El 25 de agosto de 2024, el editor en
jefe de Policromía de Ideas, o sea: Yo, seleccionaba para su publicación una
nota titulada: La actualización de la democracia. En ella, se sostiene
que, dado que muchos de los votantes de un sistema democrático no tienen
realmente interés en la política, ni se preocupan por conocer a los candidatos
o lo que estos sostienen, o las plataformas de los partidos, entonces, se corre
el serio riesgo de que los tales votantes simplemente vendan su voto al mejor
postor sin importarles lo que pueda salir de ello.
A lo largo de aquella nota (que les
recomiendo encarecidamente que relean), analizaba las ideas de gobierno que han
existido desde el alba de la historia y, llegando al liberalismo concluía que:
Bien,
hasta aquí todo claro y positivo, ¿Cuál es, entonces el problema, Martín?
El
problema aparece cuando se piensa que se les da libertades y derechos a muchos
que ni siquiera saben qué diantres hacer con ellos.
Por
ejemplo, en una democracia, sistema de ordenamiento social caracterizado por la
participación de los ciudadanos en el ejercicio del poder, con seguridad que
todos ustedes han escuchado decir:
· No,
la política no es para mí.
· Yo
no me meto en política.
Y
cosas por el estilo. Esto, viviendo en democracia, es como si un padre de familia diga:
· No,
yo en el mantenimiento de mi hogar no me meto. No es para mí.
Y
es aquí, entonces, donde voy a apelar a lo que ya nos han dicho diversos
pensadores a lo largo de la Historia, como lo he hecho en notas anteriores
comenzando por De conductores y conducidos, del 31 de enero de
2022. Y antes que ninguna otra, quiero rescatar la de Cayo Salustio Crispo, ese
preclaro historiador romano del siglo I antes de la era común. Nos dijo
Salustio:
“Son pocos los que prefieren la libertad,
la mayoría prefiere un amo
justo.”
Cayo Salustio Crispo
¡Tremenda
frase, amigos! Tremenda porque subyace a ella el concepto de que es inútil
pretender que todos los hombres sean libres, que es inútil otorgarles la
libertad, porque no todos la quieren. Es más, nos dice
que solo unos pocos la quieren, la mayoría solo aspira
a estar bajo los dictados de un amo justo y, agrego yo, dadivoso.
¡Se
ve que en la época de Salustio también había ciudadanos que decían Yo
no me meto en política!
Pero
entonces, Martín ¿Qué hay de aquello de Liberté, égalité, fratenité?
Pues,
les diré, es una bonita frase, pero solo eso, una bonita frase…
Más
aun, ese desapego a involucrarse en política lleva a la ignorancia de lo que
uno puede, lo que uno vale y lo que se le debe. Pero, esto ya nos lo había
dicho Voltaire cuando nos advirtió que:
“...encuentro que todo
está al revés entre los hombres, que nadie conoce sus derechos ni sus
deberes (...)”
Habrán escuchado ustedes,
como yo, decir con aire contundente: Yo conozco mis derechos. ¡Falso!
La gran mayoría de los ciudadanos ni conoce sus derechos ni las obligaciones
que estos conllevan, ¡mucho menos las obligaciones!
Tampoco
quiero demonizar, queridos amigos, a quienes no se interesan por la política.
Está claro que, si la vocación de una persona es ser investigador, digamos en
el área de la Biología, su interés está puesto allí y no en la Política. Pero,
si uno vive en democracia, tiene obligaciones para con la sociedad.
Entonces,
¿Cómo resolvemos este intríngulis, Martín?
Bueno,
yo propongo dos medidas a tomar, una ya la expuse en la mencionada nota De
conductores y conducidos y trata de ilustrar al pueblo en el ejercicio
de la Democracia, pero no como una materia más que hay que estudiar para luego
olvidar al salir de la escuela. Ilustrar haciendo vivir la democracia al joven
educando. Los invito a que lean esta primera parte de la solución en la
mencionada nota donde está extensamente tratada.
En
cuanto a la segunda medida que yo propongo, se trata de aceptar que no todo el
mundo está interesado en la Política. Reconociendo esto, propongo que, llegado
a la mayoría de edad, el ciudadano decida si quiere participar en ella o no.
Si
decide participar, deberá afiliarse a un partido político y deberá asistir a
sus reuniones donde se expondrá la plataforma de dicho partido, deberá hacer
aportes, como proyectos de leyes, por ejemplo, personalmente o en grupo, al
menos una vez al año. Deberá debatirlo en su partido y, al menos una vez al año
deberá realizar tareas que emanen del propio partido.
Desde
luego que, deberá asistir a las reuniones semanales del partido de su elección.
Hoy, con lo medios electrónicos al alcance, será muy fácil rastrear a todos los
participantes e, incluso, ver sus producciones.
¿Y
el que decide no participar, Martín?
Todo
bien con él, podrá no hacerlo, pero… ¡No tendrá derecho a votar en las
elecciones a cargos públicos ni tampoco a ocupar los tales cargos públicos!
¿Pero,
por qué, Martín?
Porque,
si no está interesado en la Política, no se preocupa por saber de ideas,
proyectos, plataformas, planes de candidatos, etc. su voto es un tiro al aire.
Recordemos lo que decía Platón acerca de que, ofrecer los puestos de la Ekklesía, la Boule
y la Dikasteria, del sistema democrático griego, por sorteo implicaba que muchos cargos gubernamentales
serían ocupados por gente que no tendría las capacidades de un buen gobernante.
Lo mismo puede decirse de quien no tiene ningún interés en la Política y no se
preocupa por informarse: Permitir que voten o que ocupen cargos públicos sería
peligroso porque no tendrían las capacidades para ser buenos gobernantes. Y,
lo que es más grave, como no les interesa el tema, no sería nada raro que
vendan su voto.
Me
dicen que si el tema no se arregla con el voto calificado. La respuesta es que
no. No, queridos amigos, el voto calificado no elimina la venta de votos y,
además, hemos visto en la Historia cómo los populismos se han nutrido de
distinguidos profesores universitarios y de profesionales egresados. No,
estimados amigos:
¡Usted
participa, usted vota!
¡Usted
participa, usted puede ocupar cargos públicos!
Como
queda dicho, algún Ministerio del Gobierno deberá encargarse de controlar que
los que han apostado por la Política cumplan con la reglamentación vigente.
Ahora
bien, me interesa aportar a continuación el pensamiento y los dichos de los
propios griegos, promotores de la democracia.
Por
ejemplo, Sócrates, que como ustedes saben no dejó escritos, pero tuvo en su
discípulo Platón un diligente divulgador, comparaba la política con dirigir un
barco en su diálogo con Alcibíades, registrado en el diálogo "Alcibíades
I" de Platón.
Sócrates
En
este diálogo, Sócrates le pregunta a Alcibíades si cree que puede ser un buen
político sin tener conocimientos y habilidades adecuadas, y utiliza la analogía
del barco para ilustrar su punto. Sócrates argumenta que un barco necesita un
piloto experimentado y capacitado para navegar de manera segura, de la misma
manera que una ciudad necesita líderes sabios y justos para gobernar.
La
analogía se utiliza para destacar la importancia de la sabiduría y la virtud en
la política, y para cuestionar la idea de que cualquier persona puede ser un
buen líder político (o un buen demócrata, agrego yo) sin tener las habilidades
y conocimientos necesarios.
Así
pues, ¿dejaremos que se elija como conductor del barco a aquel que no sabe nada del
tema? No parece que nos vaya a ir bien por ese camino.
Sócrates
expresó críticas a la democracia en su obra "La República" que nos
legara Platón. Es un diálogo donde Sócrates argumenta que la democracia puede
degenerar en una forma de gobierno en la que el poder se encuentra en manos de
una mayoría que puede ser fácilmente manipulada por demagogos y líderes
populistas.
Sócrates
describe la democracia como una forma de gobierno en la que "el
pueblo" (demos) tiene el poder, pero también advierte que este poder puede
ser fácilmente manipulado por aquellos que saben cómo apelar a las emociones y
deseos de la multitud. En este sentido, la democracia puede convertirse en una
forma de "tiranía de la mayoría", en la que la mayoría impone su
voluntad sobre la minoría sin considerar el bien común.
Esta
crítica a la democracia es un tema central en la filosofía política de Platón y
ha sido objeto de debate y reflexión a lo largo de la historia.
Sócrates
expresó una idea similar en el Libro II de "La República". Argumenta
que los seres humanos a menudo prefieren las mentiras reconfortantes y las
ilusiones a las verdades difíciles y desagradables.
Platón
Aquí
se utiliza la alegoría de la caverna para ilustrar esta idea, describiendo a los
seres humanos como prisioneros en una caverna, viendo solo siluetas y sombras de lo que existe y creyendo que
se trata de la realidad. Cuando se les muestra la verdad, es decir, la realidad fuera
de la caverna, se sienten incómodos y prefieren regresar a sus ilusiones.
Esta
idea se relaciona con la crítica de Sócrates a la democracia, en la que
argumenta que el pueblo puede ser fácilmente manipulado por líderes que les
ofrecen mentiras reconfortantes y promesas vacías, en lugar de verdades
difíciles y soluciones reales a sus problemas.
Sócrates
(o más bien, Platón a través de Sócrates) describió un ciclo de degeneración
política en su obra "La República", en el que la democracia puede
degenerar en tiranía.
Según
Sócrates, la democracia puede dar lugar a un caos y una anarquía, en la que la
falta de liderazgo y la búsqueda de intereses individuales llevan a la sociedad
al borde del colapso. En este contexto, el pueblo puede buscar un líder fuerte
y carismático que prometa restaurar el orden y la estabilidad. El ascenso de Hitler en la Alemania de la postguerra es un buen ejemplo de esto último.
Sin
embargo, Sócrates advierte que este líder, que inicialmente es visto como un
salvador, puede convertirse en un tirano que abusa de su poder y oprime al
pueblo. En el Libro VIII de "La República", Sócrates describe cómo el
tirano surge del caos de la democracia y se convierte en el gobernante más
opresivo y corrupto de todos.
Esta
idea es una crítica a la democracia y una advertencia sobre los peligros de la
demagogia y el populismo, que pueden llevar a la tiranía y la opresión.
Sócrates
(o más bien, Platón a través de Sócrates) expresó una idea similar en su obra
"La República". En el Libro VIII, Sócrates describe la democracia
como una forma de gobierno que contiene las semillas de su propia destrucción.
Según
Sócrates, la democracia es una forma de gobierno que se basa en la libertad y
la igualdad, pero que también puede degenerar en una forma de gobierno en la
que la falta de disciplina y la búsqueda de intereses individuales llevan a la
sociedad al caos y la anarquía.
Sócrates
argumenta que la democracia contiene las semillas de su propia destrucción
porque:
-
La libertad y la igualdad pueden degenerar en libertinaje y anarquía.
-
La falta de disciplina y la búsqueda de intereses individuales pueden llevar a
la sociedad al caos.
-
La demagogia y el populismo pueden surgir y manipular al pueblo, llevando a la
tiranía.
En
resumen, Sócrates cree que la democracia es una forma de gobierno que puede ser
muy inestable y que contiene las semillas de su propia destrucción, lo que la
hace vulnerable a la tiranía y la opresión.
En
otras palabras, queridos amigos, no es pa todos la bota e’potro.
No es pa todos el votar, sino para aquellos que se preocupan por estar a la altura de lo que se les pide, o sea: ¡Ser agentes idóneos de la democracia!
Hasta aquí la nota de hoy, de modo que:
¡Hasta la próxima!
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