domingo, 27 de abril de 2025

Acerca de la estupidez 3

 El 11 de febrero de 2024 y el 18 del mismo mes, publiqué, en este foro, dos notas sobre la estupidez, donde expuse las ideas de dos pensadores sobre el tema: el alemán Dietrich Bonhoeffer y el italiano Carlo Cipolla.

Sin embargo, el tema fue puesto nuevamente sobre el tapete en uno de los grupos de WhatsApp al que pertenezco. De modo que, decidí ahondar en el mismo pues da para mucho.

Comencemos pues por resumir el pensamiento de Bonhoeffer y Cipolla como punto de partida para este nuevo tratamiento del tema.

Dietrich Bonhoeffer fue un intelectual alemán que se opuso al nazismo y por eso fue encarcelado y, más tarde, ejecutado.

En la cárcel meditó mucho, tratando de explicarse cómo era posible que sus compatriotas alemanes estuvieran apoyando tan fervorosamente a Hitler y sus políticas irracionales y criminales, siendo el pueblo alemán uno de los más cultos y avanzados de Europa y el mundo, en lo científico, lo tecnológico, lo cultural, etc.

Llegó a una conclusión: el pueblo alemán fue víctima de la estupidez colectiva.

Y entonces Bonhoeffer escribió un ensayo sobre la estupidez. Según él, la estupidez no tiene una causa psicológica sino sociológica, es decir, es contagiosa: la estupidez de uno necesita la estupidez del otro.

Es como un hechizo conformado por consignas que se apodera de la gente. Por eso veremos gente muy inteligente que en un momento dado se comporta de manera estúpida, porque es una recaída de su personalidad que no tiene nada que ver con sus capacidades mentales, que pueden ser muchas.

Cuando las personas están atravesando un periodo de estupidez, nunca creerán en los argumentos en contra de su estupidez, simplemente los ignorarán.

Son absolutamente impermeables a las advertencias sobre las consecuencias catastróficas que su estupidez puede ocasionarles a él y a los demás estúpidos, y siempre se sentirá orgulloso de sí mismo y de su estupidez.

Más aún, muchas veces es peligroso tratar de persuadir a un estúpido con razones, porque se sentirá agredido, se irritará con facilidad e incluso intentará atacar.

Hay momentos en la vida de las sociedades en que, en contra de la estupidez no hay ninguna defensa.

De ahí nacen las dictaduras, así como también el declive de los países. Cuba con el castrismo y Argentina con el peronismo, son ejemplos.

Con posterioridad a Bonhoeffer, el historiador y economista italiano Carlo Cipolla, siguiendo la misma lógica del alemán, condensó en cinco leyes su teoría de la estupidez.

1)     Siempre se subestima el número de estúpidos en circulación.

2)    La probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de su educación, riqueza, su inteligencia, etc., o sea, se distribuye por igual en todos los segmentos de la población.

3)    El estúpido ocasiona daño a otras personas y a sí mismo, sin lograr ningún beneficio. Son impredecibles.

4)   Los NO estúpidos siempre subestiman el poder dañino de los estúpidos.

5)    Los estúpidos son más peligrosos que los bandidos y los malvados. No hay nada más peligroso que un estúpido con poder.

Según Bonhoeffer, sólo cuando cae o entra en crisis el gobierno o el régimen social que produce la estupidez colectiva, la gente se puede liberar de ella y del dolor que les empieza a generar la contradicción entre sus pensamientos y sus actos.

Y, por si esto fuera poco, aquí tenemos un tercer aporte, más moderno:

https://www.elconfidencial.com/cultura/2025-04-27/pino-aprile-entrevista-elogio-imbecilidad_4117342/

 

Bien, hasta aquí Bohoeffer-Cipolla. Y, si bien se trata de un buen comienzo, me parece que el tema da para más; que se puede profundizar más.

En algo estoy de acuerdo y es en el punto número 2 de los cinco de más arriba.

Por ejemplo, en mi nota De conductores y conducidos del 31 de enero de 2022, yo decía lo siguiente (nótese que llamo fanatismo a lo que Bonhoeffer-Cipolla llaman estupidez):

"Ahora bien, ¿Será suficiente, para evitar la ciega devoción al líder, lo que recomienda Moreno de ilustrar a los pueblos? Mal que me pese debo confesar, prima fascie, mi escepticismo al respecto. ¿Por qué mi escepticismo? Porque observo que el fanatismo es una mala hierba que crece en cualquier suelo y con cualesquiera condiciones ambientales. Se lo puede encontrar en lugares donde, a priori, uno pensaría que es imposible hallarlo, como en las universidades. Personas formadas en el claustro universitario donde se supone que la razón prima sobre la pasión, pueden transformarse en los más acérrimos fanáticos".

"Consideremos, a guisa de ejemplo, las Waffen SS y la Gestapo del nazismo. Las primeras, comenzaron como unidad de protección y choque de la dirección del Partido Nazi, hasta convertirse en una fuerza de combate de 950.000 soldados aproximadamente. En los Juicios de Nüremberg, las Waffen-SS fueron condenadas como parte de una organización criminal debido a su participación en atrocidades y crímenes de guerra e inmediatamente abolidas".

"En cuanto a la Gestapo, estaba formada por oficiales de policía de carrera y profesionales del Derecho, su organización y funciones fueron rápidamente fijados ya en enero de 1933. La función de la Gestapo era la de investigar y combatir «todas las tendencias peligrosas para el Estado». Tenía autoridad para investigar los casos de traición, espionaje y sabotaje, además de los casos de ataques criminales al Partido Nazi y al Estado. La norma de 1936 que regulaba su actuación le otorgó carta blanca y la situó por encima de la ley al excluirla de cualquier forma de control jurisdiccional. En particular, fue eximida de responsabilidad ante los tribunales administrativos, los que ordinariamente se encargaban de resolver los litigios que los ciudadanos dirigían contra el Estado si consideraban que su actuación no se ajustaba a Derecho. Werner Best, asesor jurídico de la Gestapo, llegó a declarar: «Mientras la policía cumpla la voluntad de los líderes políticos, está actuando legalmente». El poder de la Gestapo que más le permitía abusar era la Schutzhaft o 'custodia preventiva', un eufemismo para designar los encarcelamientos sin procedimientos legales, típicamente en campos de concentración. La persona encarcelada incluso tenía que firmar su propio Schutzhaftbefehl (documento donde declaraba su deseo de ser encarcelada). Normalmente esto se lograba sometiéndola a tortura".

"Pues bien, cuando se analizan los cuadros de estos cuerpos, que participaron en toda clase de crímenes y aberraciones, surge que el 60 por ciento de ellos eran universita­rios, hombres preparados y con un buen grado de cultura. Entonces uno se pregunta cómo pudo haber sucedido lo que pasó. La biógrafa Heike Görtemaker considera que nunca lo­graremos dar respuesta a esos interrogantes. Todo lo que podemos hacer es tratar de explicar qué pasó y tomar nota de todos los factores".

"¡Y qué decir del pueblo alemán! Pensemos lo siguiente, a fines del siglo XIX, Alemania había alcanzado altísimas cotas de cultura popular. Todo tenía “color” alemán, la ciencia, el arte, la filosofía. Toda disciplina exhibía apellidos alemanes entre sus más destacados cultores. ¿Y qué pasó? Ese pueblo cultísimo, ilustrado, que sabía lo que valía, lo que podía y lo que se le debía… ¡cayó fanáticamente en el nazismo!"

Solo unos pocos escaparon al magnetismo de la ideología nazi. Serían, quizás, los pocos que prefieren la libertad, al decir de Salustio.

“Son pocos los que prefieren la libertad,

la mayoría prefiere un amo justo”.

Cayo Salustio Crispo

Frase con la que, en mi opinión, Salustio justificó su presencia en esta Tierra.

En otras palabras, la mayoría de los humanos busca tener un amo, un guía, un norte al cual seguir. Porque por molicie, incapacidad, falta de confianza en sí mismo, falta de valentía para enfrentar realidades, etc. no es capaz de gobernar su propia vida y necesita un líder que le indique el camino a seguir. Esto es, en el fondo, lo que da origen a dictaduras, religiones, movimientos sociales, etc. O sea, que me dicten el camino a seguir, líderes, dioses o ideas-fuerza. Como uno de los muchísimos ejemplos que podría aportar juzgo que el siguiente es suficientemente ilustrativo.

O sea, no soy yo el conductor de mi propia vida es, en este caso, el dios católico. En las manos de Dios coloco mi día. ¡Que él decida qué hacer conmigo!

¿Se ve claro? No soy yo el que decide qué hacer conmigo. Es dios, en este caso. Y a mayor abundamiento, recordemos la tan frecuente frase ante una desgracia: Y bueno, es la voluntad de Dios. De nuevo, no soy yo quien dirige mi propia vida, es la voluntad de Dios.

A mayor abundamiento, veamos esta otra oración:


"Te entrego mis sueños y anhelos confiando en TU plan perfecto para MI vida".

¿Y en otros casos Martín?

En otros casos el que decide es un líder. Lo fue Hitler, por ejemplo. Sin entrar a valorar la moralidad de sus actos, me interesa destacar por qué sedujo al pueblo alemán y a los neonazis que puedan existir hoy en día. Hitler contó con tres ingredientes que le aseguraron el éxito:

1.- Ideas-fuerza detrás de las cuales encolumnar a sus seguidores. En su caso fue devolver al pueblo alemán el orgullo que había perdido tras las duras condiciones que impuso el Tratado de Versalles, luego de la Primera Guerra Mundial. Y, además, desvelar, a los tales seguidores, quiénes eran los culpables de los males alemanes: ¡Los judíos!

2.- Un excelente ideólogo que le suministró el qué decir. Ese fue Joseph Goebbels, que cumplió sus funciones como generador de ideas con las que capturar la atención del pueblo, a cabalidad.

3.- Una excelente capacidad de Hitler de expresar esas ideas de forma atractiva y atrapante para su pueblo. 

Y, dado que siempre existirán humanos que no saben qué hacer con su vida, siempre existirán nuevos nazis, por más que Hitler haya muerto. Su discurso seguirá atrapando desorientados.

Y, a mayor abundamiento, tenemos a Benito Mussolini en el que, también podemos reconocer los tres puntos anteriores:

1.- Ideas-fuerza detrás de las cuales encolumnar a sus seguidores. En este otro caso fue la de devolver al “popolo italiano” la gloria de la que había gozado en el Imperio Romano.

2.- Un excelente ideólogo que, en este caso, se trató de una ideóloga: Margherita Sarffati. Curioso, ¿verdad?

¿Por qué curioso Martín?

Porque Mussolini opinaba de las mujeres lo siguiente: Están hechas para atender la casa, cuidar los niños y portar los cuernos. Y él, que opinaba así, fue una marioneta de Margherita. Aquí les dejo un video para que sepan más de ella.

https://www.youtube.com/watch?v=u6HKXTX7Z5c

3.- Como Hitler, Mussolini era muy buen orador y podía despertar la pasión de su pueblo.

Aquí les dejo un tramo del discurso en el que informaba al “popolo italiano” de la decisión irrevocable de entrar en guerra contra Gran Bretaña y Francia. Podrán ustedes pensar que es muy teatral, pero la manada apreciaba esa manifestación del macho alfa. Tanto la apreciaba que, le estaban diciendo que entraban en una guerra y estaban todos felices y contentos. Era su conductor quien los enviaba a pelear.

https://www.youtube.com/watch?v=RtJTMlRbXos

Ahora, ¿podemos decir que los seguidores de estos dos tiranos eran todos estúpidos?

No me convence la idea. Más me convence la sentencia de Cayo Salustio Crispo: Eran gentes que, no sabiendo qué hacer con sus vidas la confiaban en un macho alfa. Y eso fueron los dos personajes mencionados (y tantos otros, antes, después y ahora).

Es decir, queridos amigos, el hombre enfrenta la trabajosa necesidad de construir su propia vida en base a un esfuerzo duro y continuado y, como hemos dicho más arriba, por molicie, incapacidad, falta de confianza en sí mismo, falta de valentía para enfrentar realidades, falta de medios, etc. no es capaz de hacerlo y necesita una fuente externa que lo libere de dicha necesidad. Y, como si esto fuera poco, pervive en él la atávica costumbre de encolumnarse detrás de un macho alfa que le diga cómo lograrlo. Ya hemos charlado, en notas anteriores, cómo desde el Paleolítico el hombre optó por la organización en clanes donde había un líder y unos seguidores.

Así pues, y para concluir, lo que los autores vistos llaman “estupidez” se explica para mi con el factor fundamental de no saber qué hacer con la propia vida y entregársela a otro.

¿Y cómo logramos erradicar o al menos morigerar el problema, Martín?

Eso, estimados amigos, será motivo de una futura nota.

 

 

 

 

 

 


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