag Foda, un prominente egipcio, profesor, escritor, columnista y activista por los derechos humanos.

— ¿Por qué lo mataste?

— Porque no tenía fe.

— ¿Cómo lo sabes?

— Está en sus libros.

— ¿En cuál?

Silencio.

— No lo sé. No los he leído.

— ¿Por qué no los leíste?

El hombre bajó la cabeza.

— No sé leer ni escribir.

O sea, el acusado actuó como un robot: Lo convencieron de que Foda era pernicioso para la sociedad y que él tenía que matarlo y actuó como un robot: ¡Fue y lo mató!

¿Usaron estos homo ¿sapiens? las capacidades cognitivas avanzadas?

¡Claramente, NO!

En los tres casos, el patrón fue el mismo.

Se mataba por ideas que no se entendían.

Se condenaba por palabras que no se habían leído.

Se odiaba por conceptos que no se sabían definir.

Era obediencia ciega.

La violencia no nació del pensamiento. Nació de la ausencia de él.

El odio no se propaga a través del conocimiento. Se propaga donde el conocimiento no llega.

 Y ahora veamos este ¿chiste? gráfico también muy ilustrativo.

¡Tremendo, amigos! ¡Y a mi qué me importa! O sea, perocuparme del mundo donde vivo, de la sociedad en la que estoy inserto, no me importa. Solo me interesa el fútbol. ¿Es esta una muestra de capacidades cognitivas avanzadas? Y lo peor es que abundan esta clase de especímenes. Hemos hablado de ellos en las notas sobre el fracaso de la democracia.

Y también hemos hablado, como dice Michel de Montaigne, de que es más fácil seguir que conducir. Es decir, que otro piense por mí, decida por mí y me diga lo que debo hacer. Y, si el otro es el que piensa por mí, será el otro el sapiens y no yo que he renunciado a ello.

Y esto me recuerda el caso de Jim Jones que viéramos en notas anteriores, comenzando por De conductores y conducidos.

James Warren «Jim» Jones (1931- 1978) fue un predicador, líder de secta y asesino en masa estadounidense. Fundador y líder de la secta Templo del Pueblo, famosa por el suicidio colectivo realizado el 18 de noviembre de 1978 por parte de 917 de sus miembros en Jonestown (Guyana) que fuera ordenado por él. Y el asesinato de cinco personas en una pista de aterrizaje cercana, entre ellas el congresista estadounidense Leo Ryan. Alrededor de doscientos niños fueron asesinados en Jonestown, casi todos por envenenamiento de cianuro. Jones murió por una herida de bala en la cabeza presuntamente autoinfligida.

¿De qué se nutría el Templo del Pueblo? Pues, de aquellos que renuncian a pensar, de aquellos que buscan que otro les dirija la vida pues ellos no son capaces de hacerlo. Llegaron a matar a sus propios hijos siguiendo las órdenes del “pastor”.

Y esto es exactamente lo mismo que sucede con movimientos políticos como el fascismo, el nazismo, el peronismo, el chavismo, etc., etc., etc. El líder capta la voluntad de los seguidores convenciéndolos de que los guiará por el camino del bien y la felicidad. Y la manada, alegre, le entrega sus vidas, felices porque no tendrán que pensar cómo dirigirlas. Felices por no ser sapiens.

Y, lo peor de todo, queridos amigos, es que estamos hablando de la mayoría de los humanos.

Entonces, respondiendo a la pregunta del título de esta nota, yo diría que: ¡No! El nombre de homo sapiens está mal puesto, ya que la mayoría de los humanos demuestra no serlo. En su lugar y también en notas anteriores, he propuesto cambiar el nombre por homo predator, que es algo de lo que el humano ha dado sobradas muestras.

Bien amigos, con un cierto sabor amargo en la boca, me despido: ¡Hasta la próxima!

 

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