domingo, 21 de diciembre de 2025

La actualización de la democracia 2

El 25 de agosto de 2024, el editor en jefe de Policromía de Ideas, o sea: Yo, seleccionaba para su publicación una nota titulada: La actualización de la democracia. En ella, se sostiene que, dado que muchos de los votantes de un sistema democrático no tienen realmente interés en la política, ni se preocupan por conocer a los candidatos o lo que estos sostienen, o las plataformas de los partidos, entonces, se corre el serio riesgo de que los tales votantes simplemente vendan su voto al mejor postor sin importarles lo que pueda salir de ello.

A lo largo de aquella nota (que les recomiendo encarecidamente que relean), analizaba las ideas de gobierno que han existido desde el alba de la historia y, llegando al liberalismo concluía que:

Bien, hasta aquí todo claro y positivo, ¿Cuál es, entonces el problema, Martín?

El problema aparece cuando se piensa que se les da libertades y derechos a muchos que ni siquiera saben qué diantres hacer con ellos.

Por ejemplo, en una democracia, sistema de ordenamiento social caracterizado por la participación de los ciudadanos en el ejercicio del poder, con seguridad que todos ustedes han escuchado decir:

·       No, la política no es para mí.

·       Yo no me meto en política.

Y cosas por el estilo. Esto, viviendo en democracia, es como si un padre de familia diga:

·       No, yo en el mantenimiento de mi hogar no me meto. No es para mí.

Y es aquí, entonces, donde voy a apelar a lo que ya nos han dicho diversos pensadores a lo largo de la Historia, como lo he hecho en notas anteriores comenzando por De conductores y conducidos, del 31 de enero de 2022. Y antes que ninguna otra, quiero rescatar la de Cayo Salustio Crispo, ese preclaro historiador romano del siglo I antes de la era común. Nos dijo Salustio:

 “Son pocos los que prefieren la libertad,

la mayoría prefiere un amo justo.”

Cayo Salustio Crispo

 ¡Tremenda frase, amigos! Tremenda porque subyace a ella el concepto de que es inútil pretender que todos los hombres sean libres, que es inútil otorgarles la libertad, porque no todos la quieren. Es más, nos dice que solo unos pocos la quieren, la mayoría solo aspira a estar bajo los dictados de un amo justo y, agrego yo, dadivoso.

¡Se ve que en la época de Salustio también había ciudadanos que decían Yo no me meto en política!

Pero entonces, Martín ¿Qué hay de aquello de Liberté, égalité, fratenité?

Pues, les diré, es una bonita frase, pero solo eso, una bonita frase…

Más aun, ese desapego a involucrarse en política lleva a la ignorancia de lo que uno puede, lo que uno vale y lo que se le debe. Pero, esto ya nos lo había dicho Voltaire cuando nos advirtió que:

“...encuentro que todo está al revés entre los hombres, que nadie conoce sus derechos ni sus deberes (...)”

 Habrán escuchado ustedes, como yo, decir con aire contundente: Yo conozco mis derechos. ¡Falso! La gran mayoría de los ciudadanos ni conoce sus derechos ni las obligaciones que estos conllevan, ¡mucho menos las obligaciones!

Tampoco quiero demonizar, queridos amigos, a quienes no se interesan por la política. Está claro que, si la vocación de una persona es ser investigador, digamos en el área de la Biología, su interés está puesto allí y no en la Política. Pero, si uno vive en democracia, tiene obligaciones para con la sociedad.

Entonces, ¿Cómo resolvemos este intríngulis, Martín?

Bueno, yo propongo dos medidas a tomar, una ya la expuse en la mencionada nota De conductores y conducidos y trata de ilustrar al pueblo en el ejercicio de la Democracia, pero no como una materia más que hay que estudiar para luego olvidar al salir de la escuela. Ilustrar haciendo vivir la democracia al joven educando. Los invito a que lean esta primera parte de la solución en la mencionada nota donde está extensamente tratada.

En cuanto a la segunda medida que yo propongo, se trata de aceptar que no todo el mundo está interesado en la Política. Reconociendo esto, propongo que, llegado a la mayoría de edad, el ciudadano decida si quiere participar en ella o no.

Si decide participar, deberá afiliarse a un partido político y deberá asistir a sus reuniones donde se expondrá la plataforma de dicho partido, deberá hacer aportes, como proyectos de leyes, por ejemplo, personalmente o en grupo, al menos una vez al año. Deberá debatirlo en su partido y, al menos una vez al año deberá realizar tareas que emanen del propio partido.

Desde luego que, deberá asistir a las reuniones semanales del partido de su elección. Hoy, con lo medios electrónicos al alcance, será muy fácil rastrear a todos los participantes e, incluso, ver sus producciones.

¿Y el que decide no participar, Martín?

Todo bien con él, podrá no hacerlo, pero… ¡No tendrá derecho a votar en las elecciones a cargos públicos ni tampoco a ocupar los tales cargos públicos!

¿Pero, por qué, Martín?

Porque, si no está interesado en la Política, no se preocupa por saber de ideas, proyectos, plataformas, planes de candidatos, etc. su voto es un tiro al aire. Recordemos lo que decía Platón acerca de que, ofrecer los puestos de la Ekklesía, la Boule y la Dikasteria, del sistema democrático griego, por sorteo implicaba que muchos cargos gubernamentales serían ocupados por gente que no tendría las capacidades de un buen gobernante. Lo mismo puede decirse de quien no tiene ningún interés en la Política y no se preocupa por informarse: Permitir que voten o que ocupen cargos públicos sería peligroso porque no tendrían las capacidades para ser buenos gobernantes. Y, lo que es más grave, como no les interesa el tema, no sería nada raro que vendan su voto.

Me dicen que si el tema no se arregla con el voto calificado. La respuesta es que no. No, queridos amigos, el voto calificado no elimina la venta de votos y, además, hemos visto en la Historia cómo los populismos se han nutrido de distinguidos profesores universitarios y de profesionales egresados. No, estimados amigos:

¡Usted participa, usted vota!

¡Usted participa, usted puede ocupar cargos públicos!

Como queda dicho, algún Ministerio del Gobierno deberá encargarse de controlar que los que han apostado por la Política cumplan con la reglamentación vigente.

Ahora bien, me interesa aportar a continuación el pensamiento y los dichos de los propios griegos, promotores de la democracia.

Por ejemplo, Sócrates, que como ustedes saben no dejó escritos, pero tuvo en su discípulo Platón un diligente divulgador, comparaba la política con dirigir un barco en su diálogo con Alcibíades, registrado en el diálogo "Alcibíades I" de Platón.

Quién fue Sócrates

Sócrates

En este diálogo, Sócrates le pregunta a Alcibíades si cree que puede ser un buen político sin tener conocimientos y habilidades adecuadas, y utiliza la analogía del barco para ilustrar su punto. Sócrates argumenta que un barco necesita un piloto experimentado y capacitado para navegar de manera segura, de la misma manera que una ciudad necesita líderes sabios y justos para gobernar.

La analogía se utiliza para destacar la importancia de la sabiduría y la virtud en la política, y para cuestionar la idea de que cualquier persona puede ser un buen líder político (o un buen demócrata, agrego yo) sin tener las habilidades y conocimientos necesarios.

Así pues, ¿dejaremos que se elija como conductor del barco a aquel que no sabe nada del tema? No parece que nos vaya a ir bien por ese camino.

Sócrates expresó críticas a la democracia en su obra "La República" que nos legara Platón. Es un diálogo donde Sócrates argumenta que la democracia puede degenerar en una forma de gobierno en la que el poder se encuentra en manos de una mayoría que puede ser fácilmente manipulada por demagogos y líderes populistas.

Sócrates describe la democracia como una forma de gobierno en la que "el pueblo" (demos) tiene el poder, pero también advierte que este poder puede ser fácilmente manipulado por aquellos que saben cómo apelar a las emociones y deseos de la multitud. En este sentido, la democracia puede convertirse en una forma de "tiranía de la mayoría", en la que la mayoría impone su voluntad sobre la minoría sin considerar el bien común.

Esta crítica a la democracia es un tema central en la filosofía política de Platón y ha sido objeto de debate y reflexión a lo largo de la historia.

Sócrates expresó una idea similar en el Libro II de "La República". Argumenta que los seres humanos a menudo prefieren las mentiras reconfortantes y las ilusiones a las verdades difíciles y desagradables.

Platón

Aquí se utiliza la alegoría de la caverna para ilustrar esta idea, describiendo a los seres humanos como prisioneros en una caverna, viendo solo siluetas y sombras de lo que existe y creyendo que se trata de la realidad. Cuando se les muestra la verdad, es decir, la realidad fuera de la caverna, se sienten incómodos y prefieren regresar a sus ilusiones.

Esta idea se relaciona con la crítica de Sócrates a la democracia, en la que argumenta que el pueblo puede ser fácilmente manipulado por líderes que les ofrecen mentiras reconfortantes y promesas vacías, en lugar de verdades difíciles y soluciones reales a sus problemas.

Sócrates (o más bien, Platón a través de Sócrates) describió un ciclo de degeneración política en su obra "La República", en el que la democracia puede degenerar en tiranía.

Según Sócrates, la democracia puede dar lugar a un caos y una anarquía, en la que la falta de liderazgo y la búsqueda de intereses individuales llevan a la sociedad al borde del colapso. En este contexto, el pueblo puede buscar un líder fuerte y carismático que prometa restaurar el orden y la estabilidad. El ascenso de Hitler en la Alemania de la postguerra es un buen ejemplo de esto último.

Sin embargo, Sócrates advierte que este líder, que inicialmente es visto como un salvador, puede convertirse en un tirano que abusa de su poder y oprime al pueblo. En el Libro VIII de "La República", Sócrates describe cómo el tirano surge del caos de la democracia y se convierte en el gobernante más opresivo y corrupto de todos.

Esta idea es una crítica a la democracia y una advertencia sobre los peligros de la demagogia y el populismo, que pueden llevar a la tiranía y la opresión.

Sócrates (o más bien, Platón a través de Sócrates) expresó una idea similar en su obra "La República". En el Libro VIII, Sócrates describe la democracia como una forma de gobierno que contiene las semillas de su propia destrucción.

Según Sócrates, la democracia es una forma de gobierno que se basa en la libertad y la igualdad, pero que también puede degenerar en una forma de gobierno en la que la falta de disciplina y la búsqueda de intereses individuales llevan a la sociedad al caos y la anarquía.

Sócrates argumenta que la democracia contiene las semillas de su propia destrucción porque:

- La libertad y la igualdad pueden degenerar en libertinaje y anarquía.

- La falta de disciplina y la búsqueda de intereses individuales pueden llevar a la sociedad al caos.

- La demagogia y el populismo pueden surgir y manipular al pueblo, llevando a la tiranía.

En resumen, Sócrates cree que la democracia es una forma de gobierno que puede ser muy inestable y que contiene las semillas de su propia destrucción, lo que la hace vulnerable a la tiranía y la opresión.

En otras palabras, queridos amigos, no es pa todos la bota e’potro.

No es pa todos el votar, sino para aquellos que se preocupan por estar a la altura de lo que se les pide, o sea: ¡Ser agentes idóneos de la democracia! 

Hasta aquí la nota de hoy, de modo que:

¡Hasta la próxima!

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