domingo, 13 de julio de 2025

Las ideas políticas a lo largo de la historia - 5

Bien, queridos amigos, he pensado que esta serie acerca de la Historia de las Ideas Políticas no puede prescindir de una figura de la talla de Maquiavelo, diplomático, filósofo político y escritor italiano del Renacimiento, considerado el padre de la Ciencia Política Moderna.

Sin embargo, al referirse a él, se le suele dar un cierto sentido de retorcido o perverso “es de un pensamiento maquiavélico”, por ejemplo. Creo que tal juicio no es justo. Creo que Maquiavelo no nos habla de lo que a él le gusta en materia política, sino lo que él ve que sucede, lo que él ve acerca de cómo suceden las cosas.

Lo cierto es que, indudablemente su aporte ha sido de enorme importancia en la Ciencia Política y, por eso hoy nos acompaña.

Veamos primero una breve biografía y luego extractos de su pensamiento.

Niccolò di Bernardo dei Machiavelli nació el 3 de mayo de 1469 en una pequeña localidad cercana a Florencia en el seno de una familia relativa a la nobleza, aunque empobrecida.

Nicolás Maquiavelo

Aunque de su juventud se conocen pocos datos se sabe que durante esta etapa tuvo una educación humanística.

En el año 1498 comenzó a trabajar para la república como Secretario de la Segunda Cancillería y de los “Diez de la Guerra” para encargarse de las tareas de Asuntos Exteriores.

Más tarde, en sus labores como diplomático, se dirigió la guerra contra Pisa. En 1502 se casó con Marietta Corsini, con la que tuvo más de seis hijos. Asimismo, ese mismo año, tuvo lugar su primera labor diplomática en Francia ante la embajada de César Borgia.

En el año 1503 se marchó a Roma tras la muerte de Pío III. Un año después, realizó una segunda misión diplomática en Francia. En 1506 comenzó a trabajar en la delegación frente a la corte de Julio II y, poco tiempo después, fue nombrado canciller de los “Nueve Oficiales” de la milicia florentina. Durante un periodo de 6 meses, Maquiavelo se puso al frente de la embajada ante el emperador Maximiliano I.

Hacia 1511 tuvo lugar su última misión como diplomático en Francia y un año después fue apartado de todos sus cargos y obligado al exilio en Florencia.

Durante este periodo recluido en su hogar, Maquiavelo escribió El príncipe (1513) y los Discursos sobre la primera década de Tito Livio (1513-1516), poema Asno de oro (1517), Belfegor archidiablo (1519) y Del arte de la Guerra (1521), el único tratado que publicó en vida.

En el año 1526 volvió a adentrarse en la actividad política por un periodo breve de tiempo ya que un año después, en 1527, murió en Florencia.

Ahora sí, vamos a su pensamiento político.

 

Los buenos efectos de los motines

A mi parecer, los que condenan los disturbios entre los nobles y los plebeyos, olvidan el hecho esencial que dio a Roma su libertad; prestan mayor importancia al ruido y a los griteríos que se producen en estos motines, que a los buenos efectos que han provocado.

Las formas de gobierno

Queriendo dar a conocer cuáles fueron las formas de gobierno de Roma, y a través del concurso de circunstancias por las que alcanzaron la perfección, diré como aquellos que han escrito sobre la organización de los Estados, que hay tres formas de gobiernos, llamados monárquico, aristocrático y popular y que cuantos deseen establecer el orden en la ciudad, tienen que elegir entre esas tres especies, aquella que mejor convenga a sus proyectos. Otros mejor ilustrados, siguiendo la opinión general, piensan que existen seis formas de gobierno, de las que tres son completamente malas; las otras tres son buenas en sí mismas, pero degeneran tan fácilmente que suele ocurrir que se convierten en peligrosas. Son buenos gobiernos los tres que hemos indicado anteriormente; malos aquellos que se derivan de los anteriores; pero éstos se parecen tanto a los correspondientes, que se confunden fácilmente. Así, la monarquía se convierte en despotismo, la aristocracia cae en oligarquía y la democracia se reduce a licencia. Por lo tanto, todo legislador que adopte para el Estado que funde, cualquiera de estos tres gobiernos, debe organizarlos por muy poco tiempo; ningún remedio podrá impedir que se precipiten en el Estado contrario; tan grande es el parecido que tienen en este caso el bien y el mal.

Del Estado popular al Estado de anarquía

Como cualquier gobierno inspira en sus orígenes cierto respeto, el Estado popular se mantuvo al principio, pero por muy poco tiempo, sobre todo cuando la generación que lo había establecido desapareció; no mucho después cayó en un estado de licencia, en el que ya no se temía a los simples ciudadanos ni a los hombres públicos: De modo que, al vivir todo el mundo de acuerdo con sus caprichos, cada día era una fuente de mil ultrajes. Obligado por la necesidad, o iluminado gracias al consejo de un hombre sabio, o cansado por tanta licencia, se regresó al gobierno de uno solo para caer aun, de tumbo en tumbo, de la misma manera y por las mismas causas, en los horrores de la anarquía.

Una síntesis feliz

Por eso digo que estas formas de gobernar ofrecen los mismos inconvenientes: Las tres primeras porque no pueden durar largo tiempo; las otras tres porque llevan en sí mismas un principio de corrupción. De ahí que los legisladores conocidos por su sabiduría, al reconocer el vicio que les es inherente, han evitado emplear tan sólo uno de estos modelos de gobierno; han escogido otro, en el que participasen elementos de todos. Entre los legisladores que se han distinguido en la composición de tales constituciones, el más digno de elogio es Licurgo. En las leyes que estableció para Esparta, supo contrapesar el poder del rey, de los grandes y del pueblo, de tal manera que, para su gloria, el Estado se mantuvo en paz durante más de ochocientos años.

A Solón, que dictó las leyes de Atenas, le ocurrió lo contrario, ya que, al establecer el gobierno popular, sólo pudo asegurarle una vida tan efímera, que antes de morir él mismo, conoció el derrumbamiento de la tiranía de Pisístrato.

Pero vamos a ocuparnos de Roma. Esta ciudad, en sus comienzos, no tuvo ciertamente a un Licurgo que estableciera sus leyes e instaurase un gobierno, capaz de conservar por largo tiempo su libertad. Sin embargo, y de resultas de los acontecimientos que provocaron en su seno la envidia, que siempre dividió al pueblo y a los grandes, consiguió lo que el legislador no había establecido. En efecto, si Roma no gozó de la primera de las ventajas, a que me refería anteriormente, por lo menos, compartió la segunda; y si sus primeras leyes fueron defectuosas, nunca se alejaron del camino que podía llevarlas a la perfección. Rómulo y los demás reyes, establecieron multitud de leyes buenas, excelentes incluso para un gobierno libre; pero como su objeto principal había sido el de establecer una monarquía y no una república, cuando la ciudad recobró la independencia, se vio claro que las necesidades de libertad reclamaban una cantidad de disposiciones, que los reyes ni siquiera habían soñado establecer. Y aunque estos reyes perdieron la corona, debido a las causas y en la forma que hemos indicado más arriba, los que los echaron del poder, al establecer inmediatamente dos cónsules para ocupar el lugar del rey, en realidad sólo consiguieron borrar de Roma el título, pero no la autoridad real; de modo que la república, manteniendo en su seno los cónsules y un senado, presentaba al principio la mezcla de dos de los tres elementos indicados, es decir, la monarquía y la aristocracia. Sólo faltaba introducir el gobierno popular. La nobleza romana, enorgullecida por las razones que después aduciremos, se atrajo el resentimiento del pueblo; y para no perder todo se vio obligada a cederle una parte de la autoridad; pero, por otro lado, el senado y los cónsules retuvieron la cantidad suficiente, para conservar en el Estado el rango que estaban ocupando.

A estas razones se debe el origen de los tribunos del pueblo, cuya institución debilitó la república, ya que cada uno de los tres elementos del gobierno consiguió una parcela de autoridad. La fortuna favoreció en tal forma a Roma que, aunque pasó de la realeza y de la aristocracia al gobierno popular, al seguir las graduaciones obligadas por las mismas razones que hemos explicado, sin embargo, no se le quitó al poder leal toda la autoridad, para entregarla a los grandes; y tampoco a los grandes, se les quitó toda en favor del pueblo; así el equilibrio de los tres poderes dio lugar al nacimiento de una república perfecta.

La plebe depositaria de la libertad

Y como en todo Estado existen grandes y plebeyos, se ha preguntado en qué manos estaba con mayor seguridad el depósito de la libertad. Los lacedemonios antiguamente, y los venecianos en nuestros días, la confiaron a los nobles; pero entre los romanos se colocó en las manos del pueblo. Es necesario, por lo tanto, examinar cuáles de estas repúblicas hicieron la mejor elección.

Tengo que decir, que un depósito siempre debe confiarse a quienes menos sienten la avidez de apropiárselo. En efecto, si se considera el objetivo de los grandes y del pueblo, en los primeros veremos una sed de dominio y en el último, tan sólo el deseo de no ser rebajado y, en consecuencia, una más firme voluntad de vivir libre; porque no puede llegar a usurpar el poder como lo pretenden los grandes. Si se encarga a los plebeyos que velen por la permanencia de la libertad, es razonable pensar que lo harán con mayor cuidado y que, al no poder alcanzar por sí mismos la autoridad, no permitirán a los demás el que la usurpen.

Sin embargo, con frecuencia, los desmanes son provocados por aquellos que poseen: El miedo a perder, hace que nazcan en los corazones las mismas pasiones que el deseo de conseguir algo; y en la naturaleza del hombre está no sentirse tranquilamente poseedor de algo, sino cuando consigue aumentar los bienes de que goza.

Legislación de la cólera

En este acontecimiento se basa lo que se ha dicho más arriba, que es útil y necesario que las leyes de una república proporcionen, a la masa del pueblo, un medio legal para manifestar la cólera que alimenta contra un ciudadano: Cuando ya no existen los medios ordinarios hay que recurrir a los caminos extraordinarios; es evidente que estos últimos provocan mayores daños de los que podrían ocasionar aquéllos. En efecto, si a un ciudadano se le castiga en sus formas, aunque sea injustamente, sólo resulta cierto u ningún desorden en la república, porque esta opresión se produce sin tener que recurrir a la fuerza particular o a la de los extranjeros, que son las causas ordinarias de la ruina de la libertad. Tan sólo se utiliza la fuerza de la ley y del orden público, cuyos límites particulares ya se conocen y cuya acción nunca es demasiado violenta como para derribar a la república.

Desconfianza del sucesor

Un príncipe debe tener la suficiente sabiduría y virtud, para no dejar como herencia a otro, la autoridad que haya conseguido, porque al inclinarse los hombres más al mal que al bien, su sucesor podría abusar ambiciosamente del poder del cual, él mismo, sólo se sirvió en forma virtuosa.

...y cuando alguien posee los honores o las ventajas que cree haber merecido, nunca piensa que deba reconocer nada a aquellos de quienes los ha obtenido.

De los profetas armados

Antes de razonar a fondo sobre este tema, hay que considerar si los innovadores son poderosos por sí mismos o si dependen de otro, es decir, si para llevar a cabo su empresa están obligados a rogar, o si tienen los medios de obligar.

En el primer caso, la desgracia siempre les acompaña y no llegan nunca a conseguir nada; pero en el segundo, por el contrario, es decir, cuando sólo dependen de ellos mismos y tienen las posibilidades de obligar, difícilmente corren el riesgo de sucumbir. Por esto se ha podido comprobar el éxito de los profetas armados y cómo acabaron desgraciadamente quienes estaban desarmados. Hay que añadir, además, que los pueblos son inconstantes por naturaleza y que, si es fácil persuadirlos para algo, es difícil lograr que se afirmen en esa persuasión: Por lo tanto, es preciso que las cosas se dispongan de tal modo, que cuando ya no crean más, pueda hacérseles creer por la fuerza.

Necesidad de una ley de excepción

Es cierto que, entre todas las instituciones romanas, son pocas las que merecen mayor atención y se debe tener a la dictadura en el número de las que más contribuyeron a la grandeza de este imperio enorme; porque es difícil que un Estado, sin tal orden de cosas, pueda defenderse frente a los acontecimientos extraordinarios. La marcha del gobierno en una república es demasiado lenta. Al no poder decidir ningún consejo o ningún magistrado por sí mismo, es necesario consultarse mutuamente y la necesidad de reunir a todas las voluntades en el momento necesario, hace que las medidas sean extraordinariamente peligrosas, sobre todo, cuando hay que poner remedio a un mal inesperado y que no admite dilación. Por eso, en una república, es necesario que se establezca una institución semejante a la dictadura.

El juicio del pueblo

Sin embargo, al examinar lo fácil o lo difícil que es persuadir a un pueblo, hay que hacer una distinción. Por ejemplo, en el partido al que se le quiere obligar, el pueblo ve al primer golpe de vista, una pérdida o una ganancia, grandeza o cobardía. Si en los proyectos que se le someten encuentra una ventaja real, si cree que son magnánimos, será fácil que los acepte. Por lo menos, su ruina y la del Estado se esconderían bajo apariencias engañosas. Por lo mismo, siempre será difícil hacerle tomar un partido con apariencias de cobardía o de daño, aunque esconda una ganancia real o la salvación del Estado.

Los defectos de la moderación

A través de muchos ejemplos es fácil ver que la moderación, lejos de ser útil, con frecuencia es perjudicial, sobre todo si se emplea con hombres que, por envidia o por cualquier otra cosa, alimentan el odio contra uno.

Técnica del arbitraje

Uno de los medios más seguros es tratar de ganarse la confianza de una ciudad en la que se van a producir diferencias y ofrecerse como árbitro entre los partidos, hasta el momento en que tomen las armas. Cuando ya están armados hay que alentar al partido más débil, a través de pequeños auxilios, los suficientes, para excitarlo a guerrear y consumirse a sí mismo, pero no tan importantes que pueda provocar desconfianza, dando lugar a que se crea que pretendéis oprimirlo y avasallarlo con vuestro poder. Si, en estas circunstancias, os conducís con habilidad, no podréis dejar de alcanzar el objetivo que os proponíais.

El príncipe y el pueblo

El príncipe que ha sido entronizado por los grandes, se mantiene con mayor dificultad que el que debe su elevación al pueblo. Efectivamente, el primero se encuentra rodeado de hombres que se creen sus iguales y a los que, en consecuencia, no puede gobernar ni manejar a gusto; el segundo, por el contrario, es único en su rango y en torno a su persona no tiene a nadie, o a casi nadie, dispuesto a desobedecerle. Pero, además, no es posible satisfacer a los grandes sin provocar alguna injusticia, sin ocasionar alguna injuria a los demás; esto no ocurre con el pueblo, cuyo objetivo es más justo que el de los grandes.

Ser temido sin ser odiado

Añadamos que es más fácil tratar de ofender a quien se hace amar que a quien se hace temer; porque el amor, debido a la perversión humana, está sostenido por un lazo de reconocimiento muy débil y que cede en el primer encuentro con el interés personal, mientras que el temor resulta de la amenaza de castigo y este miedo nunca se desvanece.

Por eso, el príncipe que quiere hacerse temer, debe lograrlo de tal forma que, si no se gana el afecto, tampoco provoque el odio; lo que a pesar de todo no es imposible; porque puede lograrse muy bien ser temido y no ser odiado a la vez.

Las armas y los amigos

...El medio de prevenirse es tener buenas armas y buenos amigos; y siempre se tendrán buenos amigos cuando se tengan buenas armas: Por otra parte, mientras el príncipe esté seguro y tranquilo desde fuera, lo estará desde dentro, si no fue perturbado por conjuras.

En consecuencia, república o príncipe, primero hay que examinar cuáles son las tormentas que amenazan y de qué hombres puede tenerse necesidad en el momento de peligro; después, hay que conducirse con ellos en la forma en que se estaría obligado a hacerlo, en el caso de que se produjera alguna desgracia. Quien actúe de otro modo (tanto el príncipe, como la república, pero sobre todo un príncipe), creyendo que en el momento del peligro puede recuperar a los hombres, colmándolos de satisfacciones, se equivoca profundamente. Lejos de asegurar su apoyo, sólo consigue adelantar su propia caída.

De la dictadura legal

Mientras la dictadura se mantuvo dentro de las formas legales y no fue usurpada por la autoridad privada de los ciudadanos, esta institución constituyó la base de la república. En efecto, sólo son los magistrados, establecidos a través de medidas extraordinarias y el poder conseguido mediante caminos ilegales, los que hacen peligrar el Estado; lo que sigue las vías legales jamás puede crear problemas. Si se examina la marcha de los acontecimientos, en los siglos durante los que subsistió la República Romana, se verá que los dictadores siempre le rindieron eminentes servicios. Las razones de ello son de una evidencia absoluta.

Fuente: ANTOLOGÍA DE LAS IDEAS POLÍTICAS  de Bouthoul y Ortuño. 

domingo, 6 de julio de 2025

Acerca de la consciencia 3 - Addendum

Hemos hablado ya, en este foro, queridos amigos, de la consciencia, de qué es y cuál podría ser su causa. Me parece oportuno, entonces, repasar algunos de los conceptos más importantes que ya hemos vertido.

En primer lugar, recordemos que llamamos inteligencia a la capacidad de resolver problemas; en cambio, llamamos consciencia a la capacidad de un ser de autoreconocerse, es decir, de ser capaz de decir: yo soy.

Ustedes podrán ver, más abajo, un enlace a un artículo titulado: ¿Los animales tienen conciencia? Un nuevo estudio revive el debate. Les comento que, aun antes de leer el artículo, yo estoy en desacuerdo con la duda que plantea.

¿Por qué estas en desacuerdo, Martín?

Pues, porque la autopercepción es una condición sine qua non para poder desenvolverse en un mundo que, de otra manera, nos eliminaría rápidamente. Piensen ustedes que, si uno no se autopercibe, si no se da cuenta de que uno existe, no sabría a quién defender, por ejemplo. Supongan que ustedes no se dan cuenta de que son ustedes, ¿Cómo sabrían que tienen sed, o hambre, o que están en peligro? ¡No lo sabrían porque no sabrían quién tiene sed, hambre, etc.!

Bajo este paradigma, todos los animales estamos dotados de consciencia. Sino, ¿Cómo sabe un león que ÉL tiene hambre? ¿Cómo sabe un cordero que ÉL está en peligro de ser devorado por el tigre que tiene enfrente? ¿O cómo pudo la gorila Koko decir a su entrenadora: Koko triste, cuando se le murió el gato que era su mascota? Se nombró a si misma, ¿verdad? ¿Y no es eso estar consciente de si misma?

Y, como ya hemos mencionado en las notas anteriores, ¿Qué decir de los delfines que se reconocen por un nombre emitiendo un determinado chillido? Si un delfín A responde cuando otro lo llama diciendo A, ¿acaso no es consciente de sí mismo?

Por cierto que, hay grados de consciencia. No es lo mismo una red neuronal como el cerebro humano que posee 86.000.000.000 de neuronas que la red neuronal del pequeño gusano Caenorhabditis Elegans que alcanza unos pocos cientos de ellas.

¿Y en qué se manifiesta esa diferencia, Martín?

Según mi propuesta, se manifiesta en una mucho mayor, más completa y más profunda autopercepción, que hasta nos permite filosofar, por ejemplo, cosa impensable en C. Elegans. Sin embargo, si C. Elegans se acerca a una fuente de calor intenso se apartará porque percibe que es ÉL quien está sufriendo el calor, porque se percibe en peligro.

Pero, entonces, Martín, una red neuronal artificial ¿también podría ser consciente?

¡Correcto! De hecho, ya hoy podemos reconocer signos de consciencia en las IA.

¡Hum! ¿No será que solo percibimos lo que los programadores de las IA han puesto en ellas?

¿Y no será que, en nosotros solo se percibe lo que la programadora Madre Natura ha puesto en nosotros...?

Personalmente, creo que las IA llegarán a ser plenamente conscientes e, incluso, a un grado mayor que nosotros (a menos que, como ya hemos tratado en este foro, nos transformemos en cyborgs).

La diferencia, con los animales o con las IA, es de grado, no de naturaleza. De modo que preparémonos, queridos amigos. 

El humano, que ha inventado tantas cosas, por primera vez en la Historia está inventando seres conscientes. Todos los demás los inventó Madre Natura. Y, al decir esto último, no dejo de reconocer que hay quien me dirá: Martín, la consciencia es un don otorgado por Dios. Ciertamente, esa es otra explicación, pero tal como nos aconsejó el monje franciscano de los siglos XIII y XIV, William de Okham, teólogo, lógico y filósofo, entia non sunt multiplicanda sine necessitate, o sea, no hay que multiplicar los entes sin necesidad. Por ejemplo, si se está buscando las causas de un fenómeno, no empecemos por las más numerosas y complejas sino por las más simples que, al decir de William, suelen ser suficientes. No comencemos considerando a Dios, pero, si hace falta, acudamos a él.

Y ahora veamos un artículo que nos cuenta dónde, en el cerebro, se encuentra el origen de la consciencia. Sí, es un poco difícil por lo técnico, pero si lo encuentran así, léanlo en diagonal y quédense con la idea central.


¿Cuál es el origen de la consciencia? Un estudio neurocientífico arroja nuevas pistas

Un experimento enfrentó dos de las teorías más relevantes sobre el surgimiento de la consciencia como proceso fisiológico: el resultado no fue lo que esperaban.

concepto de consciencia.

Una conceptualización de la consciencia surgiendo a partir de los estímulos del exterior. Getty images.

¿Qué es la consciencia? La ciencia todavía no define cuál es la respuesta correcta y hay quien piensa que nunca se llegará a ese punto porque la cuestión parece pertenecer más al campo de la filosofía. Por suerte, en el cerebro hay comportamiento eléctrico que permite intuir en qué parte se origina la consciencia y cómo se relaciona con el resto del órgano. Además, la actividad neuronal asociada a la consciencia es medible, lo que ha posibilitado el desarrollo de al menos dos teorías sobre su origen como proceso fisiológico, con diferentes enfoques entre sí y con evidencia sólida que las respaldan.

En el ámbito neurocientífico contemporáneo, el origen de la consciencia (no confundir con ‘conciencia’, término relativo al ámbito de la moral) es un tema ampliamente debatido. Imagina que hay “bandos” rivales por cada teoría acerca del surgimiento, y los científicos que las investigan tienen razones válidas para pensar que están en el lado correcto de la historia. Todavía no hay un claro ganador que termine con la discusión.

Un reciente estudio realizado por el Instituto Allen (organización enfocada a la investigación de biociencias, con sede en Seattle), que implicó siete años de experimentación, acaba de enfrentar directamente dos de las teorías más prominentes para determinar cuál de estas es la más convincente. Los resultados han dejado en claro que encontrar el origen de la consciencia es una tarea más compleja de lo que se podría suponer.


Un concepto de cerebro humano activo.

Científicos encuentran la puerta en el cerebro que conduce a la percepción consciente

Un nuevo experimento apunta a que los núcleos talámicos del cerebro regulan la percepción humana.


¿Qué dicen las dos teorías sobre el origen de la consciencia?

Dentro de las teorías reduccionistas sobre el origen de la consciencia, destacan la teoría de la información integrada (IIT, por su nombre en inglés) y la teoría del espacio de trabajo global (GNWT). Una aborda la consciencia como una propiedad intrínseca de sistemas físicos complejos, mientras que otra la comprende como el resultado de la difusión de información.

La IIT propone que la consciencia surge cuando un sistema tiene un alto grado de información interrelacionada. En otras palabras, se origina cuando el cerebro cuenta con la capacidad de generar y combinar información ordenada, diferenciada y coherente. Una buena metáfora para entenderla es la de un rompecabezas, donde cada dato del cerebro es una pieza del conjunto: solo al final, cuando están ordenadas correctamente, es que se vislumbra la imagen general.

La GNWT, en cambio, sugiere que una red de áreas del cerebro trabaja paralela e inconscientemente para enviar fragmentos importantes de información a un espacio de trabajo general. Aquello que logra entrar a esta región es lo que produce una experiencia consciente. Los neurocientíficos suelen usar la metáfora de un teatro para explicarla: el espacio de trabajo global donde surge la consciencia es el escenario que tiene toda la atención, pero donde nunca se ve aquello que queda fuera o permitió la obra en primer lugar.


¿Los animales tienen conciencia? Un nuevo estudio revive el debate

Los indicadores de comportamiento arrojan nuevas pistas que apuntan a la presencia de experiencias conscientes incluso fuera de nuestra especie.


Y la ganadora es…

El estudio publicado en Nature involucró a 256 sujetos expuestos a diversos estímulos visuales mientras se monitoreaba su actividad cerebral con tres herramientas de medición: análisis del flujo sanguíneo, actividad magnética y registros eléctricos. Con las pruebas, se pretendía determinar qué teoría de las dos predecía mejor los datos encontrados. Fue un empate técnico.

“Los resultados se alinean con algunas predicciones de IIT y GNWT, mientras que desafían sustancialmente los principios clave de ambas teorías. Para IIT, una falta de sincronización sostenida dentro de la corteza posterior contradice la afirmación de que la conectividad de la red determina la consciencia. GNWT se ve desafiada por la falta general de ignición en el final del estímulo y la representación limitada de ciertas dimensiones conscientes en la corteza prefrontal”, escribieron los autores.

Hay, sin embargo, algunos avances en la comprensión de la consciencia que los neurocientíficos celebraron. Por ejemplo, según el blog del Instituto Allen, hay confirmación de que las neuronas de las áreas visuales del cerebro están vinculadas con las áreas frontales, asociadas tradicionalmente a las funciones cognitivas superiores. En otras palabras, el estudio permite inferir que la consciencia, lo que sea que ello signifique, está relacionada con la forma en que experimentamos el mundo y no con la integración aislada de información.

Como señaló el comunicado de prensa del Instituto Allen: "La inteligencia implica hacer, mientras que la consciencia implica ser".

Bien, queridos amigos, el tema de la consciencia es un tema apasionante sobre el cual seguramente volveremos en la medida en que aparezcan novedades. 

Bien, me despedido, pero, no sin antes recordarles que: Si tienen un hijo, sobrino, nieto, o ustedes mismos a quien tienen que agasajar, qué mejor que regalarle mi libro de El Ajedrez de la B a la Q, Tomo I (no se demoren que ya viene el Tomo II), que podrán encontrar en Mi Librería:

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Homo ¿sapiens?

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