domingo, 31 de agosto de 2025

Linus Pauling

¡Buenos días, queridos amigos!
Hoy tenemos como invitado de Policromía de Ideas a un viejo conocido mío. Y digo "viejo conocido" porque mi primer contacto con él fue allá lejos y hace tiempo, cuando un joven y brioso Nivi (yo, para los recién llegados) cursaba el primer año de su carrera universitaria. En aquel primer año teníamos la materia Química General y, adivinen qué, la estudiábamos por un libro grueso de tapas amarillas cuyo autor era, nada más y nada menos que, Linus Pauling.
Ahora bien, les adelanto que el motivo de haberlo invitado hoy a este foro surgió años después un día en el que Nivi leía la revista Investigación y Ciencia, traducción de la americana Scientific American, y se encontró con una entrevista a Pauling. En ella, él aportó datos sobre un tema muy interesante que es el que hoy lo trae aquí.
Pero, no nos adelantemos, comencemos por una semblanza de quién fue realmente Linus Pauling. Veamos:
Linus Carl Pauling (Portland, Oregón; 28 de febrero de 1901-California; 19 de agosto de 1994) fue un ingeniero químico, bioquímico y activista estadounidense. Él mismo se consideraba cristalógrafo, biólogo molecular e investigador médico. Fue uno de los primeros químicos cuánticos, y recibió el Premio Nobel de Química en 1954, por su trabajo en el que describía los enlaces químicos. Pauling es, hasta ahora, una de las pocas personas que han recibido el Premio Nobel en más de una ocasión, y las dos veces de manera individual, ​ya que también recibió el Premio Nobel de la Paz en 1962, por su campaña contra las pruebas nucleares terrestres y el Premio Lenin de la Paz en 1969 por su activismo y defensa de los Derechos Humanos.
Y como si todo esto fuera poco, compitió por un tercer Premio Nobel, el de Medicina, ya que estuvo comprometido en la determinación de la estructura del ADN. No lo logró porque se le adelantaron Watson y Crick que lo lograron antes (usando, eso si, material de la investigadora Rosalind Franklin sin autorización y sin reconocerlo nunca, como ustedes podrán ver en la nota Rosalind Franklin del 1 de mayo de 2023).
Contribuyó a la definición de la estructura de los cristales y proteínas, y fue uno de los fundadores de la biología molecular. Es reconocido como un científico muy versátil, debido a sus contribuciones en diversos campos, entre ellos: la química cuántica, la química inorgánica y orgánica, la metalurgia, la inmunología, la anestesiología, la psicología y la desintegración radiactiva.​
Y aquí llegamos al motivo de tenerlo hoy con nosotros: Pauling abogó por el consumo de grandes dosis de vitamina C como un potente sanador del organismo, algo que durante mucho tiempo se consideró fuera de la ortodoxia médica.
Efectivamente, de forma desconsiderada se trató el aserto de Pauling como pura charlatanería cuando él mismo era una prueba viviente de lo que decía.
¿Que por qué digo eso?
Porque, en la entrevista que les mencioné más arriba, Pauling aboga por el dicho consumo y, cuando le preguntan de cuánto estaban hablando, responde unos 20grs por día aunque el ya no los cuenta y los toma sin mayor protocolo. Agrega que él comenzó a tomar vitamina C a los sesenta y pico de años y que si hubiera empezado antes, mayores frutos habría recogido.
-¿Pero, por qué dijiste que él mismo era una prueba viviente de lo que decía, Martín?
-Porque comentó allí que le habían diagnosticado cáncer a los 62 años... ¡y vivió hasta los 93!
Veamos el tema con un poco más de detalle:
Al pasar de los cuarenta años de edad, en 1941, Pauling descubrió que estaba afectado por una forma grave de la enfermedad de Bright, una enfermedad renal potencialmente mortal, la cual era considerada incurable por los médicos de la época. Con la ayuda del doctor Thomas Addis, de Stanford, Pauling consiguió controlar la enfermedad siguiendo una dieta pobre en aminoácidos y sin sal, algo fuera de lo común para la época. Addis también recetaba a todos sus pacientes mayores consumos de vitaminas y sales minerales y Pauling no fue la excepción.
A finales de la década de 1950, Pauling investigó la acción de las enzimas sobre las funciones cerebrales. Pensaba que las enfermedades mentales podrían estar causadas, en parte, por disfunciones enzimáticas. Cuando leyó La terapia de niacina en psiquiatría, la publicación de Abram Hoffer en 1965, se dio cuenta de que las vitaminas podían tener importantes efectos bioquímicos sobre el organismo; además de aquellos efectos relacionados con la prevención de las enfermedades provocadas por la deficiencia vitamínica. En 1968, Pauling publicó, en la revista Science su artículo más importante en este terreno: «Psiquiatría ortomolecular [...]», en el cual inventó la palabra ortomolecular para describir al concepto de control de la concentración de los compuestos presentes en el cuerpo humano, para prevenir y tratar las enfermedades. Las ideas vertidas constituyeron la base de la medicina ortomolecular, fuertemente criticada por los profesionales de la medicina tradicional.​

En los años siguientes, las investigaciones de Pauling sobre la vitamina C fueron fuente de controversias, y algunos las consideraron fruto de la charlatanería.[ En 1966, Irwin Stone desarrolló el concepto de curación a base de altas dosis de vitamina C. Tras este desarrollo, Pauling comenzó a tomar varios gramos al día para prevenir los resfriados. Entusiasmado por los resultados, se interesó por la literatura del tema, y en 1970 publicó Vitamin C and the common cold (‘La vitamina C y el resfriado común’). Una de las afirmaciones más polémicas en dicho texto es la siguiente: «El total de síntomas asociados a la falta de vitamina C van desde alergias, anemia, amigdalitis, artritis reumatoide, arteriosclerosis, aspereza de garganta, bronquitis, cáncer, cataratas, cefaleas, diarrea, dolor abdominal, dolores en coyunturas, dolores musculares, encías sangrantes, escalofríos, faringitis, fiebre, fiebre reumática, hemorragias, hepatitis, herpes simple, infecciones agudas y crónicas, infertilidad, intoxicaciones, laringitis, malestar general, meningitis, neumonía, otitis media, resfriados, rinitis, ronquera, tos, vómitos, sarampión, hasta enfermedades cardíacas, enfermedades renales, enfermedades vasculares periféricas, enfermedades relacionadas con la edad avanzada, deterioro del sistema inmunitario y las enfermedades degenerativas del sistema nervioso».
Al año siguiente, Pauling comenzó una larga colaboración con el oncólogo británico Ewan Cameron,​ trabajando sobre el uso de la vitamina C por vía intravenosa o por vía oral en enfermos de cáncer en fase terminal.
Cameron y Pauling escribieron varios artículos, así como un libro de divulgación llamado La vitamina C y el cáncer, describiendo sus observaciones. Aunque los resultados parecían favorables, fue acogido de forma negativa por parte de la comunidad investigadora.

Desde sus campañas de lucha contra las pruebas nucleares en la década de 1950, hasta sus investigaciones en biología ortomolecular, Pauling siempre estuvo en la cuerda floja. En 1985, Pauling se quedó sin el apoyo financiero institucional y sin el apoyo de sus colegas. De todos modos, Pauling colaboró con el médico canadiense Abram Hoffer en el desarrollo de una dieta que incluyera la vitamina C en altas dosis, como un tratamiento complementario del cáncer.
En 1986, publica How to Feel Better and Live Longer, libro en el que trata a la vitamina C casi como si fuera una panacea, donde afirmó que no solo sería útil para combatir el cáncer, sino que puede detener el envejecimiento.

La idea que promovió Pauling, de elevar las dosis de vitamina C de forma prolongada para prevenir varias enfermedades, siempre fue causa de controversia, y estudios posteriores revivieron el tema. Algunos médicos han llamado a una revalorización cuidadosa de la vitamina C,​ especialmente en forma intravenosa para el tratamiento del cáncer,​ lo que continúa siendo motivo de continuas investigaciones.
En 1973, Linus Pauling fundó, junto con dos colegas suyos, el Instituto de Medicina Ortomolecular en Menlo Park. El nombre del instituto pronto cambió a Instituto Linus Pauling de Ciencia y Medicina. Allí, Pauling continuó dirigiendo las investigaciones sobre la vitamina C, pero también mantuvo su interés en trabajos de química y física teórica, hasta su muerte en 1994. Durante sus últimos años de vida, se interesó particularmente en el posible papel que la vitamina C tendría en la prevención de la arterioesclerosis, y publicó tres informes sobre el uso de la vitamina C y la lisina, usadas para el alivio de la angina de pecho.

Pauling sostenía que la causa primaria de las enfermedades vasculares es la deficiencia de vitamina C, que debilita la estructura de colágeno en las arterias, dando lugar a la aparición de fisuras, en las cuales se forma la placa arterial de lipoproteína(a) como mecanismo de reparación. La placa causa con el tiempo estrechamiento arterial y trombosis. Los animales que sintetizan vitamina C, casi todas las especies, no presentan lipopoteina(a) en sangre ni sufren enfermedad coronaria. En cambio las pocas especies que no producen vitamina C, como algunos primates y el hombre, presentan estos trastornos. Los defensores de suministrar altas dosis de vitamina C, y no únicamente la estrictamente necesaria para evitar el escorbuto (RDA), esgrimen ese importante hecho para defender la teoría de que tal suministro previene las enfermedades vasculares. En coherencia con sus planteamientos Pauling ingería diariamente una dosis de 6 – 18 gramos de vitamina C al día.

-Bueno, muy bonito el valsecito, pero ¿Podemos creer que es cierto todo lo que afirmaba Pauling sobre la vitamina C, Martín?

-Pues, no creamos de palabra. Veamos lo que sugieren los últimos estudios, por ejemplo, el siguiente, cuyo subtítulo reza: Investigadores de la University of Iowa han descubierto que agregar dosis altas de vitamina C de forma intravenosa (IV) a la quimioterapia convencional duplica el tiempo de supervivencia de los pacientes con cáncer de páncreas en estadio avanzado. Artículo del 13 de febrero de 2025.

https://letswinpc.org/investigacion/vitamina-c-combinada-quimioterapia-convencional-mejora-la-supervivencia-general/

Bien, para concluir, les digo que, en general, soy escéptico respecto a curas milagrosas. Sin embargo, creo que a todo paciente con cáncer le sería útil seguir la recomendación de Pauling que es barata y, prácticamente, sin efectos colaterales adversos. Y para abaratar aún más los costos está la posibilidad de comprar el ácido ascórbico (vitamina C) en una droguería a precio más barato que en una farmacia.

Bueno amigos, deseo que este artículo sea de utilidad para ustedes y, sin más, me despido: ¡Hasta la próxima!

domingo, 24 de agosto de 2025

Alma 3 - Cyborgs 5

Buenos días, queridos amigos. Empiezo por aclarar el por qué del título de esta nota. Se debe a que en esta pretendo aportar a dos temas tratados en el blog, a saber: Hoy hablamos del alma y Seremos cyborgs.

Comencemos por el tema del alma, del que ya contamos con los valiosos aportes de Christof Koch y de Katja Crone.

¿Qué opinas tu sobre el alma, Martín?

Antes de responder esta pregunta, me gustaría comentarles por qué la escribí en el español de España y no en la variante argentina. En esta última, habría sido:

¿Qué opinás vos sobre el alma, Martín?

Resulta que, debo confesarles, apesadumbrado, que la variante argentina no me agrada tanto como la española. La variante argentina corre el acento de las palabras hacia la derecha, lo cual, a mi gusto, les otorga un carácter más tosco, más grosero. Por ejemplo, me agrada mucho más anda que andá; toma que tomá; escóndelo que escondelo, etc., etc.

Aclaro esto para que sepan por qué, de vez en cuando, escribiré en el español español y no en el español argentino.

Bien, volvamos a lo nuestro.

Mi concepto del alma lo he construido usando la así llamada Navaja de Okham, título con el que se designa el método de nuestro conocido, el monje del medioevo William de Okham.

William nos advirtió que, en el análisis de un fenómeno no deben multiplicarse las causas sin necesidad. Así pues, en el análisis de la consciencia, que de eso se trata el tema, juzgué oportuno para explicarla no comenzar postulando la existencia de un ente (el alma) del cual no tenemos ninguna evidencia física que lo respalde.

¿Sería posible, entonces, explicar la consciencia por medio de causas físicas conocidas?

Pues, de ahí surgió la hipótesis de que la consciencia es el resultado de la interacción de las neuronas cerebrales.

¿Pero entonces Martín, todo cerebro debería tener consciencia?

¡Efectivamente! Y, de hecho, ya hemos mencionado en este foro casos como el de la gorila Koko, o del chimpancé que utiliza herramientas para extraer miel del agujero de un árbol cuando no puede con sus dedos, o de los delfines que se reconocen entre ellos por un nombre, etc. Cosas inexplicables si pensamos que los animales solo tienen instinto y no consciencia.

Y, a guisa de ejemplo, veamos cómo se las arregla este cuervo para hacerse con una zanahoria: 

https://www.youtube.com/shorts/vavfBAasaHk

Desde luego que, como también dijimos aquí, hay grados de consciencia. No es lo mismo un cerebro como el humano con 86.000.000.000 de neuronas que el del gusano C. Elegans con solo unos pocos cientos de ellas.

Y entonces, cabe la pregunta que me están por hacer ustedes:

Pero, Martín, ¿Si todo cerebro tiene consciencia, un cerebro electrónico la tendrá también?

Pues sí, queridos amigos. De lo expuesto, se sigue, lógicamente, que un cerebro electrónico podrá tener consciencia. De hecho, los actuales cerebros electrónicos ya dan incipientes muestras de ello.

Ahora bien, les dije al comienzo que esta nota versaría también sobre el tema de transformarnos en cyborgs, de modo que dejo, por ahora, el tema del alma sobre el que volveremos más adelante y vamos con los cyborgs.

Para quien recién se suma al Policromía de Ideas, recomiendo la lectura de las notas tituladas Seremos cyborgs, para ponerse al tanto de lo ya tratado.

Y ahora, les comento que, fiel a la advertencia de que no se debe desconocer la realidad so pena de ser avasallado por ella, es que les traigo cuatro notas sobre el tema para ponernos al día con los avances de la tecnología cyborg.

Vamos con la number one:

 Los implantes cerebrales, dispositivos que permiten la interacción directa entre el cerebro y la tecnología, están dejando de ser una idea de ciencia ficción para convertirse en una realidad tangible. Empresas como Neuralink, fundada por Elon Musk, están liderando el desarrollo de interfaces cerebro-computadora (BCI) que prometen revolucionar el tratamiento de enfermedades neurológicas y la forma en que interactuamos con el mundo digital. Estos avances no solo buscan restaurar funciones perdidas en personas con discapacidades, sino también explorar nuevas formas de comunicación y control de dispositivos mediante el pensamiento. A medida que la tecnología avanza, surgen también debates éticos sobre la privacidad mental y el impacto de estas innovaciones en la sociedad.

El auge de las interfaces cerebro-computadora

Las interfaces cerebro-computadora (BCI, por sus siglas en inglés) están emergiendo como una de las tecnologías más prometedoras en el campo de la neurociencia y la ingeniería biomédica. Estas interfaces permiten la comunicación directa entre el cerebro humano y dispositivos externos, abriendo posibilidades para restaurar funciones motoras, sensoriales y cognitivas en personas con diversas discapacidades.

Aplicaciones médicas y terapéuticas

Una de las principales aplicaciones de las BCI es en el tratamiento de enfermedades neurológicas. Por ejemplo, se están desarrollando implantes cerebrales que permiten a personas con parálisis controlar dispositivos electrónicos mediante el pensamiento. Estos implantes captan las señales neuronales asociadas con la intención de movimiento y las traducen en comandos para controlar prótesis o interfaces digitales.

Además, se están explorando implantes que estimulan áreas específicas del cerebro para tratar trastornos como el Parkinson, la epilepsia y la depresión resistente al tratamiento. Estos dispositivos pueden ajustar la estimulación en tiempo real, adaptándose a las necesidades del paciente y mejorando la eficacia del tratamiento.

Avances tecnológicos y desafíos

El desarrollo de BCI enfrenta varios desafíos técnicos, como la miniaturización de los dispositivos, la biocompatibilidad de los materiales y la precisión en la interpretación de las señales neuronales. Sin embargo, los avances en nanotecnología, inteligencia artificial y materiales como el grafeno están acelerando el progreso en este campo.

Por ejemplo, se están desarrollando electrodos de grafeno ultrafinos que pueden integrarse de manera más efectiva con el tejido cerebral, reduciendo la respuesta inflamatoria y mejorando la calidad de las señales recogidas. Asimismo, la incorporación de algoritmos de aprendizaje automático permite una interpretación más precisa y adaptable de las señales cerebrales, mejorando la funcionalidad de las BCI.

Number two:

Telepathy: el primer producto de Neuralink

Neuralink, la empresa fundada por Elon Musk, ha desarrollado un implante cerebral llamado «Telepathy» que permite a los usuarios controlar dispositivos electrónicos mediante el pensamiento. Este dispositivo, del tamaño de una moneda, se implanta en el cerebro y utiliza electrodos para captar las señales neuronales asociadas con la intención de movimiento.

El objetivo inicial de Telepathy es ayudar a personas con parálisis a interactuar con el mundo digital de manera más autónoma. En ensayos clínicos, los participantes han logrado controlar cursores en pantallas y escribir texto simplemente pensando en los movimientos necesarios.

Características técnicas de Telepathy

Tamaño: aproximadamente 23 mm de diámetro y 8 mm de grosor.

Electrodos: cuenta con 1.024 electrodos distribuidos en hilos ultrafinos que se insertan en el tejido cerebral.

Conectividad: se comunica de forma inalámbrica con dispositivos externos, eliminando la necesidad de cables.

Carga: la batería se recarga de forma inalámbrica mediante un sistema de inducción.

Estos avances representan un paso significativo hacia la integración de la tecnología con el cuerpo humano, ofreciendo nuevas posibilidades para la rehabilitación y la mejora de la calidad de vida de las personas con discapacidades.

Reflexiones adicionales

El desarrollo de implantes cerebrales plantea importantes cuestiones éticas y sociales. La posibilidad de acceder y modificar la actividad cerebral suscita preocupaciones sobre la privacidad mental, la autonomía personal y el potencial uso indebido de la tecnología. Es fundamental establecer marcos regulatorios y éticos que guíen la investigación y aplicación de estas tecnologías, asegurando que se utilicen de manera responsable y en beneficio de la sociedad.

Además, es necesario considerar la equidad en el acceso a estas innovaciones, evitando que se conviertan en privilegios de unos pocos. La colaboración entre científicos, médicos, legisladores y la sociedad en general será clave para abordar estos desafíos y aprovechar el potencial de las interfaces cerebro-computadora de manera ética y equitativa.


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Referencias:

«Neuralink: estos son los 3 objetivos de Elon Musk para implantar chips cerebrales» – MVS Noticias. https://mvsnoticias.com/entrevistas/2023/6/2/neuralink-estos-son-los-objetivos-de-elon-musk-para-implantar-chips-cerebrales-594750.html

«Neuralink hizo realidad el primer implante cerebral en un ser humano» – APTC Perú. https://aptcperu.org/2024/03/06/neuralink-hizo-realidad-el-primer-implante-cerebral-en-un-ser-humano/

«IBM presenta un chip de inteligencia artificial inspirado en el cerebro» – Soy Datos. https://soydatos.com/ibm-presenta-un-chip-de-inteligencia-artificial-inspirado-en-el-cerebro/

Number three:

Sam Altman y OpenAI invertirán en una empresa de chips cerebrales para competir con Neuralink de Elon Musk

El ejecutivo apoyaría a Merge Labs, una startup que pretende utilizar la inteligencia artificial para crear este tipo de tecnologías

Por Isabela Durán San Juan

Sam Altman, CEO de OpenAI, la empresa detrás de ChatGPT, confirmó que la compañía planea financiar una startup de interfaces cerebro-computadora para competir con Neuralink, de Elon Musk.

“Creo que las interfaces neuronales son ideas interesantes para explorar. Me gustaría poder pensar algo y que ChatGPT me respondiera”, declaró en una entrevista con The Verge.

Según el Financial Times, OpenAI y Sam Altman respaldarán a Merge Labs, un emprendimiento que busca aprovechar la inteligencia artificial para desarrollar este tipo de tecnologías.

El reporte indica que Altman será cofundador de la compañía junto con Alex Blania, director de Tools for Humanity y responsable de un proyecto de escaneo de globos oculares. Merge Labs planea recaudar 850 millones de dólares, de los cuales 250 millones provendrían de OpenAI.


Aunque aún no se conocen todos los detalles, Altman define estas interfaces como “la fusión entre una persona y un ordenador”. Desde hace años, el líder de OpenAI sostiene que los seres humanos terminarán por integrarse con las máquinas en los próximos cincuenta años.

Qué dice Sam Altman de los implantes cerebrales

Para Sam Altman, CEO de OpenAI, los implantes cerebrales forman parte inevitable de un futuro en el que humanos y máquinas estarán profundamente conectados.

Altman sostiene que la IA sobrehumana, la mejora genética y las interfaces cerebro-máquina son inevitables. REUTERS/Ken Cedeno

En 2017, en su blog The Merge, afirmaba que la fusión ya había comenzado, pues desde hace años los teléfonos móviles nos indican qué hacer y cuándo, las redes sociales afectan nuestro estado de ánimo y los motores de búsqueda influyen en lo que pensamos.

Altman cree que, tarde o temprano, la inteligencia artificial sobrehumana, la mejora genética y las interfaces cerebro-máquina se harán realidad.

Para él, estas tecnologías representan la mejor oportunidad de la humanidad para sobrevivir en un mundo dominado por la IA.

Considera que, si dos “especies” —humanos y máquinas— compiten por el mismo objetivo de ser la forma de vida dominante en la Tierra y más allá, el conflicto será inevitable.


En su visión, la fusión podría adoptar distintas formas: desde conectar electrodos al cerebro hasta establecer vínculos estrechos con chatbots. No obstante, reconoce que superar a empresas como Neuralink será un reto, ya que cuentan con una ventaja de varios años.

A qué se dedica Neuralink de Elon Musk

Neuralink, la empresa fundada por Elon Musk, se dedica al desarrollo de interfaces cerebro-computadora (BCI, por sus siglas en inglés).

Su objetivo es crear implantes cerebrales capaces de leer y transmitir señales neuronales para interactuar directamente con dispositivos externos, como ordenadores o prótesis.

En el corto plazo, Neuralink busca tratar enfermedades neurológicas como parálisis, pérdida de visión, trastornos del habla o lesiones medulares, permitiendo que los pacientes controlen tecnología solo con el pensamiento.

Neuralink pretende tratar trastornos neurológicos y permitir que los pacientes manejen tecnología con la mente. REUTERS/Nathan Howard/File Photo/File Photo

A largo plazo, Musk plantea que estos implantes podrían fusionar la mente humana con la inteligencia artificial, ampliando nuestras capacidades cognitivas.


Quién fue el primer paciente de Neuralink

La primera persona en recibir un implante cerebral de Neuralink fue Noland Arbaugh, un joven que quedó tetrapléjico tras un accidente y que, en enero de 2024, se convirtió en el primer paciente humano sometido al dispositivo experimental llamado Telepathy o The Link.

Gracias a este implante, Arbaugh pudo controlar un cursor en una pantalla usando únicamente sus pensamientos, lo que le permitió navegar por internet, jugar videojuegos como ajedrez o Civilization, y recuperar cierta autonomía digital.

Noland Arbaugh, el primer paciente

Noland Arbaugh, el primer paciente de Neuralink, ya puede controlar una computadora con la mente. (Foto: Neuralink)

Aunque el procedimiento fue exitoso, Neuralink enfrentó algunos inconvenientes técnicos: cerca del 85% de los filamentos del implante se replegaron del cerebro, lo que redujo su eficacia. Sin embargo, ajustes en el software lograron mejorar su desempeño.

Este experimento representa un paso crucial hacia el objetivo de Neuralink: desarrollar interfaces cerebro-computadora que permitan restaurar funciones motoras, comunicativas y sensoriales en personas con discapacidades, y, a largo plazo, posibilitar una integración directa entre el cerebro humano y sistemas de inteligencia artificial.

Number four:

CL1 es la primera computadora con neuronas humanas cultivadas en laboratorio, está a la venta y podría supera a la IA

El nacimiento de una nueva era la "biocomputación". Te contamos todo sobre CL1, la primera computadora con neuronas humanas reales, cultivadas en laboratorio, que ya se comercializa.

CL1 es la primera computadora con neuronas humanas cultivadas en laboratorio, está a la venta y podría supera a la IA

CL1 es la primera computadora con neuronas humanas cultivadas en laboratorio, está a la venta y podría supera a la IA. Imagen ilustrativa, no real.

Marina Fernández 28/07/2025

Científicos explican el nacimiento de una nueva era: la biocomputación. Esta disciplina emergente sorprendente y revoluciona la informática, y abre fronteras inexploradas para la medicina. Te contamos todo sobre el CL1, la primera computadora comercial con neuronas humanas.

Qué es la biocomputación y para qué sirve

La biocomputación representa una convergencia nunca antes alcanzada entre tecnología y biología, donde células vivas funcionan como procesadores y el ADN almacena datos como un disco duro microscópico. Esta disciplina emergente no solo promete revolucionar la informática, sino también abrir fronteras inexploradas en medicina, inteligencia artificial y sostenibilidad energética.

Se trata de la integración de la biología, la informática, la ingeniería genética y la nanotecnología para desarrollar sistemas de computación cuyo soporte físico está constituido por moléculas, células o tejidos vivos.

Esta innovadora área busca superar las limitaciones físicas y energéticas de la computación electrónica tradicional mediante la explotación de propiedades únicas de sistemas biológicos, como la ultra alta densidad de almacenamiento del ADN y la plasticidad adaptativa de las neuronas humanas.

biocimputación

Con la inteligencia organoide, neuronas reales son cultivadas en una solución rica en nutrientes, que les proporciona todo lo necesario para su salud. Crecen sobre un chip de silicio, que envía y recibe impulsos eléctricos hacia la estructura neuronal.

Las computadoras biológicas se pueden utilizar para estudiar y reprogramar sistemas vivos, monitorear entornos y mejorar la terapéutica celular. Es absolutamente revolucionario como, neuronas humanas cultivadas en laboratorio, ahora están aprendiendo a jugar videojuegos y resolviendo problemas matemáticos complejos, y lo más impactante es que ya se comercializan.

Evolución histórica de la biocomputación

En 1994, Leonard Adleman, ejecutó la primera computación molecular resolviendo el problema del camino hamiltoniano con moléculas de ADN, estableciendo la factibilidad del paralelismo masivo a escala molecular.

Entre 2006 y 2013, se desarrollaron puertas lógicas enzimáticas y circuitos funcionales de ADN concatenados, avanzando hacia arquitecturas reconfigurables como DNA-based Programmable Gate Arrays (DPGAs).

Hace unos 12 años (marzo, 2013), Science publicó el trabajo de investigación de un equipo de bioingenieros de la Universidad de Stanford que llevó la informática más allá de la mecánica y la electrónica, adentrándose en el ámbito de la biología, y desarrollaron un transistor biológico hecho de material genético: ADN y ARN. El equipo lo llamó el "transcriptor".

“Las computadoras biológicas se pueden utilizar para estudiar y reprogramar sistemas vivos, monitorear entornos y mejorar la terapéutica celular”, dijo Drew Endy, PhD, autor principal del artículo publicado en Science.

La creación del transcriptor permite a los ingenieros realizar cálculos dentro de células vivas para registrar, por ejemplo, cuándo las células han sido expuestas a determinados estímulos externos o factores ambientales, o incluso activar y desactivar la reproducción celular según sea necesario.

Entre 2010 y 2023, se consolidaron los órganos-en-chip, por ejemplo, el pulmón-en-chip que simula ciclos respiratorios; también se desarrollaron dispositivos neuromórficos biológicos capaces de emular aspectos funcionales de la sinapsis.

biocomputación

La inteligencia organoide (IO), podría superar
 la inteligencia artificial (IA).

En 2022, un experimento científico realizado por investigadores de la compañía australiana Cortical Labs, logró que células cerebrales humanas y de ratón vivas y conectadas entre sí, en un laboratorio y fuera de un cerebro completo, aprendieran a jugar un videojuego simple, como el "Pong".

En este experimento, conocido como DishBrain, les enseñaron a las células a responder a estímulos eléctricos que simulaban el juego. Con esto demostraron que es posible el aprendizaje de cultivos neuronales humanos en laboratorio, evidenciando comportamiento adaptativo en tejido vivo.

En el experimento DishBrain (2022), los científicos de Cortical Labs, les enseñaron a las neuronas humanas reales conectadas (en un laboratorio, fuera de un cerebro completo), a procesar información y a aprender, respondiendo a estímulos eléctricos.

Este año (2025), la misma compañía australiana, lanzó el sorprendente CL1, la primera computadora comercial híbrida que combina 800 mil neuronas humanas cultivadas con chip de silicio. Esto marca el inicio de la comercialización de computadoras biológicas.


Qué es y cómo funciona el sorprendente CL1 que ¡ya comercializa!

Según detalla Cortical Labs, las neuronas reales son cultivadas en una solución rica en nutrientes, que les proporciona todo lo necesario para su salud. Crecen sobre un chip de silicio, que envía y recibe impulsos eléctricos hacia la estructura neuronal.

El mundo en el que existen las neuronas es creado por su Sistema Operativo de Inteligencia Biológica (biOS). Este gestiona un mundo simulado y envía información directamente a las neuronas sobre su entorno. A medida que las neuronas reaccionan, sus impulsos afectan a su mundo simulado.

inteligenca organoide biocomputación

Muestra la arquitectura de un sistema de inteligencia organoide (IO) para computación biológica. El núcleo de la IO es el cultivo de células cerebrales 3D (organoide) que realiza el cálculo. El potencial de aprendizaje del organoide se optimiza mediante las condiciones de cultivo y el enriquecimiento de células y genes críticos para el aprendizaje. Créditos: Thomas Hartung, Dr Lena Smirnova, et al. "Powering up the next generation of biocomputers with brain organoids". Front. Sci.

Dan vida a estas neuronas y las integran en el biOS con una mezcla de silicio duro y tejido blando. Podés conectarte directamente a estas neuronas, implementar un código directamente en las neuronas reales y resolver los desafíos más complejos de la actualidad, eso es CL1.

Los dispositivos “wetware” combinan cultivos de neuronas humanas derivadas de células madre con chips microelectrodos que permiten la estimulación y lectura eléctrica de redes neuronales.

Algo muy importante en CL1, es que son pruebas sin animales. Es la primera computadora biológica que permite a los laboratorios médicos y de investigación probar cómo las neuronas reales procesan la información, ofreciendo una alternativa éticamente superior a las pruebas con animales y al mismo tiempo brindando información y datos humanos más relevantes.

CL1 Cortical Labs biocomputacion

Partes de CL1. Créditos: Cortical Labs.

CL1, basado en inteligencia organoide (IO), usa menos recursos y superará la inteligencia artificial (IA); es sostenible al extremo, está diseñado para mantener las neuronas vivas durante hasta 6 meses con su sistema de soporte vital interno, el CL1 necesita insumos mínimos y una fracción de la energía que usan otras tecnologías, lo que permite plazos de investigación más largos.

Es un sistema de circuito cerrado de alto rendimiento donde neuronas reales interactúan con el software en tiempo real. Un entorno robusto mantiene las neuronas activas hasta seis meses.

Estas neuronas de la CL1 se autoprograman, es infinitamente flexible y es el resultado de cuatro mil millones de años de evolución, explican desde Cortical Labs. Lo que los modelos digitales de IA intentan emular con enormes recursos, CL1 lo hace mucho más fácil.

biocomputación

Lo que los modelos digitales de IA intentan emular con enormes recursos, CL1 lo hace mucho más fácil.

Además, CL1 es autónomo, todas las grabaciones, aplicaciones y soporte vital se encuentran en el dispositivo. No requiere computadora externa. Simplemente podés conectar cámaras, dispositivos USB y de otros puertos a la Cortical Cloud para usarlos en experimentos.

Se logra un aprendizaje mucho más profundo, podrás estudiar la función cerebral con una claridad sin precedentes a través de la computación biológica que captura la adaptabilidad y el aprendizaje neuronal en tiempo real, revelando los mecanismos de la enfermedad y los efectos compuestos sobre la cognición.

BTS at @CorticalLabs #MWC25 pic.twitter.com/m6iItkXBG7

— Hon (@dr1337) March 1, 2025

Se puede obtener una CL1 a través de la página oficial de Cortical Labs, su valor de comercialización por compra directa es de 35 mil dólares estadounidenses. También está disponible un modelo basado en la nube que Cortical Labs, "Wetware como servicio" (WaaS), lo que permite a los investigadores el acceso remoto por 300 dólares semanales, haciendo la tecnología más accesible para centros de investigación de menor tamaño.

Computadoras con neuronas humanas: desafíos tecnológicos y éticos

Los dispositivos “wetware” combinan cultivos de neuronas humanas derivadas de células madre con chips microelectrodos que permiten la estimulación y lectura eléctrica de redes neuronales. Las neuronas presentan plasticidad sináptica natural, lo que permite aprendizaje experimental en tiempo real.


El ejemplo destacado es el CL1, como explicamos, este usa un sistema operativo especial biOS para traducir código digital a estímulos eléctricos para las neuronas y viceversa, logrando capacidades de aprendizaje en cuestión de minutos (según el experimento DishBrain), operación energética eficiente, con consumos muy por debajo de supercomputadoras tradicionales.

Actualmente tiene algunos desafíos por sortear, como la viabilidad limitada de las neuronas cultivadas, que es de aproximadamente 6 meses, y también implicaciones éticas relacionadas con el bienestar del tejido neuronal.

El uso de neuronas humanas plantea preguntas sobre la existencia de experiencias subjetivas o sufrimiento, requiriendo regulaciones éticas rigurosas. La manipulación y almacenamiento de datos biológicos sensibles deben respetar marcos legales como, por ejemplo, el Reglamento General de Protección de Datos de la UE (RGPD), evitando usos indebidos o acceso no autorizado.

La complejidad y costo actual pueden crear desigualdades tecnológicas, haciendo necesaria la promoción de políticas de democratización y transferencia tecnológica. Y por supuesto el riesgo dual-use (investigación de doble uso), cuando la capacidad de sintetizar secuencias de ADN programables requiere el control para prevenir usos malévolos bioterroristas. El llamado "dual-use" ocurre cuando el desarrollo de un producto también puede implementarse para amenazar o dañar a las personas, los animales o el ambiente.

Aunque existen barreras técnicas y éticas por superar, la consolidación de esta línea de investigación promete transformar áreas como el almacenamiento de datos, la inteligencia artificial sostenible, el diseño de fármacos y la medicina personalizada. Los próximos años serán definitorios para la estandarización, regulación y democratización de la biocomputación, que seguramente redefinirá el rol de la biología en la computación del futuro.



Bien, queridos amigos, como ven las notas expuestas dan mucha tela para cortar, sobre todo la última. Cosa que iremos desgranando en sucesivas notas.

Por ahora me despido: ¡Hasta la próxima!

 

  

domingo, 17 de agosto de 2025

Hoy hablamos del alma - 2

Bien, hemos asistido, en la primera entrega de este tema, a una muy interesante exposición de Christof Koch, en la que nos paseó por la evolución del concepto de alma a lo largo de la historia.

Fue una exposición bastante aséptica en el sentido de que Koch no emitió opiniones personales sobre el tema limitándose a mostrar la dicha evolución.

En esta segunda entrega sobre el tema, las cosas cambian y nuestra invitada ostenta opiniones más radicales sobre el alma, pero, no opiniones gratuitas, sino bien fundamentadas.

Y, sin más preámbulos, permítanme que les presente a nuestra expositora de hoy: Ella es Katja Crone.

Katia nació en 1970 en Lüdenscheid, Alemania.  es profesora de Filosofía en la Universidad TU Dortmund. Trabaja principalmente en temas relacionados con la Filosofía de la Mente. Su investigación se centra en la autoconciencia, la identidad personal, la cognición social y la intencionalidad colectiva. También trabajó en la filosofía de Kant y Fichte. Antes de incorporarse al departamento de la TU Dortmund, Katja Crone fue profesora en la Universidad Humboldt de Berlín y en las universidades de Mannheim, Halle y Hamburgo. Ha sido profesora visitante en la Universidad de Osnabrück (2010) y colaboradora científica en el Consejo Alemán de Ética (2002-2006). En 1999 obtuvo una beca de investigación en el King's College de Londres. Estudió Filosofía y Literatura Francesa y Alemana en las Universidades de Montpellier y Hamburgo (1992-1998). En 2004, la Sociedad de Ciencias Joachim Jungius le concedió el Premio al Joven Investigador por su tesis doctoral sobre “Teoría de la subjetividad de Fichte” en la Universidad de Hamburgo. Obtuvo su habilitación en “Identidades de Personas. Un análisis estructural de la autocomprensión biográfica” en la Universidad Humboldt de Berlín en 2015.

Katja Crone

Como vemos, el curriculum de Katja avala su presencia en este foro. 

A continuación, veremos una entrevista que le realizó Steve Ayan, redactor de Gehirn und Geist, edición alemana de Mente y Cerebro.
Sin embargo, antes de ello, me interesa munirlos de una definición que les será útil al leer la entrevista. Se trata de que, verán en ella la mención a los qualia. 
¿Y que son los qualia? Veamos:

Los qualia son las experiencias subjetivas individuales de los estados mentales. Se refieren a cómo se siente algo desde el punto de vista de quien lo experimenta.

Por ejemplo:

  • El sabor del chocolate 🍫
  • El dolor de cabeza 🤕
  • El color rojo tal como lo ves 🔴
  • El sonido de un violín 🎻

Estas experiencias tienen una cualidad fenomenológica que no puede ser completamente explicada por procesos físicos o neuronales. Es decir, aunque sepamos qué parte del cerebro se activa al ver el rojo, eso no nos dice cómo se siente ver el rojo.

Bien, ahora sí, vamos a la entrevista. Responde Katja Crome:

¿Qué papel desempeña el alma en el pen­samiento contemporáneo?

Ninguno. Este término prácticamente ha desaparecido de la filosofía actual. Aunque el concepto de alma cuen­ta con una larga historia, a lo largo de ese recorrido ha emergido de muy diversas maneras, hasta que hoy en día ya ha pasado de moda.

¿No existe ningún argumento para que aceptemos la esencia inmortal del ser humano?

De manera aislada, todavía pueden encontrarse posicio­nes emparentadas con el concepto tradicional de alma. Principalmente el sustancialismo. No obstante, en la actualidad resulta raro toparse con un enfoque que de­fienda la existencia de un mundo espiritual junto al corporal, de un ámbito para el ser inmaterial. De haber­lo, el alma casi ni aparece, porque se trata de un concep­to sobrecargado de creencias.

No obstante, en el pensamiento cotidiano el alma se halla tan presente como antes. ¿Por qué nos cuesta tanto abandonar la idea de que los humanos poseemos una parte inmortal?

Como es natural, la separación entre cuerpo y mente nos parece, en principio, plausible. Si indago los orígenes de mis distintos estados mentales, no me parece que tengan nada de corporal per se; los percibo como algo subjetivo. Sin embargo, los conocimientos de la neurociencia cognitiva y las reflexiones filosóficas nos están llevando cada vez más hacia un cambio de planteamiento.

¿En qué sentido?

Hoy sabemos con mayor precisión que el cerebro lleva a cabo funciones mentales y cómo lo hace. Ese conoci­miento repercute en la manera en la que reflexionamos sobre los procesos de nuestra mente. La idea de que más allá de esos mecanismos neurofisiológicos pueda existir algo puramente espiritual e inmaterial resulta difícil de argumentar. Incluso el hecho de que las personas interactuemos no significa de ninguna manera que el alma se encuentre flotando en algún lugar entre nosotros o que sea capaz de sobrevivir a la muerte del cerebro.

Tales creencias pueden resultar interesantes desde un punto de vista intuitivo, lo que no implica que no se puedan modificar.

¿Deberían cambiar?

En mi opinión, la idea de un alma es del todo prescin­dible. Nos las podemos arreglar perfectamente sin ella. Por supuesto que la visión dualista cuenta con una larga historia y hemos aprendido, tanto cultural como individualmente, a pensar así. Pero la idea del alma también se ha ido transformando una y otra vez en el pasado.

¿Qué cambios ha sufrido con el tiempo?

En un inicio, el alma era mucho más que la consciencia. En la antigua Grecia, en la época de Aristóteles, no abarcaba simplemente funciones mentales como la percepción, los sentimientos, el pensamiento y la volun­tad, sino que comprendía un principio vital general, precisamente aquello que nos convierte en seres vivos. Desde entonces, hemos obtenido muchos más conoci­mientos sobre la fisiología del cuerpo y ya no necesitamos el constructo del alma para explicar las funciones vitales.

Y es obvio que el concepto de alma continuará transfor­mándose.

Usted habla de transformación, no de desaparición.

Creo que expulsar este término del lenguaje cotidiano no va a resultar tan fácil, así que continuaremos dispo­niendo de un concepto de alma. Solo que nos referimos a una cosa distinta a la de antes.

¿A qué?

Actualmente ya empleamos esta palabra de manera simi­lar a psique, como resumen de todo tipo de rendimientos mentales, o bien en sentido figurado. Si hablo de «un evento sin alma», me refiero a un acontecimiento insípi­do, impersonal. Ello guarda poca relación con lo extrasensorial.

¿Cómo plantean los filósofos actuales el concepto clásico de alma?

Los filósofos hablamos de la consciencia como una cua­lidad determinada de los estados mentales. Sin embargo, el modo en que el cerebro los lleva a cabo y, por ejemplo, cómo se originan las circunstancias vitales subjetivas, como los qualia, representan aún hoy uno de los grandes retos de la neurociencia. Sin embargo, estoy convencida de que podremos resolverlos algún día. Para ello, las neurociencias no podrán prescindir de la filosofía, pues­to que esta pone a su disposición explicaciones concep­tuales y argumentos. El conocimiento de que existe una base física de los procesos de la consciencia debería convertirse, poco a poco, en un bien común de la sociedad.

¿No necesitamos una instancia mental que nos confiera identidad?

Tradicionalmente, el alma también representaba aquello que nos hace individuos, como el núcleo de nuestra autoconsciencia. Cada persona posee una representación de sí misma como unidad personal con características deter­minadas. Ello nos es necesario para tener capacidad de acción. Sin embargo, esta instancia no se halla oculta y desunida de nuestros procesos corporales, sino que es una parte o un producto de los mismos.

Con frecuencia se afirma que el yo es una ilusión.

Esa afirmación la encuentro exagerada. Si digo «yo», me refiero a mí misma como persona, y esta persona es real. Lo que me distingue como persona puede ser más flexi­ble, cambiante y polifacético de lo que a mí me parece, pero eso no lo convierte en una ilusión. Resulta más apropiado hablar de una construcción del cerebro.

¿Reflexionar sobre el cuerpo, el yo y la conscien­cia no nos involucra en un continuo de contra­dicciones?

No podemos separar nuestros pensamientos de nuestra consciencia. Todo lo que pienso y quiero hacer forma parte de lo mismo. Dicho de otro modo, sus fuentes no se pueden reconocer de manera subjetiva. El primer motor inmóvil se remonta a Aristóteles. El filósofo creía que debía existir un núcleo completamente libre e incon­dicional en nosotros. Pero estamos imbuidos en una comunidad, interiorizamos reglas y desarrollamos pre­ferencias, de manera que nuestra voluntad siempre se encuentra enclavada en un contexto social y cultural. El libre albedrío puede interpretarse como que el mundo se halla determinado de manera causal pero que nosotros aún somos libres. Es lo que se denomina compatibilismo. Ser libre significa actuar de acuerdo con las convicciones y los motivos propios. Por el contrario, la libertad total sería equiparable a la falta de libertad.

Desde hace siglos, el alma cumple también una función moral. Debemos «hacer el bien» para que vaya al cielo o se reencarne. ¿Sería posible pensar en una convivencia pacífica sin esa con­vicción?

Curiosamente, Immanuel Kant ya se oponía a la exis­tencia de un alma en su Crítica de la razón pura. Sos­tenía que considerar la posibilidad de una sustancia inmaterial constituía una conclusión errónea de nues­tro razonamiento. Por el contrario, en su filosofía práctica, la ética del deber, sostenía que la ley moral entrañaba la existencia de una vida tras la muerte. Kant veía en ella un postulado necesario. Y si Kant podía vivir con esa contradicción, quizá nosotros también podamos.

Pero ¿se puede respetar un principio del que no se está convencido?

En la actualidad nos ocurre algo similar con el libre al­bedrío. Su existencia también es teóricamente controver­tida, sin embargo, resulta indispensable en la práctica de la vida cotidiana.

¿Quedará el alma cada vez más arrinconada al ámbito de la fe a medida que se avance en el estu­dio del funcionamiento del cerebro?

Lo está desde hace tiempo. El alma inmortal es un con­cepto teológico. Hay personas que se aferran al alma porque así lo quieren o porque les hace sentir bien. Creer o no en ella no puede fundamentarse de manera conclu­yente solo con argumentos.

Algunas personas consideran la imagen neuro-científica del ser humano como algo desilusionan­te, incluso como una amenaza. ¿Qué le parece?

Seguro que llevará un largo proceso deshacerse de la creencia en un alma y el más allá. Pero nosotros ya estamos atrapados en ese proceso. Ello no significa que en una sociedad pluralista no puedan existir otros puntos de vista. La ciencia contribuye a sustituir viejos enfoques, a los que a menudo nos sentimos apegados, por otros nuevos que resultan más explicativos y evitan los problemas de los anteriores. Así funciona el avance. No hay que tener miedo de ello.


Bien, este fue, estimados amigos, el aporte de Katja Crone que, como vemos fue contundente. Veremos otros aportes más pues, el tema lo pide. 
Por el momento, les digo:
¡Hasta la próxima!

domingo, 10 de agosto de 2025

Hoy hablamos del alma -1

 Bien, queridos amigos, iniciamos, con esta nota, el tratamiento de este tema tan apasionante: El alma. Existe, no existe, qué es, etc.

El tema, seguramente, nos llevará más de una nota y, como ustedes saben, me gusta escuchar no solo mi voz, sino la de otros expositores cuya opinión merezca respeto.

Así pues, he invitado, para esta primer entrega, a Christof Koch (Kansas City, 13 de noviembre de 1956). Christof es un científico alemán-estadounidense con especialidad en neurociencia, conocido por su trabajo acerca de las bases neuronales de la conciencia. Es director científico del Instituto Allen para la Ciencia del Cerebro (IA), ubicado en Seattle.​ Fue profesor en biología e ingeniería en el Instituto de Tecnología de California entre 1986 y el 2013.

Christof Koch

  Christof nos hace un interesante recorrido por el concepto de alma a lo largo de la historia. Los dejo, entonces, en su docta compañía.

  La idea de una esencia humana imperecedera es más antigua que la filosofía occidental. Ya en las pinturas de las cuevas de Lascaux, situadas al sudoeste de Francia y que datan de hace más de 15.000 años, el alma de los muertos se re­presentaba como un pájaro. El fi­lósofo naturalista y místico de los números Pitágoras de Samos (ha­cia 570-510 a.C.) fue uno de los primeros pensadores occidentales en formular una teoría de la reen­carnación y el renacimiento, la cual ya contaba con una larga tra­dición budista e hinduista. Los pensadores de la Grecia clásica ha­blaban de la psique, derivada de la palabra en griego antiguo psyché («aliento»). En español, la palabra alma proviene del latín ánima, en referencia a un «soplo vital». Por ello, exhalarlo implicaba la muer­te. A diferencia del alemán, que utiliza la misma palabra para refe­rirse al alma y a la mente (Geist), el español usa un vocablo para cada concepto. Las connotaciones de ambos son dispares, a pesar del origen conceptual que puedan compartir.

En su diálogo Fedón o Sobre el alma, Platón (hacia 428-348 a.C.) describe cómo su mentor Sócrates (469-399 a.C.) argumenta en pro de la inmortalidad e incorporeidad del alma después de beberse un vaso con la mortal cicuta. El idealismo platónico se caracteriza por una representación del alma que incluye la capacidad cognitiva: De esta ma­nera, los humanos solo tienen acce­so a la esfera de las «ideas puras» a través de ella.

Por el contrario, Aristóteles (384-322 a.C), discípulo de Platón, se re­fería a la psique como «principio vi­tal», diferenciándola del intelecto, de la mente (nous). La sede del alma solía atribuirse al corazón. Solo el médico Alcmeón (finales del siglo VI - principios del siglo V antes de nuestra era) reco­noció el cerebro como órgano res­ponsable del alma.

En la Edad Moderna influyó sobre todo Rene Descartes (1596-1650) con sus enseñanzas sobre dos sustancias: La corporal (res extensa) y la cognitiva (res cogitans). Esta doctrina se conoce como dualismo sustancial. Un enfoque actual y extendido de esta idea es el dualismo de propiedades, según el cual lo mental consiste en un pro­ducto o efecto secundario de los procesos neuronales. El filósofo australiano David Chalmers es el principal representante de esta perspectiva.

La contracorriente más relevan­te del dualismo es el monismo. Esta doctrina argumenta que todo es cuerpo y que el alma constituye otra manera (subjetiva) de descri­birlo. El filósofo Daniel Dennett es un representante destacado de este enfoque.

En todas las variantes de repre­sentación del alma que se han dado a lo largo de diferentes épocas y culturas, ha predominado la idea de una esencia inmortal en el concepto de sí mismo humano. Es ahora cuando más pensadores se alejan de ella.

«A diferencia de cualquier otra entidad empírica de la Naturaleza, la presencia de la mente le resulta inmediatamente obvia a sí misma, pero le es opaca a todos los observadores externos.»

—George Makari, Soul Machine, 2015

  En contraste con entes materiales como un huevo, un perro o el cerebro, consciencia, mente y alma son constructos históricos dotados de un universo de significados religiosos, metafísicos, culturales y cien­tíficos y acompañados de una batería de presunciones subyacentes, algunas enunciadas con claridad, pero otras ignoradas por completo. Estos significados se van adap­tando a los tiempos a causa de guerras y revoluciones, catástrofes, comercio y tratados, inventos y descubrimien­tos. George Makari, psiquiatra e historiador, se propone arrojar luz sobre esta evolución histórica. En su reciente libro Soul machine: The invention of the modern mind, publicado en noviembre de 2015, describe cuan elusivas resultan las nociones de consciencia, mente y alma, las cuales filósofos, teólogos, estudiosos y médicos buscan domeñar con conceptualizaciones, definiciones, cosificaciones, negando o redefiniendo estos términos a través de los tiempos para enfrentarse con el misterio de nues­tra vida interior.

Descartes, Locke y Hobbes

 La búsqueda sistemática de respuestas se remonta a Aris­tóteles (384-322 a.C), considerado el primero de los bió­logos, taxonomistas, embriólogos y evolucionistas. En su Acerca del alma (De Anima) ofrece una clasificación de los seres vivos y expone su noción del alma (psyché), que significa, para él, la esencia de una cosa. Un organismo es definido por su alma. Todos los seres vivos poseen almas, de cualidades peculiares. El alma vegetativa da cuerpo a la fuerza vital, que diferencia a la materia viva (ya se trate de plantas, animales o personas) de la inanimada (las piedras, por ejemplo). El alma vegetativa es sostén de la nutrición, el crecimiento y la reproducción. El alma sen­sitiva, en cambio, faculta la percepción a través de los sentidos, del dolor y del placer, de la memoria, la imagi­nación y la emoción. Es común en los animales y los hu­manos. Tanto el alma vegetativa como la sensitiva son corpóreas y, por consiguiente, mortales. El alma racional, exclusiva de los humanos, es responsable del intelecto, el pensamiento y el razonamiento. El alma racional consti­tuye la esencia del ser humano. Para Aristóteles, aunque el alma racional es inmaterial, no puede existir con inde­pendencia del cuerpo. Es sabido que Sócrates y Platón diferían de Aristóteles en este punto, pues abogaban por la inmortalidad del alma una vez fallecido el cuerpo.

Tomás de Aquino (1225-1274), fraile dominico y filó­sofo escolástico, volcó estas ideas clásicas griegas en moldes acordes con las doctrinas cristianas, tesis que ejercieron una gran influencia durante la Edad Media. Según Tomás, todo individuo humano se encuentra integrado por una terna de almas: Un alma nutriente, común a todos los organismos; un alma sensible (o apetitiva), característica de los animales y las personas, y un alma racional, la cual es inmortal, depositaría de los rasgos divinos de la humanidad y que eleva a la persona sobre el mundo natural, material. El alma ra­cional no podía enfermar, por su cualidad de inmaterial, pero sí ser poseída por el Diablo o algunos de sus demo­níacos servidores. La medicina no podía sanar a los que sufrían esa fatalidad; en cambio, la autoridad eclesiásti­ca sí sabía ayudarlos. Salvaba las almas inmortales de un modo u otro, como demuestra la muerte en la hoguera de decenas de miles de brujas y brujos.

Esta filosofía tomista constituyó durante cuatro siglos la narrativa intelectual dominante en la cristiandad, tan­to de nobles como de campesinos. Ofrecía alivio al fati­gado y consuelo al moribundo; justificaba el derecho divino y el poder absoluto de la monarquía. Sin embargo, las encarnizadas guerras de religión entre cristianos que acontecieron durante la primera mitad del siglo XVII, en nombre de la «única fe verdadera», llevaron a una gene­ralizada crítica de estas verdades recibidas.

Filósofos, sabios, médicos, escritores y revolucionarios de la Ilustración inglesa, escocesa, francesa y alemana metamorfosearon a lo largo de dos siglos el alma racional hacia un ente mecanicista, natural y desacralizado, des­cribe Makari. Este proceso engendró la psicología, la neurología y la psiquiatría, así como nuestro conocimien­to actual de que hemos evolucionado desde los simios.

La superstición, ejemplificada en la obra La bruja de Endor, de William Blake, recibió críticas fulminantes de los filósofos de la Ilustración, entre ellos, Rene Descar­tes, Tilomas Hobbes y John Locke.

Todo comenzó con Rene Descartes (1596-1650), un francés solitario, y Thomas Hobbes (1588-1679), un inglés radical y sin pelos en la lengua. Descartes es uno de los padres de la ciencia moderna: Vinculó el álgebra y la geometría, con lo que nos legó las coordenadas cartesia­nas. Sustituyó las apolilladas formas y causas finales de los escolásticos («la madera arde porque existe en ella una forma inherente que busca arder») y las sustituyó por causas mecánicas. En concreto, sostuvo que las ac­ciones y los movimientos de los animales y los humanos se deben a partículas de diversas formas que chocan y se empujan entre sí y se mueven de un lado a otro. Nada más y nada menos.

Descartes postulaba que todo cuanto existe bajo el sol está formado por una de dos sustancias. Lo tangible y dotado de extensión espacial es res extensa («sustancia extensa»). Lo intangible, lo que no puede verse y no posee extensión, es cosa pensante, res cogitans. Solo la sustancia pensante faculta a los humanos para razonar, hablar y decidir libremente. El dualismo cartesiano dividía al mundo en dos magisterios. Uno, el mecanicista, debía ser el campo de juego de los filósofos experimentales, los precursores de los científicos y clínicos modernos. El otro, el teológico, estaba destinado al dominio del alma inmortal e inmaterial. De este modo, el filósofo francés ampa­raba el dogma cristiano y la autoridad eclesiástica.

Esa dicotomía le supuso a Descartes la enemistad de Hobbes, autor del famoso Leviatán, un osado manifiesto materialista que se considera el fundamento de la filosofía política occidental. Para Hobbes, todo estaba formado por materia. No había necesidad alguna de una sustancia pensante especial. La materia podía pensar. El grueso del Leviatán es un argumento en pro de la monarquía abso­luta y no tanto de la autoridad religiosa, para prevenir la sangría de las guerras de religión europeas (entre 1524 y 1648). No obstante, Hobbes fue tenido por blasfemo y sus libros, quemados.

John Locke (1632-1704), filósofo y médico inglés, atri­buyó al alma racional un carácter más natural todavía en su Ensayo sobre el entendimiento humano. Lo escribió en Holanda, durante el exilio, y se publicó por vez prime­ra en una edición abreviada en francés. El empirismo de Locke contribuyó a convertir el alma en algo más cercano a la mente moderna, el escenario de nuestra experiencia subjetiva. La mente se encuentra poblada de ideas que proceden del exterior, de las sensaciones, puesto que, al fin y al cabo, la mente al nacer es una hoja en blanco, una tabula rasa. Las ideas de Dios, de la justicia, de las mate­máticas o la idea del propio ser o de los objetos cotidianos, trátese de útiles, máquinas, animales o personas, no son innatas. Por el contrario, se aprenden por experiencia, por reflexión y por asociación. El modo en que la mente podía llevar a cabo tales tareas constituía para Locke un misterio, como también lo fue para Descartes, Hobbes y para todos los demás. A la luz de la mecánica y la química de su época, resultaba inexplicable que la mera materia cerebral pudiera pensar, razonar o hablar. Locke postuló que Dios había implantado fuerzas activas en la materia cerebral.

Descartes, Hobbes, Locke, Baruch Spinoza y otros pensadores radicales compartían el desprecio por la su­perstición. Makari cita una entrada del diario de Locke: «Las tres grandes cosas que gobiernan la humanidad son la razón, la pasión y la superstición. La primera rige solo a unos pocos; las dos últimas las comparte la mayoría de la humanidad y la poseen en sus cambios. Pero la supers­tición, con más poder, produce el mayor daño». El «gran inquisidor», de Fyodor Dostoievski, a dos siglos de dis­tancia, comprendía perfectamente esta disposición mental: «Las tres únicas fuerzas capaces de conquistar y conservar cautivas para siempre las conciencias de estos débiles rebeldes, para su propia felicidad... son el milagro, el misterio y la autoridad». Dos siglos después, en nues­tros días, la humanidad sigue combatiendo estas fuerzas.

En las postrimerías del siglo XVII, la mente había perdido muchos de sus atributos celestiales y pasado a formar parte de la naturaleza. Ahora podía sufrir las corrupciones que padece todo lo material: podía volverse disfuncional, enfermar o sufrir melancolía (una dolencia de amplia difusión). También podía ser falible y formar asociaciones equivocadas que conducían a errores de cognición, lo que explicaría la creciente marea de fanáticos, entusiastas y profetas religiosos: anabaptistas, metodistas, adventistas, cuáqueros y otros autoproclamados mensajeros de la di­vinidad, que recorrían el mundo predicando su especial interpretación de Dios y de la Biblia. Quizá no era Dios quien hablaba por su boca, sino que, sencillamente, se engañaban. De igual manera, tal vez los brujos no estuvie­ran posesos; tal vez solo fuesen enfermos o locos. Y no tendrían que haber sido quemados.

Si las mentes de las personas podían desequilibrarse, ¿Sería posible devolverles el equilibrio? ¿Podrían curarse? ¿De qué modo? ¿Encerrándolas en manicomios? ¿Cómo distinguir a los locos de los excéntricos? Estas preguntas apasionaron al Reino Unido a causa del estrafalario com­portamiento del rey Jorge III, el soberano que perdió las colonias americanas y cuya salud mental provocó una crisis política por su locura y por el debate sobre cómo podría devolvérsele el juicio. Todavía hoy suenan los ecos de estas controversias sobre quién ha de ser culpado de los atentados en masa: Los individuos perturbados, la posesión de armas o los factores culturales.

Siempre muy lentamente, con un sinfín de pasos atrás, conforme los decenios sumaban un siglo y luego dos, las explicaciones religiosas de comportamientos idiosincrá­sicos se convirtieron en explicaciones clínicas, con sus asilos mentales concomitantes y sus médicos especialis­tas para tratar a los afectados, quienes ya no eran consi­derados diablos ni seres tocados por Dios, sino pacientes que necesitaban ayuda.

El astrónomo y filósofo prusiano Immanuel Kant (1724-1804) hizo más que ningún otro para sondear y delimitar lo que la mente puede conocer y lo que la razón puede deducir sobre el mundo. Con precisión de bisturí, sostuvo que nuestra mente no podrá jamás penetrar la auténtica naturaleza de las cosas.

De espíritus y profanos

 Las posesiones y los exorcismos habían servido de prue­ba visible de la realidad del mundo espiritual. Si estas materias eran de carácter profano, sujetas a la medicina y la razón, ¿Dónde quedaría la justificación divina de los derechos absolutos de la monarquía?

Makari concluye a mediados del siglo XIX, con una semblanza de los médicos Franz Joseph Gall (1758-1828) y su ayudante Johann Spurzheim (1776-1832). Gall, ba­sándose en la disección sistemática de cerebros humanos y de animales, formuló una descripción materialista, concienzudamente fundamentada, en la que el cerebro era, en exclusiva, el órgano de la mente; un órgano que no es homogéneo, sino un agregado de partes y, en consecuencia, de diferentes «funciones». Sostenía que su número era 27, asignadas una por una a distintas regiones del cerebro. Cada individuo hereda un conjunto peculiar de órganos, al­gunos más pequeños, otros más grandes, lo cual explica las diferencias entre unos y otros. Estas teorías, que veían en el cerebro una máquina para producir pensamientos y recuerdos, chocaban con los sentimientos religiosos y la moralidad pública de su tiempo. Al final, el médico tuvo que abandonar su Viena natal y establecerse en el París posrevolucionario.

Gall y Spurzheim aseguraban que a partir de los de­talles de curvatura, forma y tamaño del cráneo podían inferir el tamaño e importancia del órgano subyacente y diagnosticar el carácter mental del individuo examina­do. Su método frenológico adquirió una inmensa popu­laridad, pues era del agrado de la creciente clase media gracias a su apariencia científica, refinada y moderna. La frenología se empleó para clasificar a criminales, lunáti­cos y eminencias; también a los famosos (o infames). No obstante, la técnica acabó sin el prestigio de un método científico serio; poco a poco fue languideciendo hasta comienzos del siglo XX.

Aunque no existe relación discernible entre la mor­fología externa del cráneo y el tamaño y la función del tejido neural subyacente, la insistencia de Gall sobre la ubicación de funciones cognitivas específicas en la corteza cerebral encontró apoyo en 1848, en los trabajos del neurólogo parisino Paul Broca (1824-1880). Este médico expuso un caso de referencia: Un paciente in­capaz de hablar, con la curiosa excepción de que solo podía pronunciar la sílaba tan. Se demostró que el ce­rebro del enfermo (quien se acabaría conociendo en la literatura médica como «Tan-Tan») había sufrido una lesión en el lóbulo frontal izquierdo. Broca dedujo que la función del habla se encontraba en estrecha relación con dicha región. El análisis de un segundo paciente reforzó su convicción de que un área circunscripta de la corteza cerebral (el giro frontal inferior izquierdo, hoy llamada área de Broca) era responsable del habla productiva, la conducta humana por excelencia.

De Descartes al paradigma computacional

 Las ideas cartesianas arraigaban en la incapacidad del filósofo francés para concebir procedimientos y meca­nismos que explicasen la inteligencia, el razonamiento y el lenguaje. Nadie en el siglo XVII podía soñar que la aplicación automática («sin mente») de una infinidad de instrucciones, minuciosamente detalladas y ejecutadas paso a paso (lo que ahora llamamos un algoritmo pu­diera conseguir que una máquina computadora jugase al ajedrez, reconociese rostros, etiquetase fotografías o tradujese páginas de Internet. Descartes tuvo que apelar a una sustancia misteriosa, etérea, que, de alguna nebu­losa manera, efectuaba el pensar y el razonar.

En la moderna concepción de la mente computacional, todo contenido sobrenatural ha sido lixiviado por el baño ácido de la Ilustración: Si no hay cerebro, no hay mente. No obstante, nuestra comprensión del entramado de consciencia, mente y alma no ha alcanzado en absoluto su definitivo apogeo. Seguirá evolucionando a la par que científicos, clínicos y filósofos, a quienes recientemente se han sumado ingenieros, buscan una talla cada vez más precisa de sus articulaciones naturales, por usar una hermosa metáfora platónica.


Hasta aquí Christof. Espero que su exposición les haya interesado y, como dije al comienzo, en futuras notas iremos aportando más opiniones.

¡Hasta la próxima!



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