¡Los
saludo, queridos amigos!
Los
saludo y les comento que quiero dedicar esta nota a, como explicita el título,
un par de reflexiones que me han sido provocadas por dos opiniones vertidas por
amigos míos en distintos grupos de WhatsApp.
Veamos:
Opinión
número 1: Se
charlaba en el grupo acerca de la posibilidad de que, en el futuro, la IA pueda
significar la desaparición del homo sapiens y este amigo acotó: Lo
mismo se dijo de la bomba atómica y aquí estamos, más de ochenta años después y
no ha sucedido. Creo que se exagera con lo del peligro de la IA.
Opinión
número 2:
Yo había publicado la siguiente imagen en el grupo.

Y
la había acompañado del siguiente comentario:
“No
todo lo que reluce es oro”.
Y
fue entonces que mi amigo comentó:
Es
duro, pero necesario, descubrir la mentira, para no vivir engañados.
-
¿Y
qué alarmas dispararon en tu cabeza estas opiniones, Martín?
Bueno,
para responder esa pregunta, permítanme que les presente al general, cinco
estrellas, Curtis LeMay.
Veamos:

Se
trató de un guerrero frío y beligerante que fue retratado en la película
satírica Dr. Strangelove, como el general de gatillo fácil Jack D. Ripper.
Para
formarnos una idea de su personalidad les cuento que, en las campañas aéreas
contra Japón durante la Segunda Guerra Mundial, LeMay abandonó la política
establecida del bombardeo de precisión a la luz del día. En cambio, cargó sus
B29 con bombas incendiarias y los envió a lo largo de las ciudades japonesas
durante la noche. Como LeMay describió: Los B29 "chamuscaron, cocinaron
y hornearon hasta la muerte", a unos 330.000 japoneses. Para que
ustedes se hagan una idea del significado de esta cifra, les comento que es
mayor que la cantidad de muertos por efecto de las bombas atómicas arrojadas
sobre Hiroshima y Nagasaki que se estima entre 105.000 y 120.000 japoneses.
Después
de la Segunda Guerra Mundial, LeMay sirvió en el Pentágono. En 1947, fue
trasladado a Wiesbaden, Alemania para comandar las Fuerzas Aéreas de EE.UU. en
Europa. Regresó a los EE.UU. en octubre de 1948 para hacerse cargo del Comando
Aéreo Estratégico (SAC).
El
primer plan de guerra de LeMay, redactado en 1949, propuso la descarga de
"todo el arsenal de bombas atómicas en un solo ataque masivo"
- dejando caer 133 de ellas en 70 ciudades de la Unión Soviética, en un lapso
de 30 días. Él pensaba que había que aprovechar la ventaja nuclear que, en ese
momento, llevaba EE.UU. sobre los soviéticos. Hacia el final de su mandato, el
SAC estuvo en constante alerta y listo para ejecutar un ataque atómico sin
cuartel en cualquier momento. LeMay fue comandante del SAC hasta junio de 1957.
LeMay
fue nombrado Vice Jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea de los Estados
Unidos en 1957 y Jefe del Estado Mayor en 1961. Como miembro del Estado Mayor
Conjunto durante la Crisis de los Misiles de Cuba, LeMay recomendó al
presidente John F. Kennedy que enviara la Armada y el SAC a rodear Cuba y si es
necesario, "freírla". Cuando la crisis terminó pacíficamente,
LeMay lo llamó "la mayor derrota de nuestra historia."
Se
ha escrito sobre la agria relación del general LeMay con el presidente Kennedy:
John Kennedy y su gente clave estaban decididos a tomar el control sobre los
militares, una hazaña que ningún presidente había logrado desde la Segunda
Guerra Mundial. Los jefes se resintieron con los Kennedy y sus jóvenes promesas
que tenían poca o ninguna experiencia en el mando militar, los jefes estaban
acostumbrados a presidentes que les permiten hacer sus cosas sin la molesta
interferencia de los políticos.
LeMay
se hizo legendario por su manía de querer empezar la Tercera Guerra Mundial
provocando a la Unión Soviética con vuelos de reconocimiento no autorizados que
penetraran sus límites prohibidos.
Al
parecer, LeMay se había vuelto inmune al horror de la matanza. Como vimos más
arriba, dirigió el ataque incendiario con napalm contra Japón –estimando que
murieron "más personas en un período de seis horas que en cualquier
momento en la historia del hombre." Dijo de la guerra: "Hay
que matar a la gente y cuando has matado lo suficiente dejan de pelear."
Una vez dijo: "Matamos -qué- veinte por ciento de la población de Corea
del Norte" Más de dos millones de civiles murieron en la campaña de
LeMay de bombardeos con napalm y destrucción de enormes presas para inundar las
vías fluviales.
LeMay
fue el cabecilla de los jefes del Estado Mayor Conjunto que instó a Kennedy a
ir a la guerra en la Bahía de Cochinos y más tarde en la crisis de los misiles
cubanos. Kennedy resistió sabiamente las recomendaciones del Estado Mayor
Conjunto. LeMay fue el autor de la propuesta del primer ataque nuclear,
diciendo que debemos dar a los rusos el "punch del Domingo" antes que
ellos nos lo den a nosotros.
En
la década de 1950, bajo Eisenhower, LeMay tenía autoridad para ordenar un
ataque nuclear sin autorización presidencial, si el presidente no podía ser
contactado. Esa opción fue extendida hacia los niveles inferiores por el
general Thomas Power, jefe de la SAC, quien el mismo LeMay describió como
"no estable" y un "sádico". La propuesta de LeMay para un
madrugador ataque nuclear y la destrucción masiva de los soviéticos fue
desechada por Eisenhower, a quien LeMay llegó a considerar como indeciso. Se
disgustó aún más con Kennedy, a quien LeMay consideró un cobarde. Habló
abiertamente sobre un ataque preventivo en el que cien millones de personas
morirían.
Si
alguna vez hubo un general desorbitado y loco, que diera un golpe de Estado,
ese parece haber sido el general Curtis LeMay.
Después
que se retiró de la Fuerza Aérea, se asoció con el gobernador segregacionista
George Wallace en una candidatura fracasada para la vicepresidencia. En los
años posteriores a su fallida carrera política se convirtió en algo así como un
recluso, rara vez salía de su casa. Murió en 1990.
-
¿Y por qué has traído este personaje a nuestra
consideración Martín?
-
Pues, porque se puede ver que, si LeMay hubiera
tenido, en algún momento, el poder de decidir sobre si atacar o no a la URSS, y
con armas atómicas, sin lugar a dudas lo habría hecho, desatando la Tercera
Guerra Mundial. Con él estuvimos muy cerca de ello, de modo que la opinión número 1
vista al comienzo comienza a resquebrajarse.
Pero, hay más episodios a considerar. Veamos,
por ejemplo, el siguiente:
Tenemos a Stanislav
Petrov el 26 de septiembre de 1983. Eran las 00:14 en el búnker Serpukhov-15, a
100 km de Moscú. Petrov era teniente coronel y estaba de guardia del sistema de
alerta temprana Oko, el satélite que detectaba misiles de http://EE.UU.
De golpe el sistema
chilló: UN MISIL LANZADO DESDE http://EE.UU.
30 segundos después: SEGUNDO
MISIL. Después: TERCERO, CUARTO, QUINTO.
La pantalla en rojo
decía "ATAQUE" con la máxima confianza. El protocolo soviético
era clarísimo: si ves un ataque, informás hacia arriba y el Estado Mayor lanza la
represalia en minutos. La Tercera Guerra Mundial nuclear empezaba ahí.
Todos en el búnker lo
miraron. Pero Petrov pensó: "esto no tiene sentido".
Su razonamiento fue:
1. Si http://EE.UU.
ataca de verdad, no manda 5 misiles. Manda cientos para destruirnos de un
golpe. 5 misiles no desarmaban a la URSS, solo nos dejaba la excusa para
contraatacar. No es lógico.
2. El sistema Oko era
nuevo. Llevaba un mes. Él mismo sabía que fallaba mucho por reflejos del sol en
las nubes.
3. El radar terrestre
no confirmaba nada. Solo el satélite.
Entonces violó el
protocolo. No apretó el botón. Reportó a sus superiores: "Es una falsa
alarma, falla del sistema".
Y tuvo razón. Era el
sol reflejándose en nubes altas sobre Montana que el satélite confundió con el
calor de misiles.
Si hubiera informado
"ataque confirmado", la URSS habría lanzado sus misiles.
http://EE.UU. habría respondido. Se estima que hubieran muerto la mitad de la
humanidad en horas.
¿Su recompensa?
Ninguna. Lo investigaron, lo culparon por no llenar bien el libro de guardia,
lo sacaron de ese puesto y lo mandaron a un cargo menor. Lo mantuvieron en
secreto 15 años hasta que cayó la URSS.
Murió en 2017 en una
casita en las afueras de Moscú, con una pensión de 200 dólares, casi olvidado.
Él mismo dijo después:
"Era mi trabajo, pero fue suerte. Yo era el tipo correcto en el momento y
lugar correctos".
En 1983 también hubo
otro caso: Vasily Arkhipov en 1962 evitó un lanzamiento nuclear en un submarino
durante la Crisis de los Misiles.
Así de cerca hemos
estado, amigos de la guerra nuclear, de modo que la frase, alegre, de que en 80
años no ha pasado nada no se sostiene. Es más, en cualquier momento puede
desatarse un conflicto nuclear, o porque aparezca un nuevo LeMay o porque no
estén un Petrov o un Arkhipov en el momento y lugar indicado.
Y téngase en cuenta que
las bombas nucleares hoy son muchísimo más destructivas que las que se usaron
en Hiroshima y Nagasaki. Y no es solo el número, es cómo crece la destrucción.
Hagamos la cuenta base:
1945
- Hiroshima (Little
Boy): 15 kilotones = 15.000 toneladas de TNT. Mató a ∼140.000 personas.
- Nagasaki (Fat Man):
21 kilotones = 21.000 toneladas.
Hoy, en 2026, lo que
lleva un misil promedio:
Una ojiva moderna
estándar, no la más grande, la que hay por miles:
- EE.UU. W87 / W88: 300 a 475 kilotones.
- Rusia Topol-M /
Yars: 500 a 800 kilotones.
- Francia, China,
Reino Unido: entre 100 y 300 kilotones.
Es decir, un arma
táctica o estratégica normal de hoy es entre 20 y 50 veces Hiroshima.
Y si vamos a las más
grandes que siguen en servicio:
- B83 americana (aún
en arsenal): 1.200 kilotones = 80 veces Hiroshima.
- La Tsar Bomba que
probó la URSS en 1961: 50.000 kilotones = 3.333 veces Hiroshima. Esa ya no
está en servicio, era demasiado grande hasta para ellos.
Y lo peor: en 1945 se
tiraba UNA bomba desde UN avión. Hoy un solo misil intercontinental RS-28
Sarmat lleva hasta 10 ojivas de 500kt cada una, que se separan y caen en
ciudades distintas. Un solo misil = 333 Hiroshimas repartidas.
Por eso en la Guerra
Fría se pasó de hablar de "destruir una ciudad" a "destruir un
país".
Mi pregunta es: ¿Qué
pasa si el responsable de manejar ese arsenal es un Curtis LeMay?
¿Se sostiene decir que
estamos exagerando al temer que se desate una guerra nuclear?
Del mismo modo, no
estamos exagerando al decir que la IA tiene el potencial de destruir la
humanidad. Con lo cual, hemos agregado otra causa de posible autodestrucción
que nos lleva a pensar que nuestro futuro es incierto.
Y ahora vamos a la
segunda opinión. Recordémosla:
Es
duro, pero necesario, descubrir la mentira, para no vivir engañados.
Antes que nada, quiero
establecer que estoy de acuerdo con esta frase.
-
¿Y entonces, Martín?
Estoy de acuerdo con
ella, pero, con una salvedad: Como ya hemos visto en otras notas de Policromía
de Ideas, la mayoría de los homo ¿sapiens? la ignoran completamente y no
les molesta vivir engañados mientras tengan panem et circenses. De
hecho, ya el 31 de enero de 2022 vimos, en la nota De conductores y
conducidos, cómo un N.N. cualquiera como Jim Jones logró fundar una secta
de seguidores a los que mandó a suicidarse en un momento determinado.
¿Consideraron necesario
sus seguidores el descubrir la mentira para no vivir engañados?
¡No, mes amis!
Vivieron alegremente la mentira que les infundió Jones sin usar el cerebro del
que los había dotado la naturaleza. Mataron, inclusive, a sus hijos, niños
chicos, porque lo había ordenado “el líder”.
Inevitablemente viene a
mi memoria la tremenda frase de ese estupendo pensador que fuera Cayo Salustio
Crispo:
“Son
pocos los que prefieren la libertad,
la
mayoría prefiere un amo justo”.
-
¿Por qué te acordaste de esa frase Martín?
Pues, porque conlleva la triste obligación de que,
si mi amo me dice que dos mas dos es cinco, yo debo contestar: ¡Sí, mi señor!
Y, como dice Salustio la mayoría de
los homo ¿sapiens? está cortada por esa tijera.
Entonces, sí, estoy de acuerdo con la opinión
número dos, pero, siempre y cuando hablemos de la minoría pensante…
Y con ello me despido, queridos amigos:
¡Hasta
la próxima!

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