Hoy tenemos como invitado de Policromía de Ideas a un viejo conocido mío. Y digo "viejo conocido" porque mi primer contacto con él fue allá lejos y hace tiempo, cuando un joven y brioso Nivi (yo, para los recién llegados) cursaba el primer año de su carrera universitaria. En aquel primer año teníamos la materia Química General y, adivinen qué, la estudiábamos por un libro grueso de tapas amarillas cuyo autor era, nada más y nada menos que, Linus Pauling.
Ahora bien, les adelanto que el motivo de haberlo invitado hoy a este foro surgió años después un día en el que Nivi leía la revista Investigación y Ciencia, traducción de la americana Scientific American, y se encontró con una entrevista a Pauling. En ella, él aportó datos sobre un tema muy interesante que es el que hoy lo trae aquí.
Pero, no nos adelantemos, comencemos por una semblanza de quién fue realmente Linus Pauling. Veamos:
Contribuyó a la definición de la estructura de los cristales y proteínas, y fue uno de los fundadores de la biología molecular. Es reconocido como un científico muy versátil, debido a sus contribuciones en diversos campos, entre ellos: la química cuántica, la química inorgánica y orgánica, la metalurgia, la inmunología, la anestesiología, la psicología y la desintegración radiactiva.
Y aquí llegamos al motivo de tenerlo hoy con nosotros: Pauling abogó por el consumo de grandes dosis de vitamina C como un potente sanador del organismo, algo que durante mucho tiempo se consideró fuera de la ortodoxia médica.
A finales de la década de 1950, Pauling investigó la acción de las enzimas sobre las funciones cerebrales. Pensaba que las enfermedades mentales podrían estar causadas, en parte, por disfunciones enzimáticas. Cuando leyó La terapia de niacina en psiquiatría, la publicación de Abram Hoffer en 1965, se dio cuenta de que las vitaminas podían tener importantes efectos bioquímicos sobre el organismo; además de aquellos efectos relacionados con la prevención de las enfermedades provocadas por la deficiencia vitamínica. En 1968, Pauling publicó, en la revista Science su artículo más importante en este terreno: «Psiquiatría ortomolecular [...]», en el cual inventó la palabra ortomolecular para describir al concepto de control de la concentración de los compuestos presentes en el cuerpo humano, para prevenir y tratar las enfermedades. Las ideas vertidas constituyeron la base de la medicina ortomolecular, fuertemente criticada por los profesionales de la medicina tradicional.
En los años siguientes, las investigaciones de Pauling sobre la vitamina C fueron fuente de controversias, y algunos las consideraron fruto de la charlatanería.[ En 1966, Irwin Stone desarrolló el concepto de curación a base de altas dosis de vitamina C. Tras este desarrollo, Pauling comenzó a tomar varios gramos al día para prevenir los resfriados. Entusiasmado por los resultados, se interesó por la literatura del tema, y en 1970 publicó Vitamin C and the common cold (‘La vitamina C y el resfriado común’). Una de las afirmaciones más polémicas en dicho texto es la siguiente: «El total de síntomas asociados a la falta de vitamina C van desde alergias, anemia, amigdalitis, artritis reumatoide, arteriosclerosis, aspereza de garganta, bronquitis, cáncer, cataratas, cefaleas, diarrea, dolor abdominal, dolores en coyunturas, dolores musculares, encías sangrantes, escalofríos, faringitis, fiebre, fiebre reumática, hemorragias, hepatitis, herpes simple, infecciones agudas y crónicas, infertilidad, intoxicaciones, laringitis, malestar general, meningitis, neumonía, otitis media, resfriados, rinitis, ronquera, tos, vómitos, sarampión, hasta enfermedades cardíacas, enfermedades renales, enfermedades vasculares periféricas, enfermedades relacionadas con la edad avanzada, deterioro del sistema inmunitario y las enfermedades degenerativas del sistema nervioso».
Al año siguiente, Pauling comenzó una larga colaboración con el oncólogo británico Ewan Cameron, trabajando sobre el uso de la vitamina C por vía intravenosa o por vía oral en enfermos de cáncer en fase terminal.
Cameron y Pauling escribieron varios artículos, así como un libro de divulgación llamado La vitamina C y el cáncer, describiendo sus observaciones. Aunque los resultados parecían favorables, fue acogido de forma negativa por parte de la comunidad investigadora.
Desde sus campañas de lucha contra las pruebas nucleares en la década de 1950, hasta sus investigaciones en biología ortomolecular, Pauling siempre estuvo en la cuerda floja. En 1985, Pauling se quedó sin el apoyo financiero institucional y sin el apoyo de sus colegas. De todos modos, Pauling colaboró con el médico canadiense Abram Hoffer en el desarrollo de una dieta que incluyera la vitamina C en altas dosis, como un tratamiento complementario del cáncer.
En 1986, publica How to Feel Better and Live Longer, libro en el que trata a la vitamina C casi como si fuera una panacea, donde afirmó que no solo sería útil para combatir el cáncer, sino que puede detener el envejecimiento.
La idea que promovió Pauling, de elevar las dosis de vitamina C de forma prolongada para prevenir varias enfermedades, siempre fue causa de controversia, y estudios posteriores revivieron el tema. Algunos médicos han llamado a una revalorización cuidadosa de la vitamina C, especialmente en forma intravenosa para el tratamiento del cáncer, lo que continúa siendo motivo de continuas investigaciones.
En 1973, Linus Pauling fundó, junto con dos colegas suyos, el Instituto de Medicina Ortomolecular en Menlo Park. El nombre del instituto pronto cambió a Instituto Linus Pauling de Ciencia y Medicina. Allí, Pauling continuó dirigiendo las investigaciones sobre la vitamina C, pero también mantuvo su interés en trabajos de química y física teórica, hasta su muerte en 1994. Durante sus últimos años de vida, se interesó particularmente en el posible papel que la vitamina C tendría en la prevención de la arterioesclerosis, y publicó tres informes sobre el uso de la vitamina C y la lisina, usadas para el alivio de la angina de pecho.
Pauling sostenía que la causa primaria de las enfermedades vasculares es la deficiencia de vitamina C, que debilita la estructura de colágeno en las arterias, dando lugar a la aparición de fisuras, en las cuales se forma la placa arterial de lipoproteína(a) como mecanismo de reparación. La placa causa con el tiempo estrechamiento arterial y trombosis. Los animales que sintetizan vitamina C, casi todas las especies, no presentan lipopoteina(a) en sangre ni sufren enfermedad coronaria. En cambio las pocas especies que no producen vitamina C, como algunos primates y el hombre, presentan estos trastornos. Los defensores de suministrar altas dosis de vitamina C, y no únicamente la estrictamente necesaria para evitar el escorbuto (RDA), esgrimen ese importante hecho para defender la teoría de que tal suministro previene las enfermedades vasculares. En coherencia con sus planteamientos Pauling ingería diariamente una dosis de 6 – 18 gramos de vitamina C al día.
-Bueno, muy bonito el valsecito, pero ¿Podemos creer que es cierto todo lo que afirmaba Pauling sobre la vitamina C, Martín?
-Pues, no creamos de palabra. Veamos lo que sugieren los últimos estudios, por ejemplo, el siguiente, cuyo subtítulo reza: Investigadores de la University of Iowa han descubierto que agregar dosis altas de vitamina C de forma intravenosa (IV) a la quimioterapia convencional duplica el tiempo de supervivencia de los pacientes con cáncer de páncreas en estadio avanzado. Artículo del 13 de febrero de 2025.
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