domingo, 19 de julio de 2026

Historia de las ideas políticas - 6

 Continuamos, queridos amigos, con nuestro recorrido por la Historia, recopilando lo que el hombre ha aportado a la Teoría Política. Hoy nos acompaña alguien que ya conociéramos en la nota De conductores y conducidos, del 31 de enero de 2022. Se trata, claro, del francés Michel de Montaigne, que fuera incluido en aquella nota por su frase (que la nota de hoy también recoge) estoy convencido de que es más fácil y más satisfactorio seguir que conducir.

Se percibe en Montaigne un hombre claro, calmo, poco dado a las efusiones del espíritu (la imagen que acompaña este texto permite inferir tal cosa. No es la de un guerrero dispuesto a matar o morir, es la de un pensador). Esto le permite analizar la Política con serenidad, tornándolo muy interesante de leer.

Seguimos, pues, nuestro recorrido por la Historia de la Ideas Políticas con el objetivo final de realizar un análisis que incluya todo lo visto.

Los dejo entonces con: Michel de Montaigne (1533.1592), Moralista y pensador francés. Después de haber estudiado derecho en Toulouse, Montaigne fue nombrado, en 1554, Consejero del Tribunal de Cuentas de Perigueux, después, en 1557 del Parlamento de Burdeos. habiendo renunciado a su cargo, se retiró a sus tierras para consagrarse a sus estudios, pero Carlos IX lo nombró gentilhombre ordinario de la Cámara del Rey, y tras la noche de San Bartolomé, fue intermediario entre el ejército católico del Duque de Montpensier y el Parlamento de Burdeos y más tarde gentilhombre de Cámara de Enrique de Navarra.

Viajando por Italia se enteró de su elección como Alcalde de Burdeos. Habiendo aceptado el cargo, lo ocupó durante dos mandatos sucesivos, y se distinguió tanto como buen administrador y como político avezado, al tratar de conciliar las opiniones de Enrique de Navarra con las del Gobernador de la Cayena, representante del Rey de Francia.

Fue defensor de Burdeos contra las Ligas. Habiéndose declarado una peste en la ciudad durante su ausencia, no regresó a su puesto, prefiriendo conservar en Burdeos un alcalde vivo. Durante sus estancias en París, estuvo en contacto con Enrique III, a quien acompañó a Chartrés, siendo blanco fácil de la Liga, que lo secuestró. Liberado por el Duque de Guisa, estuvo presente en los Estados Generales de Blois. Entretanto, llamado por Enrique de Navarra para que se le uniera corno consejero, declinó la oferta, aunque conservó, con el futuro Enrique IV, buenas relaciones de amistad.

Montaigne falleció durante una misa en Burdeos, después de haber pasado sus últimos días leyendo a los antiguos. El escepticismo de Montaigne le impidió tener, en política, ideas dogmáticas y partidarias, sin que, por otra parte, le impidiera alcanzar juicios lúcidos y prudentes, sobre los acontecimientos y sobre los hombres de su época. Veamos los tales juicios:

 

 Vanidad de la ambición

Cuando el rey Pirro trataba de pasar a Italia, Cineas, su sabio consejero, queriendo hacerle sentir la vanidad de su ambición:

"Eh, Sire, le preguntó, ¿con qué finalidad lleváis a cabo esta gran empresa?

—Para hacerme dueño de Italia, le respondió enseguida.

— Y después, continuó Cincas, ¿una vez lo hayáis conseguido?

—El otro dijo: Seguiré a la Galia y a España.

— ¿Y después?

—Marcharé a subyugar el Africa: y finalmente, cuando todo el mundo esté bajo mi dominio, descansaré y viviré contento y feliz.

— Por Dios, Sire, continuó Cincas volviendo a la carga, ¿cómo es que todavía no habéis conseguido ese Estado si lo deseáis realmente? ¿Por qué no os quedáis desde ahora allí donde queréis o decís querer, ahorrándoos tantos trabajos y tantas dificultades como se presentan ante ellos?"

I, XLII.

El oficio más difícil

Para mí, el oficio más áspero y difícil del mundo, es hacer dignamente de rey. Comprendo sus faltas más que muchos otros, teniendo en cuenta el horrible peso de su cargo, que me espanta. No es fácil poder medir una potencia tan desmesurada. Porque en relación con quienes tienen naturaleza menos excelente, es una singular incitación a la virtud, estar situado en un lugar en el que no haces nada que no se tenga en cuenta y no se registre, en donde cualquier cosa tiene tanto que ver con tanta gente y en donde la suficiencia, como la de los predicadores, se presenta sobre todo ante el pueblo, juez tan poco exacto, fácil de engañar, fácil de contentar.

 

Vale más seguir que conducir

En cuanto a mandar, lo que parece tan apacible, considerando la imbecilidad del juicio humano y la dificultad de elección entre las cosas nuevas y dudosas, estoy convencido de que es más fácil y más satisfactorio seguir que conducir, y que es un gran descanso para el espíritu, tener tan sólo un camino trazado y la obligación de no responder más que de sí mismo.

III, VII.

Necesidad de la mentira

Puesto que los hombres, al ser insuficientes, no pueden conseguir que se les pague a todos con buena moneda, que se emplee también la falsa para ello. Este medio ha sido practicado por todos los legisladores y no existe política en la que no haya mezcla de vanidad ceremoniosa o de opinión engañosa. que sirva de brida para mantener al pueblo en la faena.

 

La crítica fácil

Es muy fácil tachar de imperfecta una política, cuando todas las cosas mortales están llenas de ello; es muy fácil lograr que un pueblo aborrezca sus antiguas observancias: Nunca hubo un hombre que lo intentara sin llegar a conseguirlo; pero establecer un Estado mejor en lugar del que se destruyó, la mayoría de todos cuantos lo intentaron se consumieron en la tarea. No tengo mucha confianza en la prudencia de mi conducta; me dejo llevar con gusto al orden público del mundo.

 

Querer lo que se puede

...creo mejor, para honor de la estima en que tenemos a nuestros reyes que, al no poder conseguir lo que querían, han hecho como si querían lo que podían.

II, XVII. y II, XX.

De la guerra civil

Guerra monstruosa: Las demás se provocan desde fuera; ésta se consume en sí misma y se deshace por su propio veneno. Es de naturaleza tan maliciosa y destructora que se deshace y lo que resta se destruye y se desmenuza de rabia. Con frecuencia vemos cómo se disuelve por si misma, más que por escasez de algo necesario o por la fuerza del enemigo. Repele cualquier disciplina. Aparenta querer remediar la sedición, pero la provoca, quiere castigar la desobediencia y es su máximo ejemplo y tratando de defender las leyes, significa una rebelión contra las leyes propias (…).

Así que, continuando de esta guisa, será muy difícil encontrar alguien a quien poder encomendar la salud del Estado, en caso de que la suerte nos lo entregue (…).

¿Pero es un mal año, una política que valga la pena de ser combatida con droga tan mortal? No, decía Faonio, la usurpación del poder tiránico de un estado (…).

No puede imaginarse aspecto de las cosas peor, que allí donde la maldad se instala legítimamente y toma, en ausencia del magistrado, el manto de la virtud.

 

*

 

Cuando la voluntad me inclina a un partido, mi entendimiento no llega a infectarse con una obligación tan violenta. Los actuales enredos de esta condición, no ocultan mi interés por conocer las cualidades positivas de nuestros adversarios, ni las que se pueden reprochar a aquellos a quienes sigo. Aceptan todo lo que está de su lado, pero yo no sólo tengo excusas para la mayoría de las cosas que veo en el mío (…). Quienes extienden su cólera y su odio más allá de los asuntos, como hace la mayoría, demuestran que éstos les vienen de fuera y por razón muy particular (…). Resulta así, porque sólo hacen causa común, siempre y en lo que toque en algo al interés de todos y del estado; pero les interesa únicamente en lo que pueda reportarles a cada uno. Esta es la razón por la que se excitan en forma particular, sin tener en cuenta la justicia ni la razón pública.

III, XII y III, X.

De las paradojas en política

Esas almitas cándidas y mezquinas se van engatusando y piensan dar a conocer su nombre, por haber estimado con certeza un asunto o por haber seguido el orden de los guardianes de una puerta de ciudad; lo que hacen es enseñar el trasero, mientras tratan de levantar la cabeza.

III, X.

Dar la espalda a la ambición

Las leyes me han librado de un gran dolor; con ellas he elegido partido y me he dado un dueño. Por eso las ocupaciones públicas no me preocupan nada; el contacto con ellas a que obliga mi profesión, lo llevo a cabo y en la forma más privada que me es posible... Con frecuencia, he tratado de no mezclarme en ellas, las he aceptado rara vez, no las he solicitado jamás; le he vuelto la espalda a la ambición; pero no como los remadores que avanzan de espaldas, teniendo en cuenta que nunca me he embarcado, le estoy más agradecido a mi buena fortuna que a mi determinación; porque hay otros caminos, más aceptables para mi gusto y más de acuerdo con mi manera de ser, por los que, si me hubiera llamado en otro momento al servicio público y a mi encumbramiento hacia el crédito del mundo, a fin de seguirlos, estoy seguro de que hubiera pasado por encima de la razón de mis ideas.

III, I.

 

Cuando el viento suena

Las guerras civiles producen con frecuencia estos necios ejemplos, que castigamos a aquellos que nos creyeron cuando éramos otros; el mismo magistrado echa la culpa de su cambio a quien no puede protestar; el maestro azota al discípulo por ser obediente y el ciego a quien le guía.

II, I. Ensayos.

 Y esto es todo por ahora, de modo que me despido:

¡Hasta la próxima!

Pero, no sin antes mencionar la fuente de donde obtuve las ideas de Montaigne , se trata de la conocida Antología de las ideas políticas, de Gastón Bouthoul y Manuel Ortuño.

 

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