domingo, 14 de diciembre de 2025

La banalidad del mal

Bien, quiero comenzar esta nota, estimados amigos, aclarando que no voy a tratar en ella la moralidad o inmoralidad de los actos del protagonista de la misma. Lo que quiero tratar aquí es cómo un individuo, aparentemente inocente y bueno, puede participar de hechos terribles y condenables.

Desde luego que, por el título de la nota, ustedes ya habrán imaginado que el tal protagonista es el alemán Adolf Eichmann, de modo que comencemos dando una semblanza de Eichmann.

Otto Adolf Eichmann, el mayor de cinco hijos, nació en 1906 en una familia protestante calvinista en Solingen, Alemania. Sus padres fueron Adolf Karl Eichmann, un contable, y Maria (de soltera Schefferling), ama de casa. El padre se trasladó a Linz, Austria, en 1913 para acceder a un puesto como gerente comercial de la Compañía de Tranvías y Electricidad de Linz, y su familia se mudó allí un año después. Al morir María en 1916, el padre de Eichmann se casó con María Zawrzel, una protestante devota con dos hijos.

Eichmann fue a la escuela estatal secundaria Kaiser Franz Joseph en Linz, el mismo instituto al que Adolf Hitler había asistido diecisiete años antes. Tocaba el violín y participó en deportes y clubes, incluyendo un grupo de artesanos y exploradores que incluía a algunos muchachos mayores que eran miembros de varias milicias derechistas. Su bajo rendimiento escolar dio lugar a que su padre lo retirara de la Realschule y lo inscribiera en la universidad vocacional Höhere Bundeslehranstalt für Elektrotechnik, Maschinenbau und Hochbau. Se fue sin obtener un título y entró a la nueva empresa de su padre, la Compañía Minera de Untersberg, donde trabajó durante varios meses. De 1925 a 1927 trabajó como empleado de ventas para la compañía de radio Oberösterreichische Elektrobau AG. Posteriormente, entre 1927 y comienzos de 1933, Eichmann trabajó en la Alta Austria y en Salzburgo como agente de distrito para la Compañía Petrolera Vacuum AG.

Durante esta época se alistó a la Jungfrontkämpfervereinigung, la sección juvenil de la Frontkämpfervereinigung Deutsch-Österreichs, un movimiento de veteranos de derechas, y empezó a leer periódicos publicados por el Partido Nazi (NSDAP). La ideología del partido estaba el rechazo de la República de Weimar en Alemania y de los términos del Tratado de Versalles, el antisemitismo radical y el antibolchevismo. Prometían un Gobierno central fuerte, incrementar el Lebensraum (espacio vital) para los pueblos germánicos, la formación de una comunidad basada en la raza y la limpieza racial mediante la activa supresión de los judíos, que serían despojados de su ciudadanía y de sus derechos civiles.

Bien, de esta primera información, podemos sacar algunas conclusiones: Como primera medida, observamos que creció en hogares en los que reinaba una rígida moral protestante. Segundo, no mostró ningún talento particular en su desempeño escolar, ni en los trabajos que desempeñó en esa etapa juvenil.

Estas características moldearon, sin duda, una personalidad apocada, no propensa a dirigir su propia vida con voluntad y energía. Por el contrario, (​y tal como hemos ya discutido en notas anteriores, cuando hablamos del macho alfa) volcó su incertidumbre hacia quien o que cosa le ofreciera seguridad y la tranquilidad de estar amparado dentro de un movimiento del que formar parte. Así fue que se inclinó hacia los movimientos de ultra derecha que, con su discurso lleno de energía y vigor, prometían a los que no sabían cómo conducir su propia vida un destino brillante y venturoso.

Y es aquí cuando se produce un hecho importante en su vida: Por consejo del amigo de la familia y líder local de las SS, Ernst Kaltenbrunner, Eichmann entró en la rama austríaca del Partido Nazi el 1 de abril de 1932, número de miembro 889,895. Su membresía en las SS fue confirmada siete meses después (número de miembro de las SS 45,326). Su regimiento era SS-Standarte 37, responsable de proteger la sede del partido en Linz y a los oradores del partido en las manifestaciones, que a menudo se volvían violentas. Eichmann realizaba actividades del partido en Linz los fines de semana mientras continuaba en su puesto en la empresa Vacuum en Salzburgo.

Unos meses después de la toma del poder nazi en Alemania en enero de 1933, Eichmann perdió su trabajo debido a los recortes de personal en Vacuum donde, obviamente, no era considerado imprescindible. El partido nazi fue prohibido en Austria aproximadamente al mismo tiempo. Estos eventos fueron factores en la decisión de Eichmann de regresar a Alemania.

Al igual que otros nacionalsocialistas, dejó Austria en la primavera de 1933. Se trasladó a Passau, donde se unió a Andreas Bolek en su cuartel general. Después de asistir a un programa de capacitación en la sede de las SS en Klosterlechfeld en agosto, Eichmann regresó a la frontera de Passau en septiembre, donde fue asignado para dirigir un equipo de enlace de las SS de ocho hombres para guiar a los nacionalsocialistas austríacos a Alemania y contrabandear material de propaganda desde allí a Austria. A finales de diciembre, cuando su unidad fue disuelta, Eichmann fue ascendido a SS-Scharführer (jefe de escuadrón, equivalente a cabo). El batallón de Eichmann del Regimiento Deutschland fue acuartelado junto al campo de concentración de Dachau.

Y aquí vemos las cualidades de Eichmann que lo llevaron, por ejemplo, al ascenso en la jerarquía del partido nazi: La obediencia en el cumplimiento de los encargos que recibía y su contracción a dicho cumplimiento.

Hacia 1934, Eichmann solicitó la transferencia al Sicherheitsdienst (SD) de las SS para escapar de la «monotonía» del entrenamiento militar y el servicio en Dachau.

Esto es importante, escapar de la monotonía del entrenamiento militar muestra que su vocación no era la carrera militar, sino que estaba en ella para que le condujeran la vida, cosa que él no sabía cómo hacer.

Eichmann fue aceptado en el SD y asignado a la suboficina sobre francmasonería, organizando objetos rituales incautados para un museo propuesto y creando un índice de fichas de masones y organizaciones masónicas alemanas. Preparó una exposición antimasónica, que resultó ser extremadamente popular. Entre los visitantes estuvieron Hermann Goering, Heinrich Himmler, Ernst Kaltenbrunner y el barón Leopold von Mildenstein.

De nuevo esto es importante porque muestra su capacidad, que iba apareciendo, de organizar cosas sin tener que mantener contacto con personas.

Mildenstein invitó a Eichmann a unirse a su Departamento Judío, Section II/112 del SD, en su cuartel general de Berlín. La transferencia de Eichmann se aprobó en noviembre de 1934. Más tarde llegó a considerar esto como su gran oportunidad. Fue asignado para estudiar y preparar informes sobre el movimiento sionista y varias organizaciones judías. Incluso aprendió un poco de hebreo y yidis, ganando reputación como especialista en asuntos sionistas y judíos. El 21 de marzo de 1935, Eichmann se casó con Veronika (Vera) Liebl (1909–93). La pareja tuvo cuatro hijos: Klaus (nacido en 1936 en Berlín), Horst Adolf (nacido en 1940 en Viena), Dieter Helmut (nacido en 1942 en Praga) y Ricardo Francisco (nacido en 1955 en Buenos Aires).

 Eichmann fue promovido a SS-Hauptscharführer (jefe de escuadrón) en 1936 y comisionado como SS-Untersturmführer (subteniente) el año siguiente.

¿Cuáles fueron sus méritos? Contracción al trabajo y una callada obediencia.

La Alemania nazi usó la violencia y la presión económica para animar a los judíos a dejar Alemania por propia voluntad;250 000 de los 437 000 judíos del país emigraron entre 1933 y 1939. Eichmann viajó a la Palestina bajo mandato británico con su superior Herbert Hagen en 1937 para evaluar la posibilidad de que los judíos de Alemania emigrasen voluntariamente a ese país, desembarcando con credenciales de prensa falsas en Haifa, desde donde viajaron a El Cairo en Egipto. Allí se encontraron con Feival Polkes, un agente de la Haganá, con quien no pudieron llegar a un acuerdo. Polkes sugirió que se debería permitir que más judíos se fueran bajo los términos del Acuerdo Haavara, pero Hagen se negó, suponiendo que una fuerte presencia judía en Palestina podría conducir a la fundación de un Estado independiente, lo que sería contrario a la política del Reich. Eichmann y Hagen intentaron regresar a Palestina unos días después, pero se les negó la entrada después de que las autoridades británicas les negaran las visas requeridas. Prepararon un informe sobre su visita, que se publicó en 1982.

Es interesante observar que, en un principio, el partido nazi no propuso el exterminio de los judíos, sino que estos emigraran de Alemania.

En 1938, Eichmann fue enviado a Viena para ayudar a organizar la emigración judía de Austria, que acababa de integrarse en el Reich a través del Anschluss. Las organizaciones de la comunidad judía se pusieron bajo la supervisión de la SD y se encargaron de alentar y facilitar la emigración judía. La financiación provenía del dinero incautado a otras personas y organizaciones judías, así como de donaciones del extranjero, que se colocaron bajo el control de la SD. Eichmann fue ascendido a SS-Obersturmführer (primer teniente) en julio de 1938 y destinado a la Agencia Central para la Emigración Judía en Viena, creada en agosto. Cuando salió de Viena en mayo de 1939, casi 100 000 judíos habían abandonado Austria legalmente, y muchos más habían pasado de contrabando a Palestina y a otros lugares.

Y esto de la emigración y no exterminio me parece importante porque creo que Eichmann se fue viendo envuelto en lo que finalmente terminó, de a poco, paso a paso. Lo cual tornó su destino mucho más fácil de aceptar.

De modo que lo que hasta aquí tenemos es un individuo incapaz de conducir su propia vida, que buscó un macho alfa que le dijera cómo hacerlo y lo encontró en Adolf Hitler​ y en el movimiento nacionalsocialista.

Y entonces, estalló la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939, y Eichmann y su equipo agruparon a los judíos en los campos de concentración y los guetos en las ciudades grandes con la expectativa de ser trasladados hacia el este o por mar. Hicieron planes para reservas judías, primero en Nisko, al sureste de Polonia, y más tarde en Madagascar, pero todos estos planes fueron descartados.

Esto muestra que su intención primaria no era el exterminio, pero esa fue la orden que recibió de las jerarquías nazis y, como hemos visto, obediente como era cumplió a cabalidad. Fue un maestro de la logística, o sea, del manejo de los trenes de prisioneros, que eran muchos y muchos también los destinos.

Cuando los nazis inician la invasión de la Unión Soviética en junio de 1941, cambia la política de emigración hacia el exterminio. Copartícipes de este genocidio fueron Heydrich, quien era el superior de Eichmann, y demás líderes militares y administrativos presentes en la Conferencia de Wannsee el 20 de enero de 1942, organizada por Eichmann hasta el último detalle. Eichmann y su equipo fueron los responsables de la deportación y traslado de los judíos a los campos de concentración, donde fueron gaseados. Alemania invadió Hungría en marzo de 1944 y Eichmann supervisó la deportación de la población judía. Muchas de las víctimas fueron enviadas al campo de concentración de Auschwitz, donde cerca del 75 % fueron asesinadas en el momento de su llegada. Cuando finalizaron los traslados en julio de 1944, 437 000 judíos húngaros habían sido asesinados.

Desde luego que él sabía que los judíos que transportaban esos trenes iban a morir en su mayoría.

-- ¿Y eso no le importaba, Martín?

Veámoslo así: Él se sabía un hombre de pocas luces que no sabía manejar su propia vida. Por otro lado, en el partido nazi había alcanzado una posición importante gracias a su meticuloso comportamiento y su ciega devoción. Y también sabía que, si renunciaba para no contribuir al cumplimiento de las órdenes de exterminio, sería mal visto y sufriría por ello. De modo que, lo más cómodo para él fue obedecer y no plantearse problemas morales.

-- ¿Y eso justifica su comportamiento, Martín?

Desde luego que no, pero como ya dije al comienzo no es mi intención aquí juzgar la moralidad o inmoralidad de sus actos, sino el motivo por el cual los realizó.

En definitiva, tenemos un individuo débil de carácter, de pocas luces y sin capacidad para manejar su propia vida. Ese individuo buscó, a tientas, un macho alfa en quien entregar su destino y, una vez hallado trabajó a destajo porque, al fin, había encontrado quien lo guiara.

Después de la derrota de Alemania en 1945, Eichmann fue capturado por las fuerzas estadounidenses, pero se escapó del campo de detención, moviéndose por todo el país para evitar ser localizado. Se escondió en una pequeña villa en la Baja Sajonia, donde vivió hasta 1950, cuando huyó a Argentina bajo identidad falsa. Los servicios de inteligencia israelíes confirmaron su identidad y ubicación en 1960, y posteriormente fue capturado por un equipo del Mossad y agentes de Shin Bet y llevado a Israel para ser juzgado, acusado de quince cargos criminales, incluyendo crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y crímenes contra la población judía.

Fue encontrado culpable de los cargos y sentenciado a morir en la horca; sentencia que se cumplió el 1 de junio de 1962.

 

Ahora bien, como necesario colofón de esta nota quiero traer a este foro a Hannah Arendt que, para aquellos que no lo sepan, fue la autora de la frase del título que la acompaña.

Veamos su historia en una nota de Margarita Rodríguez BBC News Mundo:

Foto de Hannah Arendt de 1949.

"Los humanos, aunque han de morir, no han nacido para eso sino para comenzar".

La autora de esa frase vivió la primera posguerra, huyó del nazismo, fue refugiada, estudió el totalitarismo, cubrió el juicio de uno de los organizadores del Holocausto, nos habló del "mal radical" y de "la banalidad del mal".

Aun así, en la obra de Hannah Arendt, una de las principales pensadoras políticas del siglo XX, hubo un espacio para creer en nosotros como especie.

"Esta idea de que los seres humanos son inicio, capacidad de interrupción, de irrupción, de novedad, puede permitir pensar que en Arendt hay una suerte de idea de esperanza", le dice a BBC Mundo la filósofa Josefina Birulés, una de las más destacadas especialistas en la obra de la autora alemana.

Y es que, indica la investigadora, "Arendt estaba más interesada en aquello que ilumina, que en la oscuridad que nos rodea".

"El espíritu de su pensamiento es extraordinariamente vigente y los conceptos y categorías que introdujo siguen sirviendo para acercarse a nuevas realidades", añade Agustín Serrano, investigador del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España.

Criticada por unos, elogiada por otros, este jueves 4 de diciembre se cumplieron 50 años de la muerte de la historiadora cuya relevancia no conoce el paso del tiempo.

Arendt nació en 1906, en Hannover, en el seno de una familia judía.

Con el ascenso del nazismo, tuvo que huir de su país a los 27 años. Vivió varios años en París y, en 1941, se fue a Estados Unidos, donde se radicó y realizó distintos trabajos, entre ellos el de periodista.

Birulés cuenta que en esa época Arendt estaba sistemáticamente preocupada por los amigos que habían quedado atrás, por cómo podía ayudarlos a escapar de los horrores del nazismo.

Ella misma se convirtió en una refugiada.

"Basta leer un artículo que es una auténtica maravilla, es irónico, sarcástico: 'Nosotros, los refugiados', que valdría la pena releerlo hoy".

Ese texto, publicado en 1943, Arendt lo inició así:

"En primer lugar, no nos gusta que nos llamen 'refugiados'. Nosotros mismos nos llamamos unos a otros 'recién llegados' o 'inmigrantes'".

Más adelante escribió: "Aparentemente nadie quiere saber que la historia contemporánea ha creado una nueva clase de seres humanos: la clase de los que son confinados en campos de concentración por sus enemigos y en campos de internamiento por sus amigos".

Por 18 años, Arendt fue una refugiada apátrida hasta que adquirió la nacionalidad estadounidense en 1951.

Ese año, publicó "Los orígenes del totalitarismo", una obra considerada clave para comprender el siglo XX.

Allí describiría el totalitarismo como un "mal radical".

De acuerdo con Serrano, la escritora tuvo la lucidez de reconocer que es "una forma de violencia y dominación que no tiene ejemplos en la historia, por crueles que hayan sido las tiranías y los despotismos del pasado".

Planteó que esa forma de gobierno se ha producido en dos casos distintos: el totalitarismo nazi y el estalinismo en la Unión Soviética.

Ese libro es una especie de radiografía de un nuevo régimen que, según la pensadora, consistía en "la absoluta y declarada" aniquilación de lo político, explica Birulés.

"De aquí que ella no se haga las preguntas tradicionales: ¿cómo repensar la dignidad humana?, ¿cómo repensar los derechos? Lo que hace es preguntarse por el sentido y el significado de la política, que es lo que ha sido eliminado ya sea en el régimen nazi o en el estalinista".

Y esa idea de repensar el sentido de la política es lo que le permite hacer un diagnóstico de su propia época.

"Siempre fue una filósofa movida por el afán de comprender lo que estaba atestiguando", señala Serrano.

Por una parte, tenía ante sí "una especie de destrucción de la convivencia cívica y política, primero en Alemania y luego en Europa".

Y, por otra parte, "una amenaza a la condición humana como nunca se había experimentado".

Lyndsey Stonebridge, profesora del departamento de Literatura Inglesa en la Universidad de Birmingham, cuenta que Arendt fue una de las primeras en descubrir lo que ocurría en los campos de concentración.

"La primera en estudiar el nuevo sistema de las 'fábricas de cadáveres', como ella las llamaba", escribió Stonebridge en el artículo Hannah Arendt's lessons for our times: the banality of evil, totalitarianism and statelessness ("Lecciones de Hannah Arendt para nuestros tiempos: la banalidad del mal, el totalitarismo y la apatridia"), publicado en el sitio web de la Academia Británica.

Arendt había quedado horrorizada cuando vio los juicios de Núremberg en los años 40.

En 1960, Adolf Eichmann, considerado el cerebro logístico de Hitler, fue trasladado de Argentina, donde vivía, a Jerusalén para ser enjuiciado por su participación en la comisión de crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Arendt, que escribía en la revista The New Yorker, pidió ser enviada como corresponsal para cubrir el juicio que se realizó en 1961.

Allí, vio al acusado en un cubículo de cristal antibalas.

Arendt pidió viajar a Jerusalén para cubrir como periodista el juicio a Adolf Eichmann.

Stonebridge cuenta que Arendt se encontró con "un hombre pequeño, más bien pomposo, hablando en clichés, engreído y radicalmente incapaz de pensar sobre dónde estaba y sobre quién hablaba".

"Eichmann era banal", pero eso no significaba que no fuera malvado, definitivamente lo era, indica la profesora.

Él representaba un tipo de mal.

"Este mal, decía Arendt, este mal irreflexivo se había introducido en nuestra cultura y se estaba propagando como un hongo".

"El título de su crónica es muy conocido, pero poquísima gente la ha leído", dice Birulés.

En febrero de 1963, salió publicado el artículo: "Eichmann en Jerusalén-I. Adolf Eichmann y la banalidad del mal".

Lo que Arendt escribió allí generó irritación en algunos sectores.

"Una razón es que Arendt subraya que aquel personaje que tiene adelante, y de quien ha leído papeles y papeles de información que disponen los que asisten al juicio, es un hombre totalmente normal, no es un psicópata, sino que es el perfecto padre de familia del siglo XX que se ocupa de cuidar a su familia y que hace bien su trabajo, pero sin interrogarse sobre el trabajo que está realizando", explica la académica.

"Esta idea de que buena parte de quienes participaron en el régimen nazi eran hombres perfectamente normales es una idea que algunos consideraron como una forma de exonerarlos".

"En cambio, si se piensa bien se podría decir que es más terrible porque psicópatas hay pocos, pero hombres normales hay muchos, esto que ella denominó la banalidad del mal", reflexiona Birulés.

La publicación de esos textos -que aparecieron primero como artículos en The New Yorker y después como un libro, "Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal", de 1963- "le costaron muchas amistades y disgustos".

La palabra banalidad aparece en el título y en un epílogo que añade cuando "las críticas arreciaron", recuerda Birulés. No es que hubiese presentado toda una teoría.

La investigadora recuerda que cuando Arendt les respondió a algunos amigos que la cuestionaban, les decía que ya había hablado del "mal radical" en "Los orígenes del totalitarismo".

Lo que hace Arendt es caracterizar a Eichmann como un individuo irreflexivo, que es incapaz de pensar, de reflexionar sobre lo que hace.

En una carta escrita en 1962, Eichmann dijo que personas como él fueron "obligadas a servir como meros instrumentos en las manos de los líderes" y que no se sentía culpable.

"Hay que decir que ni los juristas, jueces, fiscales, etcétera, que había en las sesiones, ni Arendt, pudieron leer lo que ahora nosotros podemos leer", señala Birulés.

Se refiere a documentos que, posteriormente, mostraron que "Eichmann era un auténtico antisemita y, por tanto, Arendt se equivocaba con él".

"Aunque, como bien dice quien hizo esa investigación tan seria sobre esos papeles, Eichmann no habría sido tan convincente si no hubiera tantos personajes normales que formaban parte del aparato del nazismo y que colaboraban con él".

Birulés es investigadora del Centro de Investigación Teoría, Género, Sexualidad de la Universidad de Barcelona, donde enseñó Filosofía entre 1979 y 2020.

Varias de sus publicaciones se han enfocado en el pensamiento de la filósofa alemana, como el libro "Una herencia sin testamento: Hannah Arendt".

Para comprender lo que Arendt quiso expresar con la banalidad del mal, la experta invita a preguntarnos "¿qué es lo que diferencia a Eichmann de personajes tan villanos y malos como los que vemos en algunas obras de Shakespeare, por poner un ejemplo?".

"Lo que dice Arendt es: ¿cómo se hace para juzgar tipos que aparentemente no tienen la intención de hacer el mal?".

"¿Cómo se hace para acusar a unos tipos que es evidente que son capaces de hacer el mal y siembran el mal en su entorno, cuando lo han hecho sin desobedecer la ley, cuando lo han hecho obedeciendo la ley?".

Las preguntas que se formula Arendt apuntan a cómo concebir un nuevo sistema de justicia que contemple a personas como estas y a un nuevo tipo de crimen.

Para Birulés, el concepto sobre la banalidad del mal cuestionó la tradición de pensar que el mal tenía que ver con una mala intención y "lo que hace Arendt es mostrar que el mal es posible en el siglo XX sin intención de cometer el mal, cumpliendo órdenes, cuidando muy bien a la propia familia".

Serrano recuerda que, en medio de la polémica que desató, el libro sobre Eichmann lanzó a la fama a Arendt en el sentido de que su nombre salió de los círculos académicos y se posicionó en los medios de comunicación.

"Esa obra lo que fundamentalmente transmite es que para una empresa de mal organizado tan compleja, tan amplia, como fue el exterminio de la población judía en Europa, lo imprescindible eran, sobre todo, hombres comunes y corrientes que aceptasen colaborar sin hacer preguntas y que esta colaboración no les produjese problemas de conciencia".

"Creo que ese es el perfil de la banalidad del mal: hombres grises que no eran propiamente fanáticos ni sádicos, que serían incapaces, como dice ella, de matar a su jefe y sin embargo fueron imprescindibles en la tarea de destruir millones de inocentes".

Esa realidad desconcertante y escalofriante es lo que queda plasmado en la banalidad del mal.

"La aportación de Arendt es muy significativa para la comprensión de lo que ocurrió, para fenómenos posteriores, quizás también actuales, que es esa tesis de que, si a los hombres comunes y corrientes se les garantiza impunidad, se adaptan a cualquier proceso de violencia organizada y lo viven con normalidad".

El investigador también reflexiona sobre la gran polémica que generó insinuar que Eichmann, quien era teniente coronel de las SS, reflejara ese perfil. Pero independientemente de eso, lo importante es que a la luz de lo que plantea Arendt miles de personas sí respondían a ese perfil.

"Yo no creo que sea incompatible decir que el mal fue radical y que parte de sus perpetradores respondían a ese perfil de la banalidad del mal".

Para el filósofo, es clave verlo como un complemento muy importante al análisis de lo que es un régimen totalitario y cómo funciona.

"Ella no dice que todos los dirigentes nazis puedan responder a ese perfil, lo contrario. Lo que sí dice es que esa empresa de destrucción organizada necesita gente, técnicos, administrativos, juristas, entre muchos otros, que no se hagan preguntas y que por principio no son personas malvadas".

Para Serrano, el legado de Arendt, su pensamiento, sigue "muy vivo".

"Un punto muy original de su obra es la reflexión sobre el hecho de que los seres humanos en realidad están llamados a la acción, a participar en los asuntos comunes, en lo que ella llamaba: el cuidado del mundo".

Y ahí es donde el filósofo ve en Arendt una fuente de esperanza y hasta de optimismo.

"Siempre mantuvo que la política tiene una promesa que solo ella puede canalizar, que es la promesa de cuidar del mundo y que eso convoca a todas las personas, que no se puede delegar a un grupo, a un estamento de políticos".

"Ella decía que la libertad se experimenta actuando con otros, entre otros, lleno de limitaciones, de condicionantes, de dificultades; pero ahí es donde se presenta la libertad".

El filósofo añade que sigue pasando lo que ella misma dijo, que continúa siendo percibida como conservadora por las personas de izquierda y, al mismo tiempo, sigue siendo vista como demasiado avanzada, progresista, por los conservadores o las personas de derecha.

"Ni los liberales, ni los socialistas la cuentan como una de los suyos. Es una pensadora sin partidismos".

Birulés plantea que uno de los legados más significativos de Arendt es la idea de que no hay que pensar a partir de principios, sino que hay que hacerlo con la intención de entender lo que nos ocurre.

"Dejarse interpelar por la experiencia, por lo que nos toca vivir", indica la experta.

"Este es un legado que me parece importante ahora que casi no entendemos nada de lo que nos está ocurriendo".

"Como decía ella, el hilo de la tradición se ha roto, las viejas categorías ya no nos sirven, pero al mismo tiempo necesitamos ver dónde estamos y no nos basta con decir 'estos son unos tiranos' para saber que con ellos no queremos estar, pero para comprender en qué situación estamos es necesaria esta forma de comprensión que ella propone: partir de la experiencia y de ahí tratar de dar respuesta, no a la inversa".

En medio de experiencias tan dolorosas y tiempos tan oscuros, Arendt habló de la natalidad, de la novedad que trae el nacer.

Birulés nos recuerda que la filosofía tradicionalmente ha entendido la finitud humana a partir de la imagen de su mortalidad.

Pero Arendt dice que es a la inversa, que la finitud humana viene dada por la natalidad.

Michael Hauskeller, jefe del departamento de Filosofía de la Universidad de Liverpool, recuerda que en el libro "La condición humana", Arendt celebró el hecho básico de que hayamos nacido.

De acuerdo con el académico, nos habló de la posibilidad de que con cada persona nueva que llega al mundo pueda pasar algo realmente nuevo porque cada persona es única.

"Así que cada nacimiento es potencialmente un nuevo comienzo, y es una oportunidad para otros nuevos comienzos que podrían cambiar el mundo", indicó Hauskeller en un artículo de la BBC.

"No estamos condenados a repetir todo lo que hemos hecho y los errores que hemos cometido como especie humana", añadió.

Birulés señala que Arendt era muy contraria al fatalismo y al optimismo absolutos, a ella le interesaba que el pensar partiera de la experiencia.

"Algo que es interesante de Arendt y que sorprende la primera vez que la lees y sigue sorprendiendo, a pesar de que ahora es más conocida, es que siempre mira hacia donde no mirábamos. Es decir, si hablamos de mal radical, ella habla de banalidad del mal; si hablamos de mortalidad, ella habla de natalidad".

Birulés resalta que "no es necesario estar de acuerdo con ella porque a veces es difícil estarlo, pero lo interesante es que nos obliga a repensar" las concepciones que teníamos.

O, como un amigo de Arendt decía de ella: "Siempre ilumina los rincones".

 

Bien amigos, hasta aquí esta extensa nota que, espero haya sido de su interés de ustedes.

¡Hasta la próxima! 

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