domingo, 8 de marzo de 2026

Reflexiones

El Viaduc des Arts en París, queridos amigos, es un lugar único donde se puede experimentar la artesanía y la creatividad. Este antiguo viaducto ferroviario, que se transformó en un parque y centro de artesanía, alberga a diseñadores y artesanos que crean joyas, accesorios y luminarias. Los visitantes pueden disfrutar de un paseo por el parque elevado, que ofrece vistas únicas y detalles arquitectónicos invisibles desde la calle. Además, el Viaduc des Arts es un lugar ideal para los amantes del arte y la cultura, ya que ofrece una experiencia única de la creación artesanal contemporánea.

Pues, es desde el Viaduc que nos llega la siguiente nota sobre temas que venimos tratando en Policromía de Ideas. Se trata, en este caso, nuevamente de nuestra ya conocida Hannah Arendt y del tema de la política, los sistemas de gobierno, el accionar del pueblo y los métodos para manipular la voluntad de este.

Decía más arriba que ya nos hemos encontrado con Hannah en notas anteriores que, para los que les interese son:

Punto de encuentro T-01 E-03 y

La banalidad del mal.

El análisis es interesante y nos permitirá agregar algunas conclusiones a lo expuesto en él. Veámoslo:

CÓMO DESTRUIR EL PENSAMIENTO CRÍTICO

CON MENTIRAS PERMANENTES

Arendt nos advirtió hace 70 años: El verdadero peligro no es hacer que la gente crea mentiras, sino que se les esté haciendo abandonar la verdad por completo.

Hannah Arendt fue una filósofa política nacida en Alemania que sobrevivió al ascenso del nazismo, huyó de Europa y dedicó el resto de su vida a entender cómo las sociedades civilizadas pueden hundirse en pesadillas totalitarias. En 1951, publicó "The Origins of Totalitarianism", una obra que sigue siendo inquietante aún hoy.

La idea central de Arendt era esta: Los sistemas totalitarios no convencen a la gente de su ideología lo que buscan es destruir la capacidad de los individuos para pensar corto.

En una de sus observaciones más famosas, ella escribe:

El resultado ideal del régimen totalitario no es el nazi convencido o el comunista convencido, sino personas para las que ya no existe la distinción entre hecho y ficción (entre real y falso).

Por favor, lee eso de nuevo.

El objetivo no es hacer creer, es confundir, hacer que la gente esté tan abrumada con declaraciones contradictorias, tan enterrada en mentiras y contramentiras, que simplemente abandonen el esfuerzo por saber lo que es real.

Cuando ya no puedes distinguir la verdad de la mentira, no puedes distinguir el bien del mal. Y cuando eso sucede, nos volvemos fáciles de controlar, no porque hayamos sido convencidos, sino porque hemos dejado de pensar por nosotros mismos.

Arendt había entendido algo esencial: La educación totalitaria no trata de adoctrinar, sino de destruir la capacidad de incluso formar convicciones. Si la gente ya no cree en nada, no cuestiona nada, y no confía en nada, no se resistirá a nada. Se desviará, adormecida y pasiva, mientras que el mundo a su alrededor se oscurece.

En su último ensayo Truth and Politics (1967), Arendt exploró cómo funcionan las mentiras en los sistemas políticos. Observó que la mentira constante y omnipresente no es sólo difundir la falsedad, sino erosionar el concepto mismo de la verdad. Cuando todo se disputa, cuando cada hecho se descarta como 'partidista', cuando la realidad misma se convierte en una cuestión de opinión, entonces la verdad pierde completamente su poder.

Y cuando la verdad no tiene poder, tampoco lo tienen ni la justicia, ni la moralidad, ni la dignidad humana.

Arendt vio suceder esto en tiempo real en Alemania de 1930. Observó cómo los nazis no estaban sólo mintiendo: Estaban creando un ambiente donde la mentira se volvió tan constante, tan abrumadora, que la gente común dejó de preocuparse por lo que era verdad. Se estaban volviendo insensibles, cínicos. Y en ese adormecimiento, las atrocidades se hicieron posibles.

Ella no escribió esto para acusar errores, sino para advertir:

Puede suceder en cualquier lugar. Le puede pasar a cualquiera.

Todo empieza no con violencia, sino con la destrucción gradual de nuestra capacidad de distinguir la realidad de la ficción.

Entonces, ¿qué hacer?

Arendt pensó que la respuesta estaba en lo que ella llamó "pensar". No sólo absorber información, sino participar activamente en ella cuestionando, pensando, considerando varias perspectivas, rechazando respuestas fáciles o explicaciones simplistas.

Ella escribió: El revolucionario más radical se volverá conservador el día después de la revolución.

En otras palabras: En el momento en que dejemos de pensar críticamente, en el momento en que aceptemos una narrativa sin cuestionarla, incluso una narrativa con la que estamos de acuerdo, ya hemos perdido.

El totalitarismo no se anuncia con botas y tanques militares. Comienza en silencio, con la erosión gradual de nuestra capacidad de saber lo que es real. Prospera en el cinismo, el agotamiento, y la idea de que todos los políticos mienten, o no se puede confiar en nadie, o ¿quién sabe lo que es realmente cierto, de todos modos?

Esta renuncia -este agotamiento- es exactamente de lo que Arendt nos advirtió.

Hannah Arendt murió en 1975, pero su advertencia todavía suena cierta:

*Protege tu capacidad de pensar.

*Exige la evidencia.

*Distingue hechos de opiniones.

*No dejes que la inundación de mentiras te haga abandonar la propia verdad.

Porque tan pronto como dejas de preocuparte por lo que es real, ya has perdido todo lo que importa.

Vía Arts in París.

 

Hasta aquí, entonces, este interesante artículo. Y, como decía al comienzo, me permite hacer algunas reflexiones. Veamos:

Creo que el núcleo del artículo se encuentra en el siguiente tramo:

“El objetivo no es hacer creer, es confundir, hacer que la gente esté tan abrumada con declaraciones contradictorias, tan enterrada en mentiras y contramentiras, que simplemente abandonen el esfuerzo por saber lo que es real”.

“Cuando ya no puedes distinguir la verdad de la mentira, no puedes distinguir el bien del mal. Y cuando eso sucede, nos volvemos fáciles de controlar, no porque hayamos sido convencidos, sino porque hemos dejado de pensar por nosotros mismos”.

“Arendt había entendido algo esencial: La educación totalitaria no trata de adoctrinar, sino de destruir la capacidad de incluso formar convicciones. Si la gente ya no cree en nada, no cuestiona nada, y no confía en nada, no se resistirá a nada. Se desviará, adormecida y pasiva, mientras que el mundo a su alrededor se oscurece”.

Coincido plenamente con ello, pero me parece que es mucho más fácil adoctrinar a un individuo que nada sabe de su función dentro del engranaje social que a aquel que tiene una clara conciencia de su función en la sociedad.

Y cómo se logra esa conciencia es algo que ya hemos tratado en diversas notas como, por ejemplo, en De conductores y conducidos o en Tres propuestas – Addendum. Se debe formar al individuo, en la niñez y pubertad, para que sea una célula sana y útil en el organismo social y no una célula cancerosa que devengue en un tumor.

Es por eso que los sistemas totalitarios, como nos previene Hannah, no favorecen la educación, siguiendo el consejo de Lao Tsé de que: Al pueblo hay que mantenerlo en la ignorancia y la apatía. ¡Tremenda frase! Tremenda porque nos dice que no solo el pueblo debe ser ignorante (y hay que mantenerlo así) sino apático, es decir, sumido en un estado de dejadez, indolencia, falta de vigor o energía. Así fue que, en una nota anterior, yo postulaba que, que mejor manera de mantener un pueblo apático que suministrarle droga que lo transforme en zombis.

Como ven, estimados amigos, todo está relacionado y, entonces, si uno forma un Alejandro Magno, difícilmente obtendrá de él un ignorante y apático. Por el contrario, si uno diluye la exigencia de la educación, haciendo de esta una farsa, fácil será manejar al ciudadano.

De allí entonces lo que yo propongo en De conductores y conducidos y en las dos notas tituladas La actualización de la democracia.

Bien, hasta aquí la nota de hoy, pero antes de despedirme los invito a leer o releer las notas mencionadas en este artículo.

Ahora sí, me despido:

¡Hasta pronto!

 

 

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