domingo, 15 de febrero de 2026

David Pastor Vico - Addendum

 Bien, estimados amigos, en cumplimiento de pactos preexistentes, dedicaré esta nota al tratamiento de dos temas, presentados en la nota anterior que, como adelanté en ella son:

1.- La formación del humano, en cuanto a educación para la vida, y

2.- El instinto gregario del humano.

Referido al primer item, comenzaré diciendo que, para mí, el período de una vida en el que se forma lo que el humano será en el futuro es la niñez y la pubertad.

Es decir, en ese lapso se recibe el cuño que marcará lo que, el que lo recibe, será el resto de su vida. Se podrá limar algunas aristas cortantes, se podrá morigerar algunas características o resaltar otras, pero lo fundamental ya está.

Hemos visto, en la nota Tres propuestas, ejemplos cómo la influencia de los mayores en esta etapa de formación es decisiva para el futuro del formando. Y abundan los casos. Por ejemplo, tenemos a ma Barker quien tuvo cuatro hijos varones, los cuatro delincuentes, respondiendo a lo que mamaron en su etapa de formación. No cabe duda de que ma conocía las actividades de sus hijos, a los que ayudó antes y después de que cometieran los crímenes, lo que la convertiría en cómplice. Su papel consistía en ofrecer refugio a los miembros de la banda y a menudo los apoyaba mientras estos cometían sus crímenes.

-         ¿Y qué sugerís vos que hay que hacer, Martín?

Sucede que la formación de un humano que recién empieza su camino por la vida es una tarea muy delicada para lo cual la mayoría de los formadores no está capacitada.

Esto implica llevarlo, paso a paso, a desarrollar sus potencialidades para poder enfrentar los desafíos que le planteará la vida. Por ejemplo, supongamos que nace un hijo en una familia en la que han muerto hermanos mayores desgraciadamente (en la peste negra del siglo XIV, digamos). Es normal que los padres (sobre todo la madre) sobreprotejan al recién nacido.

¿Qué se logra con ello?

Pues, se logra que el formando, al no estar educado en resolver desafíos, desconozca sus propias potencialidades y, al no saber qué puede hacer, cuándo y cómo, desarrolle una personalidad tímida y apocada que difícilmente pueda con los desafíos de la vida. ¡Él no sabe de lo que es capaz!

De ahí la importancia de ir llevando al formando de a poco en el desarrollo de una personalidad fuerte y decidida. Hacerle ver que cuenta con el apoyo de sus tutores, pero que será él quien resuelva los desafíos de su vida.

Soy un convencido de que, Alejandro el magno fue quien fue por la magnífica educación que recibió de su maestro Aristóteles que, sin duda, se ocupó de que Alejandro, desde pequeño, tomara las riendas de su propia vida. Por el contrario, si hubiera sido un mimado y sobreprotegido, difícilmente habría sido el magno.

Alejandro magno

Y, a guisa de ejemplo de una correcta formación de un niño-púber, me interesa tomar una anécdota extraída del excelente tríptico sobre Escipión el africano del autor valenciano Santiago Posteguillo Gómez, que les recomiendo enfáticamente. Me apresuro a decirles que no interesa si la anécdota es histórica o novelada, lo que importa es el ejemplo de formación que provee.

Sucede que, habiendo cumplido 11 años Escipión, su tío Cneo Cornelio Escipión se presenta en su casa y le dice:

-         Vístase sobrino que vamos a salir.

Así lo hace Escipión y su tío lo lleva a la Suburra, barrio bajo de Roma en el que se hallaban las prostitutas. Una vez allí, le cuenta que va a debutar en el sexo y le encarga a la prostituta especial dedicación.

Vean ustedes, queridos amigos, cómo el tío se ocupa de que, en el despertar sexual de su sobrino este enfrente el desafío del sexo. Algo de suma importancia para su vida futura. Piensen en la diferencia entre quien llega al matrimonio sabiendo cómo satisfacer a una mujer y el que llega lleno de temores, inhabilidades y carencias.

Y es en este punto del discurso en el que les digo que mi nota anterior titulada Tres propuestas debería cambiarse a Cuatro propuestas.

-         ¿Por qué Martín?

Porque voy a agregar una más. Se trata de que el Estado institucionalice el INFT (Instituto Nacional de Formación de Tutores) en el que se den clases a futuros padres acerca de cómo educar a sus hijos. No en qué, sino cómo.

Y esto porque, como hemos visto en Tres propuestas, dichos hijos luego impactan en la sociedad, de modo que esta tiene algo que decir respecto a su educación. Y ese algo es la formación de tutores que produzcan seres sanos, positivos, útiles para la sociedad y no delincuentes o asesinos. Y, tal como sugerí en aquella nota, si un individuo sale un malviviente, se investigará a sus formadores y, de hallarse negligencias, estos serán castigados.

Esto es así porque luego es la sociedad la que tiene que soportar a los Charles Manson, por lo tanto, debe ser la misma sociedad la que prevenga el caso.

 

Bien, la nota de Pastor Vico abunda también en consideraciones acerca de la importancia que tiene para el humano la función social y el hecho de evitar la soledad.

El origen de este concepto hay que buscarlo en el alba de la humanidad, hace unos 300.000 años, en el Paleolítico medio. La nuestra se trataba de una especie muy poco armada (en comparación con las otras que habitaban la Tierra) para sobrevivir en el duro ambiente que le tocó.

Así pues, lo primero que hicieron los individuos fue agruparse en clanes conducidos por un macho alfa. Esto permitía una mayor supervivencia al estar protegidos por el grupo. El humano que vivía solo tenía pocas posibilidades de seguir con vida en ese mundo hostil. Y, a partir de allí, la selección natural se encargó del resto.

-         ¿Cómo, Martín?

Pues, los humanos que vivían en grupo vivían más que los solitarios, de modo que dejaban más descendencia. Descendencia esta genéticamente predispuesta a la vida grupal. Podemos decir, entonces, que llevamos en nuestros genes la predisposición a la vida social.

-         ¿Y cómo se manifiesta esa predisposición genética, Martín?

Se manifiesta por medio de una hormona, la oxitocina, la llamada hormona de la felicidad, que produce una sensación de bienestar y que se libera en la interacción social.

Ejerce funciones como neuromodulador en el sistema nervioso central modulando comportamientos sociales, sentimentales, patrones sexuales y la conducta parental. Se presenta mayormente cuando el individuo experimenta sensaciones muy agradables.

En las mujeres, la oxitocina es igualmente liberada en grandes cantidades durante el parto, así como en la lactancia, facilitando por tanto el parto y la lactancia, y luego del orgasmo, por lo que se asocia con el placer sexual y la formación de vínculos emocionales.​ Obviamente, no solo se libera en el organismo femenino, sino también en el masculino.

En el cerebro, la oxitocina se encuentra involucrada en el reconocimiento y establecimiento de relaciones sociales y también en la formación de relaciones de confianza y generosidad entre personas.

De esta manera, la naturaleza nos diseñó gregarios. Donde ser gregario significa ser sociable, amistoso y tener tendencia a estar en compañía de otros. Es una característica de las personas que disfrutan de la interacción social y se sienten cómodas en grupos. También se aplica a animales que viven en grupos, como los rebaños.

Resumiendo: Activa vida social, liberación de oxitocina, bienestar.

¡Pero, nada es gratis en este Universo!

No tener vida social, vivir en soledad, conlleva, no solo la no liberación de oxitocina sino, por el contrario, la liberación de otras hormonas que pueden llegar a ser dañinas. Clásicamente, el cortisol.

Se trata de una hormona producida por la corteza de las glándulas suprarrenales. Se libera como respuesta al estrés y a un nivel bajo de glucosa en la sangre. Sus funciones principales son incrementar el nivel de azúcar en la sangre (glucemia), suprimir el sistema inmunológico y ayudar al metabolismo de las grasas, proteínas y carbohidratos. Además, disminuye la formación ósea. 

¿Y cuál creen ustedes, mis doctos amigos, que puede ser el efecto de suprimir el sistema inmunológico?

Pues, sí. La mayor vulnerabilidad a enfermedades y padecimientos. En otras palabras, la selección natural sigue actuando en el sentido de favorecer a los que tienen una vida social y penalizar a los que no la tienen.

-         Si, Martín, pero ¿Qué hay de aquellos que alegan que les gusta vivir en soledad, que son felices haciéndolo?

Bueno, suponiendo que sean honestos al decir eso y no lo hagan solo para disimular su malestar, podría tratarse de humanos con una genética que no los impulsa a una vida social. Resabios de muchos, muchos años atrás y de los cuales, no deben quedar muchos porque, como hemos dicho, la selección natural se ocupa de suprimirlos.

De modo que, para finalizar, la moraleja es: Vivamos socialmente, sumerjámonos en el rebaño y disfrutemos de liberar oxitocina.

¡Hasta la próxima, queridos amigos!

 

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