domingo, 5 de abril de 2026

Reflexiones 2 - Addendum

Concluía la nota pasada dejándoles, estimados amigos, la inquietud de que ya hay IAs que han superado el test de Turing. También hemos visto, en notas anteriores, que hay IAs que vencieron al Campeón Mundial de Ajedrez (y posteriormente al de Go); también les he mencionado que el programa que le ganó al primero de ellos ganó luego el concurso de preguntas y respuestas Jeopardy que, como les dije, es difícil porque las preguntas pueden ser con segunda intención, por ejemplo. Y, luego, les comenté, que Microsoft destinó el programa a tareas de abogado junior en los estudios de abogacía. Cabe consignar que dos programadores argentinos llevaron adelante el proyecto Argus con la misma intención de aportar IA al área de la abogacía.

IA Para Derecho Argentino https://share.google/6W8ADn0FryK5UKTEk

También les comenté que se había llevado a cabo una competencia entre cinco IAs y cinco neurólogos a los que se les dio los estudios realizados a ocho pacientes y se les pidió que diagnosticaran los casos… ¡Los mejores diagnósticos fueron los de las IAs!

Bien, hoy les traigo un nuevo paso adelante que ha dado la IA, a saber:

Crean una IA científica que ya ha publicado sola su primer paper.

¿Qué ocurre cuando el método científico, la herramienta más refinada de la humanidad para desentrañar la realidad, se automatiza por completo? Un estudio publicado en la revista Nature presenta el primer sistema de inteligencia artificial capaz de generar hipótesis, escribir código, ejecutar experimentos y redactar artículos científicos sin intervención humana, planteando un desafío sin precedentes a la integridad del conocimiento.

La investigación científica ha sido, históricamente, una de las últimas fronteras de la exclusividad intelectual humana. Requiere no solo procesar datos, sino imaginar posibilidades, diseñar protocolos y someter los resultados al juicio crítico de otros expertos. Sin embargo, un equipo de investigadores ha presentado The AI Scientist, una arquitectura basada en modelos de lenguaje de gran escala organizada como un sistema de agentes complejos. Este sistema no es simplemente una herramienta de asistencia; es el primer sistema que completa el procesamiento de ciclo completo (end-to-end) de una investigación científica. 

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El hito que ha sacudido a la comunidad es que uno de sus manuscritos ha logrado superar con éxito los umbrales de aceptación estándar en una conferencia de computación de élite, demostrando una capacidad de ideación y exploración algorítmica que, hasta hace poco, se consideraba estrictamente humana. Este avance supone un desplazamiento de las tareas mecánicas de investigación hacia sistemas autónomos, reduciendo el coste de producción de un artículo científico a apenas 15 dólares. Pero esta eficiencia oculta una serie de riesgos sistémicos que podrían alterar para siempre la forma en que validamos la verdad científica.

El motor de la investigación automatizada

Para comprender cómo una máquina puede replicar el trabajo de meses de un laboratorio, hay que observar su estructura operativa. The AI Scientist utiliza una capacidad de ideación basada en la probabilidad y el vasto corpus de literatura científica previa. El sistema empieza generando una lluvia de ideas sobre un tema específico, las filtra según su novedad y viabilidad, y procede a escribir el código necesario para probar sus hipótesis en un entorno de simulación.

Una vez obtenidos los datos, la IA genera gráficas, analiza los resultados y redacta un manuscrito completo siguiendo el formato de las revistas de mayor impacto. Lo más curioso es que el sistema también realiza su propio peer review (revisión por pares), evaluando la calidad de su trabajo con una precisión que ha logrado completar el proceso de revisión con criterios de calidad aceptable para evaluadores humanos. Esta automatización del flujo de trabajo de descubrimiento permite explorar miles de variantes algorítmicas en el tiempo que un humano tardaría en leer un solo resumen.

 

Y aquí viene la parte donde yo me rio, me rio porque los humanos, temerosos de la importancia e independencia que están adquiriendo las IAs, tratan de menoscabar sus logros. Es el famoso Sí, pero…

En este caso que les comento, muchos dicen: Si, pero la IA no está descubriendo nuevas leyes de la física desde cero, sino que trabaja sobre plantillas y estructuras de código proporcionadas por humanos. No estamos ante un científico independiente capaz de cuestionar los fundamentos de una disciplina, sino ante un sistema de ejecución ultrarrápido que optimiza lo ya conocido.

También está el argumento de que no hay que alegrarse por el avance de los robots asistidos con IA porque, en definitiva, nos van a reemplazar y nos vamos a extinguir.

No se trata de alegrarse o no alegrarse, se trata de que ese es el destino de toda especie. Por ejemplo, los dinosaurios dominaron la Tierra por 165 millones de años. Mucho más de lo que llevamos nosotros sobre ella… ¡y se extinguieron!

Es más, se estima que más del 99% de todas las especies que han existido en la Tierra se han extinguido. Esto significa que la gran mayoría de las especies que han vivido en nuestro planeta ya no existen. Se calcula que han existido entre 5.000 y 50.000 millones de especies, y solo una pequeña fracción de ellas, alrededor de 8,7 millones, existen actualmente.

¿Seremos nosotros tan especiales como para escapar de este destino común a todas las especies?

Bien, para terminar, vuelvo a dejarles una inquietud: ¿Cuánto creen ustedes que pasará antes de que aparezca una IA equivalente a un enorme científico como, por ejemplo, sir Isaac Newton y descubra nuevas leyes de la Física?

Ahora sí, ¡Hasta la próxima! 

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