¿Que a qué viene el título de esta nota?
Pues,
queridos amigos, viene a que, si uno no se interesa por lo que sucede en el
mundo en el que vive, si uno no participa sino, más bien, se mantiene al margen
de lo que ocurre, lentamente comienza a no entender el idioma que habla ese
mundo y, entonces, comienza a encerrarse en si mismo y termina por estar
guardado en “la cueva” sin saber, ni entender, lo que sucede a su alrededor.
Ese
es el motivo de que publique esta nota, aparecida en el diario El Dia, de La
Plata, Argentina que nos informa de muchas cosas que uno ni siquiera imagina,
pero que están sucediendo aquí y ahora.
No
caigamos, entonces, en el error de decir: No me interesa; No me afecta; No
es para mi. Es para todos nosotros, nos afecta y nos debe interesar.
Los
dejo pues con la nota de El Día:
LA
IA YA DECIDE POR VOS, AUNQUE NO LA USES
Imagíná esto: mandás tu CV. Perfecto. Impecable. Te sentís seguro. Pero el teléfono nunca suena. Un algoritmo ya decidió por vos.
Ni
te conoce, ni le importás. Analizó tus datos, tus búsquedas, tus horarios, los
de tus amigos, los de tus vecinos. Y, con un clic, te eliminó.
Quizás
el sistema se entrenó con datos de empresas que solo contrataban hombres. O tal
vez interpretó que tus posteos son "demasiado emocionales".
Da
igual: ya quedaste fuera. Y lo peor: nunca sabrás por qué.
No
hace falta que publiques nada. El simple hecho de existir ya te delata. Los
bancos usan Inteligencia Artificial (IA) para decidir quién paga. Las
aseguradoras la usan para "adivinar" quién choca. Y los algoritmos
financieros pueden hundirte el crédito solo porque tus vecinos tuvieron mala
suerte o viven en una zona "sospechosa".
¿Pagaste
todo a tiempo? No importa. Si tu barrio figura en rojo, el sistema puede asumir
que vos también lo sos. Y cuando te conectás a una red social, la historia
empeora: tus clics, tus silencios y tus amistades se convierten en un perfil
invisible que te etiqueta sin que te enteres.
PRIVACIDAD:
LA ILUSIÓN MÁS CARA DEL SIGLO
Para
calmarte, te prometen "privacidad diferencial". Te dicen que tus
datos están "anónimos", mezclados, disfrazados. Mentira piadosa: los
patrones siguen ahí.
Apple
lo usa. Neflix también. Y así, miles de aplicaciones y servicios. Los
algoritmos solo necesitan un detalle, un número, un movimiento. Y con eso basta
para identificarte.
La
empresa Palantir —sí, la misma que colabora con el gobierno de EE.UU.— creó un
sistema llamado ImmigrationOS para rastrear personas destinadas a la
deportación.
Cruza
datos de pasaportes, matrículas de autos, impuestos, redes y seguridad social.
No necesita saber tu nombre. Solo saber dónde vivís y con quién hablás. Y va
más allá: algoritmos como Lavender y Where's Daddy? fueron usados por el
ejército israelí para seleccionar objetivos de bombardeo en Gaza. Sí, una
máquina decidiendo quién vive y quién muere.
TUS
DATOS TAMBIÉN CONTAMINAN
Tus
emisiones no destruyen el planeta. Pero las de todos, sí. Lo mismo con los
datos. Compartir los tuyos parece inofensivo, pero cuando todos lo hacen, la IA
obtiene el poder de cambiar el mundo. Entrenar algoritmos con nuestros
comportamientos puede ser un avance... O una condena. Depende de quién esté
detrás de la pantalla. Porque si los objetivos no son los tuyos, la
inteligencia artificial puede costarte tu empleo, tu libertad o incluso tu
vida.
¿Y
AHORA QUIÉN NOS PROTEGE?
Expertos
reclaman leyes, límites, auditorías. Piden que las empresas expliquen cómo usan
la IA, que los algoritmos sean controlados, que las personas puedan defenderse
de sus propios datos. Pero mientras los gobiernos discuten, los algoritmos
siguen corriendo. Más rápido. Más listos. Más silenciosos.
La
inteligencia artificial no duerme, no se equívoca y no se arrepiente. Decide
quién prospera y quién desaparece del mapa laboral, bancario o social. Y todo
eso mientras vos, inocente, aceptás los "términos y condiciones". En
el futuro, no hará falta que te espíen. Vos mismo habrás firmado tu condena
digital.
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