Les
cuento, queridos amigos, que recorría yo, displicentemente, las páginas del
portal CUERPOMENTE cuando una nota
reclamó mi vigorosa atención. Se trataba de una entrevista conducida por Celia Pérez León redactora especializada
en estilo de vida, bienestar y cultura, en la que dialoga con David Pastor
Vico, filósofo: “Si quieres niños sanos tienen que jugar entre ellos todas las
horas posibles del día, desde los dos a los dieciséis años"
Dice
Celia: ¿Por qué cada día somos más desconfiados? ¿Por qué seguimos persiguiendo
una respuesta para la felicidad cuando nos la dieron los filósofos hace siglos?
¿Por qué solo nos rodeamos de personas que nos dan la razón? Todas estas
preguntas las abordamos con el gran pensador contemporáneo, David Pastor Vico.
Y
la nota me interesó porque trata dos temas sobre los cuales he estado meditando
en estos últimos tiempos, de modo que me resulta irresistible someterla a su
aguda consideración de ustedes.
Los
tales temas son:
1.-
La formación del humano, en cuanto a educación para la vida, y
2.-
El instinto gregario del humano.
Sin
embargo, para no hacer esta nota demasiado larga, he pensado que primero
expondré el pensamiento de Vico y en una próxima nota mis propios pensamientos
sobre estos temas.
De
modo que, aquí vamos con la entrevista.
El
filósofo David Pastor Vico nos da las claves para vencer la ignorancia y vivir
en comunidad.
En
un mundo obsesionado por la felicidad rápida, los gurús exprés y las
respuestas cómodas, el filósofo David Pastor Vico propone
justo lo contrario: parar, confiar y volver a pensar juntos. Sin promesas
mágicas ni fórmulas sencillas. Porque la felicidad no es un secreto perdido,
sino un conocimiento antiguo y al alcance de
todos que, sin embargo, hemos decidido olvidar.
Con
motivo de su nuevo libro, Filosofía para desconfiados, hablamos con
el pensador afincado en Utrera, David Pastor Vico, para conocer su
visión del mundo. Con él hablamos de Aristóteles, la amistad, la
confianza y el pensamiento crítico, para llegar a una incómoda conclusión:
cuanto más solos vivimos, más vulnerables y manipulables nos volvemos. Es
hora de volver a confiar.
-
¿Para ti existe un secreto de la felicidad? Y si existe, ¿cuál es?
No, no, no. Para mí no existe ningún secreto de la felicidad. La felicidad hace
ya mucho tiempo que se desarrolló convenientemente.
La
felicidad no es más que una construcción cultural del animal humano. Decidimos
crear la felicidad igual que decidimos crear la libertad, porque son
herramientas necesarias para nuestro desarrollo. Y decidimos, en su momento,
colocarla como el fin de la vida, ya que se descubrió también hace muchísimo
tiempo que la vida carecía de sentido per se.
Y,
si no tenía sentido biológico más allá de reproducirnos y morirnos, ¿qué mejor
que poner algo en lo que nos sintiéramos bien? Ese sentirse bien era trabajar
día a día, vivir día a día, intentando que nuestra animalidad y nuestra razón
convivieran de la mejor manera. Y la mejor manera es convivir juntos.
-
¿Son entonces las relaciones las que nos hacen felices?
Somos
animales sociales, somos animales gregarios. Cuanto mejor sea la vida en
comunidad, más felices podremos decir que somos. Esto no es nuevo.
Aristóteles
lo dejó muy bien escrito. Y a mí me hace mucha gracia cómo los estudios de
Oxford o los de Susan Pinker no hacen más que reforzar algo que aquellos
primeros filósofos clásicos, mediante la observación y el uso de la razón,
llegaron a desarrollar muy bien. Si hoy necesitamos la cifra es que quizá somos
un poco más desconfiados, pero está bien.
Las
cifras dicen que cuanto más sana y más jugosa es nuestra vida social, más
felices somos, y que cuanto más abundamos en esa felicidad, más vivimos. Me
parece la conjunción perfecta entre la animalidad y la humanidad.
-
Vivimos en un contexto en el que la felicidad es casi una obsesión. ¿El error
es obsesionarnos con ella o el error es cómo intentamos acercarnos a ella?
El
error es no conocerla. Teniendo todos los libros que tenemos, teniendo siglos
de conocimiento exhaustivo sobre esta cuestión, lo triste es que sigamos dando
vueltas sobre ideas espurias, ideas que no tienen ningún sentido. Eso es lo
triste.
Aristóteles
lo define perfectamente. San Agustín trabaja sobre ello. Santo Tomás.
Descartes. Kant. Tantísimos filósofos. Toda la filosofía existencial. Todo esto
está escrito.
¿Pero
sabes qué pasa? Que sigue habiendo gente que cree en los horóscopos. Sigue
habiendo gente que cree en las constelaciones familiares. Sigue habiendo gente
que cree en supercherías, en mitos, en fantasías. Y entonces, claro, si intento
hacer pasar a alguien del mito al logos —un paso necesario en
la filosofía que se dio hace 3.000 años—, esa persona que está en pleno siglo
XXI acabará diciendo estupideces del tipo: “¿Y ese señor de hace 3.000 años qué
sabía de mí?”. Pues sabía de la humanidad, y todos los seres humanos somos
básicamente iguales a lo largo de toda nuestra existencia.
-
¿Sería ese el gran problema de la felicidad moderna?
Sí,
el problema de la felicidad es ese: habiendo tanto conocimiento, estando todo
tan claro, no somos capaces de aceptarlo. Además, queremos el camino más fácil.
Ojo: no el más sencillo, sino el más fácil.
La
realidad es que, por nuestra forma de vida actual, hemos renunciado hace mucho
tiempo a ese camino. Desde que aceptamos vivir de manera tan individualista,
tan solitaria, tan ensimismada, nos estamos negando lo principal para ser
felices. Y lo principal es convivir con los otros, escuchar a los otros y ser
felices juntos.
Aristóteles
decía: “no te fíes de alguien que no tiene amigos, porque alguien que no tiene
amigos es imposible que sea feliz”. La felicidad depende de tener amigos. Y,
como te decía, después los estudios científicos lo han demostrado. El
grandísimo problema que tenemos es tener todo el conocimiento al alcance de la
mano y seguir mirándonos el ombligo. Decir: “No, el camino es otro. Me voy a
leer libros de autoayuda, voy a que me echen las cartas, voy a mirar el
horóscopo, porque el camino está por otro sitio”. Bueno, si eso te entretiene,
perfecto.
Lo
que a mí no me gusta es que este tipo de mensajes, que son muy burdos y muy
toscos, se conviertan en trending topic en TikTok o en
Instagram, y pasen a ser la verdad que mucha gente acepta. Cuando esa verdad
que necesitan está contrastadísima científicamente, es gratuita y da acceso a
todo el mundo a la filosofía.
"El
talento es el éxito de la inteligencia, pero la inteligencia es el desarrollo
de los seres humanos juntos"
-
¿Dónde está, entonces, la verdadera solución al problema?
En
los libros de los grandes filósofos clásicos, y es gratuita. Ni siquiera hace
falta comprar libros de un filósofo como yo, que te pueden costar 20 euros. Un
curso de autoayuda puede costarte 3.000 euros un fin de semana en un retiro.
Los
libros de los grandes filósofos clásicos están gratis en PDF. Aun así, no los
leemos. Aceptamos, como demostró un estudio sobre medicamentos, que cuanto más
pequeña, más colorida y más cara sea la pastilla, mejor funciona. El
experimento fue claro: se fabricaron pastillas blancas, genéricas y feas, y las
mismas pastillas, con el mismo compuesto, pero pequeñas, de colores y muy
caras. En un experimento doble ciego se las dieron a distintos grupos y, oh
sorpresa, las que mejor funcionaban eran las pequeñas, de colores y carísimas,
frente al medicamento genérico, que era exactamente igual.
Esto
demuestra hasta qué punto la sugestión es poderosa. Y entonces pensamos que si
los libros en PDF son gratis es porque no dicen ninguna verdad. Lo bueno es el
gurú de la autoayuda, que gracias a unos tés y unas comidas milenarias va a
conseguir que mis chakras se alineen. Eso sí, después de pagarle 3.000 euros.
¿Habrá que ser tonto?
-
Tu libro se llama Filosofía para desconfiados. Me parece paradójico
que vivamos una era de desconfianza hacia el otro y, sin embargo, seamos
absolutamente ingenuos al creer cosas como las que comentas: el terraplanismo,
la conspiranoia… ¿Qué está pasando con la desconfianza y con la confianza?
La
confianza es, como dice Adela Cortina, el pilar único y posibilitador de la
ética. La ética es el modo de relación de los animales humanos. Es decir, si no
hay confianza, no hay ética y, por lo tanto, desaparece la relación entre los
animales humanos, que es la situación en la que nos estamos encontrando:
situaciones cada vez más envilecidas. Nosotros estamos mal, pero hay países que
están peor. También hay quien está mejor, y eso da mucho coraje. Que, en
Finlandia, con el clima que tienen y la comida que tienen, estén mejor que en
Andalucía, a mí me da mucho coraje.
Pero
sigo desarrollando la idea. La posibilidad de la ética, la posibilidad de
convivir juntos también abre la posibilidad de criar niños sanos,
emocionalmente fuertes e intelectualmente más capaces. El desarrollo de las
habilidades cognoscitivas y de la inteligencia no es propicio en ambientes de
soledad y mucho menos con un teléfono en la mano.
Si
quieres niños sanos, necesitas niños que, además de ir a la escuela, después de
la escuela, cuando hagan la tarea en casa y hayan comido, salgan al parque,
salgan a la calle a jugar entre ellos, sin más mediación que una vigilancia
somera de los padres desde lejos. Que jueguen entre ellos todas las horas
posibles del día, desde los dos hasta los dieciséis años. Es en ese momento
cuando se fortalece enormemente esta potencia intelectual, esta capacidad de
desarrollo.
-
Entiendo, entonces, que este jugar entre niños es lo que acaba con la
estupidez. ¿Por qué?
Porque
ahí se forma el pensamiento crítico. Cuando los niños juegan entre ellos no
solo desarrollan habilidades psicomotrices, que no son nada despreciables, ni
solo habilidades sociales, que son útiles y necesarias para la vida, sino que
además están contrastando su mundo con el mundo de sus amigos. Esa
contrastación de mundos es lo que mi amigo José Carlos Ruiz define como
pensamiento crítico.
El
pensamiento crítico es poner en juego no solo el entendimiento de mi mundo,
conociendo mi contexto, sino confrontarlo con el mundo del otro, con el
entendimiento del mundo del otro. Y en ese juego dialéctico entre ambos surge
el pensamiento crítico, la posibilidad de llegar a ciertas verdades que, si no
son absolutas, sí tienen un alto grado de criterio de verdad.
Lo
mismo sucede con la ciencia, la paraciencia y la pseudociencia. Si yo solo
consumo una de ellas, no hay posibilidad de que me saquen de ahí. Pero si tengo
un espectro amplio de conocimiento, de personas que me nutren con sus ideas, es
muy difícil que me acerque a este tipo de supercherías, simplemente porque
dentro de mi grupo están desterradas, porque hemos llegado juntos a ciertas
conclusiones acordes con nuestro tiempo.
Por
eso es tan fundamental la confianza para el desarrollo intelectual y para el
desarrollo de la inteligencia. Porque, como dice José Antonio Marina, el
talento es el éxito de la inteligencia. Pero la inteligencia es el desarrollo
de los seres humanos juntos.
-
La desconfianza, entonces, nos hace estúpidos…
En
el momento en que desaparece la confianza, desaparece esa posibilidad. Los
seres humanos se quedan solos y nos volvemos tontos. Pero tontos de verdad.
Según los últimos estudios sobre conciencia intelectual, en las últimas dos
generaciones hemos bajado casi catorce puntos.
Los
jóvenes están cada vez más solos. En ellos se exacerba especialmente esto. Los
de mi generación jugábamos en la calle y teníamos un montón de amigos, pero los
más jóvenes tienen espacios de relación muy reducidos, y relaciones además
absolutamente planas y adimensionales, como las de las redes sociales: no
tienen olor, no tienen sabor, no tienen textura, no tienen calidez. Son frías.
Solo recibes del otro lo que el otro quiere mostrarte y nada más. No hay
posibilidad de conocer sus realidades ni su contexto, y al final aparecen estos
problemas. Son problemas gravísimos que hemos ido acrecentando con el tiempo.
-
Pensaba también en otra contemporánea, Marina Garcés, que advierte sobre esta
tendencia a rodearnos, incluso en la amistad, solo de personas que viven en la
misma burbuja. ¿Qué peligro encarna esto?
Esto
encarna muchísimo peligro. De hecho, es un recurso muy antiguo. Conozco también
a Marina, y ella tiene mucha razón. Y es uno de los grandes problemas que
plantean algunos modelos morales, como el epicureísmo. Porque la gente cree que
el epicureísmo es una filosofía, pero no lo es. Es un modelo moral. Esto lo
explica muy bien Gilles Lipovetsky: epicureísmo, estoicismo, escepticismo,
cinismo… No son escuelas filosóficas, son modelos morales, porque nos dicen
cómo tenemos que vivir.
Epicuro,
que tenía muchísimo miedo al dolor social y al dolor en general, decía que en
su jardín solo entraban aquellas personas que sumaran, nunca las que le
generaran dolor. Y esto es un problema.
Está
muy bien si crees que te puedes aislar del mundo. Cuenta la leyenda que Epicuro
estuvo años enteros encerrado en el jardín de su casa, que además era huerto,
cultivando allí. Pero esto es un problema enorme. Porque o eres muy, muy rico,
o te conformas con comer pan y agua, como era su caso. Pero eso hace que no
generemos barreras frente a los problemas y, sobre todo, nos vuelve inmóviles.
Y al volvernos inmóviles, nos hace fácilmente maleables, fácilmente
conducibles.
Tener
amigos de todos los espectros te obliga a pensar en ese espectro, a pensar en
ese registro y a cuestionarte seriamente si los principios que estás
defendiendo son correctos o no.
-
¿Te has visto en esa situación alguna vez?
A
mí esto me ha pasado muchas veces. Tengo amigos con los que debato a menudo. Y
es muy interesante porque, cuanto más cultos y preparados están tus amigos, más
maravillosos son los debates que surgen. En muchas ocasiones me han obligado a
replantearme cosas. Y eso siento que, como ser humano, me hace mejor persona.
Porque si algo tenemos que hacer los filósofos es ser capaces de arrepentirnos
y de rectificar.
Pero
no solo los filósofos: cualquier persona. Qué triste es encontrarte con
personas de sesenta años que te dicen: “Yo no me arrepiento de nada de lo que
he hecho en mi vida”. Uf. ¿No has aprendido nada? ¿Ninguna experiencia te ha
servido para darte cuenta de que te equivocaste y que sería mejor no repetirlo?
¿De verdad somos tan simples?
-
En la vida hay también diferentes tipos de amigos. ¿Son todos igual de valiosos
en este sentido?
Aristóteles decía que hay
tres tipos de amigos:
los amigos por diversión, los amigos por interés y los amigos de verdad, los
que te hacen mejor persona. Las dos primeras categorías no requieren pensar la
amistad como algo absoluto. Yo necesito gente con la que hacer cosas que me
hagan sentir bien, y eso también es un tipo de amistad.
Las
amistades por interés también son muy necesarias. Aquí todo el mundo piensa:
“Es que por interés te quiere Andrés”. No va de eso. Es el interés de hacer
cosas juntos. Es muy importante trabajar bien la amistad en el ámbito laboral,
por ejemplo, porque pasamos muchísimas horas trabajando y, si además vemos a
los demás como extraños, el sufrimiento mental es absoluto.
No
se trata de que tengamos las mejores relaciones del mundo ni de ser amigos
íntimos en el trabajo, pero sí de entender que es un tipo de relación, de
colegueo en el sentido más latino de la palabra: compartimos leyes, compartimos
espacios necesarios. Es una relación que debe ir un poco más allá de lo
puramente formal y que tiene connotaciones de amistad, simplemente porque
nuestro cerebro —y esto es muy importante— no es capaz de disociar el trabajo
el no trabajo.
Si
voy a estar ocho horas rodeado de personas y decido que no quiero que sean mis
amigos porque la amistad va por otro lado, el ambiente de trabajo se vuelve
irrespirable. En cambio, si aceptamos que esas personas están ahí y que, por el
interés de estar juntos, debemos tener un cierto grado de amistad, las cosas
cambian y vivimos mejor.
No
pensemos siempre la amistad como ese gran absoluto metafísico del encuentro de
dos cuerpos con una misma alma del que habla Platón. Eso está muy bien y hay
personas que tienen la suerte de tener uno o dos amigos así. Otros no. Pero la
amistad también es extensiva a otros grados de proximidad con las personas. Y
es necesaria. Ese matiz es importante hacerlo.
Bien,
así las cosas, quedo en deuda con ustedes para una próxima nota con mis
conclusiones sobre estos temas.
¡Hasta la próxima!
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