Los saludo, queridos amigos. Los saludo y les entrego un nuevo NOTI-NIVI con novedades y curiosidades que, espero, hagan las delicias de todos ustedes.
Les comento que la primera curiosidad
tiene la particularidad de que yo fui testigo de ella. Como buen fan que yo era
de la serie Star Trek, no me perdía ningún episodio y fue así que vi el que
registró el primer beso interracial visto en la pantalla.
¡Ah, mes amis, que tiempos
aquellos!
Pero, veamos el:
ÍNDICE
1.- El beso de Kirk y Uhura en
Star Trek, un hito de la televisión estadounidense
2.-
Rayos X, láser y ciencia: las técnicas que revelan qué esconden las grandes
obras de arte bajo su superficie
3.-
Del griego de Homero al español actual: 5 palabras de la Odisea que seguimos
usando casi 3.000 años después
4.-
Cuando tiras de la cadena, los microbios del inodoro pueden llegar hasta el
aire que respiras
5.-
Vuelve el mito de la extinción de los pelirrojos
6.-
Así es la rutina ideal para manejar el estrés desde la mañana, sin meditaciones
ni mindfulness
7.-
Europa ha dado luz verde a la pastilla diaria que casi duplica la supervivencia
del cáncer de páncreas metastásico
Los dejo, entonces, en compañía del NOTI-NIVI de hoy y me despido:
¡Hasta la próxima!
Cómo
Star Trek rompió barreras en la televisión y por qué el primer beso interracial
de la serie marcó un antes y un después.

El
beso de Kirk y Uhura en Star Trek se recuerda como uno de los primeros
besos interraciales entre personajes protagonistas de una serie estadounidense
y como un hito televisivo. La escena se emitió en la NBC el 22 de noviembre de
1968, en un episodio en el que el capitán Kirk besaba a la teniente Uhura, una
mujer negra.
El
beso se produjo bajo la influencia de los poderes telepáticos de unos
alienígenas, que manipulaban la voluntad de ambos. El rodaje estuvo marcado
por la tensión: se temía que las cadenas locales de los estados del sur se
negaran a emitir el episodio.
Por
ese motivo, los censores de la NBC intentaron que se filmara una versión
alternativa. William Shatner, el actor que interpretaba a Kirk, boicoteó la
propuesta y evitó ofrecerles una escena sin beso.
En
el mismo episodio, Kirk pronunciaba una frase muy significativa: “De donde
vengo, el tamaño, la forma o el color no importan”.
Nichelle
Nichols estuvo a punto de dejar la serie
La
escena no habría podido rodarse si Nichelle Nichols, la actriz afroamericana
que interpretaba a Uhura, hubiera cumplido su propósito de abandonar la serie
en 1966, tras la primera temporada. Quería trabajar en Broadway, porque sentía
más vocación por el teatro musical.
Martin
Luther King la convenció de que continuara. En una fiesta para recaudar fondos
en Beverly Hills, le explicó que Star Trek era la única serie de
televisión para la que él y su mujer permitían a sus hijos quedarse despiertos
más allá de su hora habitual.

“En
ella, por primera vez, somos vistos cada día en televisión como debe ser: como
personas inteligentes, de calidad y bellas que pueden viajar al espacio”.
El
líder de los derechos civiles le dijo directamente que no podía abandonar la
serie.
Fuente:
Muy interesante.
2.-
Rayos X, láser y ciencia: las técnicas que revelan qué esconden las grandes
obras de arte bajo su superficie
Descubre
qué revelan los rayos X y otras técnicas contemporáneas en el análisis de
pinturas: desde los bocetos preparatorios hasta las recetas alternativas de
preparación de pigmentos.

El
análisis del arte pictórico empieza, en ocasiones, lejos de la pincelada: se
ilumina un cuadro con rayos X, se apunta con un láser Raman o se fotografía en
bandas de luz que ningún ojo humano percibe. Gracias a estas técnicas, bajo
la superficie visible pueden aparecer un dibujo desechado, un repinte, el
rastro de un pigmento inusual o la huella de una mano ajena a la del maestro.
La pintura deja entonces de ser una imagen fija y se convierte en un archivo de
decisiones.
Algunos
estudios técnicos recientes de obras de arte demuestran que la ciencia aún
puede aportar pruebas nuevas sobre la concepción, ejecución y significado de
estas piezas. Veamos cómo ha sido posible con el Salvator Mundi, un
mural de Diego Rivera, la Sala de Constantino del Vaticano y el arte rupestre de
Sulawesi.
Un
mundo invisible bajo las capas de pintura
¿Qué
hay debajo de Las Meninas de Velázquez, de El ciervo herido de
Frida Kahlo o de La bruja de Salvator Rosa? Algunas tecnologías son
capaces de mostrar lo que esconden las pinceladas de un cuadro. La radiografía
de pinturas registra las diferencias de absorción de rayos X: los pigmentos
con elementos pesados, como el plomo o el mercurio, aparecen con mayor
contraste y delatan cambios de composición, clavos, soportes o zonas
repintadas. No identifica a un artista, y sus resultados pueden volverse
ambiguos cuando varios materiales responden de forma parecida.
Otras
técnicas, como la reflectancia infrarroja, atraviesan ciertas capas y revelan
los dibujos preparatorios, es decir, el boceto trazado antes de aplicar color.
La luz ultravioleta, por su parte, hace visibles las fluorescencias asociadas a
barnices, repintes y restauraciones antiguas.
La
anomalía técnica de la Sala de Constantino
Durante
la restauración de la Sala de Constantino de los Museos Vaticanos, un
estudio técnico detectó una rareza reveladora. Se descubrió que dos figuras
alegóricas, la Justicia (Iustitia) y la Cortesía (Comitas), no se
pintaron al fresco, como el resto de la sala, sino directamente al óleo
sobre el muro. Esta técnica experimental resulta arriesgada, puesto que la
aplicación del óleo sobre la pared plantea serios problemas de adherencia y
conservación. Esa anomalía se ha interpretado como el indicio material de una
fase de ensayo atribuida al entorno de Rafael.
De
la receta a la práctica
La
identificación de pigmentos y el establecimiento de la autoría artística de una
obra resultan mucho más sólidos cuando combinan varias técnicas. Así, la
espectroscopía estudia cómo una sustancia absorbe, emite o dispersa la
radiación: la fluorescencia de rayos X (XRF) informa sobre los elementos
químicos presentes, mientras que la espectroscopía Raman aporta información
molecular y mineralógica.
Pintado
entre 1922 y 1923, el mural La creación, primera gran obra de Diego
Rivera, ofrece un ejemplo notable. La tradición lo describía como una
pintura encáustica, elaborada con cera de abeja fundida y resinas. Sin
embargo, el análisis microquímico publicado en 2026 en ACS Omega
por Aguilar-Rodríguez y su equipo detectó biomarcadores compatibles con resina
de copal. Sin embargo, no se encontró ninguna evidencia de cera de abeja en las
muestras examinadas.
La
discrepancia entre la receta descrita y la práctica material puede deberse a
una reformulación del artista, a una degradación selectiva de los
componentes o a las limitaciones del muestreo. En cualquier caso, este caso
concreto sugiere que lo que un artista dice hacer y lo que hace realmente no
siempre coinciden.
¿Quién
la pintó? La cristalografía y los límites de la plausibilidad
La
cristalografía se ocupa del ordenamiento de los átomos en los sólidos
cristalinos y puede identificar estructuras minerales. Su uso más comentado
en un contexto artístico llegó con el Salvator Mundi, atribuido a
Leonardo da Vinci. En un artículo publicado en 2026 en npj Heritage
Science, Juan Manuel García-Ruiz y Dianne Modestini examinaron las
diminutas manchas representadas en el orbe transparente que sostiene la figura
de Cristo.
Su
interpretación es que esas motas milimétricas no representarían simples
burbujas de aire en el vidrio, sino que reproducirían inclusiones fluidas
anisótropas, es decir, pequeñas cavidades con líquido atrapado dentro de un
cristal, propias de una esfera de cuarzo o de cristal de roca. Las formas
poligonales y su orientación correlacionada apuntarían a la simetría de un
cristal real. De ser así, la pintura habría representado un fenómeno
mineralógico más de tres siglos antes de que la ciencia lo describiera.
En
este caso, la cristalografía solo establece qué formas pintadas son compatibles
con determinadas estructuras cristalinas. Es, por tanto, un argumento de
plausibilidad basado en la geometría. La atribución del Salvator Mundi
sigue dependiendo del estilo, la procedencia, el historial de restauración y la
comparación con obras documentadas, pero el uso de otras disciplinas para leer
el cuadro proporciona un marco más amplio para su interpretación.
Los
límites impuestos por la roca
El
arte prehistórico ilustra con claridad los límites de estas técnicas
científicas aplicadas al arte. Una investigación publicada en Nature en 2026
y centrada en Liang Metanduno, en la isla de Muna (Sulawesi sudoriental), dató
la huella de una mano con una antigüedad mínima de 67.800 años. La
técnica empleada, la datación por series de uranio-torio, mide el tiempo
transcurrido desde la desintegración radiactiva del uranio presente en la
calcita. La técnica, por tanto, permite datar la capa de calcita que cubre la
pintura, pero no el pigmento. La cifra indica que la mano se imprimió, como
mínimo, hace 67.800 años, pero no fija el momento exacto de su ejecución.
Incluso
la inteligencia artificial, la herramienta más reciente, opera bajo esta lógica
de cautela. Los algoritmos aplicados a mapas microscópicos de textura y
topografía superficial pueden comparar los patrones de la pincelada y ayudar a
localizar coincidencias, pero producen probabilidades y correlaciones, no
veredictos. Sus resultados solo cobran sentido cuando se contrastan con el
conocimiento del conservador, la historia material de la obra y el resto de las
evidencias. De ahí que el laboratorio no sustituya al ojo experto: solo lo
amplía.
Fuente:
Muy interesante.
3.-
Del griego de Homero al español actual: 5 palabras de la Odisea que seguimos
usando casi 3.000 años después
Algunos
términos y expresiones tomados de la Odisea homérica, como “odisea”, “mentor” e
“Ítaca”, siguen vivos en el español contemporáneo.

Un
titular de opinión denomina "canto de sirena" a las promesas dudosas
de un partido político. Un artículo califica a las mujeres que esperaban el regreso de sus maridos del frente durante la Segunda Guerra
Mundial como "Penélopes". Un usuario define su búsqueda de
vivienda como "una odisea". Ninguno de ellos cita a Homero de manera
consciente y, sin embargo, todos hablan (hablamos, más bien) con un vocabulario
que nace de su obra. La Odisea ha logrado cambiar el rostro
artístico, expresivo y cultural del Mediterráneo y más allá durante siglos,
incluso en la era digital. Y lo ha hecho mediante el lenguaje.
El
kit homérico: cinco palabras que seguimos usando
Desde
los troyanos informáticos hasta las Circes seductoras, el lenguaje homérico de
la Ilíada y la Odisea sigue muy vivo en el habla cotidiana.
Algunas voces están plenamente lexicalizadas, es decir, integradas en el idioma
como palabras comunes. Otras se utilizan para crear analogías y metáforas en el
lenguaje periodístico, en la literatura o, simplemente, cuando queremos
desarrollar una idea o una opinión apoyándonos en una imagen cultural
compartida.
Así,
hablamos de "odisea", un término que el Diccionario de la
lengua española (DLE) define como un "viaje largo, en el que abundan las
aventuras adversas y favorables al viajero" y como "sucesión de
peripecias, por lo general desagradables". Su etimología remite
explícitamente al poema homérico y es el caso de metaforización más completo:
muchos hablantes la emplean sin pensar en los esfuerzos de Ulises por regresar
a casa.
Otro
término que ha alcanzado el grado máximo de naturalización es mentor. El
DLE lo define como "consejero o guía" y aclara que procede de Méntor,
personaje de La Odisea y consejero de Telémaco. Hoy se usa con plena
normalidad en la educación, el mundo empresarial y la tecnología.
¿Recuerdas
la imagen de Odiseo que, atado al mástil de su embarcación con los oídos llenos de cera de abeja, se
resiste a las voces traicioneras de las sirenas? De esa escena inolvidable
procede la expresión "canto de sirena": una promesa atractiva
e hipnótica que puede desviar de su objetivo o poner en peligro a quien la
escucha.
Ítaca es otro vocablo bastante
habitual en los titulares, las noticias y los artículos de opinión. La isla de
la que Ulises era rey y a la que busca regresar a lo largo del periplo de la Odisea
se ha convertido en sinónimo de destino, la meta del retorno. Alude a la
necesidad de regresar al punto de partida, si es posible, como un héroe que ha
aprendido de su viaje.
¿Y
qué decir de Penélope, la esposa del héroe que espera su regreso?
Penélope se ha convertido en sinónimo de paciencia estoica, pero también de
astucia y de una sabiduría contenida capaz de salvaguardar el honor mientras el
rey y cabeza de familia protagoniza mil correrías.
Tres
microcasos: espacios en los que vive el imaginario homérico
Aunque
las expresiones homéricas se utilizan en todos los contextos
imaginables, hay tres que se llevan la palma. En política, una de las
imágenes dominantes concierne a las sirenas y su engañoso canto. Se emplea la
imagen para describir fuerzas tentadoras difíciles de resistir y promesas
engañosas que solo tienen como finalidad la destrucción de quien las escucha.
Otra
de las áreas en las que los términos homéricos ganan terreno es el deporte.
Se habla, por ejemplo, de una "odisea" para aludir a una temporada
larga y accidentada, o del regreso a "Ítaca" para designar el retorno
de un equipo o de un deportista de élite al propio país. Expresiones como
"la odisea de un ascenso" y "el largo viaje de vuelta"
funcionan porque la mayoría de la afición ya ha interiorizado la estructura de
la expresión, que indica una prueba superada tras muchos episodios.
En
tecnología y mercadotecnia, existen agencias de comunicación llamadas Ulises o Ítaca y
entornos tecnológicos que reciclan estos nombres. Son marcas que, en su
mayoría, aspiran a asociarse con las nociones de viaje, ingenio o destino.
El
"homerómetro": cómo saber si tu referencia es oro
Para
separar los guiños cultos de los clichés y de los usos mal atribuidos, podemos
evaluar cada expresión mediante la aplicación de cuatro variables. La primera
es la especificidad: ¿la referencia apunta a un episodio o personaje
concreto de la Odisea o solo evoca algo antiguo y épico de manera
genérica? La segunda concierne a la función narrativa. Así, podemos
preguntarnos si ese vocablo o expresión aporta un valor semántico (prueba,
tentación con coste, regreso, etc.) a lo que estamos diciendo o si es mera
decoración.
También
es esencial evaluar la corrección: ¿el sentido que le doy a la expresión
coincide con el del poema o lo tergiversa? Y, por último, no hay que pasar por
alto la originalidad: ¿es un uso fresco o solo una fórmula gastada por
la repetición automática?
Por
qué Homero y la Odisea aún funcionan
Si
un poema al que se le ha atribuido una antigüedad cercana a los tres milenios
sigue prestando vocabulario a titulares, memes y campañas publicitarias, es
porque reflexiona sobre motivos y conceptos casi universales: el regreso al
hogar, la identidad oculta, la prueba episódica como proceso de aprendizaje o
la tentación peligrosa. Ese es, en gran medida, el puente que explica que
Ulises regrese una y otra vez a nuestras conversaciones cotidianas.
Fuente:
Muy interesante.
4.-
Cuando tiras de la cadena, los microbios del inodoro pueden llegar hasta el
aire que respiras
Una
revisión de 22 estudios indica que tirar de la cadena lanza gotitas capaces de
llegar a la altura de la cara. Qué las multiplica, qué hace la tapa y qué no
sabemos todavía.

Pulsas
el botón, el agua ruge y te das la vuelta. Es uno de los gestos más automáticos
del día, tanto que casi nadie se para a pensar qué ocurre en los segundos
siguientes. Pero dentro de la taza acaba de desatarse una pequeña tormenta.
Igual que las olas, al romper contra las rocas, dejan en el aire un rocío
salado que se nota en la piel aunque estés lejos de la orilla, la descarga del
inodoro arranca del agua gotitas diminutas que no caen, sino que flotan.
Y algunas llegan más alto de lo que parece.
Lo
que sale volando cuando tiras de la cadena
Cada
descarga es una pequeña tormenta dentro de la taza, y parte de su rocío no cae:
se queda flotando.
1. Algunas gotitas llegan a
la altura de la cara de un adulto y siguen en el aire al menos 20 segundos.
2. Donde más se concentran es
cerca del inodoro, a la altura del asiento.
3. Cuanta más agua usa la
descarga y más microbios hay en la taza, más aerosoles se forman.
4. Cerrar la tapa desvía
el chorro hacia los lados, pero no lo encierra del todo.
5. Nadie ha medido todavía
cuántas infecciones se deben a esto: por eso los hospitales son la prioridad.
Eso
es lo que describe una revisión sistemática publicada en Science of the Total Environment por investigadores de la
Universidad Flinders y la Universidad de Adelaida, en Australia. El equipo,
encabezado por la doctoranda Lira Adiyani y la microbióloga ambiental Harriet
Whiley, reunió 22 estudios sobre los aerosoles que se forman al tirar de la
cadena y analizó qué factores hacen que se produzcan más o menos. Su conclusión
central es sencilla de enunciar: algunos de esos estudios detectaron aerosoles a la altura a la que
respira un adulto, y esas partículas pueden seguir en suspensión al menos 20
segundos después de la descarga.
Qué
es exactamente un aerosol (y por qué importa que flote)
Un aerosol no es más que
un conjunto de gotitas o partículas tan pequeñas que el aire las sostiene durante un tiempo en lugar de dejarlas caer
al suelo. Las gotas grandes que salpican el borde de la taza siguen la gravedad
y aterrizan en segundos sobre las superficies cercanas. Las más finas, en
cambio, se comportan casi como humo: viajan con las corrientes de aire, ascienden
con la turbulencia y pueden alcanzar la nariz y la boca de quien está de pie
junto al inodoro.
Cuando esas gotitas
transportan microorganismos presentes en el agua de la taza, los especialistas
hablan de bioaerosoles. Ahí está el interés sanitario del asunto. Si un
microbio viaja en una gota que se inhala, la descarga del inodoro se convierte
en una vía
potencial de exposición que no depende de tocar nada. Algo parecido a lo
que ocurre con los virus respiratorios en habitaciones cerradas, y una de las
razones por las que conviene ventilar los espacios interiores.
La
física del chorro invisible
La
turbulencia es la clave. Al abrirse la descarga, el agua entra con fuerza, choca
contra las paredes de porcelana y se mezcla con el aire de forma caótica. Esa
agitación rompe la superficie del agua en una multitud de fragmentos y lanza
hacia arriba una columna de gotitas, lo que los físicos llaman una pluma.
Hace
unos años, ingenieros de la Universidad de Colorado en Boulder lograron hacer
visible ese fenómeno con láseres y cámaras en un inodoro público de fluxómetro,
el modelo sin tapa habitual en muchos baños estadounidenses. Midieron un chorro
de más de 2 metros por segundo capaz de subir aerosoles hasta 1,5 metros en 8
segundos. Aquel experimento ya dejó claro por qué no conviene tirar de la
cadena con la tapa
levantada.
La
nueva revisión va un paso más allá. No se queda en un solo inodoro ni en un
solo laboratorio: compara lo que se ha medido en contextos muy distintos
para averiguar qué variables pesan de verdad.
Lo
que más pesa: cuánto microbio hay y cuánta agua se descarga
Los
22 trabajos revisados son de naturaleza muy diversa. Algunos se hicieron en
laboratorio, sembrando deliberadamente microorganismos o sustitutos
inofensivos en el agua de la taza para poder rastrearlos después en el
aire. Otros midieron lo que ocurre en condiciones normales, sin añadir nada.
Pese a esa diversidad, emergen dos patrones bastante consistentes.
El
primero tiene que ver con lo que hay en la taza. Cuanto mayor es la
concentración de microbios en el agua, más bioaerosoles se generan. «Cuantos
más microbios haya en el inodoro, más bioaerosoles pueden liberarse», resume
Adiyani. Parece obvio, pero tiene una consecuencia práctica: la limpieza
regular del inodoro no es solo una cuestión estética. Lo mismo vale para
otros rincones del baño, como el lavabo, que
también acumula microbios con facilidad.
El
segundo patrón es hidráulico. Las descargas de mayor volumen se asocian, en
general, con más aerosoles. Más agua implica más energía y más turbulencia,
y por tanto más gotitas lanzadas al aire. Por eso las autoras sugieren usar la
opción de descarga corta en las cisternas dobles cuando sea suficiente.
Los
estudios también coinciden en que la concentración de aerosoles es mayor
cerca del propio inodoro, sobre todo a la altura del asiento. La zona de
más exposición no es la cara de quien está de pie, sino el entorno inmediato de
la taza. Aun así, que algunas partículas lleguen más arriba es lo que convierte
la inhalación en una posibilidad a tener en cuenta.
¿Y
la tapa? Ayuda, pero no es un precinto
Aquí
la revisión introduce un matiz que desmonta una idea muy extendida. Varios
estudios individuales observaron que cerrar la tapa antes de tirar de la
cadena cambia la dirección de los aerosoles: en lugar de subir en vertical,
escapan hacia los lados por las holguras entre la tapa y la taza. La tapa, por
tanto, no encierra la nube. La desvía.

Además,
cuando las investigadoras analizaron el conjunto de los datos, ni la
posición de la tapa ni la ventilación del baño mostraron una asociación
estadísticamente significativa con la concentración de aerosoles. Eso no
significa que bajar la tapa sea inútil. Significa que los estudios disponibles
son demasiado heterogéneos, con distintos inodoros, métodos de muestreo y
microorganismos, como para medir su efecto con precisión.
Con
esa cautela, las autoras siguen recomendando cerrar la tapa como medida de
precaución, junto con limpiar el inodoro con regularidad, lavarse las manos
después de usarlo y mantener el baño bien ventilado. Son gestos baratos que
reducen la exposición aunque no la eliminen.
Exponerse
no es lo mismo que enfermar
Conviene
no convertir una pluma de gotitas en una nube amenazante. Que un aerosol llegue
a la altura de la cara no implica que vaya a causar una infección. Para eso
tendría que transportar un patógeno, en cantidad suficiente, en estado viable y
hasta una persona susceptible. Ninguno de los estudios revisados cuantifica
cuántas infecciones se deben a esta vía, y esa sigue siendo la gran
pregunta abierta.
Precisamente
ahí está la aportación más útil del trabajo. Además de sintetizar la evidencia,
el equipo elaboró distribuciones de probabilidad con los datos
disponibles para alimentar las llamadas evaluaciones cuantitativas de riesgo
microbiano. Son los modelos que usan los especialistas en salud pública para
estimar cuánto riesgo supone una exposición concreta y decidir qué medidas
merecen la pena. Y apuntan hacia un objetivo claro: el diseño del propio
inodoro.
Whiley
insiste en que hace falta más investigación para desarrollar soluciones de
diseño e ingeniería que reduzcan los bioaerosoles de los inodoros, sobre
todo en entornos de alto riesgo como los hospitales. No es casualidad. En
un hospital coinciden personas vulnerables, microorganismos resistentes y baños
compartidos, una combinación que convierte las infecciones
hospitalarias en un problema serio de salud pública.
Un
gesto pequeño, una pregunta abierta
La
próxima vez que pulses el botón, quizá recuerdes que la taza no es un
recipiente cerrado, sino una pequeña fuente de rocío. No hay motivo para el
alarmismo: la evidencia describe una vía de exposición posible, no una epidemia
doméstica. Pero sí para algunos hábitos sensatos: bajar la tapa, elegir la
descarga corta, limpiar con frecuencia, ventilar y lavarse las manos. Mientras
tanto, la ciencia tiene deberes pendientes. Medir el riesgo real y diseñar
inodoros que, sencillamente, salpiquen menos hacia arriba.
Fuente:
Muy interesante.
5.-
Vuelve el mito de la extinción de los pelirrojos
En
2007 saltó la alarma: los pelirrojos se extinguirían hacia 2060. La genética
dice justo lo contrario. Te explicamos por qué el pelo rojo no puede
desaparecer y qué esconde ese color.

En
agosto de 2007, decenas de medios de todo el mundo publicaron la misma
sentencia: los pelirrojos estaban condenados a desaparecer y no quedaría
ninguno hacia 2060. La fuente que se citaba una y otra vez era la Oxford Hair
Foundation, presentada como un instituto de investigación. La letra pequeña
contaba otra historia: esta supuesta extinción para 2060 partió de una
fundación financiada por un fabricante de tintes, uno de los mayores del
mundo en productos capilares. No era un laboratorio de genética publicando en
una revista científica, sino comunicación con un interés comercial detrás.
El
titular corrió más rápido que su verificación. Se atribuyó incluso a
publicaciones de divulgación que, leídas con atención, no defendían nada
parecido a una extinción. El bulo, en el fondo, se sostenía sobre una
advertencia alarmista impulsada por un conflicto de interés y varias citas
mal atribuidas que nadie se paró a comprobar.
La
trampa lógica que engañó a medio mundo
El
razonamiento que hizo creíble la profecía parece de sentido común: el pelo rojo
es un rasgo recesivo y cada vez hay más mezcla entre poblaciones, así que el
rojo acabará diluido hasta desaparecer. Suena razonable y es falso, porque
confunde que un rasgo se vea menos con que el gen que lo produce se extinga. En
realidad, los rasgos recesivos se heredan de forma oculta a través de
portadores sanos, de modo que el ADN que no se expresa no se borra, se
guarda y se transmite.
Por
qué un gen recesivo no se extingue
La
genética de
poblaciones lo formalizó hace un siglo con el principio de Hardy-Weinberg:
en ausencia de selección, migración o azar extremos, la frecuencia de una
variante genética se mantiene estable generación tras generación. No hay
ninguna fuerza que empuje a un alelo recesivo hacia su desaparición solo por
ser recesivo.
Imagina
el alelo pelirrojo como una carta guardada en una baraja enorme. Cuando dos
personas tienen hijos, esa carta puede no salir a la mesa, pero sigue en la
baraja y reaparecerá cuando dos portadores vuelvan a coincidir. Es la misma
lógica de dominantes y recesivos que describió Mendel, y por eso los genes
recesivos pueden saltar generaciones sin llegar a desaparecer jamás.
La
mezcla de poblaciones sí puede cambiar algo: la proporción de pelirrojos que
vemos en un país concreto. Si mucha gente sin la variante se suma a la
población, el porcentaje visible de pelo rojo baja. Pero eso implica una
simple dilución estadística que no afecta a la supervivencia del gen. El
alelo sigue circulando en los portadores, listo para volver a expresarse.
Qué
significa, molecularmente, ser pelirrojo
Detrás
del color está un gen llamado MC1R, situado en el cromosoma 16. Su versión
funcional pone en marcha una señal que ordena a los melanocitos fabricar
eumelanina, el pigmento pardo oscuro que oscurece el pelo y la piel y protege
frente al sol. Sin embargo, las personas con el gen MC1R mutado producen
feomelanina en lugar del protector habitual, un pigmento de tono rojizo.
En
1995, el equipo de Valverde publicó en Nature Genetics la primera prueba
sólida: encontró variantes de MC1R en más del 80 % de las personas con pelo
rojo y piel clara. Como hacen falta dos copias variantes para el efecto pleno,
el fenotipo es recesivo. Este bloqueo de la ruta original explica por qué el
pelo cobrizo y la piel pálida siempre aparecen de forma conjunta en quienes
portan la mutación completa.
Esquema de la ruta de
pigmentación donde actúa el gen MC1R.
Por
qué existe y por qué se concentra en el norte
El
pelo rojo es raro a nivel global, pero se agolpa en la Europa atlántica. En
Irlanda ronda el 10 % y en Escocia llega al 13 %, la mayor concentración del
planeta, donde buena parte de la población lleva al menos una copia variante.
Según los expertos, las latitudes altas relajaron la necesidad evolutiva de
tener la piel oscura para protegerse del daño solar.
Esta
es una hipótesis plausible y debatida, no un hecho cerrado: en zonas con poca
radiación ultravioleta, perder la protección de la eumelanina no penaliza la
supervivencia. Es más, se ha propuesto que la piel extremadamente clara
facilita sintetizar vitamina D con muy poca luz solar, lo que habría
permitido que estas mutaciones se acumularan en el norte de Europa.
El
pelirrojo por dentro: más allá del color
Las
mismas variantes que dan el color tienen efectos invisibles para el ojo humano.
El más estudiado es el riesgo cutáneo: los portadores de estas variantes
presentan un riesgo muy superior de sufrir cáncer de piel,
incluso ajustando por lo clara que sea su tez.
Parte
del motivo es que la feomelanina puede dañar el ADN por estrés oxidativo aunque
no haya sol, y que MC1R influye en cómo la célula repara ese daño. Además,
distintos estudios demuestran que las alteraciones en este gen modifican
drásticamente la sensibilidad al dolor, obligando a usar dosis diferentes
de anestésicos y analgésicos en procedimientos quirúrgicos u odontológicos.
El
rojo no se va
La
conclusión es tan sencilla como lo era engañoso el titular original. Un gen
recesivo no desaparece por serlo, se refugia en los portadores y vuelve. Lo
único que puede cambiar es cuánto se ve el pelo rojo en un lugar y un momento
concretos. La ciencia confirma que el gen de los pelirrojos seguirá viajando
de forma invisible en millones de personas, esperando el momento de volver
a expresarse.
Fuente:
Muy interesante.
6.-
Así es la rutina ideal para manejar el estrés desde la mañana, sin meditaciones
ni mindfulness
A
veces el estrés es inevitable, pero sí puedes cambiar cómo te enfrentas a él
La
resiliencia y la flexibilidad psicológica son dos cualidades esenciales para
nuestra salud mental, a las que a menudo no prestamos la atención que merecen.
Solemos centrarnos en cómo enfrentarnos a las consecuencias
del estrés o incluso cómo prevenirlo, pero pasamos de largo sobre el hecho
de que a veces, aunque estresarnos sea inevitable, podemos prevenir sus peores
consecuencias. Esto, básicamente, es lo que consiguen las personas con buena
resiliencia y flexibilidad psicológica. Es algo que puede entrenarse a base de
terapia. Sin embargo, también son cualidades que pueden alcanzarse modificando
ciertos hábitos de nuestro día a día.
Sueño,
alimentación y ejercicio. Un equipo de científicos de la Universidad de Binghamton ha
encuestado a 400 estudiantes para comparar sus hábitos con sus niveles de
resiliencia y flexibilidad psicológica. Así, han observado que hay una serie de
hábitos muy concretos que abundan en los jóvenes que se enfrentan de una forma
más positiva al estrés.
Para
empezar, el hecho de no saltarse los desayunos marca una gran diferencia. En
general, en las encuestas los resultados empezaban a verse en los participantes
que desayunaban al menos cinco veces a la semana. El ejercicio también fue un
factor primordial, pero no
es necesario pasar horas y horas en el gimnasio. Solo con 20 minutos
diarios ya se vieron buenos resultados. Por otro lado, es importante descansar.
Quienes dormían menos de seis horas por noche mostraron un claro descenso en
los niveles de resiliencia y flexibilidad psicológica. En cuanto a la alimentación,
cuanto más nutritiva, mejor, pero hubo un suplemento que mostró una muy buena
correlación con estos dos caracteres: el aceite de pescado.
Conceptos
parecidos, pero no iguales. La resiliencia es la capacidad de recuperarte y salir
adelante después de experimentar una situación muy estresante. En cambio, la
flexibilidad psicológica es la habilidad de reconocer lo que sientes y ajustar
tu pensamiento para tomar la mejor decisión al respecto, en vez de quedarte
bloqueado. Además, esta cualidad nos permite aceptar las emociones
desagradables sin intentar evitarlas, sino buscando una forma práctica de
enfrentarse a ellas.
Una
persona con flexibilidad psicológica no se queda bloqueada y llorando si pierde
un tren muy importante. Hace una tormenta de ideas rápida y busca viajes
alternativos. Alguien resiliente no se hunde por perder el avión del viaje para
el que llevaba años ahorrando. Sigue con su vida y busca las formas de volver a
organizar el viaje en un futuro de forma que no le vuelva a ocurrir.
Hay
una relación.
En este estudio, en realidad, no se mide directamente la resiliencia, sino la
flexibilidad psicológica. Lo que ocurre es que ambas cuestiones están
relacionadas. Los buenos hábitos nos aportan una mayor flexibilidad psicológica
y esta, a su vez, nos permite superar las situaciones estresantes de una forma
más resiliente.
Rigidez
psicológica.
Durante el análisis de las encuestas se vio que también hay factores que
aumentan muy claramente la rigidez psicológica. Es decir, esa incapacidad para
buscar soluciones ante aquello que nos está generando estrés. La persona que se
bloquea cuando pierde el tren es más rígida psicológicamente. Algunos de los
hábitos que aumentan esta cualidad son el consumo de comida
rápida y la falta de sueño
Limitaciones. Este estudio se ha
llevado a cabo solo con 400 personas, todas ellas estudiantes jóvenes. No puede
extrapolarse a toda la población. Además, no se han explorado las causas,
simplemente se han analizado los resultados de una serie de encuestas. Por lo tanto,
es cierto que los resultados deben leerse con cautela.
Aun
así, está claro que dormir bien, comer de forma saludable, no saltarse los
desayunos y hacer ejercicio físico es bueno por muchos motivos. Ahora, además,
vemos que puede ser útil para que nos enfrentemos mejor al estrés. Porque es
cierto que a veces el estrés es inevitable. Pero la forma en la que nosotros
reaccionamos cuando lo sentimos es algo en lo que sí podemos trabajar.
Fuente:
Xataka
7.-
Europa ha dado luz verde a la pastilla diaria que casi duplica la supervivencia
del cáncer de páncreas metastásico
·
En
1982, Mariano Barbacid aisló el primer oncogén. Cuatro décadas después, Europa
ha recomendado el fármaco que por fin lo bloquea
En
1982, un bioquímico español de 33 años publicó en Nature algo que,
de simple, parecía imposible: bastaba cambiar una sola letra del gen H-RAS para
empujar la célula a dividirse sin freno.
El
bioquímico se llamaba Mariano Barbacid y la familia RAS se convirtió en la gran
obsesión de la oncología mundial. También ha sido nuestra gran frustración:
habíamos encontrado el interruptor, nadie conseguía apagarlo.
Hasta
ahora. Este jueves, el comité de medicamentos humanos de la Agencia Europea del
Medicamento recomendó
autorizar el primer fármaco que bloquea RAS de forma amplia. Se llama
Rasonque (daraxonrasib) y está diseñado para combatir al cáncer de páncreas
metastásico.
No
es una cura. Es cierto. Pero hablamos del mayor avance en este tipo de tumor en
décadas. No es poco.
¿Qué
ha aprobado exactamente Europa? Aún nada, si somos precisos. La opinión del
comité es el paso previo para que la Comisión Europea tome una decisión sobre
la aprobación (o no) del medicamento. De media, el proceso de aprobación de un
medicamento puede tardar más de un año. Esta ha durado menos de 150 días
gracias a una revisión por fases (Europa sabe que aquí hay algo gordo) y
Bruselas ya ha dicho que acelerará su decisión.
En
EEUU, la FDA dio el OK el 26 de
agosto.
¿Algo
gordo? ¿Exactamente de qué estamos hablando? Como decía antes, las proteínas RAS vienen
a funcionar como interruptores del crecimiento celular. En el fondo, el
mecanismo es muy sencillo: se encienden o se apagan dependiendo de qué
partícula tienen "enganchada".
Lo
que ocurre con las mutaciones del cáncer es que dejan ese interruptor atascado
en la posición del encendido. Esto, de hecho, ocurre en
el 90% de los tumores de cáncer de páncreas.
El
problema es que RAS es una proteína 'lisa', sin huecos donde encajar un fármaco
y eso ha desbaratado todos nuestros intentos de "apagarlas". Bueno,
todas no: en 2021, el sotorasib conseguía apagarla en una variante muy concreta
y minoritaria (la G12C). Es decir, hablamos de 40 años de lo que solo podemos
llamar un fracaso.
¿Y
entonces?
El nuevo medicamento, el Daraxonrasib, usa otro enfoque: en lugar de
engancharse directamente a RAS se engancha a ciclofilina A y el complejo
resultante tapa la zona por la que RAS envía las órdenes de crecer. Como no
tenemos las llave para cerrar la puerta, plantamos un camión delante para
bloquearla.
¿Funciona? Sí, sí que funciona.
Según los primeros análisis, la
mediana de supervivencia fue de 13,2 meses frente a 6,7 con quimioterapia
estándar. En un tumor en el que la segunda línea llevaba décadas bloqueada
en seis o siete meses, es un gran salto. Pero ni es inocuo, ni es una cura. Y
es importante tenerlo claro.
Los
efectos secundarios suponen una mejora frente a los de la quimio normal y casi
nadie tuvo que dejarlo sin toxicidad. Lo detalles aún se discuten, pero lo
cierto es que nadie discute su efectividad.
Sin
embargo, el problema está claro: los tumores acaban aprendido cómo burlar el
camión. Ganamos meses, pero aún no ganamos la batalla.
Es
una excelente noticia... EOM y REDECAN estiman que este año se diagnosticarán 10.405
casos de cáncer de páncreas en España, y en 2024 fue ya la tercera causa de
muerte por cáncer, con 8.392 fallecimientos. Un avance en este sentido es buena
noticia para ellos y buena noticia para la investigación internacional.
...pero
aún queda mucho por hacer. Autorizar no es financiar. Tras el más que probable
"sí" de la Comisión, la compañía tiene que negociar país por país. En
España, lo hará ante la Comisión Interministerial de Precios del Ministerio de
Sanidad y con el adelanto electoral nadie sabe qué va a pasar.
Esperemos
que la cordura y la humanidad impere y todo avance rápidamente.
Fuente:
Xataka
No hay comentarios:
Publicar un comentario