domingo, 28 de septiembre de 2025

Otro villano en la pandilla

 Agrandada por el eco de los siglos, queridos amigos, reverbera en nuestros oídos la descarnada sentencia que nos legó el fundador del taoísmo, Lao Tsé, cuando nos dijo: al pueblo hay que mantenerlo en la ignorancia y la apatía.

¡Tremendo! …en la ignorancia y la apatía. Así lo consignábamos en la nota Las ideas políticas a lo largo de la historia 1, remember?

Vimos también, en las notas dedicadas al tema de panem et circenses, que los tales juegos de circo (circenses) eran una forma de mantener al pueblo ajeno a la acción de gobierno para poder así gobernar con tranquilidad. Vimos también, que hay motivos para actuar así ya que, si los gobernantes deben atender a todos y cada uno de los gobernados poco podrían hacer pues, unos pedirían ir hacia el norte, otros hacia el sur otros hacia el este, otros…

Y vimos también que los circenses fueron adoptando nuevas y variadas formas, tales como encolumnar al pueblo en diversas vías de atención: La violencia de género, el lenguaje inclusivo, el colectivo LGBT, etc. todas ellas pensadas para entretener al pueblo y que, de esta forma, no interfiera con la acción de gobierno.

Sin embargo, también vimos que, han aparecido nuevos circenses que podríamos clasificar como perversos, de los cuales, uno de los más conspicuos es la droga.

-- ¿Cómo la droga, Martín?

Pues, si, por ejemplo, un país como Estados Unidos (no es el único) que alguna vez prohibió la venta y consumo de alcohol, permite ahora que sus ciudadanos se droguen libremente en determinados lugares de sus ciudades. Vimos, en notas anteriores, la famosa avenida Kensington, en Filadelfia, EE.UU., donde los drogadictos y los sin techo pululan libremente. El tema es que no solo se encuentran ellos, sino también los vendedores de droga y la policía. Aquí, una pequeña muestra de cómo están las cosas.

https://www.youtube.com/watch?v=K9zG3TWKtPA

Estimo, mis doctos amigos, que, luego de ver este video, estarán de acuerdo conmigo en que la droga es un método muy eficiente para mantener al pueblo en la apatía.

-- Y la policía está para evitar la venta de droga que es algo ilegal, ¿Verdad Martín?

Pues no, la policía está para evitar robos, asesinatos, etc., pero no para evitar la venta de droga.

-- ¿Y entonces?

Entonces, los que se quieran drogar, que lo hagan… ¡Y no interfieran con la acción de gobierno!

-- ¿Y los muertos por sobredosis?

No importan, porque, normalmente, son personas sin techo, sin trabajo, sin cultura, sin… ¡importancia!

Y es en este escenario donde reina el fentanilo, un opiode sintético, de gran poder adictivo, entre 50 y 100 veces más poderoso que la morfina.

Sin embargo, el periodista Pablo Martínez-Juárez, del portal Xataka nos advierte en una nota que, otras drogas también están floreciendo en medio de una crisis que no parece remitir.

 Medicamento Caja

Y continúa Pablo: Un “nuevo” riesgo. Un grupo estadounidense de investigadores ha llamado la atención sobre el riesgo que implican los nitazenos en el contexto de esta crisis de los opioides. Según recalca el equipo, estos compuestos son mucho más potentes que drogas como el fentanilo y además pueden pasar desapercibidos en los tests habituales, lo que podría estar contribuyendo al carácter “emergente” de esta droga descrito por el grupo.

Los nitazenos son una categoría de opioides creados en la década de 1950, pero nunca aprobados para su uso farmacológico.

Amenaza seria. “Para los pacientes, especialmente aquellos con trastorno por uso de opioides o aquellos expuestos a sustancias ilícitas, los nitazenos suponen una amenaza seria y a menudo oculta,” señalaba en una nota de prensa Shravani Durbhakula, coautora del estudio. “Puesto que estas drogas no aparecen en los exámenes rutinarios de toxicología, los sanitaruis podrían pasar por alto una pieza crítica en el diagnóstico durante el tratamiento por sobredosis. Los pacientes también pueden neccesitar dosis más altas o repetidas de naloxina para revertir sus efectos.”

Al menos desde 2019. Según destaca el equipo, entre 2019 y 2023, el sistema de monitorización toxicológica del estado norteamericano de Tennessee, TN SUDORS (Tennessee State Unintentional Drug Overdose Reporting System), detectó esta sustancia en 92 fallecimientos por sobredosis.

En las 92 muertes registradas en el estado de Tennessee, los nitazenos fueron hallados en conjunto con otras sustancias, generalmente fentanilo o metanfetamina. Esto sugiere que muchas de las personas que consumen la sustancia lo hacen sin siquiera saber que lo están haciendo, al haber se utilizado como adulterantes.

Rápida expansión. El estudio de estas sustancias ha llevado al equipo a alertar sobre su “rápida expansión en el mercado ilícito”. La dificultad a la hora de detectar los nitazenos, que pueden aparecer en distintos formatos, supone un problema añadido a la hora de tratar las sobredosis causadas por estas sustancias.

El trabajo del equipo ha sido aceptado para su publicación en la revista Pain Medicine, aunque por ahora puede consultarse su manuscrito previo.

Nunca puestos a prueba. Hace más de medio siglo que conocemos los nitazenos pero tras su desarrollo estos nunca fueron aprobados para su uso médico, ni siquiera fueron estudiados clínicamente de forma adecuada, recuerda el equipo. Estudiarlos ahora podría ayudarnos a comprender mejor sus efectos, sobre todo a largo plazo. También podría ayudarnos a comprender mejor cómo responder a ellos, por ejemplo, a través de la naloxona, el fármaco empleado habitualmente para evitar las sobredosis de opiáceos.

También destacan el papel de otras estrategias, especialmente la educación, así como la introducción de tests que sean capaces de detectar esta sustancia de forma rápida. Luchar contra esta “emergencia en salud pública” requiere de la colaboración entre personal sanitario, cuerpos de seguridad y organizaciones comunitarias que puedan implementar estrategias de reducción de daño, comenta Durbhakula.

 

Bien, hasta aquí la nota de Martínez-Juárez, pero no quisiera terminar sin plantear la siguiente durísima perspectiva:

Ante la inminente (y ya actual, en algunos casos) aparición de robots asistidos con IA que reemplazarán a los humanos en, prácticamente, todas las actividades aumentando así el número de prescindibles, ¿Qué se hará con ellos (con los prescindibles, digo)?

Les dejo la inquietud y los saludo: ¡Hasta la próxima!

domingo, 21 de septiembre de 2025

Eduardo Punset Casals

Eduardo Punset Casals, nuestro invitado de hoy, queridos amigos, nació en Barcelona el 9 de noviembre de 1936, misma ciudad que lo vería morir el 22 de mayo de 2019.

Punset fue un escritor, político, divulgador científico, presentador televisivo y economista español.

Participó en actividad política durante la Transición, ocupando cargos en la Generalidad de Cataluña y en el Gobierno de España. En 1980 fue ministro con Unión de Centro Democrático en el gobierno presidido por Adolfo Suárez.En 1987 y 1989 fue elegido eurodiputado en el Parlamento Europeo como integrante de las listas de Centro Democrático y Social.

Tras finalizar su actividad política desarrolló una carrera como escritor y divulgador científico.Entre 1996 y julio de 2013 dirigió y presentó el programa de televisión Redes en Televisión Española donde abordaba temas relacionados con la sociología, la medicina, la psicología, la biología y la astronomía.

Entre los reconocimientos y distinciones que obtuvo por su labor figuran la Gran Cruz de la Orden de Carlos III (1981) y la Creu de Sant Jordi (2011).

Lo conocí, hace ya muchas lunas, viendo, ocasionalmente, su programa Redes que me pareció interesante y, dado que entre los temas que abordó en él figuran varios de los que hemos estado tratando últimamente, me pareció oportuna su presencia en este foro para escuchar lo que tenía que decir acerca de ellos.

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Eduard Punset

Veamos pues:

1.- El alma está en la red del cerebro

      https://www.youtube.com/watch?v=jgTH2Sb5pys

2.- La importancia de nuestra memoria

      https://www.youtube.com/watch?v=epnrUHpg1JU

3.- La fórmula del cerebro

      https://www.youtube.com/watch?v=ykW6C_uSghI

4.- El cerebro construye la realidad

      https://www.youtube.com/watch?v=X26nK4IlA60

5.- El único poder es la mente

      https://www.youtube.com/watch?v=zHRglczX2hM

Bien, si esta apretada muestra del programa Redes les ha gustado, los invito a buscar más en Internet, porque hay mucho más.

Y ahora sí, sin otro particular, me despido ¡Hasta la próxima!

 

domingo, 14 de septiembre de 2025

La formación de la vida

Continuemos, queridos amigos con lo adelantado en la nota anterior. La Tierra comenzó hace cuatro mil seiscientos millones de años por condensación de materia que rodeaba el Sol. Y la vida, ¿Cómo se formó?

Como digo, la Tierra se formó hace cuatro mil seiscientos millones de años, pero que en los primeros centenares de millones de años de su existencia estuvo en constante alteración debida al bombardeo continuo de su superficie por fragmentos considerables de materia que todavía circulaba alrededor del Sol en órbita terrestre y que chocaba periódicamente con la Tierra y con la Luna.

Ahora bien, alrededor de cuatro millones de años atrás, la Tierra era suficientemente tranquila, de modo que se había convertido ya en un mundo habitable. Al cabo de no más de quinientos millones de años, según parece, apareció en ella una forma de vida simple. Durante los tres mil quinientos millones de años restantes (tres cuartas partes de su existencia total) la Tierra, por lo que sabemos, ha estado habitada continuamente por una gran variedad de seres vivos.

Entonces, ¿Cómo se formó la vida por primera vez? La única conclusión científica posible (que no recurre a una acción sobrenatural, de la cual no tenemos ninguna evidencia) es que combinaciones casuales de moléculas simples que existían en la atmósfera y en los mares de la Tierra construyeron moléculas cada vez más complicadas. Al final se formaron moléculas tan complicadas que poseían ya las propiedades que atribuimos a la vida.

No podemos observar directamente este proceso, ni aquí en la Tierra, donde miles de millones de años nos separan del acontecimiento, ni en otros mundos, ya que el mundo habitable más próximo debe de distar de nosotros muchos años luz de espacio. Sin embargo, podemos conseguir pruebas indirectas. Debemos determinar primero cuáles fueron las moléculas simples existentes en la Tierra primordial.

Los científicos están generalmente de acuerdo en cuáles eran. No obstante, se discute la combinación exacta. El agua estaba sin duda presente, y también moléculas que contenían nitrógeno y otras que contenían carbono. En Júpiter y en otros mundos del sistema solar, el carbono y el nitrógeno están presentes combinados con el hidrógeno, dando metano y amoniaco, respectivamente. En Venus y en Marte, el carbono está presente combinado con el oxígeno (dióxido de carbono), mientras que los átomos de nitrógeno existen emparejados formando moléculas de nitrógeno.

Algunos científicos creen que la atmósfera primordial de la Tierra era de amoniaco, metano y vapor de agua, con el amoniaco disuelto en grandes cantidades en el mar. Otros creen que la atmósfera primordial de la Tierra era de dióxido de carbono, nitrógeno y vapor de agua, con el dióxido de carbono disuelto en el mar en cantidades sustanciales. Es también posible que la atmósfera fuera de amoniaco, metano y vapor de agua (Atmósfera I) al comenzar, pero que procesos naturales en los que no intervino la vida la convirtieran en otra de dióxido de carbono, nitrógeno y vapor de agua (Atmósfera II). La elección entre dos atmósferas no es crucial. En ambas atmósferas se encuentran átomos de hidrógeno, carbono, nitrógeno y oxígeno (que constituyen el 99 por ciento de los átomos del tejido blando de cualquier organismo). Los átomos que constituyen el resto de los tejidos, incluyendo los que forman los tejidos duros, estaban disueltos en el océano primordial.

Ahora bien, dadas las moléculas simples (sean cuales fueren), ¿Qué proceso permitiría construir con ellas moléculas más complicadas? En general, la conversión de moléculas simples en otras más complicadas es un cambio que consume energía. En otras palabras, habría que suministrar energía al sistema para que el cambio fuera posible.

Y sucede que la Tierra primordial disponía de numerosas fuentes de energía. Había el calor de la acción volcánica o la energía eléctrica de los rayos, y es muy probable que la Tierra en sus inicios fuera un lugar más violento que en la actualidad, con más erupciones volcánicas y muchas tempestades eléctricas. Había también la energía de la radiactividad, y al principio las intensidades radiactivas eran mayores que ahora porque en los miles de millones de años transcurridos, desde la formación de la Tierra, una fracción apreciable de la reserva original de átomos radiactivos se ha desintegrado. Había finalmente la luz ultravioleta del Sol. Hoy día llega a la superficie terrestre una parte pequeña de la luz ultravioleta del Sol, porque en las capas superiores de la atmósfera su oxígeno (consistente en moléculas formadas por dos átomos de oxígeno cada una) se transforma en ozono (consistente en moléculas formadas por tres átomos de oxígeno cada una). Esta capa de ozono, situada a unos veinticinco kilómetros de altura, es opaca a la mayor parte de la luz ultravioleta, de modo que poca parte de ella alcanza la superficie terrestre.


Sin embargo, el oxígeno no es un constituyente natural de la atmósfera. Es demasiado activo y se combina con demasiadas sustancias, es decir, que pronto desaparecería de la atmósfera si se le dejara solo. El único motivo por el cual no desaparece de la atmósfera es que las plantas verdes están formando continuamente oxígeno. Estas plantas utilizan la energía de la luz solar para combinar el dióxido de carbono y el agua y formar almidones y otras sustancias que el mundo animal puede utilizar como comida. En el proceso, el oxígeno se crea y se descarga en la atmósfera como subproducto. En la Tierra primordial, antes de que existiera la vida, no había plantas verdes ni procesos de formación de oxígeno. Por tanto, no había oxígeno en la atmósfera ni ozono en la atmósfera superior. Esto significa que la luz ultravioleta del Sol podía penetrar libremente hasta la superficie terrestre.

En 1952 los norteamericanos Stanley Lloyd Miller y Harold Urey empezaron con agua cuidadosamente purificada y esterilizada y añadieron una «atmósfera» de hidrógeno, amoníaco y metano, recreando así una especie de Atmósfera I. Hicieron circular esta mezcla por un aparato pasándola por una descarga eléctrica, que representaba una, aportación de energía e imitaba el efecto del relámpago. La mantuvieron así durante una semana y luego separaron los componentes de su solución acuosa. Descubrieron que se habían formado compuestos orgánicos simples, incluyendo unos cuantos «aminoácidos». que son los bloques constructivos de las proteínas, que a su vez son componentes claves del tejido vivo. Resumidamente: La experiencia de Miller y Urey, realizada en 1953, demostró que se pueden formar moléculas orgánicas a partir de sustancias inorgánicas bajo condiciones que simulan la atmósfera primitiva de la Tierra.

Otros repitieron el experimento con luz ultravioleta como fuente de energía, y obtuvieron resultados parecidos. Otros utilizaron variedades de la Atmósfera II y formaron también sustancias más complicadas, El bioquímico norteamericano, originario de Sri Lanka, Cyril Ponnamperuma (nacido en 1923) ha sido el más constante en este tipo de experimentos. Ha conseguido la formación de «nucleótidos» a partir de compuestos simples, y estos nucleótidos son los bloques constructivos de los «ácidos nucleicos», el otro componente clave de los tejidos vivos. También ha formado trifosfato de adenosina, que es una sustancia clave para la transformación de la energía por los tejidos vivos.

Todos los componentes que se formaron abiogenéticamente (sin intervención de la vida, excepto la del experimentador, claro) a partir de muestras que podrían ser la atmósfera primordial parecen estar en la dirección de los tejidos vivos. El bioquímico norteamericano Sidney Walter Fox (nacido en 1912), trabajando en una dirección diferente, empezó con una mezcla de aminoácidos, la sometió al calor y formó sustancias parecidas a las proteínas. Estas sustancias disueltas en agua formaron diminutas esferas que compartían algunas propiedades de las células. Los experimentos no han ido muy lejos, ni mucho menos se han acercado a un sistema que pudiera considerarse viviente, aunque fuera en sentido primitivo. Pero los trabajos que se llevan a cabo en el laboratorio utilizan pequeñas cantidades de fluido y períodos de tiempo breves, y, a pesar de ello, se han conseguido avances sorprendentes (aunque pequeños) en la dirección de la vida. ¿Qué pasaría si imagináramos todo un océano de compuestos simples sujetos a la acción de la energía durante centenares de millones de años? No es difícil imaginar en este caso un período de «evolución química» que finalizó con células vivientes primitivas no hace más de tres mil quinientos millones de años.

Recordemos al respecto tres puntos importantes que nos transmitió Albert Ducrocq en la nota La lógica de la vida, del 23 de abril de 2023.

1.- De los muchos compuestos que se podían formar en las condiciones iniciales de la Tierra, los aminoácidos aparecen con mayor abundancia.

2.- Los aminoácidos tienden a unirse para formar proteínas y

3.- Las proteínas tienen lo que se llama capacidad de sometimiento del medio donde se encuentran, para formar nuevas proteínas.

De modo que dadas las condiciones iniciales de la Tierra, la vida era una consecuencia lógica.

Ahora bien, se podría, de lo visto, extraer la conclusión de que estaba todo prediseñado para que apareciera la vida. No es correcto pensar así, como si hubiera un plan prediseñado. Se dieron esas condiciones y se produjo la vida, como se podría haber producido cualquier otra cosa. De hecho vaya a saber cuantos mundos hay en los que las condiciones fueron distintas y vaya a saber a qué han conducido.

Así pues, ya con la vida sobre la Tierra, podemos despedirnos: ¡Hasta la próxima!


domingo, 7 de septiembre de 2025

Porque, entonces, ¿Qué edad tiene la Tierra?

 

Los fósiles

Desde el siglo XIX se hicieron esfuerzos para determinar la edad de la Tierra, pero hasta el descubrimiento de la radiactividad en 1896 los geólogos sólo pudieron formular hipótesis razonables.

Pero, fue en 1907 que el químico norteamericano Bertram Borden Boltwood (1870-1927) indicó que, si el uranio se desintegra en plomo a una velocidad constante, muy lenta, pero fácilmente determinable, se podría calcular el tiempo durante el cual una roca determinada se ha mantenido sólida e inalterada midiendo la cantidad de uranio y de plomo que contiene. Es decir, si hay una cantidad medible de plomo y sabemos la velocidad con que se forma, no hay problema en calcular el tiempo que ha transcurrido.

Desde luego que se idearon métodos para medir la edad mediante la desintegración del uranio y otros lentos cambios radiactivos. Estas mediciones permitieron calcular finalmente que la edad del sistema solar, y de la Tierra en concreto, es de cuatro mil seiscientos millones de años. Por lo menos ésta fue la época en que la nube original de gas y de polvo se condensó dando objetos sólidos de considerable tamaño que todavía existen hoy.

En realidad, la Tierra ha experimentado todo tipo de cambios geológicos en el transcurso de su historia y, por tanto, no es probable, o quizá es totalmente imposible, localizar rocas que se hayan mantenido inalteradas desde los mismos inicios planeta. Las rocas terrestres más antiguas descubiertas tienen unos tres mil cuatrocientos millones de años; por tanto, carecemos de evidencia directa sobre los primeros mil millones de años de la Tierra.

La Luna, más pequeña que la Tierra y menos activa, geológicamente hablando, ha proporcionado rocas que tienen hasta cuatro mil cuatrocientos años de edad. Sin embargo, ni siquiera la Luna ha permanecido totalmente inalterada desde el principio. Tanto la Tierra como la Luna sufrieron en los primeros centenares de millones de años, cuando finalizaba el proceso de formación de estos dos mundos, un intenso bombardeo de cuerpos más pequeños. Las señales del bombardeo ya no existen en la Tierra, gracias a la acción del viento, del agua y de la vida, pero en la Luna han dejado claras muestras en los numerosos cráteres que señalan los lugares de la colisión.

Afortunadamente, los meteoritos son cuerpos pequeños que no han sufrido alteración casi desde el principio, y es su análisis lo que justifica mejor la edad de cuatro mil seiscientos millones de años atribuida al sistema solar.

La vida no es un fenómeno muy reciente en la Tierra. La vida ha estado en la Tierra durante una gran parte de su larga historia, como se ha comprobado directamente con los fósiles descubiertos en las rocas. Estos fósiles son restos petrificados de porciones de antiguas formas vivas y han de ser antiguos porque están incorporados en estratos rocosos situados muy por debajo de la superficie. Estos fósiles llamaron la atención incluso en épocas antiguas, pero se ignoró su existencia durante gran parte de la historia occidental, o se intentó darles explicaciones diversas e improbables, porque durante un tiempo el sistema de pensamiento dominante afirmaba, muy dogmáticamente, que la Tierra y el universo entero sólo tenían unos cuantos miles de años de edad. Incluso los científicos se resistían a abandonar o a contradecir este dogma.

¿Y quién fue el autor de este dogma, Martín?

Bueno, se trató del obispo anglicano James Ussher (también Usher) 1581-1656.

James Ussher | Anglo-Irish prelate | Britannica

James Ussher

En 1650 Ussher escribió el libro Los anales del mundo, en él y basándose en la Biblia, hizo una estimación del número de generaciones (desde Adan y Eva hasta Jesucristo) y de la duración media de la vida humana, para afirmar que Enrique VIII, (rey de Inglaterra en el momento en que sucedió la separación de la Iglesia de Roma), era descendiente de Adán por la línea directa de la primogenitura desde Set, y así tener un mejor argumento contra la Iglesia de Roma que reclamaba ser la verdadera iglesia por afirmar que ellos venían por tradición desde Pedro; entonces, si Roma venía desde Pedro, la Iglesia de Inglaterra venia desde Adán por línea directa desde Set. Para ello se valió de las principales figuras bíblicas entre Adán y Eva y el nacimiento de Jesucristo y varios hechos históricos. Como consecuencia de su estudio, dedujo fechas "exactas" para ciertos eventos:

·         Creación de la Tierra: «el anochecer previo al domingo 23 de octubre» (o sea, el sábado 22 de octubre a las 18:00) del 4004 a. C.

·         Expulsión de Adán y Eva del Paraíso: el lunes 10 de noviembre de 4004 a. C.

·         Final del Diluvio Universal (el arca de Noé se posa sobre el monte Ararat): el miércoles 5 de mayo del 2348 a. C.

El efecto de verosimilitud generado por su aparente precisión le dio una gran credibilidad entre sus contemporáneos, unida al hecho de que esta cronología se escribiera al pie de las ediciones inglesas de la Biblia.

Veamos, a guisa de ejemplo, un pasaje del Génesis en el que se da la edad de los patriarcas y que sirvió a Usher para hacer sus cálculos sobre la edad de la Tierra:

Génesis 5:21-27:

21. Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén.

22. Y anduvo Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas.

23. Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años.

24. Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque lo tomó Dios.

25. Vivió Matusalén ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec.

26. Y vivió Matusalén, después que engendró a Lamec, setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas.

27. Fueron, pues, todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años; y murió.

Sin embargo, en el transcurso del siglo XIX los científicos se vieron obligados a aceptar el hecho de que la Tierra es muy antigua.

Los científicos no podían determinar todavía la edad absoluta de los fósiles, pero sí su edad relativa. Podían decir qué rocas eran más antiguas determinando a qué profundidad estaba la capa (o el «estrato») donde se encontraba una roca concreta. Lo más natural era suponer que las capas de sedimentos iban cubriendo de modo gradual y muy lento lo superficie de la Tierra a medida que pasaba el tiempo, de modo que cuanto más profundo estuviera situado debajo de la superficie un determinado estrato rocoso, más antiguas serían las rocas de aquel estrato.

Una vez determinada la edad relativa de los estratos, la edad relativa de los fósiles podía determinarse observando en qué estrato se encontraba cada fósil. Es decir, todavía no se podía dar la edad exacta de un fósil, pero si se podía decir si era más antiguo que otro

¿Por qué?

Porque se hallaba en un estrato más profundo, es decir más antiguo.

El geólogo inglés Adam Sedgwick (1785-1871) dio a las rocas con fósiles más antiguas el nombre de “cámbricas”, en honor de «Cambria», el antiguo nombre romano de la región que ahora llamamos Gales. Sedgwick había estudiado las primeras rocas de este tipo en Gales.

Era evidente que los fósiles cámbricos eran los restos de organismos marinos. No hay signos de vida terrestre en el registro fósil de aquel período. La forma dominante de vida eran varios tipos de crustáceos, que recibieron el nombre de trilobites.

trilobites (Trilobita, Asaphus cornigerus), from Ordovician Stock Photo ...

Trilobite

Todas las rocas más antiguas que el Cámbrico se reúnen en el «Precámbrico».

El desarrollo de las determinaciones de edad mediante la desintegración radiactiva permitió saber que las rocas cámbricas más antiguas, y, por tanto, los fósiles más antiguos tienen unos seiscientos millones de años. Es una edad tremenda; al parecer incluso los fósiles más antiguos eran relativamente recientes comparados con la edad total de la Tierra.

En las rocas depositadas durante los primeros cuatro mil millones de años de historia terrestre (siete octavos de la vida de la Tierra) no se han encontrado fósiles. ¿Es posible que la vida sólo haya existido en la Tierra durante la octava parte final de su existencia?

Los biólogos no podían creerlo. La formación de fósiles es un proceso muy casual y sólo tiene lugar en circunstancias insólitas. Un número incontable de miles de millones de organismos ha vivido y muerto sin dejar nada que luego se haya petrificado y se haya conservado en forma fósil. Podría ser muy bien que por motivos casuales grupos enteros de organismos no hayan dejado nada que se haya conservado y que haya podido encontrarse en la actualidad. Por otra parte, algunos organismos menos comunes pueden haber dejado casualmente series enteras de restos fósiles.

También algunas partes de los organismos se fosilizan más fácilmente que otras. Los dientes, los huesos y los caparazones, las «partes duras» de un organismo, se fosilizan mucho más fácilmente que los tejidos blandos. Así, por ejemplo, desde hace de cincuenta mil años a cuatro millones de años había organismos de tipo humano que vagaban por África y por Eurasia, pero disponemos de muy pocos restos fósiles de ellos, pues eran demasiado inteligentes para que la muerte los sorprendiera en condiciones favorables a la formación de fósiles y los restos que hoy existen son casi siempre partes duras petrificadas, especialmente cráneos y dientes.

Los trilobites, algunos de los fósiles más antiguos, son organismos con caparazón y que ya tienen una estructura bastante complicada.

En general, cuanto más antiguo es un organismo, menos avanzado es y menos complicada es su estructura. Es, pues, es natural suponer que antes de la era cámbrica había otras formas vivas antiguas menos avanzadas que los trilobites: tan poco avanzadas que no tenían partes duras, que todo su cuerpo era tan blando como el de las modernas lombrices o babosas. Estos animales no habrían dejado prácticamente restos fósiles; por tanto, la ausencia de fósiles no indica necesariamente ausencia de «vida», sino sólo ausencia de «partes blandas».

En la década de 1950 el biólogo norteamericano Elso Sterrenberg Barghoorn (1915-1984) descubrió rastros de colonias fosilizadas de algas verdiazules cerca del lago Superior. Las algas verdiazules son algunas de las formas más simples de vida celular existentes hoy día. Se parecen mucho a las bacterias, pero las algas verdiazules contienen clorofila y las bacterias no.

Tanto las algas verdiazules como las bacterias están formadas por células muy pequeñas que carecen de un núcleo aislado y su material nuclear está esparcido por todo el conjunto de la célula. Se llaman procariotas, de unas palabras griegas que significan «anterior al núcleo», o sea, existían antes de que aparecieran células con núcleo. Todas las demás células, desde las plantas y animales unicelulares a las células que forman los organismos multicelulares (incluyéndonos a nosotros), son eucariotas, de unas palabras griegas que significan «núcleo auténtico».

Las algas verdiazules no son fáciles de localizar. Son tan pequeñas que han de estudiarse con el microscopio y las diminutas células se han de identificar como tales por delicados signos estructurales cuyo origen pueda demostrarse que es biológico y no mineralógico.

La tarea no era fácil, pero Barghoorn pudo presentar las pruebas de modo meticuloso y, en definitiva, convincente. Los primeros «microfósiles» que localizó y estudió estaban en rocas que tenían dos mil millones de años. Cuando supo qué buscar encontró pruebas de vida microscópica muy simple en rocas cada vez más antiguas. En 1977 descubrió estos microfósiles en rocas sudafricanas cuya edad resultó ser de tres mil cuatrocientos millones de años.

Bien, lo dejamos aquí, por ahora, pero volveremos sobre la datación de cuando se formó la vida.

Entre tanto les digo: ¡Hasta la próxima!

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