domingo, 1 de febrero de 2026

Michael Burt

Hace ya muchas lunas, queridos amigos, cayó en mis manos una novela del autor inglés que menciona el título de esta nota: Michael Burt (1900 – 1967). El libro tenía el curioso título de: El Caso de las Trompetas Celestiales y les confieso que me atrapó desde sus primeras páginas y, a partir de allí, lo devoré. Luego me enteré que Burt es autor, entre otras cosas, de una saga memorable conformada por tres novelas. La ya mencionada, El Caso de la Joven Alocada y El Caso del Jesuita Risueño. Todas ellas publicadas en la colección El Séptimo Círculo de Emecé, que dirigieran Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares.

ESA VIEJA CULTURA FRITA: EL CASO DE LAS TROMPETAS CELESTIALES

Aparentemente, el género policial es al que pertenece esta trilogía pero, en rigor, aunque encajen en dicho género, también se las puede considerar teológicas y metafísicas. Les cuento que Burt era un experto en demonología y ciencias ocultas, al tiempo que un católico convencido. 

Del tríptico que he mencionado es quizás El Caso de las Trompetas Celestiales la más destacada. Se trata de una historia de brujas que Burt aborda con total seriedad intelectual. 

Trata de una aparente intriga policial que deriva en una aventura de carácter sobrenatural, ambientada en las mesetas de Sussex.

Ahora bien, dentro de esa aventura, juega un papel fundamental cierto personaje, cuya naturaleza no llega a quedar absolutamente en claro. Lo que sí queda claro es que cuenta con poderes sobrenaturales. Ese personaje se apellida Drinkwater, que podría traducirse, sin mucho miramiento, como Bebeagua.

Pero, nos informa Burt que Drinkwater no es único en su género ya que, al referirse a casos parecidos al sucedido en Sussex, nos informa que, en uno ocurrido en Francia participó un señor Boileau y en otro, ocurrido en Italia, un señor Bevilacqua. Ambos apellidos con el mismo significado que Drinkwater.

Este tema de los apellidos nos lleva al siguiente punto de nuestra historia que nos va a relatar el periodista Juan Luis Gallardo

Nos cuenta Gallardo que:

Durante los últimos meses de 1954 y primeros de 1955, Perón se hallaba en un conflicto con la Iglesia que hubiera resultado impensable años antes. Impensable porque, hasta entonces, las relaciones entre el gobierno peronista y la jerarquía eclesiástica habían sido apacibles y hasta cordiales, armonizando la doctrina justicialista con la doctrina social de la Iglesia.

Pero, en el período mencionado, tales relaciones se rompieron, entre otras razones debido a la presencia en el gobierno de varias figuras adversas al catolicismo. 

Una de esas figuras fue el ministro de Acción Social y Salud Pública que, designado el 27 de julio de 1954, estuvo en funciones hasta el 21 de septiembre de 1955. Y contribuyó de manera importante a agravar el conflicto con la Iglesia cuando, el 31 de diciembre de 1954, impulsó la reapertura de prostíbulos en el país. Dicho ministro había nacido en Junín, en 1912, y se llamaba Raúl Conrado Bevacqua, sinónimo de Bevilacqua.

Sobrevenida la revolución del 16 de junio, Perón ofreció una tregua a la oposición, que no tuvo mayor eco. Y, el 31 de agosto de aquel año, se despachó con un discurso tremendo, en el cual invitó a que sus seguidores se proveyeran de alambre de fardo para ahorcar adversarios, agregando que por cada uno de aquéllos que cayera deberían caer cinco de éstos.

Contaba alguien que, cuando Perón se dirigía al balcón para pronunciar ese discurso, se le acercó Bevacqua diciéndole que tomara un calmante, pues se lo veía muy agitado. Y, en vez de un calmante, le suministró un excitante. Que contribuyó a aumentar la violencia del discurso.

No tiene nada de malo llamarse Bevacqua. Pero, en el contexto apuntado y después de leer El Caso de las Trompetas Celestiales, las coincidencias señaladas aparecen al menos como sugestivas.

 

Curiosa anécdota, en verdad.

Bien, a continuación, quiero que ustedes saboreen el fino humor inglés de Burt con un pequeño extracto de la novela, acerca de cómo confeccionar el famoso pudding de Sussex.

Veamos qué nos cuenta Burt a través del personaje protagonista de la novela llamado Roger Poynings:

Para preparar un Budín de Sussex según la receta de Old Gumber, deben reunirse los siguientes ingredientes en una mesa de cocina bien fregada: Una cantidad de fina harina de Petworth; un buen trozo de mantequilla de Amberley; un tazón de grasa de vaca de óptima calidad, finamente desmenuzada; unos cuantos huevos muy frescos; un recipiente muy grande de azúcar de Demerara; un limón excepcionalmente hermoso; una botella de ron de Jamaica y su penúltimo barrilito de coñac traído de contrabando. A continuación, entonando la antífona Propitious esto, Domine, seleccionar los citados ingredientes en sus proporciones correctas y preparar una masa con grasa muy flexible, en cantidad tal que resulte abundante para todos los comensales.

Con la mayor parte de esta masa, se recubrirá la budinera más grande que sea posible hallar: Una budinera de porcelana, se entiende, y nada de esos recipientes modernos de hierro esmaltado. Una vez generosamente recubierta la budinera, se coloca en el medio una gigantesca esfera o bolo que tendrá como núcleo el limón, entero y con cáscara, y luego una pared espesa de manteca dura, fuertemente impregnada con ron. Esta esfera o bolo debe adaptarse bien dentro de un grueso almohadón de azúcar morena, con más azúcar —montañas y moles de azúcar— acolchándolo en todos sus lados y ocultándolo totalmente, de modo que la budinera quede llena de azúcar hasta el borde. Luego de apretar bien el azúcar y cuando se tiene la seguridad de no poder añadir ni un grano más, se tapa la budinera con el resto de la masa de grasa, se envuelve todo en una servilleta bien limpia, y se hierve durante dos horas y media, según el reloj de la cocina.

Si usted me pregunta ahora en qué punto intervienen los huevos y el coñac de contrabando, me veré obligado a replicar que éste es un secreto que por ley y por tradición sólo puede ser murmurado por labios oriundos de Sussex directamente junto a oídos oriundos también de Sussex. Mucho menos es permisible escribirlo, por temor de que algún celta depredador, o un nativo de Kent se apodere de la receta y usurpe nuestra capacidad de hacer un excelente Budín de Sussex, si bien es verdad que muy pocos entre estos bárbaros saben leer, y si lo saben, sólo en caracteres de gran tamaño. Pero semejante contingencia es demasiado terrible para que la contemplemos aquí.

Se necesitará, más tarde, un litro o dos de crema muy gorda.

 

Bien, es verdad, estimados amigos, que un hablante de otra cultura y otro tiempo puede resultar algo chocante prima facie. Sin embargo, me atrevo a recomendarles enfáticamente El caso de las trompetas celestiales y, para hacerles la tarea fácil, les dejo, a continuación, un link a una página donde la podrán leer online y gratis.

¡Disfrútenla!

https://es.readanybook.com/leer-libros-online-gratis/el-caso-de-las-trompetas-celestiales-737/ 

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