Los saludo, estimados amigos. Y les traigo el habitual NOTI-NIVI con algunas de las muchas novedades que pueblan el campo de la Ciencia y de la Tecnología.
Les
entrego, a continuación, el Índice de contenidos con algunos breves comentarios
sobre cada una de las notas.
¡Vamos
a ello!
ÍNDICE
1.-
MicroARNs que bloquean el crecimiento de células tumorales
Auspiciosa
noticia que nos informa que se ha logrado frenar la proliferación descontrolada
de las células cancerosas en la leucemia por medio de dos reguladores que
actúan como freno, precisamente. Esto, unido a otras novedades, como las que vimos
en la nota Noticias auspiciosas, van cercando el cáncer y tornándolo
cada vez más tratable.
2.- Consecuencias
laborales de la inteligencia artificial, ¿se repetirá la historia?
Un
artículo con el que no coincido, pero lo traigo aquí para que nos solo escuchen
mi voz sino, también, la de los que opinan de otra manera.
Para
mí, la revolución de la IA no es comparable a otras, anteriores. Por ejemplo,
la Revolución Industrial que supuso la aparición de la máquina de vapor
significó que el hombre fuera reemplazado en muchas tareas que implicaban el
uso de la fuerza, del músculo. Pero, la Revolución de la IA reemplaza al hombre
en tareas que exigen músculo y también cerebro.
¿Qué
queda entonces?
3.-
La nave Psyche sobrevuela Marte en su viaje al cinturón de asteroides
Una
interesante nota que nos muestra en qué andamos en el tema de la Astronáutica.
4.-
La desconocida vida de John Bardeen
¿Cómo
puede pasar desapercibido un hombre que ha sido el único ganador de dos premios
Nobel de Física?
Pues,
así ha sido… ¡y me propongo subsanar esa carencia!
5.-
Grandes inventos de la humanidad: El termómetro
El
humilde termómetro merece también una nota que nos recuerde lo importante que
es.
6.-
¿Es el libre albedrío una ilusión?
He
aquí un tema caro a mis intereses y del que ya he hablado en mi cuento Mizuki
del 3 de enero de 2022. Dicho sea de paso, si no lo han leído o no lo
recuerdan, los invito a leer.
Podrán
ver si la nota concuerda o no con lo vertido por Mizuki.
7.-
Horizontes del futuro (Víctor Arenas)
La
mención de un libro para que ustedes disfruten, queridos amigos.
8.-
Ictus y demencia por partículas de plástico en el cerebro
Bueno,
el título habla por si solo. Mucha utilidad nos ha brindado el plástico, pero
¿también terribles problemas?
9.-
Refuerzan antibióticos mediante inteligencia artificial
Y
aquí, uno de los muchos beneficios de la IA.
10.-
¿De dónde nacen las constantes físicas que rigen el universo?
Una
muy interesante nota, quizás un poco más técnica, pero de muy sabrosa lectura.
Y ahora sí, ¡Vamos a por ellas!
MicroARNs
que bloquean el crecimiento de células tumorales
En
una investigación reciente, se ha conseguido identificar dos reguladores que
actúan como freno del crecimiento descontrolado de las células en un tipo muy
agresivo de leucemia. La investigación muestra que estos reguladores están
activos durante el desarrollo normal del sistema inmunitario, y que cuando
funcionan correctamente limitan la supervivencia y la multiplicación de las
células malignas. Su pérdida, en cambio, favorece la progresión de la
enfermedad. Estos hallazgos ayudan a entender mejor el origen de esta leucemia
y sugieren nuevas vías para abordar su tratamiento en el futuro.
El
estudio es obra de un equipo encabezado por María Luisa Toribio, del Centro de
Biología Molecular Severo Ochoa (CBM), entidad conjunta de la Universidad
Autónoma de Madrid (UAM) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas
(CSIC), en España.
La
leucemia linfoblástica aguda de células T es un cáncer de la sangre
especialmente agresivo que se origina cuando los linfocitos T sufren una
transformación tumoral durante su desarrollo en el timo, una glándula del
sistema inmunitario. A pesar de los avances en oncología, las opciones de
tratamiento de este tumor siguen siendo limitadas, lo que hace urgente
identificar nuevas estrategias terapéuticas más eficaces y específicas.
Imagen
del microambiente del timo, donde se inicia la leucemia linfoblástica aguda de
células T, analizado por inmunofluorescencia de detección múltiple. (Foto:
María Luisa Toribio)
En
los últimos años, los microARNs han emergido como piezas clave en el control de
la actividad de los genes. Los microARNs son pequeñas moléculas de ARN que
ayudan a controlar la activación de los genes, regulando cuáles se activan y
cuáles no. Estas pequeñas moléculas actúan como interruptores finos que ajustan
procesos celulares esenciales, desde la diferenciación hasta la proliferación
celular. Su capacidad para modular múltiples genes a la vez los convierte en
candidatos prometedores para el desarrollo de nuevas terapias contra el cáncer.
En
este contexto, un equipo del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa,
liderado por la investigadora María Luisa Toribio, ha identificado el papel de
un grupo de microARNs como un regulador crítico en el desarrollo de los
linfocitos T.
El
estudio demuestra que el clúster actúa como un auténtico freno biológico que
limita el crecimiento celular. “Hemos visto que este clúster de microARN
controla de forma muy precisa la proliferación durante el desarrollo de los
linfocitos T y evita que se descontrolen”, explica María Luisa Toribio.
Cuando
los investigadores aumentaron artificialmente los niveles de estos microARNs en
células de la leucemia linfoblástica aguda de células T, observaron una
reducción significativa del crecimiento tumoral en cultivos celulares, así como
una ralentización de la progresión de la enfermedad en modelos experimentales
en ratón con células derivadas de pacientes.
A
nivel molecular, el clúster ejerce su efecto inhibiendo genes clave para la
supervivencia y división de las células tumorales. Entre ellos destacan BCL-2,
que protege a las células frente a la muerte, y ciclina D3, fundamental para
que las células avancen en su ciclo de división.
Al
bloquear estos genes, los microARNs detienen la proliferación de las células
cancerosas e inducen su muerte. “Es un mecanismo doble: por un lado, impide que
las células sigan dividiéndose y, por otro, favorece su eliminación”, señala la
investigadora.
En
conjunto, los resultados posicionan al clúster de microARN como un supresor
tumoral con un papel relevante en la leucemia linfoblástica aguda de células T.
Este descubrimiento no solo aumenta el conocimiento sobre los mecanismos que
impulsan este tipo de leucemia, sino que también abre la puerta a nuevas
aproximaciones terapéuticas basadas en la modulación de microARN. “Estos
microARNs podrían convertirse en una herramienta terapéutica en el futuro, ya
sea restaurando su función o imitando su actividad en las células tumorales”,
concluye Toribio.
El
estudio ha contado con la colaboración de diversos centros de investigación
nacionales y extranjeros, y el apoyo del Ministerio de Ciencia, Innovación y
Universidades.
El estudio se titula “A tumor
suppressor role of the miR-15b/16-2 cluster in T-cell acute lymphoblastic
leukemia”. Y
se ha publicado en la revista académica Blood.
Fuente:
CBM / CSIC
Consecuencias
laborales de la inteligencia artificial, ¿se repetirá la historia?
El
avance de la inteligencia artificial en multitud de campos está comenzando a
cambiar las reglas de juego de bastantes sectores comerciales. Si la
inteligencia artificial es más eficiente y barata que la labor humana en
ciertas tareas, ¿el resultado neto de su entrada en escena será una pérdida de
puestos de trabajo? En un nuevo estudio, se ha buscado la respuesta a esta
pregunta, tomando como referencia revoluciones tecnológicas previas, entre
ellas la que acarreó la implantación de la informática en la sociedad.
El
estudio lo han realizado David Autor y Caroline Chin, del Instituto Tecnológico
de Massachusetts (MIT) en Estados Unidos; Bryan Seegmiller, de la Universidad
del Noroeste en Estados Unidos; y Anna M. Salomons, de la Universidad de
Tilburgo en los Países Bajos.
“A
la gente le preocupa mucho que la automatización basada en la IA haga obsoleto
su papel en tareas que venía realizando hasta ahora. Sin embargo, quitar tareas
no es lo mismo que quitar empleos, ya que es habitual que en un empleo se
realicen muchas tareas distintas”, razona David Autor.
En
cualquier época, la introducción de nueva tecnología tiene dos efectos en el
mundo laboral: elimina tareas manuales tradicionales y crea nuevas labores. Las
máquinas reemplazan mano de obra en la agricultura, pero permiten que existan
los mecánicos que las fabrican y reparan. Entonces, si las nuevas tecnologías
crean nuevos puestos de trabajo, ¿qué personas consiguen dichos puestos? ¿Cómo
de bien pagados están esos nuevos empleos? ¿Cuánto tiempo siguen siendo nuevos
los nuevos empleos antes de convertirse en tareas comunes que cualquier
trabajador puede realizar?
El
nuevo estudio aporta datos que pueden ayudar a responder a muchas de estas
preguntas.
Los
cuatro investigadores ya hallaron en un estudio previo que, en el caso de
Estados Unidos, aproximadamente seis de cada diez empleos entre 1940 y 2018
correspondían a nuevas especialidades que solo se habían desarrollado
ampliamente desde 1940.
Examinando
datos del Censo, los investigadores encontraron que, en 1950, alrededor del 7
por ciento de los trabajadores tenían empleos en tipos de trabajo que no
existían antes de 1930. Más recientemente, alrededor del 18 por ciento de los
trabajadores en el período 2011-2023 desempeñaban trabajos que no existían antes
de 1970.
En
el nuevo estudio, se ha determinado, además, qué clase de personas tienden a
cubrir esos nuevos puestos de trabajo.
David
Autor y sus colegas creen que en el mundo laboral sucederá con la implantación
de la inteligencia artificial lo mismo que ya ocurrió en la segunda mitad del
siglo XX con la implantación paulatina de diversas tecnologías nuevas,
incluyendo la computación.
Todo
apunta a que, tal como sucedió entonces, ahora los nuevos oficios y puestos de
trabajo recaerán mayormente en personas de menos de 30 años de edad con
estudios superiores en las correspondientes materias.
La
aparición de los ordenadores volvió obsoletas muchas tareas realizadas por
humanos, pero creó nuevos oficios y los puestos de trabajo de tales oficios
fueron ocupados mayormente por personas jóvenes. En la fotografía, un ejemplo
de ello, de 1961, en el entonces naciente sector de la computación. (Foto: NIST
Archives)
El
estudio se titula “What Makes New Work Different from More Work?” y se ha hecho
público a través de la NBER (National Bureau of Economic Research), en
Cambridge, Massachusetts, Estados Unidos.
Fuente: NCYT de Amazings
La
nave Psyche sobrevuela Marte en su viaje al cinturón de asteroides
La
sonda espacial Psyche de la NASA, que partió de la Tierra el 13 de octubre de
2023, sobrevoló Marte con éxito el pasado 15 de mayo. Su distancia mínima a la
superficie del Planeta Rojo llegó a ser de 4609 kilómetros.
Este
sobrevuelo le ha permitido a la nave servirse de la atracción gravitatoria de
Marte con el fin de realizar una maniobra clave para lograr llegar a su
destino. Al hacerlo de este modo en vez de mediante su propio sistema de
propulsión, se ha ahorrado una importante cantidad de combustible.
Las
maniobras de esta clase, pasando muy cerca de un astro con suficiente fuerza de
gravedad y empleándolo a modo de catapulta, se denominan asistencias
gravitacionales. Mediante una asistencia gravitacional, una nave puede cambiar
de rumbo, aumentar su velocidad o disminuirla.
Después
del sobrevuelo a Marte, el equipo de control de la misión analizó las señales
de radio entre la nave y la Red de Espacio Profundo (DSN) de la NASA (el
sistema global de la agencia para comunicarse desde la superficie terrestre con
naves espaciales interplanetarias), y ha confirmado que todo ha ido bien. Tal
como estaba previsto, la asistencia gravitacional ha aumentado la velocidad de
la nave y ha cambiado su plano orbital en aproximadamente 1 grado con respecto
al Sol. Ahora, la nave vuela con una trayectoria idónea que la llevará a su
destino, el asteroide del mismo nombre (Psyche o Psique), en el cinturón
principal de asteroides, situado entre las órbitas de Marte y Júpiter. La nave
llegará a Psique en el verano de 2029.
En
los días previos al sobrevuelo y durante este, todos los instrumentos de la
Psyche estuvieron activos para realizar calibraciones, incluyendo cámara,
magnetómetro y espectrómetro de rayos gamma y neutrones. El encuentro
planetario proporcionó a los responsables de la misión un valioso ensayo para
cuando la nave alcance el asteroide Psique. Además, permitió captar imágenes de
Marte desde una perspectiva inusual.
Esta
perspectiva inusual de Marte fue captada por la Psyche el 15 de mayo de 2026.
(Foto: NASA JPL / Caltech / ASU)
Psique
es un mundo mucho más rico en metales que cualquier otro asteroide visitado
previamente. Será el primer asteroide metálico en ser visitado por una nave
espacial. Por su peculiar composición, el astro podría revelar algunos de los
entresijos de la formación de planetas como la Tierra, cuyo interior profundo
también es rico en metales.
Psique,
que mide unos 280 kilómetros de extremo a extremo, fue descubierto en 1852 por
el astrónomo italiano Annibale de Gasparis, quien le dio este nombre tomándolo
del de una diosa de la mitología griega. Fue uno de los primeros asteroides
descubiertos, teniendo asignado el número 16 del catálogo oficial de
asteroides.
Se
cree que Psique podría ser el núcleo (o parte de él) de un planetesimal, los
“cimientos” de un planeta rocoso que nunca se formó. Es posible que Psique
chocase con otros cuerpos celestes de gran tamaño durante su infancia,
perdiendo su corteza rocosa exterior. Dado que no podemos visitar el núcleo
metálico de la Tierra, visitar Psique podría ofrecer una ventana única a la
historia de las colisiones violentas y la acumulación de materia que crearon la
Tierra, Marte y Venus. Mientras que las rocas de Marte, Venus y la Tierra son
ricas en óxidos de hierro, la superficie de Psique no parece contener muchos de
estos compuestos químicos. Esto sugiere que la historia de Psique difiere de
las historias habituales de la formación de los planetas. Si se demuestra que
el asteroide es material sobrante de los cimientos de un planeta, será posible
averiguar en qué se parece y en qué se diferencia la historia de su formación y
evolución de la de los planetas de tipo rocoso como la Tierra.
La
nave Psyche posee un revolucionario sistema de propulsión iónica que ha venido
utilizando durante buena parte de su travesía interplanetaria. La nave, que
obtiene su energía eléctrica de dos enormes paneles solares, ioniza xenón en su
sistema de propulsión iónica. El empuje se logra expulsando átomos cargados, o
iones, de ese xenón. El empuje generado por los iones de xenón es muy débil. La
presión que ejerce no supera la que sentimos en la palma de una mano cuando
sostenemos en ella unas pocas monedas pequeñas. La gran ventaja, sin embargo,
es que ese empuje no cesa en unos minutos de funcionamiento constante como sí
le ocurre a la propulsión química, sino que puede mantenerse meses o años, y
con un uso muy inferior de combustible. Gracias a ello, una nave puede aumentar
poco a poco su velocidad hasta lograr que esta sea más elevada que la
conseguible mediante los métodos tradicionales.
La
propulsión iónica no es apta para despegues, ni aterrizajes, ni otras maniobras
que requieran mucha fuerza concentrada en poco tiempo, pero sí para travesías
interplanetarias y hasta interestelares que no requieran maniobras bruscas.
Habiendo
dejado ya Marte atrás, la nave volverá a activar pronto su propulsión iónica.
Cuando
la nave llegue al asteroide Psique, en agosto de 2029 si todo marcha como está
previsto, se pondrá en órbita a dicho astro. Desde la órbita, cartografiará la
superficie del asteroide y recolectará otros datos científicos.
Fuente: NCYT de Amazings
La
desconocida vida de John Bardeen
El
hombre que transformó radicalmente nuestra vida cotidiana, permitiendo la
existencia de los ordenadores, los teléfonos móviles y la electrónica moderna,
suele pasar desapercibido para el gran público. Su nombre era John
Bardeen, y ostenta un récord absoluto en la historia de la ciencia:
es la única persona que ha ganado dos Premios Nobel de Física.
¿Quién
fue este genio de perfil bajo y cómo sus descubrimientos cambiaron el rumbo de
la civilización tecnológica?
El
nacimiento del transistor: La revolución de la era digital
El
primer hito que consagró a John Bardeen ocurrió a finales de 1947 en los
prestigiosos Laboratorios Bell. Junto a sus colegas Walter
Brattain y William Shockley, Bardeen buscaba una
alternativa eficiente y compacta a las antiguas válvulas de vacío, que eran
grandes, consumían mucha energía y se fundían con facilidad.
El
resultado de sus investigaciones fue el transistor de punta de contacto,
un dispositivo semiconductor capaz de amplificar y conmutar señales eléctricas.
Este minúsculo componente mecánico supuso el nacimiento de la electrónica de
estado sólido.
Sin
el transistor, la miniaturización de los componentes electrónicos habría sido
imposible. No existirían los microchips, la informática de consumo ni la
revolución de Internet.
Por
este crucial descubrimiento, Bardeen, Brattain y Shockley fueron galardonados
con el Premio Nobel de Física en 1956.
Superconductividad
y el efecto BCS: El segundo Nobel
Cualquier
científico se habría dado por satisfecho tras alcanzar la cima de la física
molecular, pero Bardeen continuó desafiando los límites del conocimiento. En la
década de 1950, se trasladó a la Universidad de Illinois, donde se centró en
resolver uno de los grandes misterios de la física teórica de la época:
la superconductividad.
Desde
su descubrimiento en 1911, nadie había logrado explicar por qué ciertos
materiales, al ser enfriados a temperaturas cercanas al cero absoluto, perdían
por completo su resistencia eléctrica y expulsaban los campos magnéticos.
En
1957, junto a Leon Cooper y John Robert Schrieffer,
desarrolló la Teoría BCS (bautizada así por las iniciales de
sus apellidos). La teoría demostró que los electrones, en condiciones de frío
extremo, se aparean (pares de Cooper) y se desplazan en perfecta sintonía a
través de la red cristalina del material, sin perder energía en forma de calor.
ste
avance fundamental les valió el Premio Nobel de Física en 1972. Las
aplicaciones de la superconductividad van hoy desde las máquinas de resonancia
magnética (RMN) en los hospitales hasta los trenes de levitación magnética
(Maglev) y los aceleradores de partículas.
(Foto: Nobel Foundation)
El
genio humilde que prefería el golf a la fama
A
diferencia de otros científicos contemporáneos con personalidades magnéticas o
polémicas, John Bardeen destacaba por su extrema humildad y timidez.
Sus alumnos y colegas solían describirlo como un hombre tranquilo, familiar y
profundamente pragmático, que prefería pasar sus tardes jugando al golf antes
que asistir a homenajes públicos.
De
hecho, existe una famosa anécdota sobre su primer Premio Nobel: el rey Gustavo
VI Adolfo de Suecia le recriminó amigablemente que hubiera viajado a Estocolmo
dejando a casi toda su familia en casa. Bardeen, con total naturalidad, le
prometió al monarca que la próxima vez traería a toda su familia. Cumplió su
palabra dieciséis años después.
John
Bardeen falleció el 30 de enero de 1991, pero su huella digital es ubicua. Cada
vez que encendemos una pantalla, procesamos datos en la nube o nos sometemos a
un análisis médico de alta tecnología, estamos utilizando la física que él
descifró.
Grandes
inventos de la humanidad: El termómetro
¿Qué
tienen en común el pronóstico del tiempo de esta mañana, la precisión de un
reactor químico y ese gesto casi instintivo de ponerle la mano en la frente a
un niño? Todos dependen de un objeto tan cotidiano que hoy nos parece
invisible: el termómetro.
Sin
embargo, capturar la temperatura en una escala numérica fue uno de los mayores
desafíos científicos de la humanidad. Esta es la historia de cómo pasamos de
"sentir" el calor a dominarlo.
El
Preludio: El Termoscopio de Galileo (S. XVI)
Antes
de que existieran los grados, existía la noción cualitativa: algo estaba frío,
tibio o caliente. Pero nuestros sentidos son engañosos (basta con meter una
mano fría en agua templada para sentirla ardiente). El primero en intentar
objetivar esto fue el genio italiano Galileo Galilei en 1592,
cuando diseñó el termoscopio.
¿Cómo
funcionaba? Era
un tubo de vidrio invertido con una esfera en la parte superior, cuyo extremo
abierto se sumergía en un vaso de agua. Al calentar la esfera con las manos, el
aire de su interior se expandía y empujaba el agua hacia abajo. Al enfriarse,
el aire se contraía y el agua subía.
El
gran problema: No
tenía escala. No medía "cuánto" calor hacía, solo mostraba los
cambios. Además, estaba expuesto a la presión atmosférica, por lo que también
actuaba como un barómetro primitivo, volviéndose inexacto.
El
Gran Salto: Vidrio Sellado y Líquidos (S. XVII)
El
verdadero padre del termómetro moderno (ya con una escala e independizado de la
presión del aire) fue el Gran Duque de Toscana, Fernando II de Médici,
en 1654.
Fernando
II tuvo una idea brillante: llenó un tubo de vidrio con alcohol (espíritu
de vino), marcó la escala con pequeñas cuentas de vidrio soldadas al tubo y, lo
más importante, selló el tubo herméticamente. El líquido se
expandía y contraía sin que la atmósfera interfiriera. Había nacido el primer
termómetro real.
La
Era de la Precisión: Fahrenheit y el Mercurio (1714)
A
pesar del avance de Médici, cada científico fabricaba sus termómetros como
quería. Si comprabas uno en París y otro en Londres, las lecturas no coincidían
porque no había una escala universal.
Ahí
es donde entra el físico polaco-germano Daniel Gabriel Fahrenheit.
Su aportación revolucionó la ciencia gracias a dos decisiones clave:
-El
uso del mercurio: A
diferencia del alcohol, el mercurio no se pega a las paredes del vidrio, hierve
a temperaturas mucho más altas y se expande de manera sumamente uniforme.
-Una
escala reproducible: Fahrenheit
diseñó una escala basada en tres puntos fijos: la temperatura de una mezcla de
agua, hielo y sal (0 °F), el punto de congelación del agua (32 °F) y la
temperatura del cuerpo humano (que él estimó en 96 °F, ajustada más tarde a
98.6 °F).
Celsius
y Kelvin: La Globalización de la Medida
Pocos
años después, en 1742, el astrónomo sueco Anders Celsius propuso
una escala mucho más intuitiva para el sistema métrico: dividió el espacio
entre la congelación del agua y su ebullición en 100 partes iguales.
Curiosamente, en su diseño original, el 0 era el punto de ebullición y el 100
el de congelación; fue el botánico Carlos Linneo quien invirtió la escala un
año después para dejarla como la conocemos hoy.
Finalmente,
en 1848, Lord Kelvin introdujo la escala absoluta basada en
el cero absoluto (-273,15°C), el punto teórico donde las
partículas dejan de moverse por completo, unificando la termodinámica para
siempre.
Evolución:
Del Mercurio a los Sensores Digitales
Durante
casi tres siglos, el termómetro de mercurio reinó en hospitales y hogares. Sin
embargo, su toxicidad ambiental obligó a su prohibición en gran parte del mundo
a principios del siglo XXI.
Hoy
en día, la tecnología ha tomado el relevo:
-Termistores: Resistencias
eléctricas que cambian su conductividad según la temperatura (los típicos
termómetros digitales domésticos).
-Pirómetros
infrarrojos: Miden
la radiación térmica que emiten los cuerpos (los que se popularizaron durante
la pandemia para medir la temperatura en la frente sin contacto).
¿Es
el libre albedrío una ilusión?
¿Somos
realmente dueños de nuestras decisiones o simplemente espectadores de un guion
ya escrito por nuestras neuronas? Durante siglos, filósofos y teólogos han
debatido sobre la existencia del libre albedrío. Sin embargo, en
las últimas décadas, la neurociencia ha entrado en el juego con una hipótesis
inquietante: la libertad de elección podría ser una ilusión, un elegante truco
de magia que el cerebro nos cuenta milisegundos después de haber tomado una decisión.
El
experimento de Libet: Donde empezó la duda
Para
entender cómo la ciencia empezó a hackear el concepto de libertad, debemos
viajar a los años 80. El neurocientífico Benjamin Libet llevó
a cabo un experimento que cambió las reglas del juego.
Pidió
a un grupo de voluntarios que realizaran un movimiento simple —presionar un
botón— cuando quisieran. Mientras tanto, monitorizaba su actividad cerebral
mediante un electroencefalograma (EEG).
Los
resultados fueron revolucionarios:
-800
milisegundos antes de
que el sujeto fuera consciente de su decisión, el cerebro ya mostraba actividad
eléctrica (lo que Libet llamó potencial de preparación).
-200
milisegundos antes del
movimiento, el sujeto registraba el deseo consciente de pulsar el botón.
En
pocas palabras: Tu
cerebro ya ha decidido pulsar el botón casi un segundo antes de que tú creas
que has tomado la decisión de forma voluntaria.
(Foto: Wikimedia Commons)
La
ilusión de la autoría: Justificando el pasado
Si
el cerebro decide antes, ¿qué es la consciencia? Muchos neurocientíficos
contemporáneos sugieren que la consciencia no es el director de la orquesta,
sino un crítico musical que escribe la reseña después del concierto.
Cuando
el cerebro ejecuta una acción basada en procesos inconscientes
(predisposiciones genéticas, experiencias pasadas, estímulos del entorno), la
corteza cerebral fabrica una narrativa en tiempo real. Nos dice: "Oye,
has elegido ese café porque te apetecía", ocultando el hecho de que la
decisión ya estaba tomada milisegundos antes. Es una ilusión de autoría diseñada
para mantener nuestra cordura y darnos coherencia identitaria.
Neuroimagen
moderna: Prediciendo el futuro con segundos de antelación
Si
los experimentos de Libet parecían rudimentarios, la tecnología del siglo XXI
ha llevado esta premisa a límites de ciencia ficción.
El
neurocientífico John-Dylan Haynes, utilizando resonancia magnética
funcional (fMRI), demostró en un estudio posterior que, al pedirle a los
participantes que eligieran entre presionar un botón izquierdo o derecho, la
actividad de la corteza prefrontal podía predecir la elección con hasta
7 segundos de antelación y con un acierto del 60%.
|
Estudio
/ Investigador |
Ventana
de tiempo detectada |
Tecnología
utilizada |
|
Benjamin
Libet (1983) |
~550
a 800 milisegundos antes |
Electroencefalograma
(EEG) |
|
John-Dylan
Haynes (2008) |
Hasta
7 segundos antes |
Resonancia
Magnética (fMRI) |
El
"voto de veto": ¿Hay espacio para la libertad?
No
todo el mundo en la comunidad científica está listo para enterrar el libre
albedrío. El propio Libet propuso una escapatoria: aunque el cerebro inicie el
impulso de forma inconsciente, la mente consciente conserva la capacidad
de vetar la acción en esos últimos 200 milisegundos antes de
que ocurra.
No
tendríamos "libre albedrío" (free will), sino más bien
un "libre veto" (free won't). Somos capaces
de frenar nuestros impulsos biológicos.
Además,
críticos del determinismo neurocientífico argumentan que decidir pulsar un
botón en un laboratorio no es lo mismo que decidir con qué persona casarse, qué
carrera estudiar o qué postura ética adoptar ante la vida. Estas últimas
decisiones requieren deliberación social, lógica y tiempo, procesos que escapan
a los milisegundos de un escáner cerebral.
¿Qué
pasa si dejamos de creer en el libre albedrío?
Más
allá del laboratorio, este debate tiene consecuencias psicológicas y sociales
profundas. Estudios de psicología social han demostrado que cuando a las
personas se les induce a creer que el libre albedrío no existe, tienden a:
-Engañar
más en los exámenes.
-Ser
menos colaborativas y más agresivas.
-Sentir
menos culpa, pero también menos gratitud.
Si
todo está predeterminado por la física y la química de nuestras neuronas,
conceptos como la responsabilidad moral, el sistema judicial y el
mérito personal se tambalean. ¿Cómo culpar a un criminal si su cerebro
tomó la decisión milisegundos antes de que él pudiera evitarlo?
Una
maravillosa simulación
La
ciencia actual parece apuntar a que la libertad total, tal y como la
imaginamos, es un mito biológico. Nuestro cerebro es una máquina de predicción
hipereficiente que nos mantiene en una cómoda simulación de control.
Sin
embargo, que sea una ilusión no le quita valor. Al igual que el arcoíris sigue
siendo hermoso aunque sepamos que es solo un truco de la luz y el agua, nuestra
percepción de libertad sigue siendo la herramienta más poderosa que tenemos
para navegar por el mundo. Al fin y al menos, estás obligado a elegir... aunque
tu cerebro ya lo haya hecho por ti.
Horizontes
del futuro (Víctor Arenas)
Si
eres un apasionado de la ciencia ficción de "guante blanco" —aquella
que no solo te hace soñar, sino que te obliga a pensar y a cuestionar las leyes
de la física—, "Horizontes del Futuro" de Víctor
Arenas no es solo una recomendación, es una lectura obligatoria.
Esta
antología es una auténtica carta de amor al género hard science fiction.
No estamos ante una simple colección de relatos; estamos ante un despliegue
de imaginación y rigor científico que raramente se encuentra
en el panorama literario de la ciencia ficción actual.
Lo
primero que impresiona de esta obra es su ambición. Contener más de 50
relatos no es tarea fácil, pero Víctor Arenas logra que cada pieza
tenga una identidad propia. La estructura del libro permite al lector saltar
entre micro-relatos punzantes y narraciones más extendidas, manteniendo siempre
un hilo conductor: el asombro por lo que está por venir.
El
libro destaca por un rigor científico impecable. A diferencia de la space
opera tradicional donde la "magia" tecnológica lo resuelve
todo, aquí la ciencia es la protagonista. Desde la mecánica orbital hasta la
biología sintética, se nota que hay una labor de investigación profunda detrás
de cada premisa. También resalta la variedad de temáticas: El autor explora
desde la colonización de Marte y los viajes interestelares hasta la
singularidad tecnológica, la inteligencia artificial con conciencia y los dilemas
éticos de la edición genética. Arenas, además, no pierde el tiempo en
florituras innecesarias. Su prosa es limpia y efectiva, centrada en la idea
central (el "novum") y en cómo esta afecta a la condición humana,
siempre con finales sorprendentes.
En
"Horizontes del Futuro", los problemas no se resuelven con disparos
de láser, sino con ingenio, matemáticas y comprensión del entorno. Es ese tipo
de ciencia ficción que te deja mirando al techo después de apagar la luz,
preguntándote: "¿Y si esto realmente ocurriera así?".
Muchos
de los relatos funcionan como experimentos mentales. Víctor plantea una
pregunta incómoda o un escenario técnico complejo y lo desarrolla hasta sus
últimas consecuencias, a menudo con finales que te dejan un nudo en el estómago
o una chispa de esperanza.
Al
ser una edición independiente, el autor tiene la libertad total de experimentar
sin las limitaciones de las editoriales convencionales. El formato está muy
cuidado, la maquetación es profesional y la relación calidad-precio-cantidad es
sencillamente imbatible. Tener más de 50 historias de este calibre en un solo
volumen es un regalo para cualquier biblioteca personal.
"Horizontes
del Futuro" es
pues un festín intelectual. Víctor Arenas se consagra con esta obra como una
voz necesaria en la ciencia ficción en español, demostrando que el género goza
de una salud de hierro y que todavía hay autores capaces de mirar a los ojos a
los grandes maestros como Asimov, Clarke o Lem. Si quieres que tu cerebro
trabaje mientras te diviertes, corre a por él. No es solo un libro de relatos;
es un mapa de lo que nos espera a la vuelta de la esquina cósmica.
WRP.
2026. Tapa blanda, 360 páginas. ISBN: 979-82-576-7680-2
Disponible
exclusivamente en Amazon.
Ictus
y demencia por partículas de plástico en el cerebro
Un
llamamiento efectuado por un equipo internacional de científicos está
despertando fuertes polémicas
En
el número inaugural de la nueva revista académica Brain Health, editada por
Genomic Press, un equipo internacional encabezado por el Dr. Julio Licinio,
editor y consejero delegado de Genomic Press, sostiene que la carga humana de
microplásticos ha cruzado el umbral que separa la inquietud ambiental de la
emergencia para la salud del cerebro.
En
este informe, se reúnen pruebas procedentes de estudios en ámbitos distintos de
la salud.
El
tejido cerebral humano de donantes fallecidos, muestreado en una cohorte
recogida entre 2016 y 2024 y analizado por Nihart y colaboradores en la
Universidad de Nuevo México, presenta concentraciones de microplásticos de
siete a treinta veces superiores a las de muestras de hígado o riñón. La carga
acumulada en los tejidos creció en torno a un cincuenta por ciento a lo largo
de esa ventana de ocho años. Los donantes con diagnóstico de demencia portaban
las cargas más elevadas. Predominaba el polietileno, presentándose en buena
medida en forma de fragmentos nanoscópicos con perfil de esquirla.
La
evidencia cardiovascular resulta hoy igual de contundente. Marfella y
colaboradores, trabajando con pacientes sometidos a endarterectomía carotídea,
identificaron microplásticos y nanoplásticos en el interior de la placa
ateromatosa. Los pacientes cuya placa dio positivo a estas partículas
experimentaron, a lo largo de treinta y cuatro semanas de seguimiento, un
aumento aproximadamente cuádruple en el riesgo compuesto de infarto de
miocardio, ictus o muerte. Como subrayan Licinio y sus colegas, este hallazgo
es tan cerebral como cardíaco, pues el ictus es, en última instancia, un
desenlace cerebral.
Recreación
artística de una célula cerebral sobre plástico. (Imagen: Amazings / NCYT)
¿Cómo
llegan estas partículas, en primer lugar, hasta el cerebro? Los datos en
modelos animales empiezan a cerrar esa brecha. Las nanopartículas de
poliestireno administradas por vía oral a ratones, según mostraron Kopatz y
colaboradores, atraviesan la barrera hematoencefálica en un plazo de dos horas
tras la exposición, con la corona biomolecular adquirida en tránsito
funcionando como pasaporte de entrada. Las partículas mayores no la cruzan. Las
nanoscópicas, sí.
El
informe pone también en primer plano un vehículo de exposición que opera a
escala poblacional: el alimento ultraprocesado. El grupo 4 de la clasificación
NOVA, los ultraprocesados, suministra ya más de la mitad de la ingesta calórica
en Estados Unidos. Es, además, una vía de altísimo caudal para la exposición a
microplásticos, por migración desde el envase durante el calentamiento y el
almacenamiento, por desgaste mecánico durante el procesado industrial y por
contaminación posterior. Al margen del contenido en microplásticos, el consumo
de ultraprocesados se ha vinculado, en grandes cohortes prospectivas, a
depresión, ansiedad, deterioro cognitivo, ictus y demencia. Un metaanálisis de
385 541 participantes halló un incremento del 53 por ciento en las probabilidades
de presentar síntomas de trastorno mental común entre quienes consumían más
ultraprocesados. Datos del UK Biobank asocian ese mismo patrón dietético con un
mayor riesgo de demencia. La cohorte REGARDS mostró que un aumento del 10 por
ciento en la proporción de ultraprocesados en la dieta se asociaba a un aumento
del 16 por ciento en el riesgo de deterioro cognitivo y a un 8 por ciento más
de riesgo de ictus, con independencia de la adherencia a los patrones
dietéticos mediterráneo, DASH o MIND.
«La
frontera entre salud física y salud mental ha sido siempre más administrativa
que biológica», observa el doctor Nicholas Fabiano, del Departamento de
Psiquiatría de la Universidad de Ottawa en Canadá, coautor del informe. «Los
microplásticos no respetan esa frontera. Las mismas partículas que se incrustan
en el ateroma alcanzan también el cerebro. Las mismas exposiciones dietéticas
que elevan el riesgo cardiovascular elevan también el riesgo de depresión y
demencia. Estamos ante un único problema con muchas caras clínicas».
El
informe trata la eliminación de esas diminutas partículas de plástico presentes
en el cerebro como la próxima frontera, no como una aspiración remota.
Bornstein y colaboradores, en el Hospital Universitario Carl Gustav Carus de
Dresde, Alemania, han informado recientemente de que la aféresis terapéutica es
capaz de extraer del plasma humano material compatible con partículas de
microplástico. El mecanismo resulta biológicamente plausible. La
infraestructura clínica existe ya en centros terciarios de todo el mundo. A la
luz de la evidencia disponible, la aféresis constituye la candidata a
intervención más prometedora que el campo ha producido.
«Lo
que observamos nos sorprendió en un principio», afirma el doctor Stefan R.
Bornstein, de la Universidad Técnica de Dresde en Alemania y del King’s College
de Londres en el Reino Unido, coautor del informe. «La aféresis es una
modalidad clínica consolidada. El hecho de que parezca interactuar con estas
partículas in vivo abre un camino que hace un año no existía. La tarea ahora
consiste en validar la señal frente a estándares de medición que la comunidad
científica en sentido amplio pueda asumir, y en desarrollar alternativas
adaptables a diversas escalas y ajustadas a la especificidad polimérica, al
compartimento tisular y a la población de pacientes».
«Lo
que el campo sigue echando en falta es la infraestructura de medición que nos
permita ordenar los polímeros por daño y confirmar que las intervenciones
funcionan», añade la doctora Charlotte Steenblock, también de la Universidad
Técnica de Dresde y coautora. «Sin cuantificación validada, reproducible y
específica de polímero, ninguna estrategia de eliminación puede confirmarse en
sentido estricto. Eso no es una debilidad del enfoque por aféresis. Es, más
bien, el rasgo de un campo que opera por delante de sus propias herramientas
analíticas».
Las
poblaciones vulnerables ocupan el centro del debate político. Se han localizado
microplásticos en el compartimento intracelular de la placenta humana, lo que
implica exposición fetal durante la ventana de mayor consecuencia del
neurodesarrollo. Los niños, con barreras hematoencefálicas en formación y una
ingesta por kilogramo superior a la del adulto, acarrean una trayectoria de
carga vital que las cohortes adultas actuales no son capaces de predecir. Los
pacientes con enfermedad cerebrovascular establecida, en quienes la señal
denunciada por Marfella y colaboradores adquiere su máxima relevancia clínica,
están ya hoy en las consultas. También lo están los pacientes con enfermedad
neurodegenerativa, en quienes el hallazgo de Nihart y colaboradores sobre la
carga cerebral desproporcionadamente elevada plantea una pregunta que no admite
postergación: ¿son estas partículas pasajeras, aceleradoras o contribuyentes
activas?
Por
último, en el informe se advierte de que, en ausencia de una modalidad de
eliminación clínica validada, la reducción de exposición a escala poblacional
resulta hoy alcanzable únicamente mediante la disminución del consumo de
ultraprocesados.
El informe, publicado en el número
inaugural de la revista académica Brain Health, se titula “The human
microplastic burden and brain health: From measurement to pathophysiology and
removal”.
Fuente:
Genomic Press
Refuerzan
antibióticos mediante inteligencia artificial
Unos
científicos han creado un sistema de inteligencia artificial que rediseña
candidatos a antibiótico prometedores pero imperfectos, consiguiendo
transformarlos en fármacos plenamente aptos como antibióticos.
El
logro es obra de un equipo integrado, entre otros, por Marcelo D. T. Torres y
César de la Fuente, ambos de la Universidad de Pensilvania, en la ciudad
estadounidense de Filadelfia.
A
diferencia de otros sistemas de inteligencia artificial existentes para el
descubrimiento de antibióticos, que examinan grandes bases de datos en busca de
moléculas que puedan funcionar, el nuevo sistema, llamado ApexGO, comienza con
una pequeña cantidad de candidatos imperfectos y los mejora paso a paso,
utilizando un algoritmo predictivo para evaluar cada modificación y guiar la
siguiente.
“El
descubrimiento de nuevos antibióticos es fundamentalmente un problema de
búsqueda en un enorme espacio molecular. ApexGO nos brinda una manera de
navegar por ese espacio con mucha más precisión”, explica De la Fuente.
Un
ejemplo, impreso en 3D, de estructura molecular de antibiótico obtenido por los
investigadores mediante las mejoras introducidas por el nuevo sistema de
inteligencia artificial. (Foto: Sylvia Zhang, Penn Engineering. CC BY-SA)
Los
candidatos a antibiótico mejorados por la inteligencia artificial fueron
probados en el laboratorio contra bacterias patógenas, confirmándose en buena
parte las predicciones de ApexGO: el 85% de las moléculas generadas por la
inteligencia artificial detuvieron el crecimiento bacteriano, mientras que el
72% superaron a las versiones iniciales. En ratones, dos péptidos
antimicrobianos creados por ApexGO redujeron la carga bacteriana a niveles
comparables a los que logra la polimixina B, un antibiótico que suele
reservarse como último recurso para casos de infecciones provocadas por
microbios resistentes a los antibióticos.
Torres,
De la Fuente y sus colegas exponen los detalles técnicos de ApexGO en la
revista académica Nature Machine Intelligence, bajo el título “A generative
artificial intelligence approach for peptide antibiotic optimization”.
Fuente: NCYT de Amazings
¿De
dónde nacen las constantes físicas que rigen el universo?
¿Por
qué la velocidad de la luz en el vacío es de exactamente 299.792.458
m/s y no un poco más rápida o más lenta? ¿Por qué la constante de
gravedad de Newton o la masa del electrón tienen los valores que tienen?
Si
cambiáramos apenas un decimal en cualquiera de estos números, los átomos se
desmoronarían, las estrellas nunca se habrían encendido y la vida sería una
absoluta imposibilidad. Estas cifras son las constantes físicas
fundamentales, el armazón invisible sobre el que se construye toda la
realidad. Sin embargo, la ciencia se enfrenta hoy a una de sus preguntas más
incómodas: ¿cuál es su origen y por qué tienen esos valores tan
precisos?
¿Qué
son las constantes físicas y por qué importan?
En
física, una constante fundamental es un número que no cambia,
independientemente del lugar del universo o del momento en el tiempo en que se
mida. Son los parámetros fijos que introducimos en nuestras ecuaciones más
avanzadas —como la Relatividad General de Einstein o el Modelo Estándar de la
física de partículas— para que los cálculos coincidan con lo que observamos en
la naturaleza.
Podemos
dividirlas en varias categorías, pero las más célebres son las que definen el
"tejido" del cosmos:
-La
velocidad de la luz (c): El límite de velocidad cósmica para la información y la
materia.
-La
constante de Planck (h): La escala mínima del mundo cuántico.
-La
constante de gravitación universal (G): La que determina la fuerza de la gravedad.
-La
carga del electrón (e): El pilar del electromagnetismo.
A
pesar de su importancia, estas constantes guardan un secreto frustrante: las
teorías actuales no pueden explicarlas. No hay una fórmula matemática que
diga "la velocidad de la luz debe ser c".
Simplemente salimos ahí fuera, las medimos en los laboratorios y las colocamos
en los libros de texto. Son, por ahora, hechos arbitrarios de la naturaleza.
El
misterio de las constantes "sin dimensiones"
Para
los físicos, los números que llevan unidades (como metros por segundo o
kilogramos) dependen en parte de los sistemas de medición que inventamos los
humanos. Por eso, el verdadero dolor de cabeza (y el santo grial de la física)
son las constantes adimensionales: números puros que no dependen de
si medimos en metros, yardas o años luz.
La
más famosa de ellas es la constante de estructura fina (alpha).
Este
número, que equivale aproximadamente a 1/137, define la fuerza de la
interacción electromagnética. Si valiera un poco más, los núcleos atómicos no
podrían retener a los electrones; si valiera un poco menos, las moléculas no se
formarían. El célebre físico Richard Feynman la definió como "uno
de los mayores misterios de la física: un número mágico que nos llega sin que
el hombre lo entienda".
Tres
teorías sobre el origen de los números del universo
Si
la ciencia no admite la "magia", ¿cómo explicamos el origen de estos
valores? Actualmente, los cosmólogos y físicos teóricos barajan tres grandes
hipótesis:
1.
La Teoría del Todo (Una necesidad matemática)
La
postura más optimista sostiene que nuestra ignorancia actual es temporal.
Científicos que buscan unificar la gravedad con la física cuántica —mediante
la Teoría de Cuerdas o la Gravedad Cuántica de Bucles—
sugieren que, cuando comprendamos la física a la escala más profunda,
descubriremos que estos valores no podían ser de otra manera. Las constantes
tendrían un origen geométrico o matemático inevitable, de la misma forma que el
número pi surge de manera natural al relacionar el perímetro de un
círculo con su diámetro.
2.
El Multiverso y el Principio Antrópico
¿Y
si las constantes no son fijas en todas partes? La teoría de la inflación
cósmica sugiere que nuestro universo podría ser solo una "burbuja"
dentro de un gigantesco Multiverso.
En
cada universo burbuja, las leyes de la física y sus constantes podrían ser
completamente distintas por puro azar. Bajo esta perspectiva, no es que nuestro
universo sea especial; es que nosotros estamos aquí para hacernos la pregunta
porque este es uno de los pocos universos que tiene las constantes idóneas para
albergar vida. Esto se conoce como el Principio Antrópico.
3.
¿Son las constantes realmente constantes?
Una
posibilidad fascinante es que el origen de estos números sea dinámico, es
decir, que cambien con el tiempo. Si las constantes varían a medida
que el universo envejece, su valor actual sería simplemente una fotografía del
momento cósmico que nos ha tocado vivir.
Para
comprobarlo, los astrónomos apuntan sus telescopios a cuásares situados a miles
de millones de años luz de distancia. Al analizar la luz que emitieron cuando
el universo era joven, buscan alteraciones en las firmas espectrales que
delaten si la velocidad de la luz o la constante de estructura fina eran
distintas en el pasado remoto. Hasta ahora, los resultados muestran que, si
cambian, lo hacen a un ritmo imperceptible (menos de una parte en miles de
millones a lo largo de la historia cósmica).
La
redefinición del Sistema Internacional: El triunfo humano
Mientras
desciframos su origen metafísico, la humanidad ha decidido dar la vuelta al
problema. En lugar de usar objetos humanos para medir las constantes,
ahora usamos las constantes para definir nuestras medidas.
Desde
la histórica redefinición del Sistema Internacional de Unidades, el kilogramo,
el metro o el segundo ya no dependen de un cilindro de platino en París. Hoy en
día, un metro se define estrictamente de forma inversa a partir del valor
absoluto e inmutable de la velocidad de la luz. Ya no medimos las constantes;
las constantes nos miden a nosotros.
El
origen último de estos números sigue grabado en el corazón de la física sin
resolver. Descubrir si son el resultado de una ecuación maestra, un accidente
cósmico en un multiverso infinito o una variable que evoluciona con el tiempo,
será el paso definitivo para entender, por fin, cómo se programó la realidad.
Bien,
llegados a este punto, les digo: ¡Hasta la próxima!
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