domingo, 30 de noviembre de 2025

NOTI-NIVI 15

Bien, queridos amigos, respondiendo a los requerimientos que me han hecho llegar varios de ustedes respecto a que por qué no he continuado publicando los NOTI-NIVI, he aquí que volvemos a ellos.

Como siempre, les traigo las novedades que se hayan producido en el campo de la ciencia y de la tecnología.

Comencemos por el índice de contenidos:

ÍNDICE

1.- Descubren un mecanismo bacteriano capaz de destruir células cancerosas

2.- La especie humana de Lucy no estaba sola

3.- ¿Ser más inteligente en la juventud garantiza una mejor vejez?

4.- Ámbar: El tesoro fósil que está reescribiendo la historia de la vida en la Tierra

5.- Alcohol y cáncer: Por qué importa más de lo que crees

6.- Logran observar cerca de la superficie de una enana blanca

7.- La sorprendente historia del ácido acetilsalicílico

8.- ¿Los gemelos comparten las mismas enfermedades?

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  1.- Descubren un mecanismo bacteriano capaz de destruir células cancerosas

En un estudio reciente se ha identificado un mecanismo por el cual una proteína secretada por la bacteria Vibrio cholerae es capaz de destruir células cancerosas. La investigación, que abre la puerta a nuevos tratamientos, ha probado el mecanismo descubierto en células tumorales humanas de mama, colon y páncreas.

El estudio lo ha realizado un equipo internacional encabezado por David Tena-Chaves, del Centro de Investigación del Cáncer (CIC), centro mixto de la Universidad de Salamanca y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en España.

La proteína HapA, producida por la bacteria Vibrio cholerae, actúa como una especie de “llave” capaz de localizar unas “cerraduras” específicas (llamadas receptores PAR-1 y PAR-2) que se encuentran en la superficie de las células tumorales. Al abrir esas cerraduras, provoca una reacción en cadena dentro de las células que las lleva a autodestruirse. El equipo científico empleó tanto el cultivo bacteriano original como bacterias inocuas artificialmente modificadas para producir solo HapA. Así se demostró que el efecto era realmente causado por esta proteína concreta y no por otros posibles factores de la bacteria.

 “Este trabajo demuestra el potencial de las proteínas bacterianas como herramientas terapéuticas antitumorales. La acción selectiva y el modo de activación intracelular abren nuevas perspectivas para desarrollar tratamientos combinados y específicos”, subraya Antonio Hurtado, investigador del CIC.

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La imagen representa las células de cáncer muertas al activarse su proteína de membrana PAR-1 por la proteasa bacteriana HapA (Imagen: CIC)

Para desarrollar este estudio se cultivó la bacteria Vibrio cholerae, contando con una cepa normal y otra mutante modificada genéticamente. Posteriormente se recogió supernatante, que es el líquido donde crecen estas bacterias y que también contiene las proteínas y sustancias liberadas por la bacteria. El supernatante se aplicó a células cancerosas humanas de colon, mama y páncreas para observar qué efectos producía.

“Lo que buscamos fue comprobar si las células humanas de distintos tipos tumorales (mama, colon y páncreas) seguían vivas y si podían multiplicarse tras estar en contacto con estas sustancias bacterianas, en particular con la proteína HapA”, explica Hurtado. “Para confirmar que los efectos observados eran específicos de Vibrio cholerae comparamos los resultados con el supernatante de una bacteria diferente que no produce HapA, la Escherichia coli”, añade.

Para entender mejor cómo funciona HapA, se usaron técnicas que permiten introducir en las células cancerosas unos marcadores especiales relacionados con dos receptores de la superficie celular llamados PAR-1 y PAR-2. También se emplearon pruebas para detectar la activación de proteínas que indican muerte celular y se estudiaron las rutas internas de la célula que controlan la supervivencia y la muerte, conocidas como vías MEK-ERK.

Adicionalmente, se aplicaron fármacos que bloquean estas vías, como trametinib, para confirmar que la muerte celular dependía de estas señales. En la investigación se han empleado sistemas avanzados de imagen en tiempo real que permiten contar células vivas y muertas, y medir la apoptosis (muerte programada) para observar con precisión el bloqueo de las vías.

El estudio se titula “HapA protease targets PAR-1/2 to modulate ERK signalling and reduce cancer cell viability”. Y se ha publicado en la revista académica Cell Death Discovery.

Fuente: CSIC

 

2.- La especie humana de Lucy no estaba sola

El esqueleto fósil de Lucy, como se le llama a la hembra de Australopithecus afarensis de la cual solo queda esto, tiene una antigüedad de aproximadamente 3,2 millones de años. Es uno de los esqueletos fósiles más completos y antiguos de un ancestro humano bípedo adulto. Desde su descubrimiento en 1974 en la región de Afar, Etiopía, por el antropólogo de la Universidad Estatal de Arizona Donald Johanson y el estudiante Tom Gray, son muchas las investigaciones que se han hecho sobre Lucy y sobre cómo era su vida cotidiana y el entorno en que se movía.

Un nuevo estudio ha aclarado un misterio con el que se topó la paleontología en 2009 y al hacerlo ha conducido a confirmar un hallazgo bastante sorprendente: la especie a la que pertenecía Lucy no estaba sola en su época y región.

Todo comenzó cuando, en 2009, un equipo dirigido por Yohannes Haile-Selassie, de la Universidad Estatal de Arizona en Estados Unidos, encontró en Afar ocho huesos fosilizados del pie de un antiguo ancestro del ser humano con una antigüedad parecida a la de Lucy. El nuevo fósil, referido comúnmente como el “pie de Burtele”, fue objeto de un largo y minucioso estudio que se publicó en 2012.

Cuando el pie de Burtele fue anunciado públicamente, ya se habían encontrado algunos dientes fósiles en la misma zona, pero los expertos no estaban convencidos de que pertenecieran al mismo nivel de sedimentos.

Luego, en 2015, el equipo anunció el hallazgo de una nueva especie, Australopithecus deyiremeda, a partir de restos fósiles encontrados en la misma zona, pero no incluyó el pie en esta especie, a pesar de que algunos especímenes fueron encontrados muy cerca de él. No estaba claro que pertenecieran a una misma especie.

En los últimos 10 años, se han sucedido las expediciones a ese yacimiento paleontológico y ha aumentado la cantidad de fósiles hallados. Gracias a esto, Haile-Selassie y sus colegas tienen ahora suficientes especímenes que pueden asociar de manera fiable con el pie de Burtele y con la especie Australopithecus deyiremeda.

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El pie de Burtele con sus fragmentos colocados en la posición anatómica correcta. (Foto: Yohannes Haile-Selassie / ASU)

En definitiva, las especies Australopithecus afarensis y Australopithecus deyiremeda coexistieron en la zona de Afar.

Comparando los restos de una y otra especie, ahora también está claro que el pie de Australopithecus deyiremeda es más primitivo que el de la especie de Lucy.

El nuevo estudio se titula “New finds shed light on diet and locomotion in Australopithecus deyiremeda”. Y se ha publicado en la revista académica Nature.

Fuente: NCYT de Amazings

 

3.- ¿Ser más inteligente en la juventud garantiza una mejor vejez?

La relación entre inteligencia temprana y calidad de vida en la vejez ha sido objeto de investigación durante décadas. En un momento en el que las sociedades envejecen rápidamente, entender qué factores predicen un envejecimiento saludable se ha convertido en prioridad científica y pública. Pero ¿hasta qué punto una inteligencia elevada en la juventud puede marcar la diferencia a los 70 u 80 años? Las evidencias actuales sugieren que sí influye… aunque no de la forma que muchos imaginan.

Inteligencia, longevidad y salud: un vínculo histórico

Desde principios del siglo XX, varios estudios longitudinales —especialmente el célebre Estudio de Terman, iniciado en 1921— han seguido a miles de individuos durante toda su vida. Uno de los patrones más consistentes es que las personas con mayores capacidades cognitivas en la juventud tienden a vivir más y con mejor salud.

¿La explicación? No es solo que la inteligencia permita resolver problemas complejos, sino que se correlaciona con una serie de factores protectores:

-Mejor toma de decisiones en salud: las personas con mayor capacidad cognitiva suelen evitar conductas de riesgo, fumar menos y seguir mejor las recomendaciones médicas.

-Mayor capacidad socioeconómica: la inteligencia favorece la adquisición de estudios superiores y empleos más estables, lo cual reduce el estrés crónico y facilita el acceso a servicios sanitarios.

-Entornos más estimulantes: quienes rinden mejor cognitivamente suelen exponerse a actividades que mantienen el cerebro activo, como la lectura, la investigación o el aprendizaje continuo.

¿La inteligencia previene el deterioro cognitivo?

Aquí la ciencia matiza. Aunque una inteligencia alta en la juventud se asocia con un mayor rendimiento cognitivo de base, no significa que sea un escudo absoluto contra enfermedades neurodegenerativas. Lo que sí parece proporcionar es lo que los neurocientíficos llaman reserva cognitiva, es decir, la capacidad del cerebro para compensar daños mediante redes neuronales alternativas.

Diversos estudios de neuroimagen han demostrado que las personas con mayor reserva cognitiva pueden mostrar los mismos niveles de daño cerebral que individuos con demencia… pero sin manifestar síntomas. La inteligencia temprana funciona así como un “colchón” que ralentiza el impacto funcional del envejecimiento.

El papel del entorno: no basta solo con nacer inteligente

Los expertos coinciden en que la inteligencia juvenil es solo una pieza del rompecabezas. Factores como la nutrición, el ejercicio físico, el sueño, las relaciones sociales o la estimulación mental a lo largo de la vida influyen de manera decisiva.

De hecho, investigaciones recientes apuntan a que el estilo de vida en la mediana edad es aún más determinante que el nivel de inteligencia en la juventud. Practicar ejercicio de manera regular, mantener una dieta equilibrada y participar en actividades sociales tienen un impacto directo en la salud cerebral al envejecer.

Un buen comienzo… pero no la historia completa

Tener una inteligencia elevada en la juventud sí aumenta la probabilidad de alcanzar una vejez más saludable, tanto física como cognitivamente. Sin embargo, no es un destino inexorable. La ciencia es clara: el envejecimiento exitoso depende de una combinación de genética, educación, oportunidades, hábitos de vida y estimulación continua.

En otras palabras: empezar la vida con ventaja ayuda, pero lo que hacemos con los años que tenemos —el aprendizaje, los vínculos, los cuidados— determina en gran medida cómo llegaremos al final del camino.

 

4.- Ámbar: el tesoro fósil que está reescribiendo la historia de la vida en la Tierra

El ámbar, esa resina fosilizada que durante siglos se ha utilizado en joyería y arte, se ha convertido en uno de los materiales más valiosos para la paleontología moderna. Más allá de su belleza, este “cristal del tiempo” conserva organismos y fragmentos de ecosistemas con un detalle imposible de obtener en otros tipos de fósiles. Hoy, gracias a él, los científicos están reescribiendo páginas enteras de la historia evolutiva.

Un laboratorio natural creado por los bosques prehistóricos

El ámbar se forma cuando resina de árboles antiguos queda atrapada bajo sedimentos y, con el paso de millones de años, se endurece y fosiliza. Lo extraordinario es su capacidad para encapsular pequeños fragmentos de vida: insectos, plantas, plumas, pelos, esporas e incluso gotas de agua. Este proceso convierte cada pieza de ámbar en una cápsula temporal capaz de preservar detalles microscópicos, desde la estructura de un ala de mosquito hasta el color original de una pluma de dinosaurio.

Por qué el ámbar es clave para la paleontología moderna

-Preserva tejidos blandos
A diferencia de los fósiles tradicionales —huesos o huellas—, el ámbar puede conservar tejidos blandos, permitiendo estudiar anatomía, comportamiento y ecología con una resolución extraordinaria.

-Instantánea de un ecosistema
Cada fragmento es un registro congelado de un instante: un insecto atrapado mientras cazaba, una araña protegiendo sus huevos, o un polen transportado por el viento. Esto ayuda a reconstruir la ecología de bosques desaparecidos.

-Información genética y bioquímica (con límites)
Aunque no es posible recuperar ADN completo, sí se obtienen moléculas, pigmentos y estructuras que dan pistas sobre metabolismo y fisiología.

-Claves evolutivas
Ha permitido descubrir especies desconocidas y llenar huecos entre linajes modernos y antiguos, como arañas primitivas, avispas parasitarias o aves tempranas.

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(Foto: Anders L. Damgaar)

Hallazgos recientes que han cambiado la historia

En las últimas dos décadas, depósitos como los de Birmania, República Dominicana o el Báltico han proporcionado algunos de los descubrimientos más fascinantes:

-Plumas de dinosaurios no aviarios que han revelado cómo evolucionó el plumaje antes del vuelo.

-Gotas de sangre y fluidos corporales fosilizados, que ofrecen pistas sobre infecciones y parásitos prehistóricos.

-Mamíferos diminutos atrapados con su pelo intacto, ampliando el conocimiento sobre los primeros grupos de mamíferos del Cretácico.

-Plantas florales tempranas, claves en la expansión de las angiospermas que transformaron los ecosistemas de todo el planeta.

Tecnologías que están potenciando su estudio

El auge de técnicas como la tomografía micro-CT, la espectroscopía Raman o la fotogrametría digital está permitiendo estudiar inclusiones sin destruir el ámbar. Estas herramientas revelan estructuras internas invisibles al ojo humano y abren nuevas vías para comprender procesos biológicos y evolutivos.

El debate ético y la necesidad de regulación

No todo es sencillo en el mundo del ámbar. Especialmente en yacimientos de Myanmar, la extracción ha estado asociada a conflictos sociopolíticos. La comunidad científica reclama una regulación estricta que garantice la trazabilidad y la adquisición ética de las piezas, sin poner en riesgo a comunidades locales.

 

5.- Alcohol y cáncer: Por qué importa más de lo que crees

La relación entre el consumo de alcohol y el cáncer es uno de los temas más estudiados y, sin embargo, menos conocidos por el público general. Aunque durante décadas el debate se centró en los efectos cardiovasculares o sociales del alcohol, hoy la evidencia científica es contundente: el alcohol es un carcinógeno demostrado, y su consumo regular aumenta el riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer.

¿Por qué el alcohol puede causar cáncer?

La clave está en un compuesto llamado acetaldehído, un metabolito tóxico producido cuando el hígado procesa el etanol. El acetaldehído es altamente reactivo y puede dañar el ADN, dificultar su reparación y generar mutaciones.

Además, el alcohol:

-Incrementa la producción de radicales libres, que oxidan y dañan las células.

-Afecta las hormonas, especialmente estrógenos, aumentando el riesgo de ciertos tumores hormonodependientes.

-Favorece la absorción de carcinógenos presentes en el tabaco, multiplicando el riesgo en quienes combinan ambas sustancias.

-Produce inflamación crónica, un factor conocido en el desarrollo tumoral.

El efecto combinado de estos mecanismos explica por qué la relación entre alcohol y cáncer es consistente en múltiples estudios epidemiológicos.

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Tipos de cáncer más asociados al consumo de alcohol

La evidencia científica más sólida apunta a siete tipos principales:

1. Cáncer de mama

Es uno de los vínculos más preocupantes, ya que incluso el consumo ligero o moderado se ha asociado a un aumento del riesgo. El alcohol eleva los niveles de estrógenos, que favorecen ciertos tumores mamarios.

2. Cáncer de hígado

El hígado es el órgano que más sufre el efecto tóxico del alcohol. La cirrosis alcohólica es uno de los principales factores de riesgo del carcinoma hepatocelular.

3. Cáncer colorrectal

Diversos estudios muestran que beber regularmente incrementa la probabilidad tanto de pólipos precancerosos como de cáncer de colon y recto.

4. Cáncer de boca, faringe y laringe

Aquí el alcohol actúa como un “facilitador” de la entrada de otros carcinógenos, especialmente el del tabaco. Las personas que beben y fuman tienen un riesgo exponencialmente mayor.

5. Cáncer de esófago

Particularmente el carcinoma escamoso, fuertemente asociado con el alcohol.

¿Existe un nivel seguro de consumo?

La investigación reciente coincide en un punto clave: no existe un umbral completamente seguro de alcohol para el cáncer. Incluso cantidades bajas pueden tener impacto, especialmente en el cáncer de mama y colorrectal.

Esto no significa que todas las personas que beben desarrollarán cáncer, pero sí que cada vaso añade un pequeño incremento proporcional de riesgo, acumulativo a lo largo de los años.

¿Y el vino tinto? ¿Los “beneficios cardiovasculares”?

Aunque el vino se ha asociado tradicionalmente a efectos protectores por sus antioxidantes, la evidencia moderna es clara: los posibles beneficios no compensan el aumento de riesgo de cáncer. Los polifenoles del vino también están presentes en uvas, frutos rojos y otros alimentos sin los riesgos del alcohol.

Cómo reducir el riesgo

-Limitar el consumo, idealmente reduciéndolo al mínimo.

-Evitar combinar alcohol y tabaco, ya que multiplican el riesgo de tumores de cabeza y cuello.

-Optar por días sin alcohol a la semana.

-Fomentar estilos de vida protectores: dieta rica en frutas y verduras, ejercicio regular y control del peso.

 

6.- Logran observar cerca de la superficie de una enana blanca

Unos astrónomos han conseguido vislumbrar lo que sucede a muy poca distancia de la superficie de una estrella exótica, una enana blanca, que está arrancando materia catastróficamente a una estrella compañera.

Las enanas blancas son estrellas en las que han cesado las reacciones nucleares que caracterizan a una estrella en activo. En ese sentido, son estrellas muertas. De todos modos, cuando alcanzan esa fase final de su existencia todavía están muy calientes y pueden seguir emitiendo mucha luz durante millones de años. Como parte del proceso de su cese de actividad, se encogen mucho, adquiriendo un tamaño minúsculo, parecido al de la Tierra, pero conservando una masa enorme, similar a la del Sol. Eso hace de las enanas blancas astros ultradensos, solo superados en densidad por las estrellas de neutrones y los agujeros negros. Esa enorme densidad de las enanas blancas propicia que sean ellas las que arranquen materia de una estrella normal cercana en vez de a la inversa.

La enana blanca investigada se halla a unos 200 años-luz de la Tierra.

El estudio lo ha realizado un equipo encabezado por Sean Gunderson, del Instituto Kavli de Astrofísica e Investigación Espacial adscrito al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos.

Gunderson y sus colegas han examinado a la pareja de estrellas, llamada EX Hydrae, valiéndose de observaciones realizadas por el IXPE (Imaging X-ray Polarimetry Explorer), un telescopio espacial de rayos X de la NASA.

Y han conseguido identificar rasgos importantes en la región más interna del sistema, un entorno extremadamente energético que hasta ahora había sido inaccesible para la mayoría de los telescopios.

En los rayos X provenientes de EX Hydrae, los autores del estudio encontraron un grado sorprendentemente alto de polarización (en otras palabras, la dirección del campo eléctrico de una onda de rayos X), así como una dirección de polarización inesperada. A partir de estas mediciones, los investigadores rastrearon los rayos X hasta su fuente en la región más interna del sistema, cerca de la superficie de la enana blanca.

Además, determinaron que los rayos X del sistema provienen de una columna de material incandescente que la enana blanca absorbe de su estrella compañera. Estiman que esta columna tiene unos 3000 kilómetros de altura, aproximadamente la mitad del radio de la propia enana blanca y mucho más alta de lo que los físicos habían predicho para un sistema de este tipo.

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Representación aproximada de lo que sucede en el sistema EX Hydrae. La estrella pequeña (una enana blanca), a la izquierda, succiona materia de la estrella grande. Esta materia arrancada conforma un disco de acreción giratorio en torno a la enana blanca. De ese disco, la materia va cayendo poco a poco a la enana blanca, conformando columnas descendentes. (Imagen: Jose-Luis Olivares / MIT. CC BY-NC-ND 3.0)

Gunderson y sus colegas también han determinado que los rayos X se reflejan en la superficie de la enana blanca antes de dispersarse en el espacio, un efecto que los físicos sospechaban pero no habían confirmado hasta ahora.

El estudio se titula “X-Ray Polarimetry of Accreting White Dwarfs: A Case Study of EX Hydrae”. Y se ha publicado en la revista académica The Astrophysical Journal.

Fuente: NCYT de Amazings

 

7.- La sorprendente historia del ácido acetilsalicílico

El ácido acetilsalicílico —más conocido mundialmente como aspirina— es uno de los fármacos más influyentes de la historia moderna. Presente en botiquines, hospitales y protocolos clínicos de casi todos los países, su origen es una fascinante combinación de tradición, química y revolución farmacéutica. Veamos cómo una corteza de árbol terminó convirtiéndose en un medicamento esencial para la salud pública global.

Un inicio natural: los antiguos y la corteza de sauce

Mucho antes de que existiera la palabra “fármaco”, diversas civilizaciones ya habían descubierto que la corteza del sauce (género Salix) tenía un notable efecto para aliviar el dolor y la fiebre.

-Los sumerios, alrededor del 3000 a. C., la empleaban como analgésico natural.

-En la Antigüedad clásica, Hipócrates recomendaba infusiones de hojas y corteza de sauce para tratar el dolor y la inflamación.

-Los egipcios y asirios también documentaron su uso terapéutico.

Aunque entonces nadie conocía su composición química, el principio activo responsable era el ácido salicílico (en forma de salicilato natural).

El salto a la química moderna: el ácido salicílico

En el siglo XIX, la medicina empezó a vincular estos efectos con compuestos químicos específicos. En 1828, el farmacéutico alemán Johann Buchner aisló por primera vez un extracto cristalizado del sauce, al que llamó salicina. Poco después, el químico Raffaele Piria logró transformarla en ácido salicílico puro.

Era eficaz, pero había un problema: El ácido salicílico irritaba gravemente el estómago, lo que limitaba su uso generalizado.

La carrera científica por modificar la molécula y hacerla más segura no tardaría en comenzar.

1897: el nacimiento del ácido acetilsalicílico moderno

El punto de inflexión llegó en los laboratorios de la compañía alemana Bayer. El químico Felix Hoffmann consiguió acetilar el ácido salicílico, obteniendo una nueva molécula mucho mejor tolerada: el ácido acetilsalicílico (AAS).

 

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(Foto: Wikimedia Commons/UCLA)

El compuesto poseía tres cualidades decisivas:

-Menor irritación gástrica

-Potente efecto analgésico y antipirético

-Alta estabilidad química

En 1899, Bayer lanzó el nuevo medicamento al mercado bajo el nombre “Aspirin”, combinando a (de acetil) + spir (de Spiraea ulmaria, planta rica en salicilatos) + -in (sufijo común en productos farmacéuticos de la época).

Lo que vino después fue una auténtica revolución.

Siglo XX: de analgésico común a caballo de batalla de la medicina moderna

Durante décadas, la aspirina se consolidó como el analgésico más utilizado del planeta. Sin embargo, el verdadero giro científico llegó a mediados del siglo XX, cuando investigadores descubrieron que el AAS tenía acciones más complejas de lo que se creía.

En 1971, el farmacólogo británico John Vane demostró que el ácido acetilsalicílico inhibía la producción de prostaglandinas, mensajeros químicos responsables del dolor, la inflamación y la coagulación. Este trabajo le valió el Premio Nobel en 1982.

Este descubrimiento permitió entender por qué la aspirina podía:

-Reducir inflamaciones

-Aliviar fiebre y dolor

-Prevenir la formación de coágulos mediante la inhibición irreversible de la agregación plaquetaria

Desde entonces, millones de pacientes han recibido AAS en bajas dosis para reducir el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares.

Aspirina en el siglo XXI: un clásico que sigue evolucionando

Pese a llevar más de un siglo en el mercado, la investigación sobre el ácido acetilsalicílico continúa activa. Hoy se estudian posibles funciones adicionales, como:

-Su papel preventivo en ciertos tipos de cáncer colorrectal

-El uso en enfermedades inflamatorias crónicas

-Aplicaciones en cardiología preventiva en grupos específicos

Aunque el uso diario de AAS no está recomendado para toda la población, sigue siendo un fármaco fundamental en estrategias médicas globales.

 

8.- ¿Los gemelos comparten las mismas enfermedades?

Cuando se habla de gemelos, una de las preguntas más frecuentes es si ambos desarrollarán las mismas enfermedades a lo largo de su vida. Aunque la respuesta parece intuitiva —“si comparten genes, compartirán enfermedades”—, la realidad científica es más matizada. La genética influye, sí, pero no lo determina todo. Factores ambientales, epigenéticos y de estilo de vida juegan un papel igual o incluso más importante de lo que solemos imaginar.

Gemelos idénticos vs. gemelos fraternos: la clave está en los genes

Para comprender la relación entre gemelos y enfermedades, primero debemos distinguir entre los dos tipos de gemelos:

-Monocigóticos (idénticos): comparten el 100 % de su ADN.

-Dicigóticos (fraternos): comparten, en promedio, el 50 % de su ADN, igual que dos hermanos comunes.

Los estudios de gemelos —uno de los pilares de la genética moderna— han demostrado que la heredabilidad de una enfermedad no garantiza su aparición en ambos gemelos, incluso en los idénticos.

¿Por qué?

Porque la genética solo determina una predisposición, no un destino inamovible.

Enfermedades con alta heredabilidad

Hay enfermedades en las que los gemelos idénticos muestran una alta concordancia, es decir, la probabilidad de que ambos la desarrollen es significativamente mayor. Entre ellas:

-Diabetes tipo 1 y tipo 2

-Trastornos psiquiátricos, como esquizofrenia o trastorno bipolar

-Enfermedades autoinmunes, como tiroiditis de Hashimoto

-Determinados tipos de cáncer, especialmente melanoma y cáncer de mama

-Enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer de aparición temprana

En estos casos, el componente genético tiene un peso relevante; sin embargo, incluso en estos escenarios, la concordancia rara vez llega al 100 %.

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Cuando el ambiente marca la diferencia

Aunque dos gemelos idénticos comparten la misma secuencia genética, no comparten exactamente el mismo entorno ni la misma historia de vida. Y esto importa, mucho.

Factores ambientales que influyen:

-Dieta y hábitos alimentarios

-Estrés y entorno emocional

-Actividad física

-Exposición a toxinas o contaminantes

-Infecciones y microbiota intestinal

Incluso gemelos criados juntos pueden tener experiencias distintas que modifiquen su riesgo de desarrollar ciertas enfermedades.

La epigenética: el interruptor que puede activar o desactivar genes

Una de las áreas más fascinantes de la biología moderna es la epigenética: los cambios químicos que regulan la expresión de los genes sin alterar el ADN.

Con la edad, los perfiles epigenéticos de gemelos idénticos comienzan a divergir. Esto explica por qué:

-Uno puede desarrollar una enfermedad autoinmune y el otro no.

-Uno puede ser más propenso a la obesidad que el otro.

-Las diferencias en estilos de vida pueden amplificarse a nivel molecular.

En términos simples: los genes son el libro; la epigenética decide qué capítulos se leen.

Gemelos y enfermedades infecciosas: aquí la genética importa poco

Cuando hablamos de enfermedades infecciosas —como gripe, COVID-19 o infecciones bacterianas—, la genética juega un papel mucho más limitado. La exposición individual al patógeno es lo que realmente marca la diferencia.

¿Entonces… los gemelos son o no propensos a las mismas enfermedades?

La respuesta es: depende.

-Gemelos idénticos tienen una mayor probabilidad de compartir enfermedades debido a su genética común.

-Pero incluso ellos pueden tener diferencias significativas en salud a lo largo de la vida por factores ambientales y epigenéticos.

-Gemelos fraternos, al compartir solo la mitad de los genes, tienen una concordancia similar a la de dos hermanos comunes.

En conclusión, los gemelos no están predestinados a sufrir las mismas enfermedades, aunque sí comparten un riesgo mayor en aquellas con fuerte componente genético.


Y ahora sí, amigos, me despido:
¡Hasta la próxima!

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