domingo, 26 de abril de 2026

Remembranzas

Días atrás, estimados amigos, mis ojos pecadores recorrían, curiosos, un artículo sobre la historia del ajedrez, cuando me vi sorprendido por una frase que inmediatamente me trajo a la memoria mucho de lo que hemos hablado en este foro. La misma se debe al ingenio de Berthold Brecht, pero, antes de analizarla, me gustaría ofrecerles una semblanza acerca de quién fue Brecht.

Bertolt Brecht (1898-1956) fue un novelista, director y poeta alemán, reconocido como uno de los dramaturgos más influyentes del siglo XX.

Considerado el padre del teatro épico o dialéctico, sus obras presentan una gran influencia marxista, además de ser una fuerte crítica social.

Autor de 30 piezas teatrales, poemas, artículos de crítica teatral, tratados sobre dirección teatral y guiones cinematográficos, destacan entre sus obras Tambores en la nocheLa ópera de los tres centavos, o En la jungla, no solo galardonadas (y algunas admiradas por la crítica), sino polémicas.

Eugen Berthold Friedrich Brecht nació el 10 de febrero de 1898 en Augsburgo, Baviera, Alemania. Creció en una familia de clase media.

Su padre, Berthold Friedrich Brecht, era un católico que gerenciaba una pequeña fábrica de papel, mientras su madre, Sophie Brezing, era una ferviente protestante. Por su influencia, Brecht llegó a familiarizarse de tal manera con la Biblia que sería un factor latente en sus obras.

Bertolt Brecht en 1954

Desde joven sus aspiraciones artísticas eran evidentes. Durante sus años de escuela secundaria había publicado poesía y también una pieza dramática de un acto cuando explotó la Primera Guerra Mundial. Aunque inicialmente la apoyaba, pronto manifestó su oposición en un ensayo por el que casi lo expulsan de la escuela.

En 1917 se matriculó para estudiar medicina y filosofía en la Universidad de Múnich, pero terminó disfrutando de la vida en las tablas, alternando con grupos bohemios y estudiando drama con Arthur Kutscher, historiador e investigador de la literatura alemana.

En 1918 fue reclutado por el ejército seis semanas antes de la capitulación de Alemania, tiempo en el que sirvió en un hospital militar y resultó electo miembro del Soviet de Trabajadores y Soldados de Augsburgo.

Con apenas veinte años, Brecht ya era autor de su primera obra maestra y de varios poemas que lo colocarían como uno de los mejores de su país. Su ópera prima Baal fue producto de las discusiones en el seminario de Kutscher.

Su segunda pieza, Tambores en la noche (1922), recibió uno de los galardones literarios más importantes de la época: el premio Kleist por Drama. Aunque habría que reseñar que también fue la razón por la que aparecería en la lista negra de los nazis. Al año siguiente, En la jungla generó un escándalo que aumentó más la atención a su talento.

Pero fue en 1924 cuando adaptó e interpretó la obra que lo catapultaría como uno de los dramaturgos más reconocidos a escala mundial, Eduardo II, de Christopher Marlowe.

En 1928, Brecht se basó en la historia de La ópera del mendigo John Gray (1728) para crear otra de sus grandes producciones de la mano del compositor Kurt Weill, La ópera de los tres centavos, con quien colaboraría de manera permanente.

En la década de los 30 Brecht le fue dando forma al concepto de teatro épico. De manera paralela, su simpatía por las ideas marxistas y el surgimiento del movimiento nazi, lo llevaron a comprometerse de manera más directa con el Partido Comunista.

Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial y la llegada de Adolf Hitler al poder en 1933, Brecht prefirió dejar su país. Estuvo exiliado voluntariamente en Austria, Suiza, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Inglaterra y Rusia, hasta que se estableció en Estados Unidos.

Despojado de la ciudadanía alemana, hacía resistencia y propaganda antinazi en un periódico alemán que se publicaba en Moscú, y en sus trabajos literarios.

Durante ese periodo escribió muchas de sus piezas teatrales más reconocidas. Además, desarrolló algunos guiones para Hollywood, pero no le fue tan bien como en el teatro.

En Norteamérica tampoco estuvo del todo tranquilo. Con la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, el Comité de Actividades Antiamericanas (HUAC) le llevaba seguimiento por sus ideales comunistas.

Brecht y otros 40 escritores, directores, actores y productores de Hollywood, fueron citados para comparecer ante el HUAC en septiembre de 1947. Inicialmente, se negó a declarar sobre su afiliación política, hasta que finalmente testificó no ser miembro del partido comunista.

Al día siguiente de ser interrogado por la HUAC, salió de Estados Unidos. Primero estuvo un tiempo en Suiza, pero pronto regresó a Alemania. Se estableció en Berlín Oriental, donde podía expresar libremente sus ideales comunistas.

Junto a su esposa, Helene Weigel, fundó una compañía de teatro, el Berliner Ensemble, con el cual puso en práctica todos sus conceptos y principios del teatro épico.

El 14 de agosto de 1956, a los 58 años, falleció en Berlín.

 

Bien, ahora que conocemos a Brecht, vayamos a la frase suya que llamó mi atención:

Al son del tambor

marchan los terneros.

Los parches del tambor

son de piel de los terneros.

Berthol Brecht La marcha de los terneros.

-         ¿Y qué te recordó este pensamiento de Brecht, Martín?

Bueno, me ha traído muchos recuerdos de temas que hemos tratado en este foro, pero que no quiero dejar pasar sin volver a recordarlos.

Para comenzar, tenemos un ejemplo clarísimo de lo que dice Brecht en la declaración de guerra que, en 1940, Italia llevó a cabo contra Inglaterra y Francia. Podrán ustedes apreciar, en el video que les acompaño, cómo el pueblo italiano (los terneros) festejan ruidosamente el anuncio que les hace su líder, Mussolini, de que ha entregado la declaración de guerra a los embajadores de esos dos países. Festejan ruidosamente sin pensar que esa guerra se llevará a muchos de los que allí se encuentran, a sus familiares, a sus amigos…

¡No piensan que ellos son los que pagarán el costo de esa guerra! (Los parches del tambor son de piel de los terneros).

Vean ustedes:

https://www.youtube.com/watch?v=1Ya3klS0Ux8

Y este video nos recuerda, claramente, otro tema que también hemos tratado aquí que es la presencia del macho alfa en la conducción del rebaño. Y, al respecto, traigo una vez más a colación la lúcida frase del preclaro pensador latino del siglo I antes de la era común: Cayo Salustio Crispo (remember?):

La mayoría no quiere la libertad

y solo aspira a tener un amo justo.

Cayo Salustio Crispo

Como me gusta decir, si Salustio solo nos hubiera legado esa frase, su vida habría estado plenamente justificada.

-         ¿Y por qué no se querría la libertad, Martín?

Porque la libertad implica decisión, voluntad, planificación, convicción, riesgos, etc. Y la mayoría no quiere o no puede o no se siente capaz o no le interesa pasar por ello. Al respecto vale la frase de otro pensador, que también hemos visto: Michel de Montaigne:

Soy un convencido de que es mucho

más fácil seguir que conducir.

Michel de Montaigne

Entonces, es como si el líder le dice a su seguidor: Dame tu vida, que tu no sabes qué hacer con ella. Y el seguidor dice: Conduce tu mi vida que yo no sé cómo hacerlo.

Y a tanto llega la entrega del seguidor al líder que aun cuando este pida cosas absurdas, el seguidor lo hará. Ese fue el caso, por ejemplo, de Jim Jones, un pastor evangélico y líder de la secta Templo del Pueblo, que fue responsable del mayor suicidio colectivo de la historia. En el 18 de noviembre de 1978, en Jonestown, Guyana, Jones instó a sus seguidores a quitarse la vida con veneno, lo que resultó en la muerte de casi 1.000 personas, incluidos muchos niños.

Hemos hablado también de que, en los inicios de la humanidad, sobrevivir era muy difícil, considerando que el humano tenía uno de los cuerpos más indefensos. De modo que, naturalmente, el humano se asoció en clanes que permitían una mayor posibilidad de sobrevivir a los peligros a los que estaba expuesto. Pero, ningún clan podría perdurar sin un líder que lo condujera pues, de lo contrario, la toma de decisiones sería un caos.

Y entonces, es posible que sea la propia genética la que “decide” cuáles humanos tendrán condiciones para líder y cuáles no.

Y, por último, digamos que el que tiene pasta de seguidor se reconoce fácilmente. Es, por ejemplo, el que dice: No, yo en política no me meto. Eso no es para mí. Sin comprender que está eligiendo el camino de parche del tambor…

                                           ¡Hasta la próxima, amigos! 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Remembranzas

Días atrás, estimados amigos, mis ojos pecadores recorrían, curiosos, un artículo sobre la historia del ajedrez, cuando me vi sorprendido po...